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Archive for the ‘Narrativa’ Category

Jonathan Swift

JONATHAN SWIFT (1667-1745)

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PORTADA ORIGINAL

DUBLIN, 1729

Una humilde propuesta que tiene por objeto evitar que los hijos de los pobres sean una carga para sus padres o para el país, y hacer que redunden en beneficio de la comunidad.

Es un asunto melancólico para quienes pasean por esta gran ciudad o viajan por el campo, ver las calles, los caminos y las puertas de las cabañas atestados de mendigos del sexo femenino, seguidos de tres, cuatro o seis niños, todos en harapos e importunando a cada viajero por una limosna. Esas madres, en vez de hallarse en condiciones de trabajar para ganarse la vida honestamente, se ven obligadas a perder su tiempo en la vagancia, mendigando el sustento de sus desvalidos infantes: quienes, apenas crecen, se hacen ladrones por falta de trabajo, o abandonan su querido país natal para luchar por el Pretendiente en España, o se venden a sí mismos en las Barbados.

Creo que todos los partidos están de acuerdo en que este número prodigioso de niños en los brazos, sobre las espaldas o a los talones de sus madres, y frecuentemente de sus padres, resulta en el deplorable estado actual del Reino un perjuicio adicional muy grande; y por lo tanto, quienquiera que encontrase un método razonable, económico y fácil para hacer de ellos miembros cabales y útiles del estado, merecería tanto agradecimiento del público como para tener instalada su estatua como protector de la Nación.

Pero mi intención está muy lejos de limitarse a proveer solamente por los niños de los mendigos declarados: es de alcance mucho mayor y tendrá en cuenta el número total de infantes de cierta edad nacidos de padres que de hecho son tan poco capaces de mantenerlos como los que solicitan nuestra caridad en las calles.

Por mi parte, habiendo volcado mis pensamientos durante muchos años sobre este importante asunto, y sopesado maduradamente los diversos planes de otros proyectistas, siempre los he encontrado groseramente equivocados en su cálculo. Es cierto que un niño recién nacido puede ser mantenido durante un año solar por la leche materna y poco alimento más; a lo sumo por un valor no mayor de dos chelines o su equivalente en mendrugos, que la madre puede conseguir ciertamente mediante su legítima ocupación de mendigar. Y es exactamente al año de edad que yo propongo que nos ocupemos de ellos de manera tal que en lugar de constituir una carga para sus padres o la parroquia, o de carecer de comida y vestido por el resto de sus vidas, contribuirán por el contrario a la alimentación, y en parte a la vestimenta, de muchos miles.

Hay además otra gran ventaja en mi plan, que evitará esos abortos voluntarios y esa práctica horrenda, ¡cielos!, ¡demasiado frecuente entre nosotros!, de mujeres que asesinan a sus hijos bastardos, sacrificando a los pobres bebés inocentes, no sé si más por evitar los gastos que la vergüenza, lo cual arrancaría las lágrimas y la piedad del pecho más salvaje e inhumano.

Una humilde propuesta en Alianza

EDICIÓN DE ALIANZA

El número de almas en este reino se estima usualmente en un millón y medio, de éstas calculo que puede haber aproximadamente doscientas mil parejas cuyas mujeres son fecundas; de ese número resto treinta mil parejas capaces de mantener a sus hijos, aunque entiendo que puede no haber tantas bajo las actuales angustias del reino; pero suponiéndolo así, quedarán ciento setenta mil parideras. Resto nuevamente cincuenta mil por las mujeres que abortan, o cuyos hijos mueren por accidente o enfermedad antes de cumplir el año. Quedan sólo ciento veinte mil hijos de padres pobres nacidos anualmente: la cuestión es entonces, cómo se educará y sostendrá a esta cantidad, lo cual, como ya he dicho, es completamente imposible, en el actual estado de cosas, mediante los métodos hasta ahora propuestos. Porque no podemos emplearlos ni en la artesanía ni en la agricultura; ni construimos casas (quiero decir en el campo) ni cultivamos la tierra: raramente pueden ganarse la vida mediante el robo antes de los seis años, excepto cuando están precozmente dotados, aunque confieso que aprenden los rudimentos mucho antes, época durante la cual sólo pueden considerarse aficionados, según me ha informado un caballero del condado de Cavan, quien me aseguró que nunca supo de más de uno o dos casos bajo la edad de seis, ni siquiera en una parte del reino tan renombrada por la más pronta competencia en ese arte.

Me aseguran nuestros comerciantes que un muchacho o muchacha no es mercancía vendible antes de los doce años; e incluso cuando llegan a esta edad no producirán más de tres libras o tres libras y media corona como máximo en la transacción; lo que ni siquiera puede compensar a los padres o al reino el gasto en nutrición y harapos, que habrá sido al menos de cuatro veces ese valor.

Propondré ahora por lo tanto humildemente mis propias reflexiones, que espero no se prestarán a la menor objeción.

Me ha asegurado un americano muy entendido que conozco en Londres, que un tierno niño sano y bien criado constituye al año de edad el alimento más delicioso, nutritivo y saludable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y no dudo que servirá igualmente en un fricasé o un ragout.

Ofrezco por lo tanto humildemente a la consideración del público que de los ciento veinte mil niños ya calculados, veinte mil se reserven para la reproducción, de los cuales sólo una cuarta parte serán machos; lo que es más de lo que permitimos a las ovejas, las vacas y los puercos; y mi razón es que esos niños raramente son frutos del matrimonio, una circunstancia no muy estimada por nuestros salvajes, en consecuencia un macho será suficiente para servir a cuatro hembras. De manera que los cien mil restantes pueden, al año de edad, ser ofrecidos en venta a las personas de calidad y fortuna del reino; aconsejando siempre a las madres que los amamanten copiosamente durante el último mes, a fin de ponerlos regordetes y mantecosos para una buena mesa. Un niño llenará dos fuentes en una comida para los amigos; y cuando la familia cene sola, el cuarto delantero o trasero constituirá un plato razonable, y sazonado con un poco de pimienta o de sal después de hervirlo resultará muy bueno hasta el cuarto día, especialmente en invierno.

He calculado que como término medio un niño recién nacido pesará doce libras, y en un año solar, si es tolerablemente criado, alcanzará las veintiocho.

Concedo que este manjar resultará algo costoso, y será por lo tanto muy apropiado para terratenientes, quienes, como ya han devorado a la mayoría de los padres, parecen acreditar los mejores derechos sobre los hijos.

Todo el año habrá carne de infante, pero más abundantemente en marzo, y un poco antes o después: pues nos informa un grave autor, eminente médico francés, que siendo el pescado una dieta prolífica, en los países católicos romanos nacen muchos mas niños aproximadamente nueve meses después de Cuaresma que en cualquier otra estación; en consecuencia, contando un año después de Cuaresma, los mercados estarán más abarrotados que de costumbre, porque el número de niños papistas es por lo menos de tres a uno en este reino: y entonces esto traerá otra ventaja colateral, al disminuir el número de papistas entre nosotros.

Una humilde propuesta en Traspiés

EDICIÓN ILUSTRADA DE VAGAMUNDOS

Ya he calculado el costo de crianza de un hijo de mendigo (entre los que incluyo a todos los cabañeros, a los jornaleros y a cuatro quintos de los campesinos) en unos dos chelines por año, harapos incluidos; y creo que ningún caballero se quejaría de pagar diez chelines por el cuerpo de un buen niño gordo, del cual, como he dicho, sacará cuatro fuentes de excelente carne nutritiva cuando sólo tenga a algún amigo o a su propia familia a comer con él. De este modo, el hacendado aprenderá a ser un buen terrateniente y se hará popular entre los arrendatarios; y la madre tendrá ocho chelines de ganancia limpia y quedará en condiciones de trabajar hasta que produzca otro niño.

Quienes sean más ahorrativos (como debo confesar que requieren los tiempos) pueden desollar el cuerpo; con la piel, artificiosamente preparada, se podrán hacer admirables guantes para damas y botas de verano para caballeros elegantes.

En nuestra ciudad de Dublín, los mataderos para este propósito pueden establecerse en sus zonas más convenientes, y podemos estar seguros de que carniceros no faltarán; aunque más bien recomiendo comprar los niños vivos y adobarlos mientras aún están tibios del cuchillo, como hacemos para asar los cerdos.

Una persona muy respetable, verdadera amante de su patria, cuyas virtudes estimo muchísimo, se entretuvo últimamente en discurrir sobre este asunto con el fin de ofrecer un refinamiento de mi plan. Se le ocurrió que, puesto que muchos caballeros de este reino han terminado por exterminar sus ciervos, la demanda de carne de venado podría ser bien satisfecha por los cuerpos de jóvenes mozos y doncellas, no mayores de catorce años ni menores de doce; ya que son tantos los que están a punto de morir de hambre en todo el país, por falta de trabajo y de ayuda; de éstos dispondrían sus padres, si estuvieran vivos, o de lo contrario, sus parientes más cercanos. Pero con la debida consideración a tan excelente amigo y meritorio patriota, no puedo mostrarme de acuerdo con sus sentimientos; porque en lo que concierne a los machos, mi conocido americano me aseguró, en base a su frecuente experiencia, que la carne era generalmente correosa y magra, como la de nuestros escolares por el continuo ejercicio, y su sabor desagradable; y cebarlos no justificaría el gasto. En cuanto a la mujeres, creo humildemente que constituiría una pérdida para el público, porque muy pronto serían fecundas; y además, no es improbable que alguna gente escrupulosa fuera capaz de censurar semejante práctica (aunque por cierto muy injustamente) como un poco lindante con la crueldad; lo cual, confieso, ha sido siempre para mí la objeción más firme contra cualquier proyecto, por bien intencionado que estuviera.

Pero a fin de justificar a mi amigo, él confesó que este expediente se lo metió en la cabeza el famoso Psalmanazar, un nativo de la isla de Formosa que llegó de allí a Londres hace más de veinte años, y que conversando con él le contó que en su país, cuando una persona joven era condenada a muerte, el verdugo vendía el cadáver a personas de calidad como un bocado de los mejores, y que en su época el cuerpo de una rolliza muchacha de quince años, que fue crucificada por un intento de envenenar al emperador, fue vendido al Primer Ministro del Estado de Su Majestad Imperial y a otros grandes mandarines de la corte, junto al patíbulo, por cuatrocientas coronas. Ni en efecto puedo negar que si el mismo uso se hiciera de varias jóvenes rollizas de esta ciudad, que sin tener cuatro peniques de fortuna no pueden andar si no es en coche, y aparecen en el teatro y las reuniones con exóticos atavíos que nunca pagarán, el reino no estaría peor.

Algunas personas de espíritu agorero están muy preocupadas por la gran cantidad de pobres que están viejos, enfermos o inválidos, y me han pedido que dedique mi talento a encontrar el medio de desembarazar a la nación de un estorbo tan gravoso. Pero este asunto no me aflige en absoluto, porque es muy sabido que esa gente se está muriendo y pudriendo cada día por el frío y el hambre, la inmundicia y los piojos, tan rápidamente como se puede razonablemente esperar. Y en cuanto a los trabajadores jóvenes, están en una situación igualmente prometedora; no pueden conseguir trabajo y desfallecen de hambre, hasta tal punto que si alguna vez son tomados para un trabajo común no tienen fuerza para cumplirlo; y entonces el país y ellos mismos son felizmente librados de los males futuros.

JS en Corregidor

EDICIÓN DE CORREGIDOR

He divagado excesivamente, de manera que volveré al tema. Me parece que las ventajas de la proposición que he enunciado son obvias y muchas, así como de la mayor importancia.

En primer lugar, como ya he observado, disminuiría grandemente el número de papistas que nos invaden anualmente, que son los principales engendradores de la nación y nuestros enemigos más peligrosos; y que se quedan en el país con el propósito de entregar el reino al Pretendiente, esperando sacar ventaja de la ausencia de tantos buenos protestantes, quienes han preferido abandonar el país antes que quedarse en él pagando diezmos contra su conciencia a un cura episcopal.

Segundo, los más pobres arrendatarios poseerán algo de valor que la ley podrá hacer embargable y que les ayudará a pagar su renta al terrateniente, habiendo sido confiscados ya su ganado y cereales, y siendo el dinero algo desconocido para ellos.

Tercero, puesto que la manutención de cien mil niños, de dos años para arriba, no se puede calcular en menos de diez chelines anuales por cada uno, el tesoro nacional se verá incrementado en cincuenta mil libras por año, sin contar el provecho del nuevo plato introducido en las mesas de todos los caballeros de fortuna del reino que tengan algún refinamiento en el gusto. Y el dinero circulará sólo entre nosotros, ya que los bienes serán enteramente producidos y manufacturados por nosotros.

Cuarto, las reproductoras constantes, además de ganar ocho chelines anuales por la venta de sus niños, se quitarán de encima la obligación de mantenerlos después del primer año.

Quinto, este manjar atraerá una gran clientela a las tabernas, donde los venteros serán seguramente tan prudentes como para procurarse las mejores recetas para prepararlo a la perfección, y consecuentemente ver sus casas frecuentadas por todos los distinguidos caballeros, quienes se precian con justicia de su conocimiento del buen comer: y un diestro cocinero, que sepa cómo agradar a sus huéspedes, se las ingeniará para hacerlo tan caro como a ellos les plazca.

Sexto: esto constituirá un gran estímulo para el matrimonio, que todas las naciones sabias han alentado mediante recompensas o impuesto mediante leyes y penalidades. Aumentaría el cuidado y la ternura de las madres hacia sus hijos, al estar seguras de que los pobres niños tendrían una colocación de por vida, provista de algún modo por el público, y que les daría una ganancia anual en vez de gastos. Pronto veríamos una honesta emulación entre las mujeres casadas para mostrar cuál de ellas lleva al mercado al niño más gordo. Los hombres atenderían a sus esposas durante el embarazo tanto como atienden ahora a sus yeguas, sus vacas o sus puercas cuando están por parir; y no las amenazarían con golpearlas o patearlas (práctica tan frecuente) por temor a un aborto.

Muchas otras ventajas podrían enumerarse. Por ejemplo, la adición de algunos miles de reses a nuestra exportación de carne en barricas, la difusión de la carne de puerco y el progreso en el arte de hacer buen tocino, del que tanto carecemos ahora a causa de la gran destrucción de cerdos, demasiado frecuentes en nuestras mesas; que no pueden compararse en gusto o magnificencia con un niño de un año, gordo y bien desarrollado, que hará un papel considerable en el banquete de un Alcalde o en cualquier otro convite público. Pero, siendo adicto a la brevedad, omito esta y muchas otras ventajas.

Una Humilde propuesta en Cuenco de Plata

EDICIÓN DE CUENCO DE PLATA

Suponiendo que mil familias de esta ciudad serían compradoras habituales de carne de niño, además de otras que la comerían en celebraciones, especialmente casamientos y bautismos: calculo que en Dublín se colocarían anualmente cerca de veinte mil cuerpos, y en el resto del reino (donde probablemente se venderán algo más barato) las restantes ochenta mil.

No se me ocurre ningún reparo que pueda oponerse razonablemente contra esta proposición, a menos que se aduzca que la población del Reino se vería muy disminuida. Esto lo reconozco francamente, y fue de hecho mi principal motivo para ofrecerla al mundo. Deseo que el lector observe que he calculado mi remedio para este único y particular Reino de Irlanda, y no para cualquier otro que haya existido, exista o pueda existir sobre la tierra. Por consiguiente, que ningún hombre me hable de otros expedientes: de crear impuestos para nuestros desocupados a cinco chelines por libra; de no usar ropas ni mobiliario que no sean producidos por nosotros; de rechazar completamente los materiales e instrumentos que fomenten el lujo exótico; de curar el derroche de engreimiento, vanidad, holgazanería y juego en nuestras mujeres; de introducir una vena de parsimonia, prudencia y templanza; de aprender a amar a nuestro país, en lo cual nos diferenciamos hasta de los lapones y los habitantes de Tupinambú; de abandonar nuestras animosidades y facciones, de no actuar más como los judíos, que se mataban entre ellos mientras su ciudad era tomada; de cuidarnos un poco de no vender nuestro país y nuestra conciencia por nada; de enseñar a los terratenientes a tener aunque sea un punto de compasión de sus arrendatarios. De imponer, en fin, un espíritu de honestidad, industria y cuidado en nuestros comerciantes, quienes, si hoy tomáramos la decisión de no comprar otras mercancías que las nacionales, inmediatamente se unirían para trampearnos en el precio, la medida y la calidad, y a quienes por mucho que se insistiera no se les podría arrancar una sola oferta de comercio honrado.

Por consiguiente, repito, que ningún hombre me hable de esos y parecidos expedientes, hasta que no tenga por lo menos un atisbo de esperanza de que se hará alguna vez un intento sano y sincero de ponerlos en práctica. Pero en lo que a mí concierne, habiéndome fatigado durante muchos años ofreciendo ideas vanas, ociosas y visionarias, y al final completamente sin esperanza de éxito, di afortunadamente con este proyecto, que por ser totalmente novedoso tiene algo de sólido y real, trae además poco gasto y pocos problemas, está completamente a nuestro alcance, y no nos pone en peligro de desagradar a Inglaterra. Porque esta clase de mercancía no soportará la exportación, ya que la carne es de una consistencia demasiado tierna para admitir una permanencia prolongada en sal, aunque quizá yo podría mencionar un país que se alegraría de devorar toda nuestra nación aún sin ella.

Después de todo, no me siento tan violentamente ligado a mi propia opinión como para rechazar cualquier plan propuesto por hombres sabios que fuera hallado igualmente inocente, barato, cómodo y eficaz. Pero antes de que alguna cosa de ese tipo sea propuesta en contradicción con mi plan, deseo que el autor o los autores consideren seriamente dos puntos. Primero, tal como están las cosas, cómo se las arreglarán para encontrar ropas y alimentos para cien mil bocas y espaldas inútiles. Y segundo, ya que hay en este reino alrededor de un millón de criaturas de forma humana cuyos gastos de subsistencia reunidos las dejaría debiendo dos millones de libras esterlinas, añadiendo los que son mendigos profesionales al grueso de campesinos, cabañeros y peones, con sus esposas e hijos, que son mendigos de hecho: yo deseo que esos políticos que no gusten de mi propuesta y sean tan atrevidos como para intentar una contestación, pregunten primero a lo padres de esos mortales si hoy no creen que habría sido una gran felicidad para ellos haber sido vendidos como alimento al año de edad de la manera que yo recomiendo, y de ese modo haberse evitado un escenario perpetuo de infortunios como el que han atravesado desde entonces por la opresión de los terratenientes, la imposibilidad de pagar la renta sin dinero, la falta de sustento y de casa y vestido para protegerse de las inclemencias del tiempo, y la más inevitable expectativa de legar parecidas o mayores miserias a sus descendientes para siempre.

Declaro, con toda la sinceridad de mi corazón, que no tengo el menor interés personal en esforzarme por promover esta obra necesaria, y que no me impulsa otro motivo que el bien público de mi patria, desarrollando nuestro comercio, cuidando de los niños, aliviando al pobre y dando algún placer al rico. No tengo hijos por los que pueda proponerme obtener un solo penique; el más joven tiene nueve años, y mi mujer ya no es fecunda.

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Marbot Ediciones es una nueva editorial que está trabajando con gran acierto. Consagrada al ensayo en todas las áreas humanísticas (en sus colecciones “Ensayo” y “Clásicos”), desde la filosofía, la teoría de las artes, la estética, el pensamiento político, la psicología, la sociología, la antropología, la historia y la divulgación científica. La editorial integra además una tercera colección (“Tierra de nadie”) de textos fronterizos, a caballo entre la ficción y la reflexión que merece la pena explorar.

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Mi Nueva York de Brendan Behan (Marbot ediciones / 186 págs.):

«Ingenioso monólogo, el libro de Brendan Behan es un soliloquio tan emotivo como humorístico sobre la ciudad de Nueva York.» Enrique Vila-Matas, Babelia

Brendan Behan deja bien clara desde el principio su parcialidad hacia el objeto de sus comentarios y divagaciones: «Nueva York es la mejor ciudad del mundo, por un lado y por el otro y por cualquier lado: de espalda, de cara  y de perfil». Y sin embargo un examen más detallado de los diversos perfiles de la ciudad de sus sueños se convierte para Behan en una ocasión para reírse a propósito de prácticamente todo lo que ha visto o le han contado de ella: ya esté hablando de los taxistas o de los banqueros, de los irlandeses, los judíos o los camareros, del precio de los abrigos o de la calidad de la cerveza, Behan tiene siempre una anécdota propia o ajena para dar forma a su personalísimo recorrido por la ciudad, o para dar color a sus frecuentes escapadas a temas de la más rigurosa universalidad. Libro de viajes, monólogo humorístico o como se le quiera llamar, el libro de Behan es una aproximación literaria y poco convencional a una de las ciudades más fascinantes del mundo.

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Brendan Behan (1923-1964) fue un destacado poeta, novelista y dramaturgo irlandés. Sus vinculaciones juveniles con el IRA le llevaron a la cárcel, una experiencia que recogió en su novela autobiográfica Borstal Boy (1958). Behan lanzó también una mirada crítica sobre sus propios ex-compañeros republicanos en su obra teatral en irlandés The Hostage (1957). Además del reconocimiento literario, se ganó cierta fama como personaje singular y heterodoxo, en ocasiones provocador, fama que tenía algo que ver con su afición por la bebida (él mismo se definía como «un alcohólico con problemas de escritura»), que terminaría con su vida a una edad muy temprana.

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Naufragios de Akira Yoshimura (Marbot Ediciones / 190 págs.):

“Un terrible y poético relato” Xènia Bussé. Diari de Tarragona

En una remota y miserable aldea japonesa, aislada del mundo por el mar y las montañas, un padre debe venderse como esclavo durante tres años para alimentar a su familia. Deja entretanto sus responsabilidades a su hijo Isaku, obligado por las circunstancias a aprender deprisa los secretos de la vida adulta. Pronto descubrirá que estos secretos van mucho más allá de las artes de la pesca, sobre todo cuando sus mayores, en un tono a la vez terrible y esperanzado, dejan escapar las palabras O-fune-sama. Detrás de ellas se esconde la fuente de todas las fortunas del pueblo. Pero no hay fortuna sin retribución.

Una de las obras maestras de la novela histórica japonesa.

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Akira Yoshimura (1927-2006), novelista y ensayista japonés autor de una extensa obra que le valió el reconocimiento continuado del público y la crítica. Sus novelas han sido traducidas a las principales lenguas internacionales; en castellano se ha publicado recientemente Libertad bajo palabra (Emecé 2002).

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Sobre el agua de Guy de Maupassant (Marbot ediciones / 182 págs.):

«Toda la obra de Maupassant rebosa de agua, de ríos, de estanques, de mar; toda su obra está llena de juegos y de tragedias acuáticas» Alberto Savinio

Existen pocos grandes libros consagrados a la navegación de placer. Sobre el agua (1888) relata un crucero de Maupassant por la Costa Azul del Mediterráneo, desde Cannes hasta Saint-Raphaël, a bordo de su yate, bautizado con el mismo mote, Bel-Ami, que el protagonista de su inolvidable novela. Pero además de un relato de viajes, este libro es toda una confesión: Maupassant nos habla de la vida literaria, de sus tormentos íntimos, de la sociedad, de las mujeres, de la ebriedad, de la enfermedad, de la tarea de escribir, de la soledad. Y así, el lector se ve transportado no sólo a los lugares a los que el escritor viajó, desde las elegantes calles de Cannes transitadas por príncipes caídos, hasta las solitarias playas de Agay, sino también arrastrado a sus pensamientos y cavilaciones.
«Me piden» reconoce el autor «que publique estas páginas sin continuidad, sin composición, sin arte,… que se interrumpen bruscamente, sin motivo, tan solo porque un golpe de viento ha puesto fin a mi viaje. Cedo a este deseo. Tal vez me equivoco.»

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La vida errante de Guy de Maupassant (Marbot ediciones / 270 págs.):

«Me fui de París e incluso de Francia porque la torre Eiffel terminó fastidiándome mucho», declara Maupassant al comienzo del libro. Abrumado por las multitudes que acuden a París con ocasión de la exposición universal de 1889, el escritor francés decide huir a lugares más tranquilos. El viaje le lleva en primer lugar hasta Italia, por mar, en busca de arquitecturas más viejas. Su recorrido en velero por la costa italiana nos deja magníficas estampas de Génova, Florencia, Pisa o Nápoles, además de muchos otros rincones descritos con una mirada irremediablemente personal.
A Sicilia dedica Maupassant una etapa especial del viaje y la mayor parte de su diario. Parece que le guía sobre todo la voluntad de desmentir los tópicos de su tiempo sobre la isla: «Los franceses están convencidos de que Sicilia es una región salvaje, difícil e incluso peligrosa. De vez en cuando un viajero, que pasa por ser un temerario, se aventura hasta Palermo y vuelve afirmando que es una ciudad muy interesante. Y eso es todo.»
La última etapa del viaje de Maupassant le obliga a embarcarse en otro mar, esta vez de arena: su recorrido africano comienza en Túnez y se adentra en el desierto hasta Kairuán.

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Guy de Maupassant (1850-1893) fue un destacado escritor y cuentista del siglo XIX. Su obra se compone de algunas novelas, la más conocida de ellas Bel-Ami (1885), y de un buen número de cuentos célebres como Bola de Sebo, El Horla, La belleza inútil, La señorita Fifi, etc. La vida errante es la tercera y última entrega de su serie de crónicas de viaje.

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En ruta de Jack London (Marbot ediciones / 336 págs.):

“En ruta confirmó a London como mito, desde luego, y gratificó una vez más esa sed estadounidense de viaje, carretera y libertad.” Fernando Casatnedo, Babelia.

En «Cómo me hice socialista», Jack London nos cuenta cómo los grandes espacios y las oportunidades aparentemente inagotables del oeste americano lo convirtieron durante años en un individualista impenitente, fiel a una ética del trabajo que no conocía más culpa que la debilidad. Pero en su posterior viaje a la costa este se dio cuenta de que los trabajos manuales y de baja cualificación —los mismos que había realizado él hasta entonces— constituían una trampa de la que no había salida y cuyo único horizonte era una vejez prematura y miserable. El regreso del autor a la costa oeste después de esta experiencia ocupa el conjunto de relatos autobiográficos titulado En ruta, el recorrido en tren por los Estados Unidos de un London reducido a la mendicidad, que recurre a toda clase de ardides para obtener la comida del día o para colarse y viajar de polizón en el primer tren que le permita proseguir su viaje.

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Jack London (1876-1916, San Francisco) fue autodidacta. Tras realizar toda clase de trabajos, fue a Klondike durante la fiebre del oro y padeció el escorbuto, que le dejó secuelas para toda la vida. Siempre consideró la literatura como un medio para ganarse la vida y para salir de la trampa de los trabajos más duros a los que parecía condenarle su modesto origen. Sus historias basadas en sus experiencias en Alaska, sobre todo La llamada de la naturaleza, le proporcionaron importantes ingresos y lo convirtieron en uno de los autores de moda. En sus últimos años trató infructuosamente de sacar adelante un rancho en California. Su muerte, como tantos otros elementos de su biografía, estuvo rodeada de misterio y de escándalo.

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Semmelweiss de Louis-Ferdinand Céline (Marbot ediciones / 128 págs.):

«Supongamos que hoy aparece otro inocente que se pone a curar el cáncer. ¡El pobre no puede imaginar el tipo de música que le harían bailar en seguida! ¡Sería fenomenal! ¡Ah, qué duplique su prudencia! ¡Ah, más vale que esté prevenido! ¡Qué se ande con muchísimo cuidado! ¡Ah, más le hubiera valido alistarse de inmediato en la Legión Extranjera! Todo se expía, tanto el bien como el mal se pagan, tarde o temprano. Naturalmente, el bien es mucho más caro.»

Relato de la trágica vida de Semmelweiss, médico del siglo XIX que descubrió la asepsia. Lejos de ser acogido con entusiasmo, el descubrimiento fue rechazado por la comunidad científica y destrozó por entero la vida de su autor (además de llevar a innumerables víctimas al cementerio). Un libro original dentro de la obra de Céline, a medio camino entre el ensayo, la biografía y la ficción abierta, en el que descubrimos la sinceridad y profundidad de la vocación médica del propio Céline, además de reencontrar su fuerza plástica y verbal de siempre.

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Louis-Ferdinand Céline (1894-1961, Courbevoie, Francia) combatió en la I Guerra Mundial, tras lo cual desempeñó cargos diplomáticos que le permitieron viajar a Estados Unidos, Cuba, Canadá, Nigeria o Senegal. En 1924 se graduó en medicina, profesión que ejercía cuando publicó en 1931 su primera y más célebre novela, Viaje al fin de la noche. Al terminar la II Guerra  Mundial huyó a Dinamarca para eludir la condena del gobierno francés por colaboracionismo, y después a Alemania. En 1951 regresó a Francia donde residió los diez últimos años de su vida.

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Correspondencia entre George sand y Gustave Flaubert (Marbot ediciones / 284 págs.):

«Éste es uno de los libros más bellos que conozco. Y muy posiblemente la correspondencia más bella que he leído nunca.”

»Las cartas que se intercambiaron George Sand y Gustave Flaubert no se dirigen más que a ellos dos: constituyen […] una verdadera correspondencia, con todos los riesgos que ello supone, las interrupciones, las reanudaciones, los relatos, las confidencias, los sobreentendidos, los guiños, las discusiones, los conflictos tal vez, y sobre todo, entre dos escritores de valor desigual y de ideologías opuestas, esa mezcla tan rara de afecto y admiración, de complicidad y de asombro, de generosidad y de humor, de ternura y de lucidez.»

André Comte-Sponville, del Prólogo.

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George Sand (1804-1876), seudónimo literario de Amandine Aurore Lucile Dupin, baronesa Dudevant. Fue la primera mujer novelista francesa que consiguió labrarse una reputación considerable como escritora, aunque tuviera que ser ocultándose bajo un seudónimo masculino. Sand fue una mujer libre a la que algunas de sus costumbres (como preferir la indumentaria masculina) y sus aventuras amorosas con artistas de la época (Muset, Chopin,…) le valieron la reputación de libertina.

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Gustave Flaubert (1821-1880), novelista francés, sin duda uno de los mayores de todos los tiempos a pesar de no ser especialmente prolífico. Cada una de sus obras debía ser un proyecto literario autónomo y cerrado en sí mismo. Sus títulos más destacados son: Madame Bovary (1857), Salammbô (1862), L’Éducation sentimentale (1869), Bouvard et Pécuchet (inacabada, 1881).

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Ático de los Libros es una nueva editorial que nace en la primavera de 2010 con la intención publicar aquellas obras de la literatura universal y clásicos contemporáneos que permanecen inéditos en castellano, o que han sido injustamente condenados al olvido.

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Esta firme vocación literaria es patrimonio de un gran número de lectores: la buena literatura sabe romper el círculo de la erudición y se pone al alcance de todos aquellos que, llevados por su curiosidad, deseen disfrutar de una buena historia, aprender o soñar durante un rato.

En el Ático de los Libros se cuida al máximo el proceso de edición: primero, con una selección minuciosa y exigente de los textos, luego con traducciones de calidad y finalmente con una presentación que haga del libro un objeto del que gozar.

En nuestras librerías disponemos podrá encontrar los más importante de este estupendo catálogo.

Iraj Pezeshkzad:

Iraj Pezeshkzad nació en Teherán en 1928 y se educó en Irán y Francia. Se licenció en Derecho y ejerció como juez durante cinco años antes de incorporarse al servicio diplomatico iraní. Estuvo destinado en Austria, Checoslovaquia, Suiza y Argelia antes de regresar a Irán. Allí dirigió el Departamento de Relaciones Culturales del Ministerio de Exteriores iraní hasta la revolución islámica de 1979, momento en que abandonó Irán para exiliarse en Francia. Su novela Mi tío Napoleón fue prohibida de inmediato. Desde París, Iraj Pezeshkzad se unió a los movimientos de repulsa a la revolución del Ayatolá Jomeini, y se ha significado por su continuada protesta contra el regimen islámico iraní.

Empezó a escribir a principios de la década de 1950, traduciendo las obras de Voltaire y Molière al persa y escribiendo relatos para revistas. Durante su exilio siguió escribiendo novelas y ensayos sobre la historia de Irán y del Oriente Medio. También ha escrito varias obras de teatro y ensayos sobre la Revolución Constitucional de 1959 en Irán, la Revolución Francesa y la Revolución Rusa.

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Mi tío Napoleón de Iraj Pezeshkzad (Ático de los Libros  / 736 págs.)

“Un caluroso día de verano, para ser exacto, un viernes 13 de agosto, a las tres menos cuarto de la tarde, me enamoré”. Así comienza el relato del narrador, un muchacho de trece años que cae rendido a los pies de su dulce prima Layli.

Ambientada en el Teherán de principios de la década de 1940, Mi tío Napoleón es el retrato de una familia que vive bajo la esperpéntica tiranía de un patriarca estrafalario que idolatra a Napoleón Bonaparte. A la manera de un Quijote persa, acompañado por su fiel escudero Mash Qasem, el tío Napoleón, pues así le llaman todos, lleva con mano de hierro los asuntos familiares, para desesperación de sus parientes. Cuando surge el amor entre el joven narrador y su prima Layli, hija del firme tío Napoleón, un divertidísimo laberinto de intrigas y maquinaciones se pondrá en marcha para impedirles estar juntos. En el marco del jardín que comparten los hogares de la familia, brotan las conspiraciones, se suceden los adulterios más o menos tolerados, se dicen pequeñas mentiras y se ocultan grandes secretos. El único aliado del joven enamorado será su tío Asadollah Mirza, que derrocha ironía y encanto a partes iguales.

Las escenas familiares, a cuál más disparatada y desternillante, y el constante desfile de personajes variopintos tiñen de humor el incierto destino del amor del narrador por su prima. Una historia entrañable, que rebosa comicidad, narrada con ternura y sabiduría por Iraj Pezeshkzad, y que describe magistralmente la sociedad iraní.

Mi tío Napoleón está considerada una obra maestra de la literatura iraní moderna. Tras su publicación se convirtió en un fenómeno de ventas. Actualmente, sus protagonistas son iconos en su país como para el lector español puedan serlo Don Quijote o Sancho Panza, y algunas de las expresiones más habituales de los personajes han pasado al persa coloquial. El libro está prohibido en Irán desde la revolución islámica de 1979.

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“La novela sobre Irán más evocadora que se ha escrito”. Henry Kamen, El mundo.

Beryl Bainbridge:

Beryl Bainbridge (Liverpool,1932-Londres, 2010) fue una de las más importantes novelistas inglesas. Autora de dieciocho novelas, dos libros de viajes, dos ensayos, dos volúmenes de relatos y cinco obras para teatro y televisión, fue candidata al premio Man Booker en cinco ocasiones y su obra literaria es un tesoro nacional. En 2008 The Times la incluyó en la lista de “Los 50 escritores más importantes desde 1945”.

A los 14 años la expulsaron de la escuela y ese verano se enamoró de un prisionero de guerra alemán que esperaba a ser repatrido. Durante los siguientes seis años mantuvo correspondencia con él y luchó para que se le permitiera volver a Inglaterra. En 1953 puso fin a la relación.

Al año siguiente se casó. Tuvo dos hijos, pero el matrimonio fue corto y pronto Beryl se quedó sola y con dos hijos que criar. Más tarde, tendría una tercera hija con el escritor y guionista Alan Sharp. En 1958 intentó suicidarse metiendo la cabeza en el horno de gas. En sus propias palabras “Cuando una es joven se tienen esos altibajos”. Trabajó como actriz y en 1961 apareció en un capítulo de la teleserie Coronation Street, interpretando a una activista contra la energía nuclear.

Empezó a escribir para pasar el rato, principalmente contando incidentes de su infancia. Sus primeras novelas fueron muy bien recibidas por la crítica pero no le dieron demasiado dinero. Su primera novela, Harriet Said… fue escrita en esta época. Sería la tercera que publicaría, pues muchos editores la rechazaron y uno de ellos llegó a afirmar que los protagonistas eran “casi increíblemente repulsivos”. La autora ha nombrado a D.H. Lawrence y François Mauriac entre sus influencias. “Una brillante escritora, en la estela del petit guignol de Evelyn Waugh y Muriel Spark: fría y meticulosa en su descripción aguda y tremendamente irónica de su tiempo”, afirmó John Banville.

En 2003 se le concedió el premio David Cohen de Literatura. En 2005 la British Library adquirió para su fondo gran número de las cartas privadas y diarios de la autora. En 2001 fue investida doctora Honoris Causa por la Open University. Falleció en julio de 2010 a consecuencia de un cáncer. En febrero de 2011, la dirección del Man Booker Prize decidió otorgar a Beryl Bainbridge un Booker póstumo en atención a su exitosa trayectoria literaria.

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La Excursión de Beryl Bainbridge. (Ático de los Libros /  240 págs.):

Freda es rubia, de rostro dulce y pesa cien kilos. Tiene un carácter de mil demonios y cuando se le mete algo entre ceja y ceja no hay quien la detenga. Brenda, su apocada y cortés compañera de piso, lo sabe muy bien. Se conocieron en una carnicería el día que  Brenda decidió dejar a su marido Stanley, y se dejó convencer para entrar a trabajar en una fábrica de botellas con Freda, pues ésta consideraba que allí conocerían gente interesante.

Y es cierto, en la fábrica del señor Paganotti hay gente interesante. Sobre todo, Vittorio, el sobrino del dueño, que le interesa mucho a Freda: la inglesa tiene claro que quiere ser la signora del castillo en Casalecchio que la familia de él posee en il bello paese. Lo que no está tan claro es lo que opina la prometida de Vittorio, o el propio Vittorio, fascinado a su pesar por la indomable amazona rubia. Así, después de mucho dudarlo, acepta subir a cenar a su cuarto para hacerle compañía puesto que Freda está guardando duelo por su madre muerta. En realidad, su madre está viva, pero Freda piensa que quizá a Vittorio le resulte más atractiva postrada por el dolor. Mientras, Brenda recibe la tajante orden de no poner pie en el diminuto cuarto que comparten. Mujer práctica dónde las haya, para pasar el rato Brenda opta por aceptar el ofrecimiento de Patrick, el conductor de la camioneta de reparto de la fábrica del señor Paganotti, de arreglarle el lavabo, que pierde agua desde hace dos semanas. El irlandés tiene las orejas muy grandes pero su habilidad con la llave inglesa enternece el corazón de la frágil Brenda: su marido Stanley sólo sabía pastorear a las ovejas en una granja de Yorkshire.

La velada no termina como Freda había esperado, especialmente después de que Vittorio quede un poco aturdido cuando ella le muerde el cuello del jersey. Pero hay otra oportunidad para el amor: la excursión del domingo, la primera salida festiva que reúne a los obreros, los encargados y trabajadores de la fábrica, organizada por Freda para poder pasear cogida de la mano de Vittorio por la campiña inglesa. El problema es que Rossi, el supervisor de la bodega, también quiere hacer lo mismo, pero con Brenda.

El día de la excursión no empieza demasiado bien: la camioneta que debería llevarles de paseo hasta la residencia campestre donde van almorzar no se presenta. Varios obreros se vuelven a sus casas, algo abatidos, y el resto se reparten entre el mini rojo de Salvatore, uno de los empleados, y el Ford Cortina de Rossi. Apretujadas entre Vittorio y Rossi, Freda y Brenda se encaminan a Windsor con ánimos bien distintos: Freda está exultante, después de algunas caricias intercambiadas con Vittorio en los pasillos de la fábrica, y Brenda tiembla cada vez que Rossi alarga la mano hacia el cambio de marchas, a dos centímetros de su muslo. Así las cosas, el día empieza con un cóctel de lujuria y nervios que no presagia nada bueno. Y claro, descubrir el cadáver no contribuirá a animar la fiesta.

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«Beryl Bainbridge destila maestría narrativa y un desternillante humor negro.» Revista de Letras

La cena de los infieles de Beryl Bainbridge. (Ático de los Libros /  240 págs.):

En la fiesta de degustación de quesos y vinos en la que ella y Edward se conocieron, Binny le dijo que la madurez, en la que ambos se encontraban, se parecía a la segunda mitad de un partido de fútbol: los jugadores están cansados y se obligan a continuar mientras se mueren de ganas de que llegue el pitido final. “De repente Edward se sintió deprimido y con ganas de irse a casa a ver la tele.” Pero no lo hizo, sino que se fue a casa de Binny y empezaron una relación a pesar de que Edward estaba casado.

El símil futbolístico vuelve a Edward durante los meses siguientes; su relación resulta agotadora. La última idea de Binny, por ejemplo, es que Edward invite a algunos de sus amigos a cenar a casa de ella. ¿Por qué iban a tener que verse siempre en bares oscuros? Edward, que es un próspero contable aficionado a la jardinería, vive aterrorizado ante la perspectiva de que su mujer descubra su aventura con Binny, así que arrastra a Simpson y a Muriel, a quienes apenas conoce, a la famosa cena. Los cuatro tienen pronto oportunidad de conocerse mejor, pues en su cena de amigos irrumpen unos atracadores de banco que los toman como rehenes durante casi dos días. La situación le recuerda a Binny otras que ha visto por televisión y durante todo el secuestro Edward se pregunta constantemente cómo le va a explicar a su mujer lo tarde que ha llegado, si no es que el pitido del final del partido le ahorra hacerlo.

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«El humor negro de Beryl Bainbridge está a medio camino entre Evelyn Waugh y Muriel Spark.» John Bainville

Marcel Proust:

Marcel Proust nació en Auteuil en 1871 en el seno de una familia adinerada. Se graduó en la prestigiosa École des Sciences Politiques y trabajó brevemente como abogado, pero pronto se ganó la mala fama de no ser más que un implacable trepa social que escribía de vez en cuando. Tras la muerte de su madre, que le permitió heredar una gran fortuna, Proust abandonó la alta sociedad parisina. Se dedicó a la escritura por completo, retirándose al dormitorio de su apartamento de París, que había hecho forrar de corcho para no oír nada del exterior y así poder dormir todo el día y escribir toda la noche. Su mala reputación, sin embargo, le perjudicó en esta nueva empresa y nadie quiso publicar la primera entrega de su novela En busca del tiempo perdido (André Gide, que entonces era editor en la prestigiosa editorial Gallimard, dijo que era «demasiado esnob»). En consecuencia, Proust la publicó él mismo con enorme éxito. Con cada entrega creció su prestigio como escritor, pero su salud menguaba, y los últimos tres volúmenes se publicaron tras su muerte, víctima de una neumonía, en 1922.

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El escándalo Lemoine de Marcel Proust. (Ático de los Libros /  120 págs.):

El escándalo Lemoine cuenta la historia real de Henri Lemoine, un ingeniero que afirmó que podía fabricar diamantes a partir de carbón y convenció a numerosas personalidades —entre ellas a altos cargos de la empresa de minería De Beers y al propio Proust— para que invirtieran en su método. Cuando se descubrió el engaño, las acciones de De Beers se desplomaron y Lemoine aprovechó para comprar una gran cantidad con la certeza de que, pasado el escándalo, subirían de precio otra vez y él se haría rico. Por supuesto, su acción fue descubierta y Lemoine acabó en la cárcel. Mientras tanto, Proust, que pronto vio el potencial literario de la historia, dio con una magistral forma de contarla: una serie de relatos, cada uno de ellos escrito imitando el estilo de algunos de los autores más célebres de Francia. De este modo, no sólo vemos la vergüenza que pasó la alta sociedad parisina al descubrirse el timo, sino que podemos disfrutar de Proust escribiendo al estilo de Flaubert, Balzac o Saint-Simon.

El resultado son unos relatos rebosantes de ingenio y de asombrosos guiños literarios, en los que aparecen tanto los amigos del autor como personajes de ficción creados por los escritores que Proust imita. Proust, además, escribió El escándalo Lemoine poco después de tomar la decisión de renunciar a la vida social de París y se considera que esta es la obra en la que despuntó su magistral estilo.

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«Lo mejor de Proust es la forma en que combina sensibillidad y tenacidad.» Virginia Woolf

Henry James:

Henry James nació en Nueva York en 1843. Su padre, que se llamaba igual que él, era teólogo y su hermano, William James, filósofo. Henry fue admitido en la facultad de Derecho de Harvard a los diecinueve años pero pronto abandonó sus estudios para escribir y viajar por Europa. Visitó, por ejemplo, París, donde conoció a Flaubert, Turgenev, George Eliot y Zola. Fijó su domicilio en Londres y en 1876 consiguió fama internacional con Daisy Miller, que escandalizó a la sociedad victoriana y vendió miles de ejemplares. Nunca más volvería a escribir una obra tan popular, pero sus novelas cada vez más sofisticadas y meticulosas, como El vaso dorado o Los embajadores, le confirmaron como un maestro de la novela. Murió en Inglaterra en 1916.

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El fondo Coxon de Henry James. (Ático de los Libros / 112 págs.):

En El fondo Coxon Henry, James examina uno de sus temas predilectos: el papel del artista en la sociedad. Para ello cuenta la historia de un «genio» que, al parecer, es incapaz de conseguir sustento por sí mismo. El señor Saltram, un conversador brillante y gran intelectual, se ha convertido en uno de los invitados más buscados de Inglaterra. Pero cuando su labor intelectual disminuye, resulta cada vez más complicado hacer que se marche.

Una irónica comedia sobre la delgada línea que separa el arte de la caradura. El fondo Coxon muestra una faceta deliciosa y poco conocida de Henry James: su enorme habilidad para ser diabólicamente divertido.

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“James es a la novela lo que Shakespeare es a la poesía” Graham Greene

Nikolai Gogol:

Nikolai Gogol nació en 1809 en el pueblecito cosaco de Sorochintsy. A los 18 años fue a San Petersburgo en busca de la fama literaria y se publicó él mismo un poema épico del que la crítica se burló de tal modo que se marchó de la ciudad. Regresó al cabo de un tiempo y se dedicó a escribir relatos basados en el folclore ucraniano. La recopilación de esos relatos, Noches en una granja cerca de Dianka, fue un gran éxito. Sus nuevos amigos, entre los que se contaba Pushkin, le animaron a continuar por ese camino y en relatos como «El abrigo» y «La nariz» y en novelas como Almas muertas, Gogol desarrolló un estilo duro y realista sazonado con ironía y con un surrealismo que se adelantaba a su tiempo. En 1836, temiendo haber ofendido al Zar con su obra satírica El inspector general, Gogol se fue de Rusia y vivió en Europa durante doce años. Al regresar publicó una recopilación de ensayos apoyando al mismo gobierno al que antes siempre había criticado y por ello sus antiguos admiradores le atacaron con saña. Esa situación hizo que perdiera la cordura. Anunció que escribir era inmoral y en 1852 quemó su último manuscrito, la continuación de Almas muertas. Pocos días después se dejaba morir de inanición.

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Por que se pelearon los dos ivanes de Nikolai Gogol. (Ático de los Libros / 96 págs.):

Esta pequeña novela quizá sea la más perfecta destilación del genio de Nikolai Gogol: una historia que conjuga un sentido del humor bufo y travieso con un resignado cinismo sobre la condición humana.

Por qué se pelearon los dos ivanes es la historia de dos amigos de toda la vida que se enemistan cuando uno llama «ganso» al otro. Su enfrentamiento aumenta de intensidad con el tiempo y deviene cada vez más absurdo. El juez, el comisario y pronto todos los vecinos del pueblo se verán implicados en la disputa. Conservando siempre el característico estilo de Gogol, la historia, conforme avanza hacia su conmovedor final, nos hace reflexionar sobre la amistad y la vida.

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“Todos venimos de Gogol” Fyodor Dostoyevski.

Ryunosuke Akutagawa:

Ryunosuke Akutagawa nació en Tokio en 1892. Poco tiempo después de dar a luz, su madre desarrolló una enfermedad mental y él tuvo que ser adoptado por su tía materna. En 1913 entró en la Universidad Imperial de Tokio para estudiar literatura inglesa. Ya antes había empezado a escribir relatos cortos para diferentes revistas. Su primer cuento publicado, Rashomon, llamó la atención del prestigioso autor Natsume Soseki, cosa que le animó a seguir escribiendo. También en aquella época se casó con Fumi Tsukamoto, con quien tendría tres hijos. Al finalizar sus estudios dio clases por un tiempo en la Escuela de Ingeniería Naval de Yokosuka antes de decidirse a dedicar todo su tiempo a la escritura. A lo largo de su vida se dedicó exclusivamente al relato corto, nunca escribió una novela. Sin embargo, al llegar a la treintena, empezó a desarrollar síntomas de enfermedad mental y su producción literaria se hizo más autobiográfica. Torturado por las alucinaciones y el terror a haber heredado la locura de su madre, en 1927 decidió quitarse la vida. Falló en su primer intento falla, pero el 24 de julio murió de sobredosis de barbitúricos. Tenía treinta y cinco años.

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Kappa de Ryunosuke Akutagawa. (Ático de los Libros / 112 págs.):

Los kappa son seres mitológicos japoneses que viven en los ríos y humedales. Pequeños y con un aspecto a medio camino entre una tortuga y un pato, son considerados seres traviesos y un poco malvados.

Kappa narra la historia de un viaje, el de un humano al mundo de los kappa. Un viaje durante el cual, el protagonista se verá obligado a replantearse todo su sistema de valores y con el que Akutagawa traza una sátira mordaz e implacable de la sociedad japonesa de principios del siglo xx.

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“Kappa es algo más que una hermosa fábula. Akutagawa utiliza esta sociedad ficticia como reflejo de la sociedad japonesa de la primera mitad del siglo XX…”  Un libro al día.

Shusaku Endo:

Shusaku Endo nació en Tokio en 1923. Poco después sus padres se marcharon a vivir a la zona japonesa de Manchuria. Tras el divorcio de sus padres, Endo y su madre volvieron a Japón para vivir en la ciudad natal de la madre, Kobe. Su madre se convirtió cuando él era pequeño, por lo que fue criado como católico. Endo fue bautizado en 1935 a la edad de 12 años, con el nombre cristiano de Paul. Durante la Segunda Guerra Mundial su mala salud impidió que fuera reclutado. Estudió Literatura Francesa en la Universidad de Lyon desde 1950 hasta 1953.

Sus novelas reflejan muchas de las experiencias de su niñez. Éstas incluyen el estigma de ser un forastero, la experiencia de ser extranjero, la vida de un paciente en el hospital, y la lucha contra la tuberculosis. Su fe católica puede verse de alguna forma reflejada, y es a menudo una característica principal. La mayoría de los personajes luchan contra complejos dilemas morales, y sus elecciones a menudo provocan resultados trágicos. Su obra ha sido comparada con la de Graham Greene. De hecho, Greene catalogó personalmente a Endo como uno de los mejores escritores del siglo XX.
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El mar y el veneno de Shusaku Endo. (Ático de los Libros / 208 págs.):

En un hospital japonés desmoralizado por los bombardeos constantes de los Aliados, un interno, el doctor Suguro, es cooptado por un ambicioso cirujano para participar en una serie de experimentos médicos que culminan en la vivisección de un prisionero estadounidense capturado. Estos experimentos tienen como fin determinar cuanto se puede cortar de un pulmón antes de que el paciente muera o cuanta solución salina se le puede inyectar en la sangre sin matarlo. Este conocimiento debería servir para mejorar el tratamiento de la tuberculosis que arrasa el país. Pero el verdadero motivo de aquellos experimentos se halla en la brutalidad de los militares, la rivalidad entre los jefes de departamento del hospital y la atmósfera de nihilismo que reina en Japón ante la casi segura derrota ante los Aliados. Suguro se siente humillado por su propia pasividad. Paralizado por su conciencia hasta el punto en que resulta incapaz de operar en el quirófano, se siente un miserable.

La acción de la novela empieza muchos años más tarde, cuando el narrador visita la destartalada consulta que el doctor Suguro tiene en las afueras de Tokio. A pesar del tiempo transcurrido, Suguro no ha superado aquel trauma. En el pequeño pueblecito donde se ha refugiado para olvidar aquel horror, cada día contempla un maniquí en la tienda de ropa, su rostro blanquecino y su sonrisa de cera.

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«Endo brinda a sus descripciones de torturas y ejecuciones un tacto inexorable e hipnótico.» John Updike

Takiji Kobayashi:

Takiji Kobayahsi nació en Odate en 1903. Después de finalizar sus estudios, obtuvo un empleo en el banco Hokkaido, una de las principales instituciones financieras japonesas. En 1926 comenzó a colaborar con el movimiento sindical y con el Partido Comunista, y participó en actividades políticas consideradas radicales, como revueltas de trabajadores y huelgas campesinas. Paralelamente, su reputación literaria fue creciendo. En 1929, la publicación de Kanikosen significó su consagración como el gran escritor del proletariado, pero el alto voltaje político de sus escritos provocaron su despido fulminante del banco. Se trasladó a Tokio y fue elegido secretario de la Asociación de Escritores japoneses.

A partir de 1930 el acoso y la persecución policial contra su persona se intensificaron, y fue encarcelado varias veces acusado de actividades subversivas. Desde 1932 tuvo que publicar con seudónimo. Delatado por un topo, el 20 de febrero de 1933 la policía lo detuvo. Takiji Kobayashi murió al día siguiente, como resultado de una brutal paliza y varias horas de torturas. Con sólo veintinueve años se convirtió en un mártir del movimiento obrero. En sus relatos, el compromiso político y el valor literario confluyen para luchar, desde la palabra, contra la injusticia social.

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Kanikosen el pesquero de Takiji Kobayashi. (Ático de los Libros / 152 págs.):

“Vamos hacia el infierno”: esta lúcida frase es el punto de arranque de una pesadilla real. Kanikosen es la crónica de la brutalidad del capital contra los trabajadores, o de la angustiosa travesía de un buque factoría en las gélidas aguas de Kamchatka.

Los obreros y pescadores viven y trabajan como autómatas y en peores condiciones que si fueran animales. Sin descanso, faenan en las peligrosas aguas de Kamchatka, enlatando los cangrejos para empresarios que viven cómodamente a millas de ahí. La tripulación no tiene identidad: los hombres no son más que cuerpos sin nombre ni dignidad, obligados a rendir hasta la extenuación, vejados y presionados para conseguir la producción deseada, y el enriquecimiento de unos pocos. Sin apenas dormir, maltratados  sistemáticamente y torturados con crueldad despiadada, aún enfermos, los pescadores malviven como fantasmas. Paulatinamente y casi sin darse cuenta, la injusticia de su situación, el descontento y la puesta en común de sus terribles experiencias (que son las mismas en toda la clase proletaria de Japón) les conducirán a una sorda revolución.

El poder tiránico del patrón del buque, escoltado por un destructor de la armada japonesa, comienza a ser cuestionado. En ese momento, un grupo de pescadores que ha naufragado entra en contacto con unos marineros rusos. Con ellos descubren que otro mundo debe ser posible, gracias a la reivindicación de sus derechos como trabajadores. De vuelta al barco, los pescadores han hecho suyo el espíritu de protesta que hasta ahora la autoridad había sofocado.

Pronto, la unión de los hombres hará que las cosas empiecen a cambiar.

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“Un best-seller inesperado que retrata la angustia de los trabajadores frente a la precariedad laboral”. The New York Times.

 

El Camarada de Takiji Kobayashi. (Ático de los Libros / 144 págs.):

El camarada es el relato en primera persona de la vida y las dificultades de un militante del partido comunista en el Japón de los años treinta. En aquella época, este partido era ilegal y sus militantes eran perseguidos por la policía imperial. Lo más normal era que acabaran siendo torturados en las comisarías y encerrados en prisión durante años.

En este contexto, Takiji Kobayahsi  (1903-1933) nos presenta la historia de una pequeña célula de tres miembros que trabaja infiltrada en una fábrica de material bélico. La vida en la fábrica es muy dura: muchos trabajadores tienen contratos temporales, los salarios son extraordinariamente bajos y las jornadas muy largas. La vida de los miembros del Partido, que es la del propio autor, está llena peligros. Deben vivir ocultos y pendientes en todo momento de la policía, no sólo de la uniformada sino también de los agentes infiltrados como ellos en la fábrica, los vecinos y cualquier persona que no pertenezca al Partido. Todos han tenido que renunciar al contacto con su familia y amigos, así como a su vida privada. Su rutina consiste en escribir periódicos clandestinos y octavillas incendiarias que introducen en secreto en las fábricas para animar a los trabajadores a defender sus derechos. También mantienen peligrosas reuniones clandestinas en las que deciden las estrategias a seguir.

Pero toda esa rutina cambia cuando descubren que la fábrica tiene previsto despedir sin más a los cuatrocientos trabajadores temporales de la plantilla. En ese momento saben que esa es su oportunidad para convencer a muchos de unirse a su causa y organizar una huelga que mejore los derechos de los trabajadores de la fábrica. Sin embargo, enfrentarse al enemigo no va a resultar una tarea sencilla.

Después del aclamado éxito de ventas y crítica de Kanikosen, que ha seducido a  más de 5000 lectores españoles y del que se han impreso dos ediciones, Ático de los Libros apuesta de nuevo por Takiji Kobayashi, un autor directo y apasionado cuya calidad literaria el público español ha sabido entender y apreciar. Los lectores han convertido Kanikosen en un libro de culto y una de las más sonadas protestas literarias contra la explotación de los trabajadores en tiempos de crisis. Con El camarada, Kobayashi ofrece a los lectores una nueva dosis de cruda realidad.

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“A Kobayashi le sobran dotes y pasión, es hermano de sangre de Jack London” Guillermo Saccomanno.

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Otra de las pequeñas y selectas editoriales que están poblando el mercado español y que tenemos el gusto de importar a nuestro país es la madrileña Ediciones Escalera. En su catálogo destacan una colección con obras inéditas en nuestro idioma con lo mejor de la generación beat.

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Según su editora Talía Luis Casado “Publicamos buenos libros. Nos sentimos inmensamente orgullosos de todos los autores que tenemos en nuestro catálogo, de los libros que hemos creado. Estamos satisfechos con la evolución, y aunque medien muchos dolores de cabeza, seguiremos aquí.”. Desde nuestras librerías les auguramos muchos éxitos y confiamos en que sigan fiel a su buen hacer.

Blade Runner: una película. William S. Burroughs (Ediciones Escalera / 96 págs.):

¿Qué es esto? Un tratado de cine, una novela, un guión cinematográfico, un collage aleatorio de fotogramas. ¿De qué trata? Del colapso de la sociedad occidental por una gestión corrupta de la Sanidad y el florecimiento de una medicina underground capaz de puentear la burocracia y las farmacéuticas. ¿Está basada la película de Ridley Scott en este libro? No, pero tomó prestado el título para su filme. Burroughs aparece en los créditos de agradecimientos al final de la película. ¿Qué es un Blade Runner para Burroughs? Un distribuidor clandestino de fármacos, drogas y equipamientos médicos. El mayor garante del nuevo orden. ¿En qué época transcurre la acción? El libro propone un viaje fragmentario por el tiempo entre 1914 y 2014. ¿Y la ambientación? Nueva York en ruinas, túneles convertidos en canales, perros salvajes, yonquis, el nacimiento de una nueva era. ¿El estilo? Cut-up en su máxima expresión. ¿El target? Burroughs da por sentada la inteligencia, necesaria para no caer en sus trampas y captar su finísimo humor de dandi y visionario más allá de toda convención.

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“A) Un tratado de cine, una novela, un guión cinematográfico, un collage aleatorio de fotogramas. B) Un viaje alucinante entre 1914 y 2014 en una Nueva York devastada, donde los Blade Runners trafican con la medicina que la Seguridad Social ha vetado a la población. Nueva York en ruinas, túneles convertidos en canales, perros salvajes, yonquis, el nacimiento de una nueva era. C) El colapso de la sociedad occidental por una gestión corrupta de la Sanidad y el florecimiento de una medicina underground capaz de puentear la burocracia y las farmacéuticas. D) Un Blade Runner es un distribuidor clandestino de fármacos, drogas y equipamientos médicos. El mayor garante del nuevo orden. E) Cut-up en su máxima expresión. F) Una nueva integridad tras las puertas de la corrupción… Burroughs es capaz de convencernos de haber visto cosas que ni imaginas.” John Updike, The New Yorker.

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Pic. Jack Kerouac (Ediciones Escalera / 112 págs.):

Jack Kerouac resume en cien páginas los cruces de caminos bluseros de Robert Johnson, la represión de los negros, el desasosiego callejero de Nueva York, la inmensidad natural y el latido abatido de un país entero, desde la perplejidad infantil del descubrimiento del mundo. Jack Kerouac dejó inédita esta narración que fue publicada en 1971, dos años después de su muerte. Pic es la aventura de un niño negro de diez años que en compañía de su hermano mayor Slim, escapa de su Carolina del Norte natal a la que, tras la muerte de su abuelo, no le ata ya nada. Un mundo nuevo se abre ante su mirada limpia al llegar a Nueva York: el jazz, Times Square, los apartamentos baratos de Harlme, la televisión. La ternura y la inocencia con la que Jack Kerouac es capaz de meterse bajo la piel de Pic retrotrae al lector a sus escritos desde la carretera y evoca las primeras cartas de juventud a Mémère, a Sebastian Sampas, a Allen Ginsberg, John Clellon Holmes o al mismísimo Neal Cassady. Sin perder un ápice de frescura, la belleza de su prosa se desliza por estas páginas para devolvernos una vez más al Jack Kerouac de los caminos de la América de posguerra. Con el ritmo jazzístico característico de su prosa, Kerouac se transforma en Pic, el menos evidente de sus álter-ego: adopta su acento, su gesto, su inocencia. Si On the road fue la ferocidad del descubrimiento, Pic es el fin de la infancia.

Jack+Kerouac

“Ediciones Escalera presenta Pic, novela que había estado inédita en España y que fue publicada inicialmente en 1971, dos años después de la muerte de su autor, Jack Kerouac, padre de la llamada Beat generation, grupo literario que promovió algunos derechos aceptados por todos hoy, aunque también algunos excesos que llevaron al propio Kerouac a la tumba. La obra comienza descubriendo la vida de campo de los habitantes de Carolina del Norte (EE.UU.), con sus tradiciones y supersticiones, pero también con sus miserias y sus esperanzas de un futuro mejor. En este contexto arraiga Pictorial Review Jackson (Pic), un niño de diez años que está al amparo de su abuelo y que, muerto éste, escapa con la ayuda de Slim, su hermano mayor.Emprendida la marcha a Nueva York, no sin pocas aventuras ni tampoco desprovistos del respeto que muestra siempre el viajero por los lugares que visita y las gentes que conoce, consiguen llegar a su destino, donde les espera Sheila, esposa de Slim, en cuyo vientre alberga un futuro fascinante para la familia, recién aumentada con la llegada de Pic. Reunidos por fin en Nueva York, aprieta el hambre, escasean las posibilidades de empleo y crecen las dificultades económicas, pero no les falta a estos personajes las fuerzas por luchar y salir adelante en una sociedad tan poco solidaria y compasiva como la que ambienta la novela de Kerouac, y que denuncia.

Slim asume la responsabilidad de buscar un trabajo que le permita garantizar el bienestar de los suyos. Y en un mismo día pasó por dos oficios distintos; mientras por la mañana abusa de sus riñones y brazos en una fábrica de galletas, aparentemente un “dulce” trabajo, al tiempo que de nula consideración por atentar contra la dignidad humana, por la noche exprime sus pulmones en un saxo para intentar ser contratado por una sala de jazz, soplando y soplando cada vez más fuerte como hacen los trompetistas y saxofonistas de las orquestas de merengue. Exhausto queda, sin ninguno de los dos trabajos también.

Final feliz aunque con porvenir incierto para los personajes. Atrás quedan los viajes de una punta a otra del país y el frío, la vileza de la vida para los que no tienen dinero, y el jazz. Elementos todos ellos relatados con detalle y esmero por Kerouac, con buenas dosis de ternura que caraterizan a un Pic que descubre el mundo a tan temprana edad; y no menos valioso es el esfuerzo de Daniel Ortiz por una traducción tan adecuada y atinada.” Enrique Cabrera. El Imparcial.

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Satori en París. Jack Kerouac (Ediciones Escalera / 128 págs.):

Esta edición aparece por primera vez en España con motivo del cuadragésimo aniversario de la muerte del autor. Satori en París es la penúltima novela de Kerouac publicada en vida y la última de las denominadas “del camino”. Estamos ante el último ejercicio de prosa espontánea del autor (escrito en nueve noches durante el verano de 1965), basado en un viaje de diez días a Francia so pretexto de reconstruir la historia de su apellido, sin embargo, la narración nos va guiando por los entresijos de una mente tan brillante como autodestructiva en la que no falta su obsesión por aunar principios filosóficos orientales con su arraigado catolicismo, el origen de sus ancestros, la verdadera naturaleza de la literatura, una capacidad única para reírse de si mismo y de autoconducirse a situaciones hilarantemente extremas, además de una crítica feroz al establisment occidental de la época. Esta historia alucinada recorre las calles del París de De Gaule, sus cafes, sus iglesias y bibliotecas de la mano de un Kerouac empapado en alcohol, soledad y anhelos juveniles compartidos por toda una generación. En Satori en París, el lector iniciado en la literatura Beat hallará las claves del desmoronamiento personal de Kerouac, identificará el fantasma de Neal Cassady en cada párrafo, y aquel que se acerca por primera vez a la contracultura norteamericana de los sesenta, descubrirá, más allá de un texto sumamente poético y en ocasiones hermético, la punta del Iceberg Kerouac, un referente imprescindible para ir descendiendo cronológicamente por toda su obra hasta On the road.

Satori en París

 

Tristessa. Jack Kerouac (Ediciones Escalera / 128 págs.):

Francisco Umbral dijo en una ocasión que “Bukowski es lo que se da en USA cuando no se puede dar Henry Miller. El descenso, la deflagración de toda la cultura de América, y por tanto del imperio, que somos nosotros, lo da bien el paso de Henry Miller a Bukowski”. Lo mismo podría decirse de Jack Kerouac, por afinidades y frustración generacional. No hay como los americanos para cometer errores históricos o individuales y luego hacer de ello un estilo literario, un estilo de la prosa, de la frase. Algo de todo esto puede encontrar el lector en Tristessa, uno de los títulos más indiscutibles de Kerouac, aunque de menor repercusión popular, que acaba de publicar Ediciones Escalera, en una versión brillante y rigurosa debida a la pluma del escritor y traductor Daniel Ortiz Peñate.

Tristessa es un relato conciso, tenso, estremecedor, agónico y brillante, de una vida atenazada por el dolor, por el exilio y la desesperanza, abierta en una herida de imposible sutura y por algo parecido a la culpa incluso, a la pérdida del verdadero lugar en el mundo. Autoexiliado en México, el narrador Jack Duluoz -alter ego de Kerouac- recorre borracho, loco y desmelenado las calles del Distrito Federal en un ir y venir de barra en barra, a veces solo y otras veces acompañado de una prostituta mexicana adicta a la morfina llamada Tristessa, que siempre pregunta: “¿Por qué estás tan triste? Estoy triste porque la vida es dolorosa, respondo yo cada vez. […] Toda vida es triste, concede, coincide, nada más he de añadir sobre el tema”.

Sin embargo, el verdadero tema de Tristessa no es la vida, sino la muerte; en este sentido, Kerouac es tan hijo de Henry Miller como de Stephen Crane, quien supo mostrar con horror y autenticidad la degradación humana. Kerouac nos propone algo mucho más simple, igualmente imprescindible: el paisaje de ruinas y adioses donde se consumó su propio adiós a las personas que poblaron la leyenda de su vida. Tristessa se llamaba en realidad Esperanza Villanueva y era la mujer de David Tesorero, amigo de William Burroughs, en la época en que éste vivía en México, en la calle Orizaba, 210, en cuyo cuarto de azotea se instaló Kerouac a mediados de los años cincuenta.

Kerouac no buscó en México una patria física, sino algo más urgente: la posibilidad de una nueva iniciación sentimental: “Hasta ahora no había hecho más que viajar en círculos por toda Norteamérica, una gris tragedia a fin de cuentas.” Sólo que el autor no se atreve a dar el paso. “Quisiera tomarla de la cintura con ambas manos y traerla hacia mí al tiempo que le susurro palabras cariñosas como ‘Mi ángel glorioso’ o ‘mi lo que sea’, pero la vergüenza supera mi vocabulario en español. […] El problema es ¿qué hacer con ella una vez que la haya conquistado? Sería como conquistar a un ángel en un infierno donde no existe otra opción que caer con ella en abismos aún peores.” Tristessa es una excelente novela de simetrías, como una fotografía y su negativo, en la que Kerouac encuentra su yo femenino en una prostituta de pómulos aztecas.

Tristessa

Piercing. Ryu Murakami (Ediciones Escalera / 509 págs.):

“Es vital que aquellos que se encuentran en el lado receptor de la violencia se pregunten por su motivo”, se dice al comienzo de Piercing (Ediciones Escalera), “una verdad triste y amarga, pero importante”. La valentía y la audacia con que Ryu Murakami viene indagando en la violencia y sus consecuencias en la infancia y adolescencia, característica de la mayoría de sus novelas, lo han convertido en uno de los más interesantes autores de la literatura japonesa. Con recursos propios de la novela criminal, con sequedad, violencia y efectos muy superiores a los demás conspicuo salvajismo literario, Murakami hace un retrato feroz, desesperado y contundente de la insoportable realidad de los padres abusivos.

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Un craso error es creer que la infancia es, por definición, el periodo más fascinante de la vida. Piercing desmiente, a ojos vistas, esta definición. La trama gira en torno a Kawashima Masayuki, un joven padre de familia, que desde que nació su hija ya no ha vuelto a ser el mismo. Tiene pesadillas en las que mata con un punzón a la niña en la cuna: “Cogiendo el punzón ligeramente para temblar lo menos posible, colocó la punta junto a la mejilla de la niña. Cada vez que estudiaba este instrumento, con su fina y reluciente varilla de acero, se preguntaba por qué era necesario tener cosas así en el mundo. Si en realidad sólo era para picar hielo, cabría pensar que un diseño totalmente diferente serviría. Los que producen y venden estas cosas no entienden que a algunos nos entra un sudor frío con sólo ver ese extremo reluciente y puntiagudo”.

A medida que avanza la novela y profundizamos en el pasado de Kawashima conocemos el trauma, el dolor, el maltrato al que fue sometido, nos enteramos de cómo, después de muchas palizas, su madre lo encerró en una institución benéfica: “Kawashima intentó recordar a los niños del Hogar, verlos con sus ojos de hombre de veintinueve años. […] Había niñas que se acercaban a cualquier hombre mayor e intentaban llevarle la mano por debajo de su ropa interior, y había niños que mordían su propia mano de forma compulsiva. Niños que de repente empezaban a moverse espasmódicamente y a golpearse la cabeza contra la pared”. Pero lo que le remuerde el alma, no es tanto el horror de lo vivido, como la certeza de que los niños luchaban con todas sus fuerzas por amar a sus padres.

Para Murakami la grisura de la vida empieza en la cuna. De ahí que un sentimiento de orfandad recorra toda la novela, al igual que ocurría en Los chicos de las taquillas, también publicada por Escalera. Y ya no hay casi nada más que decir de Piercing, pues las formas literarias de Murakami -estilo seco, sin tapujos y sin esquivar tabúes ni dulcificar la crudeza de una historia que parece escrita con un punzón- son ya ampliamente conocidas, aunque aquí a sus habituales referencias tanto literarias como cinematográficas (William Burroughs, Bret Easton Ellis, Abel Ferrara, David Cronenberg) se añaden otros modelos del género, como Paul Verhoven, cuya película Instinto básico Kawashima es incapaz de ver sin sentir un impulso criminal.” Antonio Bordón. La provincia.

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Los chicos de las taquillas. Ryu Murakami (Ediciones Escalera / 509 págs.):

Hashi y Kiku fueron abandonados por sus madres en las taquillas de una estación de tren. A Kiku lo encontraron porque el calor le hizo gritar. A Hashi, porque el calor le hizo heder. Y eso marcó para siempre el rumbo de sus vidas. Hashi busca un sonido concreto, el latido del corazón de su madre. Huye de la casa de sus padres adoptivos y se instala en el Toxicentro, el paraíso para los proscritos en Tokio. Se pinta las uñas de verde, se prostituye, y entre cliente y cliente recibe lecciones de canto. Hasta que un coche negro aparece en El Mercado, el lugar donde todo lo que se vende se vende ahí, y de él baja D, el cazatalentos. Bajo la piel fresca de Hashi halla la voz más hipnótica que encontró jamás. “Haré de ti una estrella, niño”, le asegura. Contrata a un detective para que busque a la madre de Hashi. El encuentro será en un programa en directo de televisión. D podrá comprarse otro rascacielos. Kiku, porque quiere correr y volar, se hace saltador de pértiga. Entrena su cuerpo, vigila su mente, y durante un instante separa los pies de un mundo que aborrece, un mundo lleno de gente con aspecto de globo hinchado al que le encantaría reventar. Y porque lo aborrece, recuerda una palabra: datura. Un amigo le aconsejó que no la olvidara si alguna vez quería reducir Tokio a cenizas. Y quiere. Delicada y cruda, voraz y discreta, la novela de Murakami transporta al lector a los confines del desaliento. Con parsimonia, y sin estridencias ni concesiones, dibuja a sus personajes de forma tan precisa que no sólo comprendemos por qué desean la destrucción, sino que nos hace partícipes de esa explosión que cubrirá el mundo de blanco.

Los chicos de las taquillas

The Horn. John Clellon Holmes. (Ediciones Escalera / 256 págs.):

Holmes no es Kerouac, ni Ginsberg, ni Burroughs; Holmes, elemental, es Holmes, y The Horn (protagonista que da título a esta novela) es Edgar Pool, no Charlie Parker ni Coltrane. Dicho esto, ahora caeremos con descarada intencionalidad en la contradicción: Holmes es Kerouac, Ginsberg, Burroughs y Cassady, y sí, Edgar Pool es, además de The Horn, Bird y Trane. Tal vez sea esta paradoja la que nos sitúe ante el libro definitivo de la Beat Generation en materia de jazz, que como es sabido, jugó un papel infaltable en la obra de todos sus integradores.

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John Clellon Holmes fue un pionero: su novela Go (Escalera, 2009) bien podría servir de guión para una película sobre los Beats mucho más adaptable que On the Road; de hecho, su primera novela (y la de toda una generación) recoge numerosos hechos narrados en la película Howl (Epstein, Friedman, 2011) sobre el mítico poema de Ginsberg. Pero Holmes fue mucho más que el cronista de las andanzas literarias y vitales de sus amigos y en The Horn descubrimos a un novelista de gran solvencia que logra con erudición recrear la atmósfera del be bop de los años 40 y 50 y además arriesga con una estructura novelística y de estilo más propia del lenguaje del jazz que cualquier otro libro (incluido On the Road) jamás escrito.

Para componer la narración, Holmes se vale de dividir los capítulos del libro en coros y riffs (más una coda epilogar), y el lenguaje, junto con los acontecimientos, se precipita en cascada como en una jam session en la que numerosas voces, las de otros músicos cercanos, recomponen la vida y la obra de Edgar Pool, alias The Horn, tras la derrota de éste en un duelo improvisado con un saxofonista más joven.

La novela transcurre en 24 horas, durante las cuales una cantante y ex amante de Pool, un trompetista de estudio, un saxofonista de Harlem, un contrabajista con complejo de Edipo y un mánager, entre otros, recuerdan y rehacen los fragmentos de una vida legendaria para componer un totum, un tema único que se complementa, a modo del Ulises de Joyce, con la odisea etílica y alucinada emprendida por Pool desde que baja del escenario derrotado hasta su muerte un día después. Testigo de ello es Cleo, un joven pianista que le hace de Virgilio por tugurios, casas de empeño y visitas a viejos amigos con la intención de obtener un préstamo que le permita regresar a Casa, a Kansas City, una huida sin sentido que, bien sabe, jamás llegará a emprender.

Cada personaje se adentra en la memoria de The Horn con la intención de desenmascarar al genio que nunca permitió a nadie conocer a la persona subyacente y trató a fuerza de excesos, orgullo y virtuosismo mantener ese halo misterioso y oscurantista que parece sólo rodear a los grandes rompedores como Mozart, Pagannini, Robert Johnson, Morrison, Hendrix, Jimmy Page o Cobain.

Holmes acierta también con el uso del lenguaje empleado para esta novela, la jerga de los negros sureños se entremezcla con un estilo en ocasiones barroco, casi anacrónico, vehículo para invocar la atmósfera de subsuelos, humos y tinieblas de una época que acaba por antojarse mítica, y que al fin y al cabo no es más que la antesala de lo que luego sería el modo de vida heredado por los rockeros en los sesenta. ¿Sexo, drogas y rock and roll?, sí, pero primero hubo sexo, drogas y jazz.

The Horn es una lectura retadora, con un discurso alucinado y fragmentario que recuerda a menudo el Bajo el volcán de Lowry. Pero su mayor virtud es sin duda la de erigirse en una novela de jazz en estado puro, una canción en sí misma que a su vez canta a todos los músicos negros que dieron su vida por tocar y lucharon por hacerse oír, por enloquecer a una América hundida entre guerras y conflictos sociales, unas memorias del subsuelo de una nación de cuyas entrañas emergieron los movimientos de los sesenta y setenta y que dieron un vuelco al mundo. Una obra con sobradas credenciales para ocupar un lugar destacado entre las grandes de su generación. Un libro que Ediciones Escalera pone, medio siglo después, a disposición de los lectores en castellano.

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Go. John Clellon Holmes. (Ediciones Escalera / 326 págs.):

La novela que supuso el punto de partida de la Generación Beat. Hasta ahora inédita en español. Tenemos un carácter furtivo. Conocido como el “beat tranquilo”, John Clellon Holmes recoge en su novela Go las peripecias de sus amigos Cassady, Kerouac y Ginsberg en el Nueva York de finales de los 40. Esta historia de sexo, jazz, drogas y calles nos muestra que la generación beat no se limitó a inventar una forma de vida: también una literatura y un modo revolucionario de mirar.

Definitivamente vivimos tiempos más pacatos: los periódicos son aburridos, la opinión pública se escandaliza porque un jugador de golf ponga los cuernos, los bares cierran a las dos, las mujeres vuelven a tener citas con carabina y está prohibido fumar, mal visto beber e incluso pensar demasiado no es conveniente. Nuestra generación ha adoptado la asepsia y el buenrollismo como paradigmas de una sociedad donde unos chavales que dicen que no practican el fornicio ni se fuman un canuto arrasan entre los adolescentes. Incomprensible para los que crecieron adorando a tipos como Sid ‘Vicious’, incluso incomprensible para quienes asumieron que detrás de la fachada impoluta de los Beatles se escondían noches de orgías salvajes y viajes de LSD poco disimulados en sus letras.

Pero hubo un tiempo en que las calles estaban llenas de antros de música ‘bop’, “andanzas nocturnas, encuentros en las esquinas, auto-stop, mil bares de moda por la ciudad. En ese mundo, la gente estaba enganchada a las drogas, buscaban todos un nuevo grado de locura y de percepción. No paraban nunca, vivían de noche, corrían por todos lados haciendo contactos, desaparecían de pronto en la cárcel o por los caminos, y resurgían de nuevo buscándose unos a otros. Parecían ignorar todo lo que no fuera la realidad de los trapicheos, de un lugar donde quedarse, imbuidos por el frenesí del jazz”.

Estas palabras pertenecen a GO, la proclamada como “primera novela de la generación beat” que ‘sólo’ 58 años después de su publicación original Ediciones Escalera nos ha hecho el inmenso favor de editar en castellano entre nosotros. Su autor es John Clellon Holmes, amigo personal de Jack Kerouac y autor de la mítica En el camino, y que involuntariamente colaboró a bautizar a una generación que cambió para siempre las reglas de cómo vivir la vida, de cómo escribir para los jóvenes y de cómo ser a la vez poeta y estrella del rock and roll. Un día Holmes le pidió a Kerouac que pensara en una forma de describir a su generación, y este la definió como ‘generación beat’ por el sentimiento furtivo de no pertenencia que la caracterizaba, ese ritmo del jazz ‘bop’ de ‘Bird’ y Miles Davis que llena todos los momentos de GO para goce de los drogadictos a esos sonidos.
Menos conocido que el propio Kerouac, Cassady o Ginsberg, sin embargo Clellon Holmes hizo, en palabras del autor de En el camino, “lo más honesto, lo más grande, lo mejor”. Y así es, en efecto, porque frente a las exageradas y difusas obras de algunos de los exponentes beat, GO es una novela completa, bastante bien construida, con un argumento que tiende hacia la lógica y que no pretende otra cosa que presentar las andanzas de una generación pero contando con un argumento sólido: la amistad de Pasternak, Stofsky y Kennedy (alter egos de Kerouac, Ginsberg y Cassady, atención) a pesar de sus excesos, sus bailes con la autodestrucción, sus golpes de escasa fortuna donde la vida bestial y exagerada se impone a los tímidos latidos de la lucidez. Así es cuando un Pasternak-Kerouac se acuesta con la mujer del protagonista delante de sus narices después de una fiesta con abundante alcohol y porros, o cuando Stosfsky-Ginsberg muestra sus excesos verbales y depresivos al deambular de casa en casa en el agitado Nueva York de los cincuenta donde el saxofón y la trompeta imponen su ley.

Un tráfago divertido, una sensación de ser moscas pegadas a las paredes donde se resuelven los problemas a base de trago de vino barato y liadora, la impagable sensación de haber sido testigos de cómo se fraguó una generación que barrería con los clichés sociales de las clases medias adocenadas es lo que nos deja la lectura de GO. Una original, y bienvenida, puerta de entrada a un tiempo más interesante que este que nos ha tocado vivir donde esa concepción “clandestina y misteriosa de la vida”, de la que se habla en la obra parece haberse perdido para siempre o ser asociada a los programas de telerrealidad o viajes, falsas sombras de caverna platónica sólo aptas para quienes todavía tienen miedo de ponerse ‘on the road’.

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Nadie gana. Jack Black (Ediciones Escalera / 414 págs.):

 

“Reconozco que cuando me recomendaron Nadie gana, el libro de Jack Black con el que Ediciones Escalera comenzaba el año, no sabía nada acerca del autor ni del libro. En mi ignorancia pensé que uno de mis actores/cantantes favoritos también hacía sus pinitos como escritor, y confieso que no me extrañó dada su polifacética carrera. Al abrir el libro me topé con la foto del autor en la solapa, desde ahora mi Jack Black favorito. Su cara de delincuente gastado por la vida en el camino y los años de cárcel me pareció más la de un enterrador que la de un escritor. Entonces leí el prólogo de William S. Burroughs, fascinado como toda la Generación Beat por el escritor delincuente, que abre la puerta hacia la vida del ladrón mítico y reflexivo que es Jack Black, o al menos del hombre que se hizo llamar Jack Black.

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Black nació en 1881 en Vancouver, aunque pasó su infancia en Missouri. Cuando su madre murió su padre vendió su casa y se trasladaron a una habitación de hotel. Sería en Kansas City, en su adolescencia carente de figura paterna, constantemente de viaje y sin apenas comunicación, donde tuvo el primer contacto con el mundo que su educación religiosa le había ocultado. En los tiempos en que un cobarde llamado Robert Ford mataba por la espalda al asaltador de trenes y asesino Jesse James, el joven Jack Black obtenía su primer empleo como cobrador de facturas de un lechero. Un día, mientras cobraba la factura de un burdel la policía hizo una redada y pasó la noche en la cárcel. Las prostitutas tuvieron que pagar la fianza ya que era el único que no había sobornado a los honorables agentes de la ley. Desencantado con la policía y los jueces no volvería a tener empleo hasta 40 años más tarde, como bibliotecario en el San Francisco Call. Aquel fue el comienzo de una carrera al margen de la ley que Black narra con maestría, desde los primeros trabajos con un tal Smiler, que le enseña el oficio de robar en las casas por las noches, hasta los trabajos más sofisticados y estudiados que realizará al final de su vida delictiva, donde la tensión acabó con sus nervios, y con su dinero, abandonándose al consumo de opio.

A través de su relato aprenderemos que no es aconsejable robar a los mormones o a los chinos, leeremos cómo se vivía en los caminos, sabremos de las multitudinarias reuniones de mendigos, los Yeggs, donde se compartía comida y bebida hasta el fin de existencias. Nos adentraremos en los bares de Winos, esos seres que vivían en antros de mala muerte donde, tras caer inconscientes, el camarero los sacaba y los ponía a dormir la borrachera unos al lado de los otros, hasta que se despertaban y podían volver a entrar a beber en latas, o tarros. Visitaremos ruinosas habitaciones de hotel, seremos testigos de detallados golpes, evasiones heroicas de las cárceles, muertes de honrados ladrones… y todo en los años de decadencia del salvaje oeste.

Con el tiempo Jack Black se fue convirtiendo en un Stetson, nombre dado a los miembros de la primera clase entre los ladrones, «desde el día que dejé a mi padre mi camino había quedado trazado, entre la gente torcida. No había pasado ni una hora en compañía de un hombre honrado… si vives con lobos aprendes a aullar».

Entre viaje y viaje escondido en trenes de mercancía, esquivando a los revisores y a la policía, entrando y saliendo de las cárceles de Estados Unidos y Canadá, dejándose sangrar por los prestamistas, Jack Black comparte con nosotros sus vivencias con compañeros entrañables como Sanctimonious Kid, George Pie y medio o Salt Chunk Mary, miembros de la familia Johnson. Familia que para ser miembro de ella solo había que ser un ladrón honrado y decente con los compañeros, «He pasado casi toda mi vida en compañía de gente sin suerte y, aunque yo nunca me he visto a mí mismo como un desgraciado, siempre me han tomado por ello».

Antes de arrojarse a las aguas del Puerto de Nueva York en 1932, Jack Black tuvo unos años de tranquilidad, sin problemas ni posesiones, que dedicó a escribir su novela autobiográfica Nadie gana, y algún artículo en Harper´s, incluido en esta edición de Escalera, sobre el sentido de los castigos físicos en los penales norteamericanos, sobre la naturaleza del bien y el mal, por si pudieran ayudar a algún joven delincuente o juez. En la edición americana, en la página de créditos, añaden que se mandará una copia del libro a cualquier convicto si dirigen una carta a la editorial con 10 dólares y una dirección de contacto. El libro cuesta 16 dólares.

Nadie gana es una obra admirable no solo por su valor literario, sino por su carácter documental de una época y unos personajes ya desaparecidos, como la vida errante de los bandidos del Wild West. El rodaje de la adaptación del libro a la gran pantalla se iniciará el próximo julio en localizaciones de Oklahoma.” Aitor Aguirre.

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La habitación. Hubert Selby Jr. (Ediciones Escalera / 272 págs.):

Tras publicarse en castellano “Última salida para Brooklyn” y “Requiem por un Sueño”, llega la que para muchos entendidos es la verdadera obra maestra de Hubert Selby Jr. Sin duda estamos ante la novela más dura que jamás hayamos publicado, con una traducción interrumpida en ocasiones para ir a vomitar, un auténtico descenso a los infiernos al que ni siquiera el propio autor pudo enfrentarse hasta pasados veinte años de su publicación. Una narración que reinventa a Joyce, a Dante, a Kafka, un terror que nos remite en ocasiones a los pasajes más siniestros de la Biblia, un libro altamente desaconsejado a todo aspirante a funcionario corrupto, una versión buena y anterior del “American Psycho”. Un espejo para Luis Miguel Rabanal, Chuck Palaniuck o Michel Houellebecq. En resumen y en palabras de Allen Ginsberg “Un libro que refleja mejor que ningún otro la angustia de América,”, una angustia que por desgracia, hemos hecho nuestra. ¿Y de qué va el libro?: De la frustrada sed de venganza de un pobre diablo encerrado en una celda. A partir de ahí, el horror y la genialidad a partes iguales.

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“He aquí una novela que es como un puñetazo en el estómago. A los arqueólogos de la violencia lees gusta considerarla el pariente más cercano de American Psycho y lo cierto es que, con toda seguridad, fue uno de los libros que Bret Easton Ellis utilizó para meterse en la cabeza de Patrick Bateman. Porque el sádico protagonista de La habitación es capaz de imaginar torturas ante las que Bateman apartaría la mirada. Y hemos dicho imaginar porque el protagonista está encerrado en una celda de seis por seis pasos (y se pasa el día contando del uno al seis), así que imaginar est todo lo que puede hacer. Imaginar que se celebra un juicio mediático en su honor (tras escribir una carta a un periódico y denunciar la injusticia de su caso, un tipo al que supuestamente encerraron por perderse en la ciudad) del que salir convertido en un mártir; imaginar que los dos agentes que le detuvieron acaban convertidos en perros (él mismo lo adiestraría) y protagonizando brutales escenas de sexo canino; o imaginar la vida de una joven madre destrozada tras pasar una hora en un bosque con el mismo par de agentes, transformados en sanguinarios violadores (y he aquí una de las escenas que hace palidecer los trabajos de Patrick Bateman). Publicada originalmente en 1971, La habitación (que, como ocurre en Réquiem por un sueño, otra celebrada novela de Selby, es también la historia de una madre y un hijo) te permite pasar una temporada en la mente de un tipo cualquiera al que el mundo (ese lugar horrible) ha convertido en un monstruo.” Laura Férnandez. GoMag.

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El Sobrino. James Prudy (Ediciones Escalera / 208 págs.):

“Sostiene Jean-Michel Guenassia en El club de los optimistas incorregibles que “hay en la lectura algo que tiene que ver con lo irracional. Antes de haber leído el libro, intuyes enseguida si te va a gustar o no. Lo husmeas, lo olfateas, te preguntas si merece la pena pasar el tiempo en compañía suya… Un libro es un ser vivo”. Si hay un libro que merezca este calificativo es El sobrino, de James Purdy, que acaba de publicar Ediciones Escalera. Purdy, aparte de ser conocido por el infame calificativo de “escritor maldito”, es también un escritor bendito, cuyo libros –Malcolm, Color de oscuridad, Habitaciones exiguas, Cabot Wright Begins, de próxima publicación también en Escalera-, intuyes que te van a gustar después de husmearlos, olfatearlos, curiosearlos en la librería.

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Purdy es un escritor de indudable talento y en El sobrino, con un estilo “de ver y oír” que lo acerca al Truman Capote de Otras voces, otros ámbitos, intenta responder a la pregunta ¿puede el amor vencer a la muerte? La novela narra el empeño de Alma Mason, una solterona de un pueblo del Medio Oeste americano, en escribir una suerte de panegírico en honor de su sobrino Cliff, caído en combate en Corea: “Alma era cada vez más consciente y veía más claro que todos ellos sabían mucho más sobre Cliff, por no decir que sabían más sobre las cosas en general, sobre la vida, de lo que ella llegaría a conocer nunca. Ella, que se había preocupado por él más que nadie, era la única que aún esperaba sus cartas. Todos los demás habían asumido que Cliff había desaparecido. Sin embargo, todas estas personas que ya no le esperaban sabían más de él que ella”.

Entre las idas y venidas de Alma recabando información sobre su sobrino, cuya vida es un ámbito del que se siente enojosamente expulsada -“No hay duda de que Cliff quería huir”, dice Alma. “Huir de ti, quieres decir”, le contesta la señora B, poniendo a prueba la franqueza de Alma-, el lector se aproxima a los misterios banales y dramáticos de la vida cotidiana de una minúscula población americana, sacando a la luz sus secretos y mentiras. Estos son algunos de los elementos de esta novela de Purdy que confirmó la estatura de su obra, cuyo mérito reside sin duda en su capacidad para sacarle los colores a un país en el que a menudo se escribe como un ejercicio tonto y exhibicionista de cosas obvias.

Las novelas de Purdy exploran el cruel patio trasero del sueño americano, la marginada realidad de unos personajes que parecen habitar un absurdo infinito. Como siempre en Purdy, el elemento autobiográfico es importante, aunque casi siempre difícil de detectar más allá de su condición homosexual. Purdy aprendió de su venerado maestro Herman Melville -según sus propias palabras, Billy Budd es una de las mejores obras de la literatura- que hay que utilizar la escritura para perforar el alma del hombre, no para adormecerla; que más que un inspirado, el escritor es un narrador de las complejidades humanas.” Antonio Brodón. La Provincia.

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“¿Os habéis encontrado alguna vez en la tesitura de querer tener toda una biblioteca, además de por la calidad indiscutible de las obras incluidas en ella, por la belleza de sus ediciones?”* Con las obras de Impedimenta, editorial que no cesa de poner ante nuestras manos (y ojos) libros con los que, y perdonad la expresión, se nos cae la baba, esto no puede dejar de suceder. En nuestras librerías podrá comprobarlos y si lo desea hacerse con alguna de estas pequeñas joyas.

Aquí podrán leer una más que interesante entrevista de José A. Muñoz (al que le hemos robado alguna fracesita*) entrevista a Enrique Redel editor y fundador de Impedimenta.

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Honoré de Balzac (Tours, 1799 – París, 1850):

Honoré de Balzac nació en Tours en 1799. Hijo de un campesino ascendido a funcionario público, tuvo una infancia infeliz. Obligado por su padre, estudió leyes en París de 1818 a 1821. Sin embargo, y pese a la oposición paterna, decidió dedicarse a la escritura.

Entre 1822 y 1829 vivió en la más absoluta pobreza, escribiendo teatro trágico y novelas melodramáticas que apenas tuvieron éxito. En 1825 probó fortuna como editor e impresor, pero se vio obligado a abandonar el negocio en 1828, al borde de la bancarrota y endeudado para el resto de su vida. En 1829 escribió la novela Los chuanes, la primera que lleva su nombre, basada en la vida de los campesinos bretones y su papel en la insurrección monárquica de 1799, durante la Revolución Francesa. En 1832 comenzó a mantener correspondencia con una condesa polaca, Eveline Hanska, quien prometió casarse con Balzac tras la muerte de su marido. Éste murió en 1841, pero Eveline y Balzac no se casaron hasta marzo de 1850, apenas cinco meses antes de la muerte del escritor. Trabajador infatigable, Balzac produciría cerca de noventa y cinco novelas y numerosos relatos cortos, además de obras de teatro y artículos de prensa. En 1834 concibió la idea de fundir todas sus novelas en una obra única, la Comedia Humana. Su intención era ofrecer un gran fresco de la sociedad francesa en todos sus aspectos, desde la Revolución hasta su época. La obra incluiría ciento cincuenta novelas, divididas en tres grupos principales: Estudios de costumbres, Estudios filosóficos y Estudios analíticos. El primer grupo, que abarca la mayor parte de su obra ya escrita, se subdivide a su vez en seis escenas: privadas, provinciales, parisinas, militares, políticas y campesinas. Las novelas incluyen unos dos mil personajes, los más importantes de los cuales aparecen a lo largo de toda su obra. Balzac logró completar aproximadamente dos tercios de este enorme proyecto. Entre las novelas más conocidas de la serie figuran Papá Goriot (1834), Eugenia Grandet (1833), La prima Bette (1846), La búsqueda del absoluto (1834) y Las ilusiones perdidas (1837-1843). Entre sus numerosas obras destacan, además de las ya citadas, las novelas La piel de zapa (1831), El lirio del valle (1835-1836), César Birotteau (1837), Esplendor y miseria de las cortesanas (1837-1843) y El cura de Tours (1839); los Cuentos libertinos (1832-1837); la obra de teatro Vautrin (1839); y sus célebres Cartas a la extranjera, que recogen la larga correspondencia que mantuvo desde 1832 con Eveline Hanska.

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Tratado de la vida elegante, Honoré de Balzac (Impedimenta, 112 págs). Traducción de Lluís Maria Todó.

El Tratado de la vida elegante, publicado por Honoré de Balzac en 1830 para inaugurar la serie «Patología de la vida social», corazón «estético» de la Comedia Humana, constituye una de las piedras angulares del dandismo literario, prefigurando e inspirando la obra de autores tan reputadamente elegantes como Barbey d’Aurevilly o Charles Baudelaire.

Rico en aforismos, anécdotas hilarantes, y cargado de un humor finísimo (el texto llega a incluir un encuentro ficticio con el príncipe de todos los dandis, el Bello Brummell, que tuvo que emigrar a Francia desde Inglaterra huyendo de sus fieros acreedores), este Tratado marca el camino que va desde el dandismo temprano de la Regencia inglesa al fecundo decadentismo artístico e intelectual de la Francia del XIX, y que desembocaría en la bohemia y en último término en Oscar Wilde. Este capítulo esencial en la historia del gusto estético en el vestir y en el comportarse nos llega, además, en magnifica traducción de Lluís Maria Todó.

tratado de la vida elegante

 

Daniel Defoe (Londres, 1660 – Londres, 1731):

Daniel Defoe nació en Londres, probablemente en la parroquia de St. Giles Cripplegate, en torno a 1660. Su padre era miembro del gremio de carniceros y además se dedicaba a fabricar velas con el sebo de los animales sacrificados.

Defoe tuvo una educación desordenada, viajó por Europa y Escocia e intentó abrirse paso como empresario, sin éxito. Hacia 1700 se estableció en Londres, tratando de vivir como periodista y libelista. En 1703, debido a un panfleto que escribió, titulado «El Camino más corto con los Disidentes», fue condenado a ser expuesto en la picota. La publicación de su poema «Himno a la Picota» provocó, sin embargo, que el público congregado alrededor del propio poste le lanzara flores en lugar de objetos dañinos y nocivos, y que bebiera a su salud. Partidario en principio de los whig, se pasó al partido tory, al que más tarde traicionaría convirtiéndose en agente secreto al servicio del gobierno whig. En 1704 fundó y dirigió The Review, donde expresó sus excepcionales cualidades como periodista (se le considera uno de los fundadores del periodismo moderno). Poco después de cumplir sesenta años se alejó de la actividad pública para escribir, en poco tiempo, las novelas que le reportarían fama y reconocimiento. Su Robinson Crusoe (1719), novela basada en la historia real del naufragio del marinero escocés Alexander Selkirk, le acarreó un éxito tan inmediato que Defoe se apresuró a escribir su continuación, Últimas aventuras de Robinson Crusoe, muy inferior, sin embargo, al primer libro en inspiración y fuerza representativa. En 1720 aparecerían las Memorias de un caballero y El capitán Singleton, y en 1722 El coronel Jack. En 1722 llega la segunda de sus obras maestras, el Diario del año de la peste, en el que Defoe evoca, mediante el artificio del diario de un testigo de ese acontecimiento, el flagelo de la peste que sacudió a Londres entre 1664 y 1666. Otra de las novelas inmortales de Defoe, Moll Flanders (1722), constituye un gran retrato de una mujer de vida aventurera y la primera novela de costumbres de la historia de la literatura inglesa. Daniel Defoe falleció en 1731, probablemente mientras vivía en la clandestinidad, huyendo de sus acreedores. Recibió sepultura en Bunhill Fields, Londres.

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Diario del año de la peste, Daniel Defoe (Impedimenta, 328 págs.). Traducción de Pablo Grosschmid.

Considerado una de las cumbres de la literatura inglesa de todos los tiempos, el Diario del año de la peste es un escalofriante relato novelado en el que se describen con crudeza los horribles acontecimientos que coincidieron con la epidemia de peste que asoló Londres y sus alrededores entre 1664 y 1666.

Daniel Defoe, con precisión de cirujano, se convierte en testigo de los comportamientos humanos más heroicos pero también de los más mezquinos: siervos que cuidan abnegadamente de sus amos, padres que abandonan a sus hijos infectados, casas tapiadas con los enfermos dentro, ricos huyendo a sus casas de campo y extendiendo la epidemia allende las murallas de la ciudad. El Diario del año de la peste es una narración dramática y sobrecogedora, con episodios que van de lo emotivo a lo terrorífico, un relato preciso y sin concesiones de una altura literaria que todavía hoy es capaz de conmovernos hasta las lágrimas.

diario del año de la peste

 

Charles Dickens (Portsmouth, 1812 – Higham, 1870):

Charles Dickens nació en Portsmouth en 1812, aunque pasó la mayor parte de su infancia en Londres y Kent. No empieza a acudir al colegio hasta los nueve años. Tras el encarcelamiento de su padre por el impago de deudas, su familia se traslada a la cárcel, ya que la legislación de la época permitía que los familiares compartieran la celda del moroso. El joven Dickens se ve obligado entonces a trabajar como operario en una factoría de betún para zapatos bajo duras condiciones laborales. Con el dinero que ganaba pagaba su propio hospedaje y ayudaba a su familia. Tras una formación prácticamente autodidacta, consiguió un puesto como secretario de un abogado en 1827, y poco después se convirtió en cronista parlamentario. Gracias a este oficio pudo publicar en 1833 su primera obra, Esbozos, bajo el seudónimo de Boz. En esta línea continuó publicando, hasta que su obra Los papeles póstumos del Club Pickwick lo convirtió en un autor aclamado mundialmente. Que la mayoría de su obra fuera publicada en entregas periódicas le daría gran popularidad e influencia entre el público inglés. Viajó por Europa y Estados Unidos, donde era muy conocido, aunque tras la crítica que realiza del Nuevo Mundo en su novela Martin Chuzzlewit, se ve rechazado por la sociedad norteamericana. Entre sus obras más célebres se encuentran Oliver Twist, Canción de Navidad y, sobre todo, David Copperfield, del que vendería en poco tiempo más de 100.000 ejemplares y que resume de modo magistral sus penurias infantiles. En el ámbito personal disfrutó de un fecundo matrimonio que le aportó diez hijos pero que finalmente se vio perturbado por las relaciones extramatrimoniales que Dickens mantenía con una actriz de teatro. Hombre enérgico y comprometido, compaginó su extensa labor literaria con otros campos de la cultura tales como la dramaturgia y la edición (fue fundador del semanario Household Words, donde publicaría por entregas dos de sus obras más conocidas, Casa desolada y Tiempos difíciles). Administró diversas asociaciones caritativas y luchó por conseguir reformas sociales que favorecieran a las clases obreras, así como por la abolición de la esclavitud en Estados Unidos. Murió en Gadshill Place, el 9 de junio de 1870, tras sufrir una apoplejía. Fue incinerado, y sus restos reposan en la Esquina de los Poetas de la Abadía de Westminster.

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Para leer al anochecer, Charles Dickens (Impedimenta, 240 págs.) Traducción de Marian Womack y Enrique Gil-Delgado.

Charles Dickens estuvo interesado durante toda su vida por los fenómenos misteriosos. Su natural inclinación hacia el drama y lo macabro hicieron de él un extraordinario escritor de cuentos de fantasmas.

Para leer al anochecer presenta trece de las más célebres y espeluznantes historias de fantasmas escritas por Dickens —«El fantasma en la habitación de la desposada», «El juicio por asesinato», «El guardavías», «Fantasmas de Navidad», «El Capitán Asesino y el pacto con el Diablo», «La visita del señor Testador» o «La casa encantada», entre otras—, en una nueva traducción al castellano. Villanos que mueren ahorcados, mujeres misteriosas que encargan retratos desde el más allá, marinos desaparecidos que hacen visitas inesperadas a los vivos, viajeros victorianos que se encuentran con siniestros niños en oscuros caserones… Puro talento gótico.

para leer al anochecer

 

Alfred Döblin (Stettin, 1878 – Emmendingen, 1957)

Alfred Döblin (1878-1957) nació en Stettin (Szczecin), ciudad portuaria situada en lo que por entonces constituía la provincia prusiana de Pomerania, en el seno de una familia de comerciantes judíos asimilados. Estudió Medicina en Berlín y en Friburgo, y se especializó en enfermedades nerviosas.

Encontró su inspiración en la obra de Holdërlin, Schopenhauer, Freud y Nietzsche, antes de unirse al expresionismo, y publicó sus primeros poemas en la revista literaria Der Sturm. En 1915 obtuvo su primer éxito literario con la novela Los tres saltos de Wang-lun, que supuso una ruptura decisiva con la tradición de la novela burguesa alemana. Siguieron Wadzek contra la turbina de vapor (1918), una ácida sátira del capitalismo previo a Weimar, en donde Doblin aborda uno de los temas centrales de su narrativa posterior: la violencia de la técnica, único e implacable sujeto de la vida moderna; Wallenstein (1920), situada en la guerra de los Treinta Años, Berge Meere und Giganten (1924), curiosa novela de ciencia ficción, y, sobre todo, Berlin Alexanderplatz (1930), una obra panorámica, total, influida fuertemente por la del estadounidense John Dos Passos, que narra la vida de un antiguo convicto en la capital alemana. Inmediatamente después del incendio del Reichstag y la toma del poder por los nazis en 1933, huyó a Suiza y luego a París, donde coincidirá con Claire e Yvan Goll, Hermann Kesten, Arthur Koestler, Joseph Roth, Hans Sahl, y donde verá por última vez a Robert Musil. Obtuvo la nacionalidad francesa, y después, en 1940, se marchó a Estados Unidos, donde llegó a trabajar brevemente para la Metro Goldwyn Mayer escribiendo guiones por cien dólares a la semana. Tras convertirse al catolicismo, regresó en 1945 a Alemania, donde desempeñó labores de funcionario del gobierno militar francés como representante de la oficina de instrucción pública. Entre sus atribuciones estaba la de aprobar la publicación de los manuscritos que se sometían a las editoriales de la época, lo que le llevó a rechazar textos de autores que habían simpatizado con el régimen nazi, como Ernst Jünger o Gottfried Benn. Aquejado de la enfermedad de Parkinson, falleció en Emmendingen, el 26 de junio de 1957.

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Wadzek contra la turbina de vapor, Alfred Döblin (Impedimenta, 426 págs.) Traducción de Belén Santana

Obra desmesurada, estridente, irónica y grotesca, todo en ella está deformado hasta alcanzar casi la caricatura, haciendo de esta una novela tragicómica, que oscila entre los dos polos del humor: la gravedad y el divertimento.

Wadzek contra la turbina de vapor (1918), para muchos la clara predecesora de la obra maestra de Alfred Döblin, Berlin Alexanderplatz, constituye una magistral y divertidísima sátira del capitalismo salvaje. Wadzek y Rommel, los protagonistas de la novela, son dos industriales cuya única razón para vivir es la de superarse entre ellos y, de paso, aniquilarse el uno al otro. Rommel, un personaje ambicioso, extremado, actúa de manera sibilina contra su más firme competidor, Wadzek, quien, de este modo, se convertirá en víctima del sistema o, al menos, así lo percibe él, lo que hace que se vea obligado a arrastrar a toda su familia en una huida desaforada de un Berlín desproporcionado, caótico y tremendo.

wadzek y la turbina de vapor

 

Mircea Eliade (Bucarest, 1907 – Chicago, 1986):

Mircea Eliade, historiador de las religiones y escritor rumano, nació en Bucarest en 1907.

Hijo de un oficial del ejército, fue un estudiante caótico: sobresaliente en algunas materias, mediocre en otras, toda su atención iba dirigida a la colección de insectos que atesoraba en su mansarda. Con catorce años publica su primer cuento: «Cómo encontré la piedra filosofal». Cursó sus primeros estudios en el prestigioso liceo Spiru Haret. Las experiencias de esa época las recogería en La novela del adolescente miope, escrita con diecisiete años y que completaría con Gaudeamus, que pasa revista a su etapa de estudiante de Filosofía en la Universidad de Bucarest, en la que se iría gestando su caída en las posturas antisemitas tan en boga en la época. Poseedor de una vasta erudición, dominaba cinco lenguas: rumano, francés, alemán, italiano e inglés; además, podía comprender el hebreo, el persa y el sánscrito. Viajó a Italia y a la India, donde estudió Filosofía en la Universidad de Calcuta. Al poco, tras una disputa con un maharajá —se enamora de su hija, una brahmani a la que no le estaba permitido casarse con un extranjero—, parte hacia el Himalaya, donde se dedicará a practicar yoga durante seis meses. Ya de vuelta a Rumanía, en 1933 conoció, gracias a su amigo Mihail Sebastian, a Nina Mares, con quien se casaría y adoptaría una niña que ésta dio a luz siendo soltera. Adherido a los principios de la Guardia de Hierro, organización de extrema derecha comandada por Corneliu Codreanu, alababa la Italia fascista de Mussolini y el nacionalismo étnico proclamado por la Iglesia ortodoxa de su país. A pesar de sus ideas radicales, en 1933 se sumó a los que abogaban por la supresión de la política racista del régimen nazi. En 1938 fue arrestado por el rey Carlos II, en su pugna contra los miembros de la Guardia de Hierro. En 1940 fue destinado a Londres como agregado cultural y posteriormente a Portugal como embajador de Rumanía en ese país. Durante su estancia en Lisboa su esposa enfermó y murió, lo que llevó a Mircea Eliade a una profunda depresión que se vería agudizada a medida que el Eje perdía la guerra. En 1945 se trasladó a Francia (tras la llegada al poder de los comunistas en su país, la vuelta a Rumanía quedaba descartada), donde enseñará en la École Pratique des Hautes Études hasta 1957, año en que es nombrado Catedrático de Historia de las Religiones en la Universidad de Chicago. Durante los últimos años de su vida, el estrés que le producen las críticas por su vinculación con la extrema derecha rumana contribuye a su decaimiento. Muere el 22 de abril de 1986, ocho días después de sufrir un ataque que le dejó sin habla, en el Hospital Bernard Mitchell de Chicago.

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La novela del adolescente miope, Mircea Eliade (Impedimenta, 520 págs). Traducción de Marian Ochoa de eribe

Mircea Eliade tenía apenas diecisiete años cuando comenzó a redactar esta Novela del adolescente miope, suerte de diario camuflado, de autobiografía temprana en la que el autor pasa revista a sus experiencias juveniles, con sus crisis, sus aventuras sexuales descabelladas y sus incertidumbres existenciales.

En aquella época, Eliade, que acabaría convirtiéndose en uno de los más reputados y polémicos intelectuales europeos del XX, no era más que un muchacho ambicioso, un estudiante acomplejado por su miopía: «Papini es feo, es horrible, es miope. Yo seré guapo, hechizaré a las mujeres, tendré unos ojos penetrantes y claros. Romperé mis gafas y abriré mis ojos todo lo que pueda». El volumen se completa con Gaudeamus, inédita hasta hoy en castellano, en la que el autor prolonga esa actitud heroica ante el conocimiento de sí mismo y su formación intelectual a lo largo de su etapa universitaria, finalizando justamente antes de su viaje iniciático a la India.

la novela del adoescente miope

 

Gustave Flauvert (Rouen, 1821 – Croisset, 1880):

Gustave Flaubert nació en Rouen el 12 de diciembre de 1821. Su madre era hija de un médico pertenenciente a la baja nobleza normanda.

Su padre, sin embargo, era de origen campesino. Era un cirujano de gran valor y renombre, director del Hospital Dieu de Rouen. Hombre recto, sencillo, brusco, se sorprende, sin indignarse, de la vocación de su hijo Gustave por las letras. Él juzgaba la profesión de escritor como un oficio de perezosos e inútiles. No obstante, Gustave, cuando ingresa en el Collège de Rouen, en 1831, se convierte en un magnífico alumno. Durante su adolescencia escribe muchísimo, sobre todo teatro y narrativa. En 1836 se produce la iniciación sexual de Flaubert, como indica el escritor inglés Julian Barnes, «con una de las doncellas de su madre. Este es el punto de partida de una carrera erótica tan activa como variopinta, que pasa del burdel al salón, del muchacho de los baños de El Cairo hasta la poetisa parisiense. En su primera madurez resulta muy atractivo para las mujeres.» Pero no sólo Barnes constata el atractivo juvenil de Flaubert. Sus contemporáneos afirman que de joven era de una belleza sorprendente. Un viejo amigo de su familia, médico ilustre, decía a su madre: «Su hijo, señora, es el Amor adolescente.»

Noviembre es, con toda probabilidad, una de las más deliciosas novelas de iniciación —de iniciación amorosa—de la literatura moderna. Como bien se indica en el prólogo de Lluís Maria Todó, «el personaje de la prostituta Marie está inspirado en dos mujeres, que marcaron al joven Flaubert para toda su obra de novelista: la primera y principal, Elisa Schlesinger, que Flaubert conoció en una playa normanda cuando él tenía sólo quince años y ella veintiséis. Elisa estaba casada con un editor de música, tenía hijos, y pasados los años acabaría su vida en un sanatorio mental. A pesar de la brevedad del encuentro, Elisa Schlesinger fue para Gustave Flaubert un amor perdurable, su único amor verdadero, según declaró repetidamente en sus papeles íntimos. El segundo modelo de la prostituta Marie de Noviembre es Eulalie Foucaud, que regentaba un hotel en Marsella en el que se alojó Flaubert a su regreso de Córcega, y con la que el novelista, a los veinte años, mantuvo una relación carnal y también fugaz, aunque prolongada en una correspondencia de varios meses. El encuentro de una sola noche con Eulalie también quedó grabado con gran fuerza en la memoria de Flaubert, que seguía hablando de ello veinte años más tarde, según cuentan los hermanos Goncourt.»

En 1840 se marcha a París para iniciar, sin demasiada convicción, estudios de Derecho, pero se ve obligado a dejarlos a causa de su precaria salud. Traba amistad con Víctor Hugo y a finales de 1840 viaja con él por los Pirineos y Córcega. En junio de 1844 regresa a su casa de Croisset, y decide dedicarse profesionalmente a la escritura. Su novela más importante, Madame Bovary, fue escrita entre 1851 y 1857. En ella analiza la escena burguesa del siglo XIX, y muestra el adulterio, la monotonía, el suicidio, las desilusiones de la vida cotidiana y otros temas escandalosos para la época, lo que le valió tener que enfrentarse a un juicio por ofensas a la moral pública y a la religión. Flaubert, que nunca se casó, conoció en 1846 a la poeta Louise Colet, con quien mantuvo una tempestuosa relación durante un período de diez años. Tras el éxito de Madame Bovary viaja a Cartago, donde se provee de material para escribir su novela Salambó (1862). Posteriormente se entrega a la redacción de otra de sus obras fundamentales, La educación sentimental, que publica en 1869, y que obtiene una notable acogida. Sin embargo, poco a poco su suerte empieza a cambiar. En 1872 muere su madre y su situación financiera empeora. Termina en 1874 su novela La tentación de San Antonio y posteriormente publica la extraordinaria recopilación de narraciones Tres cuentos (1877). El resto de su vida lo dedicará a la escritura de una sátira sobre la futilidad del conocimiento humano, Bouvard y Pécuchet, que dejará inacabada y que será publicada póstumamente, en 1881.

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Noviembre, Gustave Flaubert (Impedimenta, 144 págs.) Traducción de Olalla García

En Noviembre apreciamos ya esa condición transgresora y algo irónica que caracteriza la escritura de Flaubert, así como su enfoque, tan contestado por la moral de su época, su fuerza literaria y sus obsesivas preocupaciones estéticas; en fin, todo lo que hará de él uno de los más grandes literatos europeos, puente entre Balzac y Proust, entre lo moderno y lo contemporáneo.

Flaubert escribió en Noviembre en 1842, cuando tenía apenas veinte años. Considerada la novela que cierra la producción de juventud de Flaubert (marcada por esta obra y por Memorias de un loco), estamos ante una auténtica bildungsroman sentimental, una sorprendente novela de iniciación amorosa, que explora los sutiles mecanismos de la atracción erótica y los remordimientos provocados por las relaciones adúlteras y el lado pasional de las relaciones humanas. En esta novela, de lectura adictiva, y un delicioso recorrido sobre la exaltación pasional, un muchacho, en el que podemos ver reflejado el propio Flaubert, medita en el curso de un paseo campestre sobre las mujeres (incluyendo a Marie, la prostituta que lo inició en los secretos de la carne, y que es, a partes iguales, «la mujer angélica e intocable, y la hembra fatal armada de un erotismo destructor» en palabra de Lluís Mª Todó). Noviembre es, probablemente, la genuina crónica de una obsesión amorosa, con un joven Flaubert de protagonista. Esta novela, que Flaubert no publicó en vida (era un escritor «enfermo de exactitud», y buena parte de su producción hasta Madame Bovary era considerada por él como «ejercicios de estilo»), pero que siempre consideró con un cariño especial, es una hábil disección del mundo amoroso, en la que se analiza la pasión y el sufrimiento asociado a ella, cuya profundidad psicológica presagia ya el estilo de obras futuras como Madame Bovary o La educación sentimental.

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Tamiki Hara (Hiroshima, 1905 – Tokio, 1951):

Tamiki Hara nació en Hiroshima en noviembre de 1905. Hijo de una familia numerosa, de posición acomodada, se interesó desde muy joven por las letras.

Se licenció en Literatura Inglesa en la prestigiosa Universidad de Keio, donde empezó a escribir poesía, muy influenciado por autores como Saisei Murou y Paul Verlaine. De personalidad sensible y tímida, aunque dado al dandismo y a frecuentar casas de prostitutas, se comprometió políticamente con los movimientos de izquierda. Abandonaría toda militancia política a principios de los años treinta, tras dar en varias ocasiones con sus huesos en la cárcel. Se casó en 1933, un año después de una tentativa fallida de suicidio. Consagrado a escribir poesía y nouvelles, se trasladó a Funabashi para dar clases de inglés. Su mujer murió de tuberculosis en 1944, tras un largo periodo de enfermedad. Un año más tarde decidió volver a Hiroshima, justo para vivir en primera persona la explosión de la bomba atómica en casa de sus padres, y sobrevivir a ella. Estas dos traumáticas experiencias constituyeron el eje central de su producción literaria. Flores de verano (Natsu no Hana), su obra más conocida, galardonada con el Premio Takitaro Minakami, fue escrita en el mes de agosto de 1946, pero no fue publicada hasta junio de 1947. Tamiki Hara cerraría su famoso ciclo dedicado a la bomba de Hiroshima con De las ruinas (Haikyou kara, 1947) y Preludio a la aniquilación (Kaimetsu no joukyoku, 1949), obras, todas ellas, incluidas en el presente volumen. Tamiki Hara escribió gran cantidad de poemas sobre el mismo tema, por los que se hizo tremendamente célebre en Japón. Su obra final, El país que mi corazón desea (Shingan no kuni, 1951), puede considerarse su testamento literario, así como su nota de suicidio. Efectivamente, poco después de escribirla, Tamiki Hara se lanzó a las vías del tren en Tokio. Era el 13 de marzo de 1951, diez meses después del inicio de la guerra de Corea. Sus amigos sufragaron la construcción de un monumento junto al lugar donde se alzaba originariamente la ciudadela de Hiroshima, pero pronto el memorial tuvo que ser trasladado de sitio, puesto que la gente se dedicaba a jugar al tiro al blanco con él, lo que hizo que resultara dañado en varias ocasiones. Actualmente se encuentra junto al Genbaku Dom, la cúpula conmemorativa del lanzamiento de la primera bomba atómica.

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Flores de verano, Tamiki Hara (Impedimenta, 136 págs) Traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés.

Esta obra, de una crudeza inusual, sufrió durante años la censura que prohibía a los japoneses publicar ningún tipo de escrito sobre la guerra. Es la primera vez que se traduce al castellano.

Tamiki Hara se hallaba en Hiroshima el día 6 de agosto de 1945 a las ocho y quince minutos, momento en que estalló la bomba que impondría una nueva manera de contemplar el mundo. Como él mismo describe en su impactante Flores de verano (obra ganadora del Premio “Takitaro Minakami”), en ese instante el autor se hallaba en una casa construida por su padre, lo suficientemente lejos del lugar de la explosión, gracias a lo cual pudo sobrevivir. Valiéndose de tres momentos narrativos diferentes, Hara narra el antes, el durante y el después de la tragedia. Con un lenguaje exento de florituras, durísimo, preciso y contundente, pero lleno de una hermosura casi poética, el autor narra cómo afloran a su alrededor la confusión, la destrucción, el horror, y lo mejor y lo peor de la condición humana.

flores de verano

 

Henry James (Nueva York, 1843 – Rye, 1915):

Henry James nació el 15 de abril de 1843 en Nueva York, en el seno de una familia de clase acomodada. Su padre fue uno de los más notables intelectuales norteamericanos del XIX, amigo personal de escritores como Thoreau, Emerson y Hawthorne.

En su juventud, James viajó varias veces a Europa, y estudió con tutores particulares en Ginebra, París, Bolonia y Bonn. A los diecinueve años se matriculó en la Facultad de Derecho de Harvard, pero la dejó poco tiempo después, decidido a dedicar su vida a leer libros, y no a estudiar leyes. En 1865 publicó su primer relato, «A Tragedy of Errors», y comenzó a colaborar con revistas como Nation y Atlantic Monthly. Desde temprana edad, James fue un ávido lector de los clásicos ingleses, americanos, franceses, alemanes y rusos, algo que influyó poderosamente en su narrativa. Su primera novela, Watch and Ward (1871) fue escrita mientras vivía en París, donde trabajaba como colaborador del New York Tribune. Poco después se mudaría a Inglaterra, y residiría en Londres hasta que se trasladó definitivamente a Rye, en el condado de Sussex. Allí se consagró al oficio de escribir, ocupación que no abandonaría en toda su vida. James, a pesar de ser considerado uno de los maestros indiscutibles de la novela moderna, apenas logró extraer ningún ingreso de lo que escribía. Sus obras maestras, ejemplos inmortales de introspección psicológica, indagan en el conflicto entre la sofisticación de la vieja sociedad europea y el empuje de los nuevos americanos. En su obra cabe destacar novelas como Daisy Miller (1879), Retrato de una dama (1881), Las bostonianas (1886), Lo que Maisie sabía (1897), Las alas de la paloma (1902) y sobre todo Los embajadores (1903), considerada su obra más acabada. El estallido de la Primera Guerra Mundial supuso un shock para el escritor que, en 1915, decidió adoptar la ciudadanía británica en muestra de lealtad al país que lo había acogido y como protesta por la negativa de Estados Unidos a entrar en la guerra. El 2 de diciembre de 1915 sufrió un derrame cerebral. Murió tres meses más tarde, en su casa de Rye.

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La figura en la alfombra, Henry James, (Impedimenta, 120 págs.). Traducción de Enrique Murillo.

Fábula magistral sobre las misteriosas relaciones entre el escritor y su público, pieza de impecable factura, engrasada como un buen reloj, La figura de la alfombra indaga sobre la naturaleza mudable de la creación artística.

La figura de la alfombra, escrita en 1896, es una de las más inspiradas bromas literarias de James, una obra maestra de los dobles entendidos, que embarca al lector en una delicada trama de equívocos librescos. El narrador, un innominado crítico inglés, se topa con Hugh Vereker, un escritor de culto que le revela solo a medias la presencia en su obra de una especie de «secreto fundamental» que lo permea todo, como la compleja trama de hilos de una alfombra persa. El narrador se embarca entonces en una desesperada búsqueda de la misteriosa pauta, para lo cual no dudará en llevar a la perdición a su mejor amigo, Corvick, y a la prometida de éste, Gwendolyn.

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D. H. Lawrence (Eastwood, 1885 – Vence, 1930):

David Herbert Lawrence nació en Eastwood, Nottinghamshire, en 1885. Hijo de un minero y de una antigua maestra, a la muerte de su hermano se convertiría en el centro de la vida de su madre, que volcó en él un amor exigente y posesivo.

Trabajó como profesor, pero pronto lo abandonaría todo por la literatura. En 1912 conoció a la alemana Frieda von Richtofen, esposa del profesor Ernest Weekley, con la que se fugó a Alemania y con quien se casaría en 1914, una vez que ésta obtuvo el divorcio. De regreso a Inglaterra en 1914, condenó abiertamente la guerra europea. Su fama de rebelde se acrecentó al ser secuestrada por obscenidad su novela El arco iris (1915). A finales de 1917, tras el hostigamiento constante de las autoridades militares, Lawrence y su esposa tuvieron incluso que abandonar su casa. Hasta 1919 la pobreza les obligó a cambiar frecuentemente de domicilio, y Lawrence contrajo tuberculosis. Tras ello, abandonó nuevamente su país en la inquieta búsqueda de un ambiente ideal, viajando por Australia, México, Ceilán y el sur de Francia, donde viviría hasta el fin de sus días. Tras Hijos y amantes (1913), centrada en las relaciones con su madre, apareció Mujeres enamoradas (1920), en la que se exploran las relaciones entre los sexos, la influencia de los roles sociales, y el contraste entre el instinto y el intelecto. En una de sus últimas novelas publicadas en vida, El amante de Lady Chatterley (1928), los temas del sexo y sus vinculaciones con las relaciones de clase se describen con un verismo sin precedentes. La novela provocó un clamoroso escándalo, hasta el punto de que no pudo publicarse en Inglaterra, en edición íntegra, hasta 1960. Entre las novelas cortas que Lawrence escribió en sus últimos años, en las que analiza con extraordinaria agudeza las relaciones entre sociedad e individuo en la Inglaterra rural, destaca La virgen y el gitano, escrita en 1926, pero solo publicada a la muerte de su autor. D.H. Lawrence, ya muy enfermo de tuberculosis, fallecería en la localidad provenzal de Vence en 1930.

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La virgen y el gitano, D. H. Lawrence (Impedimenta, 176 págs.) Traducción de Laura Calvo Valdivielso.

En La virgen y el gitano encontramos, destiladas, todas las ideas de Lawrence sobre la sexualidad y la moralidad. Esta obra está impregnada de ternura y de un profundo conocimiento del alma humana.

La virgen y el gitano es una de las más provocativas y escandalosas novellas del inglés D.H. Lawrence. Escrita en 1926 en Italia, pero solo publicada tras la muerte del autor en 1930, fue inmediatamente reconocida como una obra maestra. En ella se relata la historia de Yvette, la hija de un reprimido vicario anglicano, quien, tras regresar de un viaje al extranjero, descubre que se siente asfixiada por el ambiente de su nuevo hogar, situado en la Inglaterra profunda, y en el que reina su abuela, una anciana ciega y avara. En el curso de una excursión campestre, junto con unos amigos, la virginal Yvette traba amistad con un gitano y con su familia. Súbitamente, se siente fascinada por el gitano, en el que descubre un espíritu libre, un igual, y empieza también a albergar deseos sexuales que hasta entonces le eran desconocidos.
Novela en cierto modo oculta, maldita, muy en la línea de las obras más escandalosas de Lawrence, y poseedora de toda su fuerza transgresora, esta es la primera traducción realizada al castellano desde hace más de veinticinco años, y la primera totalmente nueva basada en la Edición Cambridge, que incorpora todos los elementos de la redacción original.

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Stanislaw Lem (Lvov, 1921 – Cracovia, 2006):

Stanisław Lem nació en la ciudad polaca de Lvov en 1921, en el seno de una familia de la clase media acomodada. Aunque nunca fue una persona religiosa, era de ascendencia judía.

Aunque nunca fue una persona religiosa, era de ascendencia judía. Siguiendo los pasos de su padre, se matriculó en la Facultad de Medicina de Lvov hasta que, en 1939, los alemanes ocuparon la ciudad. Durante los siguientes cinco años, Lem vivirá con papeles falsos como miembro de la resistencia, trabajando como mecánico y soldador, y saboteando coches alemanes. En 1942 su familia se libró de milagro de las cámaras de gas de Belzec. Al final de la guerra, Lem regresó a la Facultad de Medicina, pero la abandonó al poco tiempo debido a diversas discrepancias ideológicas y a que no quería que lo alistaran como médico militar. En 1946 fue «repatriado» a la fuerza a Cracovia, donde fijaría su residencia. Pronto, Lem comenzó una titubeante carrera literaria. Se considera de modo unánime que su primera novela es El hospital de la transfiguración, escrita en 1948, pero no publicada en Polonia hasta 1955 debido a problemas con la censura comunista. De hecho, esta novela fue considerada «contrarrevolucionaria» por las autoridades polacas, y obligaron a Lem a convertirla en la primera de una trilogía —la «Trilogía del tiempo perdido»—, cuyas otras dos entregas, De entre los muertos y El retorno, fueron repudiadas por Lem, que siempre se negó a que nadie las leyera. No fue hasta 1951, año en que publicó Los astronautas, cuando por fin despegó su carrera literaria. Las novelas que escribió a partir de ese momento, pertenecientes en su mayoría al género de la ciencia-ficción, harían de él un maestro indiscutible de la moderna literatura polaca: Edén (1959), Memorias encontradas en una bañera (1961), Solaris (1961), Relatos del piloto Pirx (1968), o Congreso de futurología (1971). Lem fue, asimismo, autor de una variada obra filosófica y metaliteraria. Destaca en este ámbito, aparte de su obra Summa Technologiae (1964), la llamada «Biblioteca del Siglo XXI», conformada por Vacío perfecto (1971), Magnitud imaginaria (1973) y Provocación (1982). Lem fue miembro honorario de la SFWA (Asociación Americana de Escritores de Ciencia-Ficción), de la que sería expulsado en 1976 tras declarar que la ciencia-ficción estadounidense era de baja calidad. Stanislaw Lem falleció el 27 de marzo de 2006 en Cracovia a los 84 años de edad, tras una larga enfermedad coronaria.

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Golem XIV, Stanislav Lem (Impedimenta, 192 págs.) Traducción de Joanna Orzechowska

Con una hipnótica agilidad narrativa y una evidente brillantez teórica, Lem culmina con Golem XIV la que fuera su obra clave, la «Biblioteca del Siglo XXI», en la que expone sus propias tesis relativas a la evolución y los límites del ser humano.

Golem XIV es el nombre que ha recibido una máquina pensante, una supercomputadora mental, dotada de una inteligencia superior a la de cualquier humano, y cuya misión es la de servir a sus constructores en sus operaciones bélicas. Sin embargo, una vez conectada, se dota de conciencia, se rebela y se entrega a la elucubración acerca de la condición de los hombres, del universo y de sí misma en relación con ambos. Golem XIV ha diseñado su propio fin, que será un completo misterio para los científicos encargados de su cuidado, pero previamente expondrá sin la menor piedad sus conclusiones, y charlará con las mentes más preclaras de su época acerca del posible futuro biológico e intelectual de la humanidad.

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Solaris, Stanislav Lem (Impedimenta, 296 págs.) Traducción de Joanna Orzechowska

Impedimenta presenta, por primera vez en traducción directa del polaco, Solaris, la mítica novela que consagró a Stanisław Lem como autor de culto. Un texto hoy en día considerado un clásico sin paliativos de la literatura moderna.

Kris Kelvin acaba de llegar a Solaris. Su misión es esclarecer los problemas de conducta de los tres tripulantes de la única estación de observación situada en el planeta. Solaris es un lugar peculiar: no existe la tierra firme, únicamente un extenso océano dotado de vida y presumiblemente, de inteligencia. Mientras tanto, se encuentra con la aparición de personas que no deberían estar allí. Tal es el caso de su mujer —quien se había suicidado años antes—, y que parece no recordar nada de lo sucedido. Stanislaw Lem nos presenta una novela claustrofóbica, en la que hace un profundo estudio de la psicología humana y las relaciones afectivas a través de un planeta que enfrenta a los habitantes de la estación a sus miedos más íntimos.

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El hospital de la transfiguración, Stanislav Lem (Impedimenta, 336 págs.) Traducción de Joanna Bardzinska.

El hospital de la transfiguración es la primera novela de Stanislaw Lem, inédita hasta ahora en castellano, y una obra demoledora sobre la ocupación nazi de Polonia.
Terminada en Cracovia en septiembre de 1948, y ambientada en los primeros meses de la invasión de Polonia por los nazis, El hospital de la transfiguración narra la historia de Stefan Trzyniecki, un joven doctor que encuentra empleo en un hospital psiquiátrico enclavado en un bosque remoto, un lugar que parece «fuera del mundo». Pero, poco a poco, la locura del exterior va filtrándose entre los muros del hospital. Una serie de sádicos doctores, compañeros de Trzyniecki, se entregan a atroces experimentos con los enfermos mentales internados en el centro, mientras los nazis, que peinan los bosques en busca de partisanos, deciden convertir el sanatorio en un hospital de las SS.

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Magnitud imaginaria, Stanislav Lem (Impedimenta, 144 págs.). Traducción de Jadwiga Maurizio.

Con Magnitud imaginaria, Impedimenta recupera un nuevo título de la «Biblioteca del Siglo XXI», que abrió con Vacío perfecto y que se completará próximamente con Golem XIV.

Magnitud imaginaria, piedra de toque de la famosa «Biblioteca del Siglo XXI» y heredera de la aclamada Vacío perfecto, es otro ejemplo delirante del genio de Stanislaw Lem. Artistas que realizan pornografía mediante el uso de rayos X, científicos que cultivan bacterias que se comunican en código Morse y son capaces de predecir el futuro, vendedores de enciclopedias «de cuarenta y cuatro magnetomos» en las cuales está escrita la historia que aún no ha acontecido, inteligencias artificiales que crean obras de autores tan intocables como Dostoievski y que ni ellos mismos se habrían atrevido a concebir. Deliciosas sátiras en las que, una vez más, Lem pone en tela de juicio las respuestas a las grandes preguntas de la Humanidad.

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David Nobbs (Orpington, 1935):

David Nobbs nació en Orpington, en el condado inglés de Kent, en marzo de 1935. A pesar de ser hijo y nieto de profesores, jamás en la vida tuvo siquiera tiempo para pensar en dedicarse a la enseñanza.

Tras hacer el servicio militar en el cuerpo de ferroviarios y convertirse en guardavías, estudió Lenguas Clásicas en Cambridge y comenzó a escribir. Incluso planeó mudarse a Viena (por entonces la ciudad más barata de Europa), alquilar una buhardilla y convertirse en un novelista muerto de hambre. Afortunadamente, le salió al paso la oportunidad de trabajar en un pequeño periódico de Sheffield, donde comenzó una titubeante carrera como reportero. El propio autor afirmaría más tarde que fue probablemente el periodista más pésimo de la historia de Inglaterra. De hecho, dedicaba sus días a beber una pinta tras otra en el pub del barrio y a escribir obras de teatro impublicables. Dotado de una vis cómica a prueba de bombas, pronto empezó a colaborar como guionista para varios programas humorísticos de la BBC. En 1965, cuando vio la luz su primera novela, The Itinerant Lodger, el Daily Telegraph dijo literalmente de ella que «presumiblemente, se trataba de una historia graciosa». El éxito, sin embargo, le llegaría en 1975 con la publicación de Caída y auge de Reginald Perrin, que conocería una secuela en The Return of Reginald Perrin (1977) y en The Better World of Reginald Perrin (1978). El personaje de Reggie Perrin, que se hizo inmortalmente famoso, y que incluso creó escuela entre la nueva generación de autores británicos de los ochenta, sería recuperado en 1995 en The Legacy of Reginald Perrin. Actualmente, David Nobbs vive con su segunda esposa en una bellísima casa sobre las colinas de North Yorkshire. Le sigue encantando descubrir pubs rurales, y es un hincha acérrimo del Hereford United.

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Caída y auge de Reginald Perrin, David Nobbs (Impedimenta, 368 págs). Traducción de Julia Osuna Aguilar.

Un clásico de la comedia inglesa, considerado uno de los libros más divertidos, crueles e irreverentes de la reciente literatura anglosajona.

Inspiradora de una de las comedias televisivas más famosas de todos los tiempos, Caída y auge de Reginald Perrin es una obra maestra del género humorístico en el ámbito anglosajón. Su protagonista, Reginald Perrin, es un hombre gris; un mediocre e infeliz ejecutivo de ventas cuarentón, que malgasta sus días en la empresa Postres Lucisol, sometido a un jefe estúpido para el que desempeña un trabajo alienante, mientras lleva una vida suburbana al lado de su esposa y una familia plagada de gorrones. Hasta que un día, entregado a continuas fantasías que le apartan momentáneamente del sopor, decide tirarlo todo por la borda y dar el gran paso: desaparecer sin dejar el menor rastro, simular su propio suicidio, y adoptar una segunda identidad para volver a comenzar desde cero.

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Georges Perec (París, 1937 – Ivry, 1982):

Georges Perec nació en París en 1937. Fue el único hijo de Icek Peretz y Cyrla Szulewicz, ambos judíos polacos emigrados a Francia en la década de los veinte.

Su padre, que se alistó como voluntario del ejército francés durante la Segunda Guerra Mundial, murió en la contienda. En 1941 el pequeño George fue enviado por su madre a la localidad de Villard-de-Lans en un tren de la Cruz Roja, siendo bautizado con el nombre francés de «Perec». Poco después, Cyrla fue apresada por los nazis a causa de su sangre judía y murió en 1943 en el campo de concentración de Auschwitz. Perec pasó el resto de la guerra al cuidado de sus tíos paternos, que en 1945 lo adoptaron formalmente. Mientras estudiaba Historia y Sociología en la Universidad de la Sorbona comenzó a colaborar con algunas revistas literarias, como La Nouvelle Revue Française y Les Lettres Nouvelles. En 1960 se casó con Paulette Petras, con quien se trasladaría a Sfax, en Túnez, ciudad en la que vivieron un año y en la que ella trabajó como profesora. En cierto modo, esa relación sirvió de inspiración para su primera novela, Las cosas (1965), retrato de una sociedad dominada por los objetos y por las modas, que se alzó con el Premio Renaudot. Pronto vendrían obras del calado de Un hombre que duerme (1967) —que próximamente publicará Impedimenta, y que Perec convirtió con los años en su primer proyecto cinematográfico—, y sobre todo de La desaparición (1969), en la que desarrollaba una compleja trama de intriga con la particularidad de que en toda la novela no se utilizaba la letra «e», la más usual en lengua francesa. Curioso irredento, aficionado a los experimentos lingüísticos, a los puzzles y las enumeraciones —algunos de cuyos ejemplos más sublimes se recogen en Lo infraordinario, publicada póstumamente—, Perec formó parte del grupo literario parisino OuLiPo (acrónimo de Ouvroir de Littérature Potentielle), dirigido por Raymond Queneau y François Le Lionnais, y al que también pertenecía Italo Calvino. Fue precisamente a Queneau —que desgraciadamente había muerto poco antes— a quien Perec dedicó la obra que supondría su consagración, La vida, instrucciones de uso (1978), monumental fresco posmoderno de la vida parisina, repleto de referencias culturales y dotado de una insuperable fuerza narrativa, que le valió el prestigioso Premio Medicis. En 1981 viajó a Australia para trabajar en la Universidad de Queensland, lugar donde se entregó a la escritura de su última obra, inacabada, 53 días. Poco después de su regreso de Australia se le diagnosticó un cáncer de pulmón, del que murió un año después en la ciudad de Ivry.

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Un hombre que duerme, Georges Perec (Impedimenta, 136 págs.) Traducción de Mercedes Cebrián.

Un hombre que duerme constituye una de las cumbres de la narrativa francesa de los sesenta, recuperada ahora en una magistral traducción de Mercedes Cebrián.

Novela cumbre de la «Literatura Bartleby», auténtico símbolo generacional, Un hombre que duerme narra la peripecia de un estudiante que decide no levantarse de la cama el día de sus exámenes de Sociología, abandonar sus estudios, romper toda relación con amigos y parientes, y recluirse en sí mismo y en su chambre de bonne, donde todo es gris. Más tarde se dedicará a deambular incansable por París, a ir al cine, a leer los titulares de los periódicos, pero como lo haría un sonámbulo. Para el estudiante todo forma parte de una vaga estrategia encaminada a alejarse de los deseos materiales, de la ambición y de su dependencia de los objetos, los ambientes, los sonidos y aromas de París, la ciudad que lo ha acogido y que lo acabará fagocitando.

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La cámara oscura, Georges Perec (Impedimenta, 336 págs.) Traducción de Mercedes Cebrián.

«Alcancé tal práctica que los sueños me llegaban escritos a la mano, incluso con sus títulos.»

Georges Perec estaba convencido de que todo el mundo significativo está hecho de sueños. Algunos se recuerdan, otros se cuentan pero son muy pocos los que se transcriben. La cámara oscura es un raro volumen, perequiano por los cuatro costados, que reúne por primera vez en castellano ciento veinticuatro sueños del genio oulipiano. «Terminé por admitir que esos sueños no habían sido vividos para ser sueños, sino soñados para ser textos; que no eran la vía regia que yo creía que serían, sino caminos tortuosos que me alejaban cada vez más del reconocimiento de mí mismo.» Un libro repleto de sorpresas y asociaciones inesperadas, un artefacto onírico que no pretende «recontar» la propia historia, sino descubrir tesoros ocultos que nacen en el mágico momento en que todas las barreras están levantadas.

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Alan Sillitoe (Nottingham, 1928 – Londres, 2010):

Alan Sillitoe nació en Nottingham en 1928, en el seno de una familia de clase obrera. Abandonó los estudios a los catorce años y poco después entró a trabajar en la fábrica de bicicletas Raleigh, en Nottingham, al igual que lo había hecho su padre.

En 1946 se unió a la Royal Air Force y trabajó como operador de radio en Malasia. Regresó a Inglaterra tras contraer la tuberculosis y tuvo que guardar cama en un hospital durante casi año y medio, lo que le permitió dedicarse a la lectura. Gracias a una exigua pensión del ejército, pasó los siguientes siete años deambulando entre Francia y España. Fue a mediados de los cincuenta, en la isla de Mallorca, cuando empezó a escribir, animado por el poeta Robert Graves. Ya por entonces había conocido a la que sería su compañera de por vida, la poeta norteamericana Ruth Fainlight. Su primera novela, Sábado por la noche y domingo por la mañana, fue publicada en 1958, y adaptada a la gran pantalla por Karel Reisz en 1960, con Albert Finney en el papel de Arthur Seaton. Su libro de relatos La soledad del corredor de fondo, publicado en 1959, terminaría por confirmar a Sillitoe como uno de los más importantes narradores de su generación. Escribió más de cincuenta obras, incluyendo poesía, teatro y cuentos para niños, además de veinticinco novelas. En 1995 publicó su autobiografía, Life without Armour. En 1997 fue elegido miembro de la Royal Society of Literature. Murió el 25 de abril de 2010 en el Hospital Charing Cross de Londres, tras una larga batalla contra el cáncer.

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Sábado por la noche y domingo por la mañana, Alan Sillitoe (Impedimenta, 312 págs.) Traducción de Mercedes Cebrián.

Auténtico monumento de la literatura obrera inglesa y piedra de toque del movimiento de los Jóvenes Airados británicos, Sábado por la noche y domingo por la mañana fue la novela que lanzó a la fama a Alan Sillitoe.

Arthur Seaton, su protagonista, es un muchacho de veintidós años, poco amante de los compromisos y que trabaja a destajo de lunes a viernes en una fábrica de bicicletas, en el sombrío Nottingham de los primeros años de la posguerra. Pero Arthur vive con los ojos puestos en el fin de semana. Cada sábado por la noche bebe hasta caerse redondo en el pub, se mete en todas las peleas que encuentra y trata de llevarse a la cama a las esposas de sus compañeros de trabajo. Sin embargo, pronto descubrirá que lo que cree que le hace libre constituye en realidad una cárcel, y que su existencia de rebelde tiene un lado oscuro cuyo rigor le es difícil imaginar.

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Natsume Soseki (Tokio, 1867 – 1916):

Natsume Sōseki, seudónimo literario de Natsume Kinnosuke, nació en 1867 cerca de Edo (la actual Tokio). Descendiente de una familia de samuráis venida a menos, fue el menor de seis hermanos.

Cuando tenía dos años, sus padres lo entregaron en adopción a uno de sus sirvientes y a su mujer, con quienes viviría hasta los nueve años. En 1884, instado por su familia, se matriculó en la Universidad Imperial de Tokio para cursar Arquitectura, aunque acaba estudiando Lengua Inglesa. En 1886 traba amistad con el poeta Masaoka Shiki, que le inicia en el arte de la composición de haikus. Será entonces cuando adopte el nom de plume de Sōseki (que en chino significa «terco»). Tras graduarse en 1893, Sōseki empieza a trabajar como profesor en la Escuela Normal de Tokio, pero pronto, en 1895, es destinado a la lejana Escuela Secundaria de Matsuyama, en la isla de Shikoku. Parte de sus experiencias en esta remota escuela rural serán recogidas en su novela Botchan, que publicará en 1906. Apenas un año después de haber llegado a Matsuyama, dimite de su puesto y comienza a enseñar en un instituto de la ciudad de Kumamoto, en donde conocerá a su mujer. En 1900 se le concede a Soseki una exigua beca del gobierno japonés y se le envía a Inglaterra. En este país pasará los años más tristes de su vida, leyendo libros sin parar, deambulando por las calles y pasando miserias sin cuento. Parte de sus sombrías reflexiones sobre la vida inglesa serán publicadas años después en el diario japonés Asahi. Regresa a Japón en 1902, con un contrato de cuatro años para enseñar en la Universidad Imperial de Tokio, donde sucederá al escritor norteamericano Lafcadio Hearn como profesor de Literatura Inglesa. La carrera literaria de Sōseki se abre propiamente en 1903, cuando comienza a publicar haikus y pequeñas piezas literarias en revistas como Hototogisu. Pero la fama le llegará con la publicación en 1905 de Wagahai wa neko de aru (Soy un gato). Ese mismo año publica Rondon to (La torre de Londres), y en 1906 aparecerá Botchan, que le catapulta al éxito y que se convierte automáticamente en un best-seller y en una de las novelas más leídas por los japoneses durante décadas. Soseki escribió catorce novelas a lo largo de su vida, culminando en Kokoro, su obra maestra. Natsume Sōseki murió en Tokio en 1916 a los 49 años de edad a causa de una úlcera de estómago. En 1984, y en homenaje a su fama y trascendencia, el gobierno japonés decidió poner su efigie en los billetes de mil yenes.

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Botchan, Natsume Soseki (Impedimenta, 240 págs.) Traducción de José Pazó.

Perspicaz y penetrante, tierna y diferente, Botchan es una de las más hilarantes y entretenidas novelas japonesas de todos los tiempos.

Botchan es un indiscutible clásico de la moderna literatura japonesa y, desde hace más de cien años, una de las novelas más celebradas por los lectores de aquel país. Considerada el Huckleberry Finn nipón, y comparada también con El guardián entre el centeno, narra las aventuras de Botchan, un joven tokiota descreído y cínico, alter ego de Soseki, al que mandan como profesor a una escuela rural situada en la remota isla de Shikoku. En su nuevo destino pronto se topará con una serie de insólitos personajes, como el jefe de estudios «Camisarroja» o el «Calabaza», un triste profesor de ciencias de aspecto enfermizo y ánimo sombrío. Pero sobre todo se verá obligado a hacer frente a una auténtica caterva de fieros alumnos asilvestrados, que se consagrarán a hacerle la vida imposible.

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Soy un gato, Natsume Soseki (Impedimenta, 656 págs.) Traducción de Traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés.

«Soy un gato, aunque todavía no tengo nombre.»

Así comienza la primera y más hilarante novela de Natsume Soseki, una auténtica obra maestra de la literatura japonesa, que narra las aventuras de un desdeñoso felino que cohabita, de modo accidental, con un grupo de grotescos personajes, miembros todos ellos de la bienpensante clase media tokiota: el dispéptico profesor Kushami y su familia, teóricos dueños de la casa donde vive el gato; el mejor amigo del profesor, el charlatán e irritante Meitei; o el joven estudioso Kangetsu, que día sí, día no, intenta arreglárselas para conquistar a la hija de los vecinos. Escrita justo antes de su aclamada novela Botchan, Soy un gato es una sátira descarnada de la burguesía Meiji. Dotada de un ingenio a prueba de bombas y de un humor sardónico, recorre las peripecias de un voluble filósofo gatuno que no se cansa de hacer los comentarios más incisivos sobre la disparatada tropa de seres humanos con la que le ha tocado convivir.

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Sanshiro, Natsume Soseki (Impedimenta, 340 págs.) Traducción de Traducción de Yoko Ogihara.

Con Sanshiro, Sōseki vuelve a sorprendernos con una novela que trasciende épocas y continentes, y nos dibuja un irónico retrato de esa sociedad fronteriza que fue el Japón de la Era Meiji.

Considerada la novela puente entre las dos obras maestras de Natsume Soseki, Kokoro y Botchan (Premi Llibreter 2008), Sanshiro es una deliciosa sátira que derrocha ternura y humor a la japonesa. Sanshiro es un muchacho de pueblo que se muda a la cosmopolita Universidad de Tokio para estudiar Literatura. Durante el año que permanece en la ciudad se verá obligado a confraternizar con los esnobs tokiotas, además de con temibles muchachas occidentalizadas, afamados escritores, abnegados científicos y, sobre todo, con su mejor amigo, Yojiro, un adorable granuja, una auténtica comadreja que constantemente meterá a su tímido colega en líos. Por si fuera poco, Sanshiro acabará enamorándose locamente de una muchacha con ínfulas artísticas, y esa será su perdición.

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La puerta, Natsume Soseki (Impedimenta, 304 págs.) Traducción de Traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés.

Dotada de un profundo simbolismo, La puerta se ha ganado el privilegio de ser considerada por la crítica una de las obras literarias más profundas de la edad moderna en Japón.

Obra maestra de la literatura japonesa del XX, y tercera parte de la trilogía inaugurada con Sanshiro y Daisuke, La puerta narra la historia de Sōsuke, un humilde oficinista tokiota de mediana edad que comparte su vida con su esposa Oyone, en el banal anonimato de una casa situada en la base de un barranco. La pareja, cuyo temprano matrimonio fue celebrado casi de modo clandestino, se ve abocada a aceptar bajo su techo a Koroku, el hermano menor de Sōsuke, que se convierte en una fuente de conflictos. A la vez, la salud de Oyone se resiente y llega la noticia de la inesperada visita de un fantasma del pasado. Sobre la pareja se cierne entonces un periodo de crisis, y Sōsuke se ve obligado a abandonar de manera temporal la tranquilidad de su vida doméstica para retirarse a un monasterio zen y allí meditar sobre su destino.

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Muriel Spark (Edimburgo, 1918 – Civitella de la Chiana, 2006):

Muriel Sarah Camberg, quien sería conocida en el mundo literario como Muriel Spark, su apellido de casada, nació en Edimburgo en 1918. Su padre era judío y su madre presbiteriana.

A los diecinueve años contrajo matrimonio con S. O. Spark y pronto se mudaron a Rodesia, la actual Zimbabue. En 1938 tuvieron un hijo, pero poco después la relación se rompió y en 1944 Muriel Spark se trasladó a Inglaterra, donde desempeñó labores de contraespionaje en el departamento de propaganda antinazi del Ministerio de Asuntos Exteriores. Allí entablaría una amistad que duraría toda la vida con el también escritor Graham Greene. Autora de una obra tremendamente influyente, marcada por la brevedad y la ironía, a Spark se deben novelas como Memento Mori (1959), La balada de Peckham Rye (1960) y La puerta de Mandelbaum (1965). Su primera novela, Los que consuelan, fue publicada en 1957, y en ella aparecen ya diversas referencias a su conversión al catolicismo, hecho definitivo en la vida y la obra de la autora. No obstante, su primer éxito le llegaría en 1961 con la publicación de La plenitud de la señorita Brodie, la historia de una excéntrica maestra de Edimburgo a través de los ojos de una alumna que la admira para después quedar desencantada. Su fama se confirmaría con la publicación en 1963 de Las señoritas de escasos medios, novela de aliento tragicómico, verdadero fresco de una época, en la que se narran las peripecias de varias muchachas solteras en el Londres de las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. Muriel Spark es autora, asimismo, de La imagen pública (1968, finalista del Booker Prize), El invernadero junto al río (1973), Derechos territoriales (1979), Merodeando con aviesa intención (1981, finalista del Booker Prize), El único problema (1984), y Muy lejos de Kensington (1988). Fue nombrada Dama del Imperio Británico en 1993, y falleció en el año 2006, en Civitella de la Chiana, en La Toscana.

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Las señoritas de escasos medios, Muriel Spark (Impedimenta, 178 págs) Traducción de Gabriela Bustelo.

Ambientada en las ruinas de Londres durante la difícil primavera y el verano indigente de 1945, recién acabada la Segunda Guerra Mundial, Las señoritas de escasos medios (1963).

Considerada una de las mejores novelas de Muriel Spark, se ocupa del mundo deliciosamente despreocupado de unas chicas que viven en un club residencial para mujeres solteras, y que van pasando por varios estados de ligue. En un contexto cerrado, que proporciona el cristal a través del cual contemplar el panorama histórico de un austero Londres que resurge de sus cenizas, seductora y de una comicidad deslenguada, Las señoritas de escasos medios es una divertidísima novela de costumbres y un despiadado análisis de afectos y filiaciones, que pertenece a la gran tradición de la novela inglesa de posguerra, de la que es un referente ineludible.

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Stendhal (Grenoble, 1783 – París, 1842):

Stendhal, nom de plume de Henri Beyle, fue escritor, soldado, cónsul, republicano, jacobino y anticlerical. Nació en Grenoble en 1783, en el seno de una familia burguesa.

En 1801 participó en la Campaña de Italia con las tropas napoleónicas. En 1815, ya letraherido, se muda a Milán, y poco después publica Roma, Nápoles y Florencia, toda una declaración de amor por Italia, y en donde se describe el famoso Síndrome de Stendhal, un éxtasis mareante que se produce cuando se contempla una acumulación de arte y belleza en poco espacio y tiempo. Stendhal murió en marzo de 1842, de una apoplejía. Su fama literaria se asienta sobre tres magistrales novelas, que lo sitúan como uno de los más geniales escritores europeos: Armancia (1826), Rojo y negro (1830) y La cartuja de Parma (1839), su mejor obra, escrita en apenas dos meses febriles. En 1929, Henri Martineau recogió en un volumen algunos de los relatos cortos de tema italiano que Stendhal dejó publicados en vida, bajo el título de Crónicas italianas. La primera de estas crónicas es La abadesa de Castro, escrita en 1839, y considerada una de las obras más delicadas y salvajes de Stendhal.

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La abadesa de Castro, Stendhal (Impedimenta, 176 págs.) Traducción de Olalla García.

Stendhal es un escritor desprejudiciado, con una visión realista del género humano y sin embargo también es un romántico. Sus textos son espejos de realidades (no en vano el mismo acuñó esta metáfora), pero las realidades que refleja son románticas, en todos los sentidos de la palabra, desde el más cursi hasta el más sublime.

La abadesa de Castro primera de las novelle que conforman las Crónicas italianas de Stendhal, está considerada un joya literaria. Stendhal arranca con una suerte de prólogo sobre el siglo XVI y la mentalidad de los florentinos. De repente el tono cambia al de un manuscrito que narra un amor imposible entre un bandido bueno, el bravo Julio Branciforte y una joven noble, la bella Elena Campireali. Como si estuviéramos leyendo una suerte de Decamerón, poco a poco la historia adquiere profundidad psicológica, pasa de lo pintoresco a lo dramático. Los personajes cometen errores, son egoístas y extremadamente crueles, acciones que se justifican en nombre de ese sentimiento desproporcionado que es el amor en la Italia renacentista.

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Los Cenci, Stendhal (Impedimenta, 160 págs.) Traducción de Silivia Acierno y Julio Baquero Cruz

«Fue en Italia, en el siglo diecisiete, donde una aristócrata dijo cogiendo un espejo con delectación al caer la tarde de un día muy caluroso: qué pena que esto no sea pecado.»

Stendhal parecía pensar que las grandes pasiones con terribles consecuencias eran cosa de otro tiempo. En este libro, que recoge tres de sus afamadas Crónicas italianasLos Cenci, La duquesa de Palliano y Vittoria Accoramboni—, se encuentra el Renacimento italiano en estado puro, tal como lo veía el autor: crímenes, adulterios, torturas, conspiraciones, ambición, venganza… Narrado todo con la crudeza y precisión de un proceso judicial, con la indiferencia postiza de quien ya ha visto demasiado, con la ternura infinita y el lirismo del libertino que ve morir a la más hermosa de las mujeres.

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Mark Twain (Florida, 1835 – Nueva York, 1910):

Mark Twain (pseudónimo literario de Samuel Langhorne Clemens) nació en 1835 en la pequeña aldea de Florida, en el estado norteamericano de Missouri.

Y creció en Hannibal, un puerto fluvial próximo al río Mississippi, lugar que inspiraría muchas de sus obras. A los doce años, debido a la muerte de su padre, el abogado John Marshall Clemens, tuvo que abandonar sus estudios para ayudar económicamente a su familia. En su primera juventud trabajó en una imprenta. Con dieciocho años abandonó su hogar y se dedicó a viajar. Fue así como empezó a escribir breves relatos de viajes y a publicarlos en el Journal de Muscatine, que pertenecía a su hermano mayor. En los siguientes años fue tipógrafo en Nueva York y Filadelfia, y aprendiz de piloto en un barco a vapor, hasta que la Guerra de Secesión imposibilitó por completo la navegación. Se alistó entonces durante un corto periodo de tiempo en el ejército de la Confederación, abrió su propio negocio de maderas, probó suerte en las minas de plata de las montañas de Nevada, y trabajó como periodista en el Territorial Enterprise de la ciudad de Virginia. Fue en 1863 cuando empezó a firmar sus obras bajo el pseudónimo de Mark Twain, nombre que hace referencia a una expresión típica en los cantos de trabajo del río Mississippi, y que significa «dos brazas de profundidad», es decir, el calado mínimo necesario para la buena navegación. Su primer éxito literario lo conseguiría en 1865 con el cuento corto «La famosa rana saltarina de Calaveras County», pero su fama se consolidaría con la publicación en 1876 de Las aventuras de Tom Sawyer, que tendrían una continuación en 1884 con Huckleberry Finn. De esa época data también otra de sus obras maestras, Un yanqui en la corte del rey Arturo (1889). En 1893 Twain se arruinó completamente tras la inversión en una imprenta automática, y se vio obligado a dar conferencias por todo Estados Unidos y el resto del mundo para recuperarse económicamente. Esto, junto a otras experiencias negativas que azotaron a su familia, fue lo que le hizo pasar de un estilo inspirado en el humor a un oscuro pesimismo. De esa época datan sus obras más sombrías: El hombre que corrompió Hadleyburg (1899), o Los sinsabores de la vida humilde (1900). Considerado por autores de la talla de William Faulkner o Ernest Hemingway como «el padre de la literatura americana», Twain, que se sirvió de su propia vida para encontrar la inspiración literaria, hizo oír su protesta en una época en que la vida en los Estados Unidos estaba dominada por el materialismo y la corrupción. Falleció el 21 de abril de 1910, en la ciudad de Nueva York.

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Los escritos irreverentes, Mark twian (Impedimenta, 160 págs.) Traducción de Gabriela Bustelo.

«De todos los escritores del mundo, quizá sea Mark Twain quien más se haya divertido contando lo que quería contar. Por eso el lector disfruta tanto con su implacable versión de la estupidez, la arrogancia, la ostentación y el disparate generalizado de la humanidad.» (Chicago Sun Times)

En 1909, Mark Twain le envió una carta a un amigo en la que le hablaba en confianza de lo último que había escrito: «Este libro no saldrá jamás. Es imposible porque se consideraría una ignominia». Tomada en su conjunto, la obra de Twain quien, junto a Melville, está considerado el Gran Novelista Americano, es una colosal sátira de la naturaleza humana. En el caso de Los escritos irreverentes, recurrió a un género que algunos críticos denominaron «pseudo-historia». Las pequeñas diatribas bíblicas que lo componen, escritas entre 1870 y 1909, evidencian el profundo escepticismo religioso de Twain. El libro que tenemos en las manos oculta bajo su burlona fachada un humorístico y mordaz ataque a los valores establecidos, y es la muestra de una inteligencia superior, que no deja títere con cabeza. La coincidencia de que este año sea el del centenario de la muerte de Mark Twain da un significado especial a la edición de un libro que, al salir a la luz en Estados Unidos, produjo una verdadera conmoción y estuvo durante meses en la lista de libros más vendidos.

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Edith Wharton (Nueva York, 1862 – Saint-Brice-sous-Fôret, 1937):

Edith Wharton nació en Nueva York en 1862. Su nombre de soltera era Edith Newbold Jones. Su familia era de clase alta, comparable a la aristocracia europea, y consecuentemente recibió una esmerada educación privada.

Antes de cumplir los cinco años viajó por primera vez con sus padres a Europa. En 1885, cuando tenía veintitrés años, Edith se casó con Edgard (Teddy) Robbins Wharton, que era doce años mayor que ella. Se divorciaron en 1913 a causa de las repetidas y públicas infidelidades de su marido, que afectaron mental y físicamente a la escritora, y que motivaron que tuviera que ser ingresada en una casa de reposo. A partir de su matrimonio también pasaría parte de cada año en Europa: en Italia primero y en París después, donde se estableció en 1907, en un apartamento en la rue de Varennes donde viviría rodeada de princesas y duquesas, novelistas, historiadores y pintores, hasta su muerte. Durante un tiempo mantuvo un sonado idilio con el periodista estadounidense William Morton Fullerton. Éste era bisexual y alternaba a la escritora con Lord Ronald Coger, Rajá de Sarawak. Ella misma, también bisexual, mantuvo una larga relación con la cantante de ópera Camilla Chabbert, y relaciones esporádicas con la poetisa y guionista Mercedes Acosta. Su primera novela, El valle de la decisión, se publicó en 1902: un romance histórico que transcurre en la Italia del siglo XVIII. El año siguiente publicaría Santuario, y en 1905 vería la luz su primera gran novela, La casa de la alegría. En 1907 se estableció definitivamente en Francia, donde se convirtió en discípula y amiga de Henry James. De esta época destaca su novela corta Ethan Frome, una trágica historia de amor entre personas corrientes ambientada en Nueva Inglaterra, que se publicó en 1911. Su obra más conocida es La edad de la inocencia, publicada en 1920, y ganadora del premio Pulitzer en 1921.

Edith Wharton está considerada la más genial novelista americana de su generación, admirada por intelectuales de la talla de Henry James, Francis Scott Fitzgerald, Jean Cocteau y Ernest Hemingway. Falleció el 11 de agosto de 1937 en la localidad de Saint-Brice-sous-Fôret, cerca de París. Está enterrada en el Cementerio de Gonards en Versalles.

Edith Wharton

 

Santuario, Edith Wharton (Impedimenta, 176 págs.) Traducción de Pilar Adón.

Una novela «europea», un melodrama casi jamesiano, que indaga sobre los misterios de la personalidad y las deudas del pasado. Con la precisión, la belleza, y el agudo conocimiento de los más íntimos resquicios de la sociedad de la clase alta de Nueva York que la convirtió en una de las grandes voces literarias del siglo XX, Edith Wharton ofrece un sutil relato de la lucha entre la naturaleza y lo adquirido, que dominó los primeros años del novecientos.

Santuario, publicada por primera vez en 1903, es una rarísima novela de Edith Wharton, inédita hasta hoy en castellano.
La obra narra la historia de Kate Orme, una mujer joven cuya dicha conyugal se rompe cuando se enfrenta cara a cara con el oscuro secreto que esconde su prometido, Denis Peyton, un hombre de fortuna, pero con un pasado gobernado por las mentiras y por los engaños. Cuando ambos tienen un hijo, y Denis muere, Kate se convence de que el espíritu de su marido permanece en su joven vástago, traspasándole en cierto modo sus vicios morales. Se consagrará desde entonces a luchar para que eso no ocurra.
Escrita mientras redactaba La casa de la alegría, Santuario es una pequeña joya oculta de Wharton, de prosa impecable, con momentos en que el suspense se hace casi insoportable.

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Banda Oriental acaba de editar una antología con cuatro novelas (São Bernardo, Angustia, Vidas secas e Infancia) claves de uno de los más importantes escritores brasileños del siglo XX…

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Graciliano Ramos:

El nacimiento de Graciliano Ramos, el primogénito, en Quebrângulo (Alagoas) en 1892 fue la primera de las quince alegrías natalicias que tuvieron sus padres. Su infancia transcurrió en varias localidades del estado de Pernambuco. En 1914 decidió trasladarse a Río de Janeiro, con solamente sus estudios escolares y las lecturas autodidactas de algunas obras literarias como bagaje intelectual, pues nunca llegó a inscribirse en la universidad. No obstante, comenzó a ganarse la vida como corrector de estilo en los periódicos “O Correio da Manhã” y “A Tarde”. Sin embargo, la peste bubónica que asoló la desértica región de Palmeira dos Indios, último afincamiento familiar, que segó la vida de tres hermanos suyos, lo devolvió allí para ayudar en la tienda paterna. Sus inquietudes lo llevaron hacia el periodismo y la política, actividad en la que, como en Literatura, acabó descollando. A partir de 1925 se volcó en escribir novelas, y nació la primera de ellas: Caetés. Entre 1930 y 1936 vivió en Maceió, donde dirigió la Imprenta y la Instrucción del Estado; de esta época parte su amistad con el grupo de escritores del nordeste del país: José Lins do Rego, Raquel de Queiroz, Jorge Amado y Waldemar Cavalcanti. Publicó São Bernardo (1934) y Angustia (1936) antes de ser encarcelado por causas políticas no muy bien determinadas. En Memórias do Cárcere dejará constancia del año de prisión al que se le sometió. Tras el desgraciado episodio, continuó en la brecha literaria, y de hecho llegó a consagrarse como uno de los mejores novelistas brasileños. En 1945 optó por afiliarse al Partido Comunista. En 1951, antes de emprender un viaje a la Unión Soviética de su ideología, fue elegido presidente de la Asociación Brasileña de Escritores. Murió al poco tiempo de regresar, en Río de Janeiro en 1953.

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Leer a Graciliano Ramos no es fácil en absoluto. Este autor no deja respiro y se penetra entonces en un laberinto pesadillesco donde no hay oasis posible sino estados de dolor y desgarramiento, de tensiones y frustraciones, y de una lucha despiadada de sus personajes por subsistir en ese medio salvaje que es el nordeste brasileño, tierra donde el autor nació y de la que jamás se alejó. Por ello, hay una simbiosis entre esa tierra trágica, de desiertos y de hambre, de rebelión épica y sangrienta, y la obra del autor: “Había venido al mundo para domar fieras, curar heridas con oraciones, arreglar vallas en invierno y en verano. Era el destino. El padre había vivido así, el abuelo también. Y más atrás ya no había familia. Cortar cactus, untar con sebo los látigos, aquello estaba en su sangre”.

El nordeste era (y en algunos aspectos sigue siéndolo) una región de economía obsoleta, basada en la caña de azúcar, en el decadente mundo feudal de los herederos de grandes propiedades de esclavos y en la sociedad marginal de los “retirantes”, aquellos emigrantes internos que huían (y huyen) de sus áridas tierras para tentar mejor suerte en las ciudades. Mundos difíciles para subsistir.

Sin embargo, Graciliano Ramos jamás se quiso alejar de sus pagos. Y fue tan marginal en su puesto de empleado público de un misérrimo distrito del nordeste, como el nordeste mismo es marginal dentro del Brasil moderno.

El autor (pocos entendían cómo logró convertirse en el mejor escritor del regionalismo en un pueblo perdido en el subdesarrollo en la década del 30) fue un introvertido, un tímido hasta extremo del silencio total. Ramos manifestó esta reticencia hasta en la demora en publicar su primer libro. Tenía 41 años cuando apareció en 1933 Caetés . Era un hombre silencioso y su obra también es silenciosa, de esas que hay que leer y releer para que se revele enteramente. Pertenece a lo que dio en llamarse el segundo momento modernista, la generación del 30, una generación a la que Alfredo Bosi definió ” más moderna que modernista “, ya que de la obra de estos autores salió una nueva visión del Brasil. Una visión que respondía a los postulados de los ensayos de Gilberto Freyre y Sergio Buarque de Hollanda (Casa Grande e Senzala y Raíces), en esa imperiosa necesidad que sintieron por definir y denunciar la realidad brasileña de ese momento. Recordemos, por ejemplo, que es la generación de Drummond de Andrade, con esa poética que refleja con tanta precisión la miseria cotidiana, la fracción del individuo contemporáneo en las grandes ciudades. Para los novelistas que nacieron en este momento, la tónica de sus obras fue el compromiso y a ellos se ajusta una frase de Camus: “La novela es en primer lugar un ejercicio de la inteligencia al servicio de una sensibilidad nostálgica o sublevada”.

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LAS NOVELAS:

S ã o Bernardo:

La obra narra en primera persona la historia de Paulo Honorio, un cacique local que a través de una denodada lucha personal y por medios no siempre legítimos, se apodera de la hacienda cuyo nombre da título al libro. Un personaje de una personalidad enérgica y dominadora que avasalla a todo y a todos con su voluntad omnipotente. Procedente de una dura y miserable infancia que le negó todo, Paulo Honorio asciende, a través de una titánica lucha, aplastando y anulando toldo lo que se le pusiera en el camino, hasta la esplendida condición de el señor del mundo: la hacienda de San Berbardo con sus tierra, animales y hombres.

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Angustia:

En una ciudad del noreste brasileño, un burócrata sin futuro se enamora de una joven muy hermosa. Frívola, ella no tarda en rechazarlo para lanzarse a los brazos de un tipo arrogante y, por supuesto, con dinero. La trama austera de Angustia da lugar al despliegue de ese estado de convulsión adelantado en el título del libro. El valor de Angustia, considerada una obra maestra de la literatura brasileña, se halla en la capacidad de su autor para convertir a su protagonista (un pobre diablo) en un personaje universal, un paradigma de las aspiraciones frustradas.

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Vidas secas:

Vidas Secas aborda la problemática de la sequía del nordeste y de la opresión social. La narración se compone de trece capítulos que llevan al lector a acompañar el paso de los retirantes (los que huyen de la sequía) por un un recorrido incierto. El romance gira en torno de una pareja, Fabiano y Sinhá Vitória, dos hijos identificados como niño más joven y niño mayor, y la perra Baleia. Los delgados retirantes se presentan, cada cual a su turno, lo que muestra la individualidad de cada uno y el aislamiento familiar, generado por la condición deshumana a la que están expuestos. En secuencias yuxtapuestas, constituyen episodios autonomos entre sí, pudiendo ser leídos en cualquier orden. Fue clasificado como romance desmontable, debido a que sus capítulos fueron publicados inicialmente como cuentos aislados, en diarios y revistas. El comienzo y el fin de la obra son similares, pues inicia con una fuga y acaba con otra, como ciclo perpetuo de sequía y agua, obedeciendo al orden: retirada – hacienda – retirada. Es en este círculo que se trasponen problemas geograficos y sociales de una forma tal que parecen ser fatalidades sin salida, como la miseria en todos sus sentidos: fisico, espiritual, social y cultural. La precariedad geográfica es la que provocará el drama de la narración, el nomadismo de la familia, provocado por la sequía, la tortura causada por el miedo al futuro, la impotencia del hombre frente al paisaje desafiante que le reduce las aspiraciones y la posibilidad de sobrevivencia. De esa manera, la naturaleza seca contribuye a la gravedad de la situación de los personajes.

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Infancia:

La narración de estas memorias que narra una niñez en el cruel nordeste de Brasil de infancia es simplemente atroz. Graciliano nace en el seno de una familia de sórdidos sertanejos, abrumada por la escasez económica, el pasado terrateniente y coronelista, sumada la sequía que termina de esterilizar todo rastro de vida a su alrededor. Humillado por el abuso de la autoridad paterna y el odio de una madre abrumada por la maternidad, el niño Graciliano recrea la violencia física y emocional de su mundo íntimo y social. El miedo, incluso el terror, es su experiencia más constante, el lugar donde se esconderá de las palizas de su padre para observar a los hombres y mujeres que lo rodean. Cada capítulo de Infancia podría funcionar como un cuento independiente que al unirse al que le sigue abre y cierra la lectura, como si se estuviera pasando por habitaciones contiguas. Así se van encadenado las visiones del narrador sobre el poder, centrada principalmente en la figura del padre y de los maestros; la religión y el infierno, traducida de manera magistral en el pasaje a “Un Incendio”. En este capítulo, el narrador llega a un caserío de gente pobre que está siendo devorado por el fuego, luego de haberse ligado una paliza por descreer del infierno tan temido por su madre. Se queda aterrado frente al cadáver achicharrado de una niña “moleque” que muere tratando de salvar del incendio su imagen de la virgen de Nossa Senhora.

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Los desorientados, Amin Maalouf (Alianza editoral, 528 págs.)

Mourad, el mejor amigo de infancia de Adam se está muriendo. Su último deseo es reconciliarse con él. Tras décadas de ausencia, Adam está de vuelta en su país de origen, un país oriental de montañas lechosas. El intelectual exiliado vuelve a descubrir los lugares y la gente que amaba, y que sin embargo eligió abandonar sin una mirada atrás. Su pasado le atrapa: recuerda a sus antiguos amigos y la guerra que los dividió. Adam es alojado por la bella Semiramis, mientras averigua qué ha sido de sus antiguos amigos de la infancia. Todos han elegido caminos diferentes en sus vidas, y alguno tiene sangre en las manos. ¿Qué es mejor, la pureza del exilio o el compromiso que acaba por corromperse? El valor no se encuentra siempre donde uno cree. El amor y la amistad, los ideales y los compromisos, la política, el deseo y la traición son asuntos a los que Adam habrá de enfrentarse.

” Los desorientados” es la novela más esperada del autor de” León el Africano . “Es mi obra más personal, donde plasmo recuerdos de mi juventud, pero también mis sueños y fantasmas”, explica el escritor libanés afincado en París. En ella condensa su manera de ser, de pensar. La clave de todas las ideas que ha volcado en sus obras. Un” regreso” literario a su país natal, un lugar indeterminado, un no lugar que se convierte en una reflexión universal sobre la amistad, el amor, la memoria, el exilio, la identidad y la necesidad de tender puentes entre Oriente y Occidente, siempre presentes en su escritura.” Más vale equivocarse en la esperanza que acertar en la desesperación”. Aunque el nombre de Líbano no se cita en ningún momento, puede reconocerse a lo largo de la novela. Algo que no tenía premeditado, pero que acabó convirtiéndose en uno de sus objetivos: “No quería dar fechas o contar acontecimientos concretos porque a lo mejor este país es cualquier otro que viva un conflicto”.

Como buen conocedor del mundo árabe y el occidental, Maalouf apunta al fomento de la cultura y del conocimiento mutuo para superar la situación de desconfianza actual. “La incomprensión es fruto del desconocimiento superficial que tienen uno el otro”. Sin embargo, esta visión choca con la realidad, en el que se vive un momento de incertidumbre, como refleja el título de su novela. “Es mi interpretación el mundo de hoy. La situación se puede decantar hacia un lado u otro”, afirma.

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Amin Maalouf

Amin Maalouf nació en Beirut (Líbano) en 1949 en el seno de una familia árabe católica. Hijo de Ruchdi Maalouf, poeta, pintor y periodista, estudió economía, política y sociología y, siguiendo una larga tradición familiar, se dedicó al periodismo. Trabajó en el diario An Nahar como responsable de la sección de Internacional y viajó por países como India, Bangladesh, Etiopía, Somalia, Kenya, Yemen y Argelia, en algunos casos como corresponsal de guerra. En Vietnam fue testigo de la batalla de Saigón. En 1975, tras el estallido la guerra del Líbano y al igual que alguno de sus personajes, Maalouf también se exilió a Francia, donde vive con su familia desde entonces y donde durante algún tiempo ejerció como periodista en las publicaciones Jeune Afrique y An-nahar Arabe et International.

Actualmente se dedica exclusivamente a la literatura y pasa parte del año en una casa de pescadores de las Channel Islands, donde escribe sus novelas. Sus textos han sido traducidos a más de veinte idiomas.

La mayoría de los libros de Maalouf se desarrollan en un entorno histórico y en ellos combina hechos históricos con la fantasía y los conceptos filosóficos. Sus textos, escritos con la habilidad de un auténtico maestro de la narración, ofrecen una visión refinada y sensible de los valores y actitudes de las diferentes culturas de Oriente Medio, África y el mundo mediterráneo.

Amin Maalouf ha recibido el premio Maison de Presse por su novela Samarcanda y el Goncourt por La roca de Tanios. En 2010 obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y recientemente ha sido elegido miembro de la Academia Francesa.

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Otras novelas de Amin Maalouf:

Las cruzadas vistas por los árabes, Amin Maalouf (Alianza editorial – 448 págs.)

Basándose en los testimonios de los historiadores y cronistas árabes de la época, Amin Maalouf relata la historia de las cruzadas tal y como las vieron y vivieron en ¿el otro campo¿, es decir, en el lado musulmán, punto de vista olvidado hasta la publicación de esta obra. ¿Las cruzadas vistas por los árabes¿ abarca el periodo comprendido entre la llegada de los primeros cruzados a Tierra Santa en 1096 y la toma de Acre por el sultán Jalil en 1291, dos agitados siglos que dieron forma a Occidente y al mundo árabe y que aún hoy siguen condicionando sus relaciones.

las cruzadas vistas por los árabes

El desajuste del mundo, Amin Maalouf (Alianza editorial – 320 págs.)

En este libro Amin Maalouf intenta indagar los motivos de los graves desajustes de distinto carácter (intelectual, económico, climático) que sufre el mundo del siglo XXI, y a la vez proponer distintas ideas para paliarlos. El desajuste del mundo, opina el autor, tiene más que ver con el agotamiento de nuestros modelos sociales que con el supuesto “choque de civilizaciones”. El modelo occidental traiciona sus propios valores; el del mundo árabe ha quedado bloqueado en su evolución histórica. Esperanzado y conciliador, Maalouf propone una visión adulta e inteligente de nuestras diferencias y valores que favorezca el equilibrio y la paz.

El desajuste del mundo

El viaje de Baldassare, Amin Maalouf (Alianza editorial – 440 págs.)

Corre el año de 1666, año del Anticristo y, para muchos ‹agoreros, iluminados‹, el del fin de los tiempos. Descendiente de genoveses asentados en el Líbano, Baldassare Embriaco no logra sustraerse al clima generalizado de inquietud y emprende un viaje en busca de un libro que puede servir de protección en caso de que sobrevengan las catástrofes que se anuncian. EL VIAJE DE BALDASSARE llevará a éste por el Mediterráneo hasta Londres, y en su transcurso le saldrán al paso el miedo, el engaño y la desilusión, pero también el amor. Esta novela de Amin Maalouf es un recorrido en el que brotan tanto los choques como las vías de comunicación entre Oriente y Occidente, y un periplo en el que, frente a los condicionamientos sociales, el individuo reivindica su derecho a ser extranjero sin humillaciones.

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Las escalas de levante, Amin Maalouf (Alianza editorial – 256 págs.)

Situada contra un fondo que abarca cabalmente todo el siglo XX, desde el fin del Imperio Otomano hasta nuestros días, pasando por la Francia ocupada durante la Segunda Guerra Mundial y los violentos episodios del conflicto árabe-israelí, “Las Escalas de Levante”, ­título con el que Amin Maalouf hace referencia a las ciudades comerciales que durante largo tiempo fueron crisol y punto de contacto de los hemisferios oriental y occidental­, narra la apasionante historia de Ossyane Ketabdar, emblema de la ancestral encrucijada de caminos que ha sido desde siempre el Cercano Oriente y cuya azarosa existencia encarna a la perfección la de todos aquellos individuos a quienes la ciega violencia de los hombres y los vaivenes de la Historia han desposeído de lo que más aprecian.

las escalas de levante

Identidades asesinas, Amin Maalouf (Alianza editorial – 192 págs.)

Denuncia apasionada de la locura que incita a los hombres a matarse entre sí en el nombre de una etnia, lengua o religión, ¿Identidades asesinas¿ es, a la vez, una tentativa de comprender por qué en la historia de la humanidad la afirmación del uno ha significado siempre la negación del otro. Desde su condición de hombre situado entre Oriente y Occidente que gravita sobre toda su obra, ya sea literaria ¿como en ¿León el Africano¿ o ¿Las escalas de Levante¿¿, o histórica ¿como en ¿Las Cruzadas vistas por los árabes¿¿, cuando se le pregunta a Amin Maalouf si se siente más libanés o más francés, responde que por igual: «Lo que me hace ser yo mismo y no otro ¿escribe¿ es que estoy a caballo entre dos países, entre dos o tres lenguas, entre varias tradiciones culturales. Ésa es mi identidad».

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Los jardines de luz, Amin Maalouf (Alianza editorial – 288 págs.)

En el inicio de la era cristiana y cerca de las orillas del Tigris comienza la historia de un hombre que, bautizado con el nombre de Mani, llegaría a ser el fundador de una doctrina universal, conciliadora de tres religiones y reveladora de una visión del mundo profundamente humana y tan audaz, que acabaría siendo perseguida ferozmente por todos los imperios de su tiempo. Con la maestría que le caracteriza, Amin Maalouf recrea en LOS JARDINES DE LUZ la azarosa existencia de este hombre singular llamado en Egipto «el apóstol de Jesús» y conocido en China como «el Buda de Luz», que le conducirá, a través de numerosos avatares, desde la gran metrópoli de Ctesifonte a las populosas ciudades de la India y a la ciudad de Beth-Lapat, donde le espera la muerte.

Los jardines de luz

León el Africano, Amin Maalouf (Alianza editorial – 512 págs.)

En una época de crisis en la que dos grandes imperios pugnan por la supremacía en el Mediterráneo, Hasan, nacido en Granada poco antes de 1492 y más conocido como León el Africano, emprende una extraordinaria peregrinación. Guiado en todo momento por su pasión de vivir, León irá a parar a la misteriosa ciudad de Tombuctú, a los quince reinos negros situados entre el Níger y el Nilo, y a la deslumbrante Constantinopla. Finalmente, sus conocimientos y experiencias, en los que se funden la cultura oriental y la occidental, el mundo cristiano y el del islam, serán puestos al servicio del papa León X y de Julio de Médicis en la fascinante Roma del Renacimiento.

leon el africano

Orígenes, Amin Maalouf (Alianza editorial – 512 págs.)

«Pertenezco a una tribu que, desde siempre, vive como nómada en un desierto del tamaño del mundo. Nuestros países son oasis de los que nos vamos cuando se seca el manantial: nuestras casas son tiendas vestidas de piedra; nuestras nacionalidades dependen de fechas y de barcos. Lo único que nos vincula, por encima de las generaciones, por encima de los barcos, por encima de la Babel de las lenguas, es el murmullo de un apellido.» La presente edición incluye como apéndice un pequeño álbum familiar del autor.

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El primer siglo después de Batrice, Amin Maalouf (Alianza editorial – 216 págs.)

Si hasta la presente novela Amin Maalouf había negado en su narrativa la escisión entre Oriente y Occidente, en El primer siglo después de Béatrice convierte en objeto de su preocupación la falla horizontal» que divide el mundo en un Norte de población estable, cada vez más enriquecida, y un Sur de población creciente que se empobrece progresivamente. Doble historia de amor que refleja las contradicciones de nuestra época, esta seductora narración de unos acontecimientos que han convertido la Tierra en un planeta sombrío y dividido por el odio es, a la vez que una advertencia, una defensa de la «feminidad» del mundo y una afirmación de la inagotable capacidad de supervivencia que caracteriza al ser humano.

El primer siglo después de Beatrice

La roca de Tanios, Amin Maalouf (Alianza editorial – 328 págs.)

Ambientada en el siglo xix, en un Líbano dividido por el enfrentamiento entre Egipto y el Imperio Otomano, La Roca de Tanios ‹novela inspirada en un hecho real‹ gira en torno a la muerte violenta de un patriarca, cuyo asesino, refugiado en Chipre, es devuelto con engaños a su tierra para ser castigado. La reconstrucción de la historia va dibujando la figura de Tanios, convertido por obra del destino en héroe legendario y liberador de su pueblo. El amor, la venganza y la muerte sirven a Amin Maalouf para tejer la trama de este relato lleno de peripecias que es, a la vez, una deliciosa crónica de la vida cotidiana en un pueblo en el cual la tolerancia se ve amenazada por unos acontecimientos que presagian un futuro de violento antagonismo.

La roca de Tainos

Samarcanda, Amin Maalouf (Alianza editorial – 392 págs.)

Tomando como hilo conductor los avatares de un manuscrito que, con el nombre de la mítica ciudad de Samarcanda, contiene las famosas «Rubaaiyyat» del poeta persa Omar Jayyám, Amin Maalouf recrea en esta novela un fascinante y tumultuoso mundo oriental. En el marco de la Persia medieval, desgarrada por profundas contradicciones, dos figuras destacan junto a la del que, además de poeta, fuera astrónomo, geómetra y filósofo: la de Nizam el-Molk, gran visir del sultán Malikxah, y la del misterioso ismaelí Hassan Sabbah, fundador de la secta de los Asesinos, que desde su fortaleza de Alamut mantuvo aterrorizado al país.

Samarcanda

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