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Archive for the ‘Libros’ Category

Después de 48 años, cuando publicara su primera novela (La mujer comestible), Margaret Atwood parece estar “de moda”. La razón para desempolvar el genio de una autora con una producción siempre sólida y sorprendente, no es más que el mágico encanto de un genero siempre menospreciado como el de la ciencia ficción, o como lo prefiere la autora en lo que a su narrativa se refiere, la ficción especulativa. Desde Bradbury y Orwell, por citar a los más emblemáticos, éste genero no ha dejado de estar vigente y de nutrir a cada presente de las locas ideas que se manifestaban en líneas y que luego se hicieron realidad al mejor estilo predictivo. Las pantallas gigantes con las proyecciones diarias de realitys de Fahrenheit 451, las compras con tarjeta de crédito con las que fantaseara Edward Bellamy o la que podría ser la visión de la bomba atómica de H. G. Wells, son algunas de las imágenes a las que siempre volvemos con asombro. Atwood, no es diferente en su visión de mundos en donde la mujer es un objeto de cambio, un valor de uso y un vehículo de manipulación.

Gran parte de la nueva ola de Atwoodmanía se debe a que la cadena norteamericana HBO adaptara su obra más reconocida, El cuento de la criada para convertirla en un éxito de audiencia en la era Trump, o mejor dicho en la era anti Trump.
Para nuestro beneficio, el éxito en la pantalla de esta novela distópica significó la reedición en español de uno de los libros ineludibles de la narrativa mundial y por si eso no fuera suficiente, la rápida aparición de su último obra Por último el corazón.


El primero fue escrito en 1985 y cuenta la vida post Estados Unidos y ahora Gilead, una sociedad reordenada y gobernada por una teocracia que hizo frente a la debacle ocurrida después de un atentado que acabara con toda la plana gubernamental asesinada. Un nuevo orden se establece, las fuerzas militares controlan la vida de los ciudadanos, los hombres imbuidos de un fanatismo religioso arcaico dividen a las jóvenes mujeres por su único valor, el de ser fértiles o no serlo. La mujer se vuelve un objeto sin identidad, sin pasado, pues hasta su nombre es cambiado, son esclavas de los hombres a los que son asignadas y el dar a luz las separa de la vida o la muerte.
El último plantea un futuro desvalido, una crisis económica que arrasa con la clase media y la vuelca a una vida de indigencia y barbarie, situación en la que los dos protagonistas, Stan y Charmaine están inmersos y que encuentran como única salida, someterse al llamado Proyecto Positrón. Dicho programa consiste en formar parte de la población de una ciudad cuyos habitantes intercambian 30 días en sus bellas casas con jardines al frente y los 30 días siguientes en la cárcel. Vigilados por una elite cuyos intereses son meramente comerciales y en los que el tráfico de órganos y los servicios sexuales son el negocio, la pareja protagonista vivirá una espiral de sexo y traición, donde aflorará el egoísmo y solo importará la  autocomplacencia.


Si bien Atwood retoma los temas de siempre, Por último el corazón pierde en profundidad ante El cuento de la criada. Quizás en pos de reflejar la misma superficialidad con que los personajes toman sus vidas, la narrativa se vuelve liviana, el mensaje está pero parece tan artificial como los prostirobots que fabrican en Positrón. Mientras la ceremonia de fertilidad de El cuento… permanece en la memoria como uno de los episodios más humillantes, aquí los encuentros sexuales que pretenden ser abusivos no logran ser transmitidos como tales y se vuelven mecánicos. La infancia de Charmaine se delinea en flashback y frases escuchadas a su abuela Win y promete un desarrollo que nunca llega.
Ahí parece estar el por qué a su comportamiento, su frivolidad, pero solo nos queda imaginarnos lo que podría haber sido esa línea de desarrollo y llenar los blancos. Conserva el mas que hábil uso de la prosa, nunca cargada, siempre con un mensaje directo que encanta e impide abandonar la lectura, pero el punto donde la vara se pone más alta, está decididamente ocupado por la historia de Offred en Gilead, su opresión, esa sensación de falta de aire, el deseo de escapar y no ver la salida.
Sea por lo que sea, que Atwood esté de moda, es bueno. Su bibliografía va más allá de estos dos títulos y cada uno es un deleite narrativo, por eso solo queda esperar que los editores piensen de la misma manera y reediten El asesino ciego, La mujer comestible, Alias Grace y demás. Por cierto si no están convencidos de la Atwoodmanía, ya se han vendido los derechos para llevar al mismo formato a Por último el corazón y en breve se estrenará en la cadena CBS la versión televisiva de Alias Grace.
Pero como todos los libreros solemos decir “mucho mejor es el libro”

Soledad Viera

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Jonathan Swift

JONATHAN SWIFT (1667-1745)

Original Cover

PORTADA ORIGINAL

DUBLIN, 1729

Una humilde propuesta que tiene por objeto evitar que los hijos de los pobres sean una carga para sus padres o para el país, y hacer que redunden en beneficio de la comunidad.

Es un asunto melancólico para quienes pasean por esta gran ciudad o viajan por el campo, ver las calles, los caminos y las puertas de las cabañas atestados de mendigos del sexo femenino, seguidos de tres, cuatro o seis niños, todos en harapos e importunando a cada viajero por una limosna. Esas madres, en vez de hallarse en condiciones de trabajar para ganarse la vida honestamente, se ven obligadas a perder su tiempo en la vagancia, mendigando el sustento de sus desvalidos infantes: quienes, apenas crecen, se hacen ladrones por falta de trabajo, o abandonan su querido país natal para luchar por el Pretendiente en España, o se venden a sí mismos en las Barbados.

Creo que todos los partidos están de acuerdo en que este número prodigioso de niños en los brazos, sobre las espaldas o a los talones de sus madres, y frecuentemente de sus padres, resulta en el deplorable estado actual del Reino un perjuicio adicional muy grande; y por lo tanto, quienquiera que encontrase un método razonable, económico y fácil para hacer de ellos miembros cabales y útiles del estado, merecería tanto agradecimiento del público como para tener instalada su estatua como protector de la Nación.

Pero mi intención está muy lejos de limitarse a proveer solamente por los niños de los mendigos declarados: es de alcance mucho mayor y tendrá en cuenta el número total de infantes de cierta edad nacidos de padres que de hecho son tan poco capaces de mantenerlos como los que solicitan nuestra caridad en las calles.

Por mi parte, habiendo volcado mis pensamientos durante muchos años sobre este importante asunto, y sopesado maduradamente los diversos planes de otros proyectistas, siempre los he encontrado groseramente equivocados en su cálculo. Es cierto que un niño recién nacido puede ser mantenido durante un año solar por la leche materna y poco alimento más; a lo sumo por un valor no mayor de dos chelines o su equivalente en mendrugos, que la madre puede conseguir ciertamente mediante su legítima ocupación de mendigar. Y es exactamente al año de edad que yo propongo que nos ocupemos de ellos de manera tal que en lugar de constituir una carga para sus padres o la parroquia, o de carecer de comida y vestido por el resto de sus vidas, contribuirán por el contrario a la alimentación, y en parte a la vestimenta, de muchos miles.

Hay además otra gran ventaja en mi plan, que evitará esos abortos voluntarios y esa práctica horrenda, ¡cielos!, ¡demasiado frecuente entre nosotros!, de mujeres que asesinan a sus hijos bastardos, sacrificando a los pobres bebés inocentes, no sé si más por evitar los gastos que la vergüenza, lo cual arrancaría las lágrimas y la piedad del pecho más salvaje e inhumano.

Una humilde propuesta en Alianza

EDICIÓN DE ALIANZA

El número de almas en este reino se estima usualmente en un millón y medio, de éstas calculo que puede haber aproximadamente doscientas mil parejas cuyas mujeres son fecundas; de ese número resto treinta mil parejas capaces de mantener a sus hijos, aunque entiendo que puede no haber tantas bajo las actuales angustias del reino; pero suponiéndolo así, quedarán ciento setenta mil parideras. Resto nuevamente cincuenta mil por las mujeres que abortan, o cuyos hijos mueren por accidente o enfermedad antes de cumplir el año. Quedan sólo ciento veinte mil hijos de padres pobres nacidos anualmente: la cuestión es entonces, cómo se educará y sostendrá a esta cantidad, lo cual, como ya he dicho, es completamente imposible, en el actual estado de cosas, mediante los métodos hasta ahora propuestos. Porque no podemos emplearlos ni en la artesanía ni en la agricultura; ni construimos casas (quiero decir en el campo) ni cultivamos la tierra: raramente pueden ganarse la vida mediante el robo antes de los seis años, excepto cuando están precozmente dotados, aunque confieso que aprenden los rudimentos mucho antes, época durante la cual sólo pueden considerarse aficionados, según me ha informado un caballero del condado de Cavan, quien me aseguró que nunca supo de más de uno o dos casos bajo la edad de seis, ni siquiera en una parte del reino tan renombrada por la más pronta competencia en ese arte.

Me aseguran nuestros comerciantes que un muchacho o muchacha no es mercancía vendible antes de los doce años; e incluso cuando llegan a esta edad no producirán más de tres libras o tres libras y media corona como máximo en la transacción; lo que ni siquiera puede compensar a los padres o al reino el gasto en nutrición y harapos, que habrá sido al menos de cuatro veces ese valor.

Propondré ahora por lo tanto humildemente mis propias reflexiones, que espero no se prestarán a la menor objeción.

Me ha asegurado un americano muy entendido que conozco en Londres, que un tierno niño sano y bien criado constituye al año de edad el alimento más delicioso, nutritivo y saludable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y no dudo que servirá igualmente en un fricasé o un ragout.

Ofrezco por lo tanto humildemente a la consideración del público que de los ciento veinte mil niños ya calculados, veinte mil se reserven para la reproducción, de los cuales sólo una cuarta parte serán machos; lo que es más de lo que permitimos a las ovejas, las vacas y los puercos; y mi razón es que esos niños raramente son frutos del matrimonio, una circunstancia no muy estimada por nuestros salvajes, en consecuencia un macho será suficiente para servir a cuatro hembras. De manera que los cien mil restantes pueden, al año de edad, ser ofrecidos en venta a las personas de calidad y fortuna del reino; aconsejando siempre a las madres que los amamanten copiosamente durante el último mes, a fin de ponerlos regordetes y mantecosos para una buena mesa. Un niño llenará dos fuentes en una comida para los amigos; y cuando la familia cene sola, el cuarto delantero o trasero constituirá un plato razonable, y sazonado con un poco de pimienta o de sal después de hervirlo resultará muy bueno hasta el cuarto día, especialmente en invierno.

He calculado que como término medio un niño recién nacido pesará doce libras, y en un año solar, si es tolerablemente criado, alcanzará las veintiocho.

Concedo que este manjar resultará algo costoso, y será por lo tanto muy apropiado para terratenientes, quienes, como ya han devorado a la mayoría de los padres, parecen acreditar los mejores derechos sobre los hijos.

Todo el año habrá carne de infante, pero más abundantemente en marzo, y un poco antes o después: pues nos informa un grave autor, eminente médico francés, que siendo el pescado una dieta prolífica, en los países católicos romanos nacen muchos mas niños aproximadamente nueve meses después de Cuaresma que en cualquier otra estación; en consecuencia, contando un año después de Cuaresma, los mercados estarán más abarrotados que de costumbre, porque el número de niños papistas es por lo menos de tres a uno en este reino: y entonces esto traerá otra ventaja colateral, al disminuir el número de papistas entre nosotros.

Una humilde propuesta en Traspiés

EDICIÓN ILUSTRADA DE VAGAMUNDOS

Ya he calculado el costo de crianza de un hijo de mendigo (entre los que incluyo a todos los cabañeros, a los jornaleros y a cuatro quintos de los campesinos) en unos dos chelines por año, harapos incluidos; y creo que ningún caballero se quejaría de pagar diez chelines por el cuerpo de un buen niño gordo, del cual, como he dicho, sacará cuatro fuentes de excelente carne nutritiva cuando sólo tenga a algún amigo o a su propia familia a comer con él. De este modo, el hacendado aprenderá a ser un buen terrateniente y se hará popular entre los arrendatarios; y la madre tendrá ocho chelines de ganancia limpia y quedará en condiciones de trabajar hasta que produzca otro niño.

Quienes sean más ahorrativos (como debo confesar que requieren los tiempos) pueden desollar el cuerpo; con la piel, artificiosamente preparada, se podrán hacer admirables guantes para damas y botas de verano para caballeros elegantes.

En nuestra ciudad de Dublín, los mataderos para este propósito pueden establecerse en sus zonas más convenientes, y podemos estar seguros de que carniceros no faltarán; aunque más bien recomiendo comprar los niños vivos y adobarlos mientras aún están tibios del cuchillo, como hacemos para asar los cerdos.

Una persona muy respetable, verdadera amante de su patria, cuyas virtudes estimo muchísimo, se entretuvo últimamente en discurrir sobre este asunto con el fin de ofrecer un refinamiento de mi plan. Se le ocurrió que, puesto que muchos caballeros de este reino han terminado por exterminar sus ciervos, la demanda de carne de venado podría ser bien satisfecha por los cuerpos de jóvenes mozos y doncellas, no mayores de catorce años ni menores de doce; ya que son tantos los que están a punto de morir de hambre en todo el país, por falta de trabajo y de ayuda; de éstos dispondrían sus padres, si estuvieran vivos, o de lo contrario, sus parientes más cercanos. Pero con la debida consideración a tan excelente amigo y meritorio patriota, no puedo mostrarme de acuerdo con sus sentimientos; porque en lo que concierne a los machos, mi conocido americano me aseguró, en base a su frecuente experiencia, que la carne era generalmente correosa y magra, como la de nuestros escolares por el continuo ejercicio, y su sabor desagradable; y cebarlos no justificaría el gasto. En cuanto a la mujeres, creo humildemente que constituiría una pérdida para el público, porque muy pronto serían fecundas; y además, no es improbable que alguna gente escrupulosa fuera capaz de censurar semejante práctica (aunque por cierto muy injustamente) como un poco lindante con la crueldad; lo cual, confieso, ha sido siempre para mí la objeción más firme contra cualquier proyecto, por bien intencionado que estuviera.

Pero a fin de justificar a mi amigo, él confesó que este expediente se lo metió en la cabeza el famoso Psalmanazar, un nativo de la isla de Formosa que llegó de allí a Londres hace más de veinte años, y que conversando con él le contó que en su país, cuando una persona joven era condenada a muerte, el verdugo vendía el cadáver a personas de calidad como un bocado de los mejores, y que en su época el cuerpo de una rolliza muchacha de quince años, que fue crucificada por un intento de envenenar al emperador, fue vendido al Primer Ministro del Estado de Su Majestad Imperial y a otros grandes mandarines de la corte, junto al patíbulo, por cuatrocientas coronas. Ni en efecto puedo negar que si el mismo uso se hiciera de varias jóvenes rollizas de esta ciudad, que sin tener cuatro peniques de fortuna no pueden andar si no es en coche, y aparecen en el teatro y las reuniones con exóticos atavíos que nunca pagarán, el reino no estaría peor.

Algunas personas de espíritu agorero están muy preocupadas por la gran cantidad de pobres que están viejos, enfermos o inválidos, y me han pedido que dedique mi talento a encontrar el medio de desembarazar a la nación de un estorbo tan gravoso. Pero este asunto no me aflige en absoluto, porque es muy sabido que esa gente se está muriendo y pudriendo cada día por el frío y el hambre, la inmundicia y los piojos, tan rápidamente como se puede razonablemente esperar. Y en cuanto a los trabajadores jóvenes, están en una situación igualmente prometedora; no pueden conseguir trabajo y desfallecen de hambre, hasta tal punto que si alguna vez son tomados para un trabajo común no tienen fuerza para cumplirlo; y entonces el país y ellos mismos son felizmente librados de los males futuros.

JS en Corregidor

EDICIÓN DE CORREGIDOR

He divagado excesivamente, de manera que volveré al tema. Me parece que las ventajas de la proposición que he enunciado son obvias y muchas, así como de la mayor importancia.

En primer lugar, como ya he observado, disminuiría grandemente el número de papistas que nos invaden anualmente, que son los principales engendradores de la nación y nuestros enemigos más peligrosos; y que se quedan en el país con el propósito de entregar el reino al Pretendiente, esperando sacar ventaja de la ausencia de tantos buenos protestantes, quienes han preferido abandonar el país antes que quedarse en él pagando diezmos contra su conciencia a un cura episcopal.

Segundo, los más pobres arrendatarios poseerán algo de valor que la ley podrá hacer embargable y que les ayudará a pagar su renta al terrateniente, habiendo sido confiscados ya su ganado y cereales, y siendo el dinero algo desconocido para ellos.

Tercero, puesto que la manutención de cien mil niños, de dos años para arriba, no se puede calcular en menos de diez chelines anuales por cada uno, el tesoro nacional se verá incrementado en cincuenta mil libras por año, sin contar el provecho del nuevo plato introducido en las mesas de todos los caballeros de fortuna del reino que tengan algún refinamiento en el gusto. Y el dinero circulará sólo entre nosotros, ya que los bienes serán enteramente producidos y manufacturados por nosotros.

Cuarto, las reproductoras constantes, además de ganar ocho chelines anuales por la venta de sus niños, se quitarán de encima la obligación de mantenerlos después del primer año.

Quinto, este manjar atraerá una gran clientela a las tabernas, donde los venteros serán seguramente tan prudentes como para procurarse las mejores recetas para prepararlo a la perfección, y consecuentemente ver sus casas frecuentadas por todos los distinguidos caballeros, quienes se precian con justicia de su conocimiento del buen comer: y un diestro cocinero, que sepa cómo agradar a sus huéspedes, se las ingeniará para hacerlo tan caro como a ellos les plazca.

Sexto: esto constituirá un gran estímulo para el matrimonio, que todas las naciones sabias han alentado mediante recompensas o impuesto mediante leyes y penalidades. Aumentaría el cuidado y la ternura de las madres hacia sus hijos, al estar seguras de que los pobres niños tendrían una colocación de por vida, provista de algún modo por el público, y que les daría una ganancia anual en vez de gastos. Pronto veríamos una honesta emulación entre las mujeres casadas para mostrar cuál de ellas lleva al mercado al niño más gordo. Los hombres atenderían a sus esposas durante el embarazo tanto como atienden ahora a sus yeguas, sus vacas o sus puercas cuando están por parir; y no las amenazarían con golpearlas o patearlas (práctica tan frecuente) por temor a un aborto.

Muchas otras ventajas podrían enumerarse. Por ejemplo, la adición de algunos miles de reses a nuestra exportación de carne en barricas, la difusión de la carne de puerco y el progreso en el arte de hacer buen tocino, del que tanto carecemos ahora a causa de la gran destrucción de cerdos, demasiado frecuentes en nuestras mesas; que no pueden compararse en gusto o magnificencia con un niño de un año, gordo y bien desarrollado, que hará un papel considerable en el banquete de un Alcalde o en cualquier otro convite público. Pero, siendo adicto a la brevedad, omito esta y muchas otras ventajas.

Una Humilde propuesta en Cuenco de Plata

EDICIÓN DE CUENCO DE PLATA

Suponiendo que mil familias de esta ciudad serían compradoras habituales de carne de niño, además de otras que la comerían en celebraciones, especialmente casamientos y bautismos: calculo que en Dublín se colocarían anualmente cerca de veinte mil cuerpos, y en el resto del reino (donde probablemente se venderán algo más barato) las restantes ochenta mil.

No se me ocurre ningún reparo que pueda oponerse razonablemente contra esta proposición, a menos que se aduzca que la población del Reino se vería muy disminuida. Esto lo reconozco francamente, y fue de hecho mi principal motivo para ofrecerla al mundo. Deseo que el lector observe que he calculado mi remedio para este único y particular Reino de Irlanda, y no para cualquier otro que haya existido, exista o pueda existir sobre la tierra. Por consiguiente, que ningún hombre me hable de otros expedientes: de crear impuestos para nuestros desocupados a cinco chelines por libra; de no usar ropas ni mobiliario que no sean producidos por nosotros; de rechazar completamente los materiales e instrumentos que fomenten el lujo exótico; de curar el derroche de engreimiento, vanidad, holgazanería y juego en nuestras mujeres; de introducir una vena de parsimonia, prudencia y templanza; de aprender a amar a nuestro país, en lo cual nos diferenciamos hasta de los lapones y los habitantes de Tupinambú; de abandonar nuestras animosidades y facciones, de no actuar más como los judíos, que se mataban entre ellos mientras su ciudad era tomada; de cuidarnos un poco de no vender nuestro país y nuestra conciencia por nada; de enseñar a los terratenientes a tener aunque sea un punto de compasión de sus arrendatarios. De imponer, en fin, un espíritu de honestidad, industria y cuidado en nuestros comerciantes, quienes, si hoy tomáramos la decisión de no comprar otras mercancías que las nacionales, inmediatamente se unirían para trampearnos en el precio, la medida y la calidad, y a quienes por mucho que se insistiera no se les podría arrancar una sola oferta de comercio honrado.

Por consiguiente, repito, que ningún hombre me hable de esos y parecidos expedientes, hasta que no tenga por lo menos un atisbo de esperanza de que se hará alguna vez un intento sano y sincero de ponerlos en práctica. Pero en lo que a mí concierne, habiéndome fatigado durante muchos años ofreciendo ideas vanas, ociosas y visionarias, y al final completamente sin esperanza de éxito, di afortunadamente con este proyecto, que por ser totalmente novedoso tiene algo de sólido y real, trae además poco gasto y pocos problemas, está completamente a nuestro alcance, y no nos pone en peligro de desagradar a Inglaterra. Porque esta clase de mercancía no soportará la exportación, ya que la carne es de una consistencia demasiado tierna para admitir una permanencia prolongada en sal, aunque quizá yo podría mencionar un país que se alegraría de devorar toda nuestra nación aún sin ella.

Después de todo, no me siento tan violentamente ligado a mi propia opinión como para rechazar cualquier plan propuesto por hombres sabios que fuera hallado igualmente inocente, barato, cómodo y eficaz. Pero antes de que alguna cosa de ese tipo sea propuesta en contradicción con mi plan, deseo que el autor o los autores consideren seriamente dos puntos. Primero, tal como están las cosas, cómo se las arreglarán para encontrar ropas y alimentos para cien mil bocas y espaldas inútiles. Y segundo, ya que hay en este reino alrededor de un millón de criaturas de forma humana cuyos gastos de subsistencia reunidos las dejaría debiendo dos millones de libras esterlinas, añadiendo los que son mendigos profesionales al grueso de campesinos, cabañeros y peones, con sus esposas e hijos, que son mendigos de hecho: yo deseo que esos políticos que no gusten de mi propuesta y sean tan atrevidos como para intentar una contestación, pregunten primero a lo padres de esos mortales si hoy no creen que habría sido una gran felicidad para ellos haber sido vendidos como alimento al año de edad de la manera que yo recomiendo, y de ese modo haberse evitado un escenario perpetuo de infortunios como el que han atravesado desde entonces por la opresión de los terratenientes, la imposibilidad de pagar la renta sin dinero, la falta de sustento y de casa y vestido para protegerse de las inclemencias del tiempo, y la más inevitable expectativa de legar parecidas o mayores miserias a sus descendientes para siempre.

Declaro, con toda la sinceridad de mi corazón, que no tengo el menor interés personal en esforzarme por promover esta obra necesaria, y que no me impulsa otro motivo que el bien público de mi patria, desarrollando nuestro comercio, cuidando de los niños, aliviando al pobre y dando algún placer al rico. No tengo hijos por los que pueda proponerme obtener un solo penique; el más joven tiene nueve años, y mi mujer ya no es fecunda.

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Richard Wagner (Leipzig, 1813 – Venecia, 1883)

En 1821, tras enviudar de su segundo matrimonio, la madre de Wagner se instaló en Dresde; allí su hijo Richard prosiguió los estudios de piano y tuvo la ocasion de entrar en contacto con la obra de Weber, Spohr y Marschner. En 1827 regresaron a Leipzig, donde Richard realizó estudios de composición. Comenzó a componer a los dieciséis años; algunas obras, entre ellas una sinfonía, se estrenaron en 1832. Al año siguiente fue maestro de coro en Würzburg; en esa época escribió Die feen, que no se estrenó. Sí lo hizo la siguiente: Das Liebesverbot, en 1836. La primera es una obra muy influida por Weber, mientras que en la segunda se nota el peso de la ópera francesa (especialmente vía Auber) e incluso de la italiana (sobre todo de Bellini). Ese mismo año debutó como director de orquesta, se casó y se trasladó a Königsberg, instalándose poco después en Riga, donde fue director musical del teatro; allí compuso Rienzi. En 1839 abandonó Riga (y en ella a sus acreedores), viajando a Londres y París, donde pasó un par de años sin lograr introducirse, hasta que le llegó la buena noticia de que Rienzi había sido aceptada en Dresde; Wagner se trasladó a esa ciudad en 1842, para el estreno de la obra, que fue un éxito. Su siguiente ópera, El holandés errante, no disfrutó de tan buena acogida. Ese año de 1843 Wagner fue nombrado kapellmeister adjunto en la corte de Dresde; comenzó Tannhäuser,

Tannhäuser, Teatro Metropolitan de Nueva York - Casilly, Marton, Troyanos, Levine Deutsche Grammophon - DVD

Tannhäuser,
Teatro Metropolitan de Nueva York – Casilly, Marton, Troyanos, Levine
Deutsche Grammophon – DVD

que se estrenó en 1845. Participó en los acontecimientos políticos de 1848-9 y, tras tomar partido por el bando revolucionario, se vio obligado a exiliarse de Alemania, adonde se le prohibió regresar durante once años. Refugiado en Suiza, escribió algunos de sus textos más conocidos, entre ellos Ópera y drama.

Ópera y drama - Richard Wagner. Akal Música

Ópera y drama – Richard Wagner.
Akal Música

En Dresde había comenzado a sistematizar las leyendas nórdicas y germanas que serían la base de los libretos para El anillo del nibelungo;

Los Nibelungos - Leyendas. Alianza Literatura

Los Nibelungos – Leyendas.
Alianza Literatura

los concluyó, en 1852, bajo los auspicios de varios mecenas, entre ellos Otto Wesendonk. Con Matilde, la esposa de éste, mantuvo Wagner una intensa relación amorosa, inspirándole las Wesendonk Lieder y la ópera Tristán e Isolda, que empezó a componer en 1857, para lo que abandonó temporalmente el Anillo.

Wesendonk Lieder - Cheryl Studer. Deutsche Grammophon - CD

Wesendonk Lieder – Cheryl Studer.
Deutsche Grammophon – CD

En 1855 el matrimonio Wagner viajó a Londres y a París, pasando el tiempo entre esta ciudad y Zurich, hasta 1861. En la capital francesa estrenó Tannhäuser, que fue abucheada, aunque de manera meticulosamente organizada. Ese mismo año Wagner pudo regresar a Alemania; se separó de su esposa Minna (que falleció cuatro años después) y dio conciertos por Alemania, Austria e incluso Rusia. En1864 se instaló en Baviera, invitado por el rey Ludwig II, quien se convirtió en su protector. Pero Wagner tuvo que dejar la corte, debido entre otras razones a su relación con Cosima Liszt, hija del compositor, a la sazón casada con el prestigioso director de orquesta Hans von Bülow. Tras el estreno de Tristán (1865),

Tristan e Isolda - Suthaus, Flagstad, Fürtwangler. EMI Classics - 4 CD

Tristan e Isolda – Suthaus, Flagstad, Fürtwangler.
EMI Classics – 4 CD

y de Los maestros cantores de Nuremberg (1868), ambas dirigidas por von Bülow, con quien Wagner se había reconciliado, el compositor regresó a la ciclópea partitura de El anillo. Instalado en Tribschen (cerca de Lucerna), vivió con Cosima desde 1866, casándose en 1870. A instancias del impaciente rey de Baviera, El oro del Rin y La walkiria se estrenaron en Munich, a pesar de la oposición mostrada por el compositor, quien pretendía reservarlas para la inauguración de su propio teatro. Éste era un proyecto al que Wagner había dedicado grandes esfuerzos, y que se materializó gracias precisamente a Ludwig II. El teatro se inauguró en 1876, dándose por primera vez la Tetralogía completa; aunque el balance económico fue negativo, la experiencia artística fue completamente satisfactoria.

Una introducción a El anillo del nibelungo Deryck Cook, Filarmónica de Viena, Georg Solti. Decca London - 2 CD

Una introducción a El anillo del nibelungo
Deryck Cook, Filarmónica de Viena, Georg Solti.
Decca London – 2 CD

Al año siguiente comenzó la composición de Parsifal (cuyo libreto había escrito con anterioridad),

 Parzival – Wolfram von Eschenbach. Biblioteca Medieval Siruela


Parzival – Wolfram von Eschenbach.
Biblioteca Medieval Siruela

estrenándose en 1882. Pasaba largas temporadas en Italia, país que adoraba; precisamente falleció en Venecia, de un ataque al corazón. Su cuerpo reposa en Bayreuth.

Richard Wagner, biografia - Marin Gregor-Dellin. Alianza Música

Richard Wagner, biografia – Marin Gregor-Dellin.
Alianza Música

El papel de Wagner en la historia de la ópera es crucial; se impone conocer los siguientes conceptos: obra de arte total, drama musical, motivo conductor, melodía infinita, cromatismo. El compositor se propuso reformar el género, devolviendo al espectáculo operístico el rigor y las intenciones del drama griego; para ello el el término ópera se quedaba corto, pues el ideal incluye una fusión de todas las artes con el propósito de producir una obra de arte total, distinta a la ópera: el drama musical.

El perfecto wagneriano – George Bernard Shaw. Alianza Música

El perfecto wagneriano – George Bernard Shaw.
Alianza Música

En este nuevo concepto unitario no tiene cabida la división en formas cerradas tradicionales y recitativos; se acabaron las arias y números similares, con sus estructuras predeterminadas y esquemas repetitivos. Su lugar será ocupado por un expresivo canto declamado, que se adaptará al desarrollo musical, la métrica del verso libre y la prosodia de la lengua alemana. La desaparición de formas cerradas conlleva la elaboración de un discurso musical ininterrumpido; la unidad de éste se obtiene gracias al motivo conducto, elemento cohesionador y de potente valor dramático. Esta forma de construir el flujo musical, de tejerlo según las necesidades del momento dramático, produce una melodía inacabable, infinita, que no puede verse sujeta a un uso tradicional de la armonía; añádase que la óptima expresividad de este sistema exige un tratamiento armónico libre y ajustado a cada caso. Así llegamos al último aspecto de la revolución musical wagneriana: el cromatismo, es decir, la disolución parcial de la jerarquía armónica, con la frecuente pérdida de un centro tonal claro en el desarrollo del período musical.

Ensayo sobre Wagner - Theodor Adorno. Akal Música

Ensayo sobre Wagner – Theodor Adorno.
Akal Música

Lo expuesto es una concisa síntesis de la teoría; en ocasiones Wagner logró llevarla a la práctica con todo rigor, en otras encontró razones de diverso tipo para aplicar sus preceptos con flexibilidad. El resultado es una de las obras más fascinantes, influyentes y trascendentales en la historia de la música.

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Marbot Ediciones es una nueva editorial que está trabajando con gran acierto. Consagrada al ensayo en todas las áreas humanísticas (en sus colecciones “Ensayo” y “Clásicos”), desde la filosofía, la teoría de las artes, la estética, el pensamiento político, la psicología, la sociología, la antropología, la historia y la divulgación científica. La editorial integra además una tercera colección (“Tierra de nadie”) de textos fronterizos, a caballo entre la ficción y la reflexión que merece la pena explorar.

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Mi Nueva York de Brendan Behan (Marbot ediciones / 186 págs.):

«Ingenioso monólogo, el libro de Brendan Behan es un soliloquio tan emotivo como humorístico sobre la ciudad de Nueva York.» Enrique Vila-Matas, Babelia

Brendan Behan deja bien clara desde el principio su parcialidad hacia el objeto de sus comentarios y divagaciones: «Nueva York es la mejor ciudad del mundo, por un lado y por el otro y por cualquier lado: de espalda, de cara  y de perfil». Y sin embargo un examen más detallado de los diversos perfiles de la ciudad de sus sueños se convierte para Behan en una ocasión para reírse a propósito de prácticamente todo lo que ha visto o le han contado de ella: ya esté hablando de los taxistas o de los banqueros, de los irlandeses, los judíos o los camareros, del precio de los abrigos o de la calidad de la cerveza, Behan tiene siempre una anécdota propia o ajena para dar forma a su personalísimo recorrido por la ciudad, o para dar color a sus frecuentes escapadas a temas de la más rigurosa universalidad. Libro de viajes, monólogo humorístico o como se le quiera llamar, el libro de Behan es una aproximación literaria y poco convencional a una de las ciudades más fascinantes del mundo.

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Brendan Behan (1923-1964) fue un destacado poeta, novelista y dramaturgo irlandés. Sus vinculaciones juveniles con el IRA le llevaron a la cárcel, una experiencia que recogió en su novela autobiográfica Borstal Boy (1958). Behan lanzó también una mirada crítica sobre sus propios ex-compañeros republicanos en su obra teatral en irlandés The Hostage (1957). Además del reconocimiento literario, se ganó cierta fama como personaje singular y heterodoxo, en ocasiones provocador, fama que tenía algo que ver con su afición por la bebida (él mismo se definía como «un alcohólico con problemas de escritura»), que terminaría con su vida a una edad muy temprana.

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Naufragios de Akira Yoshimura (Marbot Ediciones / 190 págs.):

“Un terrible y poético relato” Xènia Bussé. Diari de Tarragona

En una remota y miserable aldea japonesa, aislada del mundo por el mar y las montañas, un padre debe venderse como esclavo durante tres años para alimentar a su familia. Deja entretanto sus responsabilidades a su hijo Isaku, obligado por las circunstancias a aprender deprisa los secretos de la vida adulta. Pronto descubrirá que estos secretos van mucho más allá de las artes de la pesca, sobre todo cuando sus mayores, en un tono a la vez terrible y esperanzado, dejan escapar las palabras O-fune-sama. Detrás de ellas se esconde la fuente de todas las fortunas del pueblo. Pero no hay fortuna sin retribución.

Una de las obras maestras de la novela histórica japonesa.

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Akira Yoshimura (1927-2006), novelista y ensayista japonés autor de una extensa obra que le valió el reconocimiento continuado del público y la crítica. Sus novelas han sido traducidas a las principales lenguas internacionales; en castellano se ha publicado recientemente Libertad bajo palabra (Emecé 2002).

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Sobre el agua de Guy de Maupassant (Marbot ediciones / 182 págs.):

«Toda la obra de Maupassant rebosa de agua, de ríos, de estanques, de mar; toda su obra está llena de juegos y de tragedias acuáticas» Alberto Savinio

Existen pocos grandes libros consagrados a la navegación de placer. Sobre el agua (1888) relata un crucero de Maupassant por la Costa Azul del Mediterráneo, desde Cannes hasta Saint-Raphaël, a bordo de su yate, bautizado con el mismo mote, Bel-Ami, que el protagonista de su inolvidable novela. Pero además de un relato de viajes, este libro es toda una confesión: Maupassant nos habla de la vida literaria, de sus tormentos íntimos, de la sociedad, de las mujeres, de la ebriedad, de la enfermedad, de la tarea de escribir, de la soledad. Y así, el lector se ve transportado no sólo a los lugares a los que el escritor viajó, desde las elegantes calles de Cannes transitadas por príncipes caídos, hasta las solitarias playas de Agay, sino también arrastrado a sus pensamientos y cavilaciones.
«Me piden» reconoce el autor «que publique estas páginas sin continuidad, sin composición, sin arte,… que se interrumpen bruscamente, sin motivo, tan solo porque un golpe de viento ha puesto fin a mi viaje. Cedo a este deseo. Tal vez me equivoco.»

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La vida errante de Guy de Maupassant (Marbot ediciones / 270 págs.):

«Me fui de París e incluso de Francia porque la torre Eiffel terminó fastidiándome mucho», declara Maupassant al comienzo del libro. Abrumado por las multitudes que acuden a París con ocasión de la exposición universal de 1889, el escritor francés decide huir a lugares más tranquilos. El viaje le lleva en primer lugar hasta Italia, por mar, en busca de arquitecturas más viejas. Su recorrido en velero por la costa italiana nos deja magníficas estampas de Génova, Florencia, Pisa o Nápoles, además de muchos otros rincones descritos con una mirada irremediablemente personal.
A Sicilia dedica Maupassant una etapa especial del viaje y la mayor parte de su diario. Parece que le guía sobre todo la voluntad de desmentir los tópicos de su tiempo sobre la isla: «Los franceses están convencidos de que Sicilia es una región salvaje, difícil e incluso peligrosa. De vez en cuando un viajero, que pasa por ser un temerario, se aventura hasta Palermo y vuelve afirmando que es una ciudad muy interesante. Y eso es todo.»
La última etapa del viaje de Maupassant le obliga a embarcarse en otro mar, esta vez de arena: su recorrido africano comienza en Túnez y se adentra en el desierto hasta Kairuán.

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Guy de Maupassant (1850-1893) fue un destacado escritor y cuentista del siglo XIX. Su obra se compone de algunas novelas, la más conocida de ellas Bel-Ami (1885), y de un buen número de cuentos célebres como Bola de Sebo, El Horla, La belleza inútil, La señorita Fifi, etc. La vida errante es la tercera y última entrega de su serie de crónicas de viaje.

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En ruta de Jack London (Marbot ediciones / 336 págs.):

“En ruta confirmó a London como mito, desde luego, y gratificó una vez más esa sed estadounidense de viaje, carretera y libertad.” Fernando Casatnedo, Babelia.

En «Cómo me hice socialista», Jack London nos cuenta cómo los grandes espacios y las oportunidades aparentemente inagotables del oeste americano lo convirtieron durante años en un individualista impenitente, fiel a una ética del trabajo que no conocía más culpa que la debilidad. Pero en su posterior viaje a la costa este se dio cuenta de que los trabajos manuales y de baja cualificación —los mismos que había realizado él hasta entonces— constituían una trampa de la que no había salida y cuyo único horizonte era una vejez prematura y miserable. El regreso del autor a la costa oeste después de esta experiencia ocupa el conjunto de relatos autobiográficos titulado En ruta, el recorrido en tren por los Estados Unidos de un London reducido a la mendicidad, que recurre a toda clase de ardides para obtener la comida del día o para colarse y viajar de polizón en el primer tren que le permita proseguir su viaje.

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Jack London (1876-1916, San Francisco) fue autodidacta. Tras realizar toda clase de trabajos, fue a Klondike durante la fiebre del oro y padeció el escorbuto, que le dejó secuelas para toda la vida. Siempre consideró la literatura como un medio para ganarse la vida y para salir de la trampa de los trabajos más duros a los que parecía condenarle su modesto origen. Sus historias basadas en sus experiencias en Alaska, sobre todo La llamada de la naturaleza, le proporcionaron importantes ingresos y lo convirtieron en uno de los autores de moda. En sus últimos años trató infructuosamente de sacar adelante un rancho en California. Su muerte, como tantos otros elementos de su biografía, estuvo rodeada de misterio y de escándalo.

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Semmelweiss de Louis-Ferdinand Céline (Marbot ediciones / 128 págs.):

«Supongamos que hoy aparece otro inocente que se pone a curar el cáncer. ¡El pobre no puede imaginar el tipo de música que le harían bailar en seguida! ¡Sería fenomenal! ¡Ah, qué duplique su prudencia! ¡Ah, más vale que esté prevenido! ¡Qué se ande con muchísimo cuidado! ¡Ah, más le hubiera valido alistarse de inmediato en la Legión Extranjera! Todo se expía, tanto el bien como el mal se pagan, tarde o temprano. Naturalmente, el bien es mucho más caro.»

Relato de la trágica vida de Semmelweiss, médico del siglo XIX que descubrió la asepsia. Lejos de ser acogido con entusiasmo, el descubrimiento fue rechazado por la comunidad científica y destrozó por entero la vida de su autor (además de llevar a innumerables víctimas al cementerio). Un libro original dentro de la obra de Céline, a medio camino entre el ensayo, la biografía y la ficción abierta, en el que descubrimos la sinceridad y profundidad de la vocación médica del propio Céline, además de reencontrar su fuerza plástica y verbal de siempre.

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Louis-Ferdinand Céline (1894-1961, Courbevoie, Francia) combatió en la I Guerra Mundial, tras lo cual desempeñó cargos diplomáticos que le permitieron viajar a Estados Unidos, Cuba, Canadá, Nigeria o Senegal. En 1924 se graduó en medicina, profesión que ejercía cuando publicó en 1931 su primera y más célebre novela, Viaje al fin de la noche. Al terminar la II Guerra  Mundial huyó a Dinamarca para eludir la condena del gobierno francés por colaboracionismo, y después a Alemania. En 1951 regresó a Francia donde residió los diez últimos años de su vida.

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Correspondencia entre George sand y Gustave Flaubert (Marbot ediciones / 284 págs.):

«Éste es uno de los libros más bellos que conozco. Y muy posiblemente la correspondencia más bella que he leído nunca.”

»Las cartas que se intercambiaron George Sand y Gustave Flaubert no se dirigen más que a ellos dos: constituyen […] una verdadera correspondencia, con todos los riesgos que ello supone, las interrupciones, las reanudaciones, los relatos, las confidencias, los sobreentendidos, los guiños, las discusiones, los conflictos tal vez, y sobre todo, entre dos escritores de valor desigual y de ideologías opuestas, esa mezcla tan rara de afecto y admiración, de complicidad y de asombro, de generosidad y de humor, de ternura y de lucidez.»

André Comte-Sponville, del Prólogo.

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George Sand (1804-1876), seudónimo literario de Amandine Aurore Lucile Dupin, baronesa Dudevant. Fue la primera mujer novelista francesa que consiguió labrarse una reputación considerable como escritora, aunque tuviera que ser ocultándose bajo un seudónimo masculino. Sand fue una mujer libre a la que algunas de sus costumbres (como preferir la indumentaria masculina) y sus aventuras amorosas con artistas de la época (Muset, Chopin,…) le valieron la reputación de libertina.

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Gustave Flaubert (1821-1880), novelista francés, sin duda uno de los mayores de todos los tiempos a pesar de no ser especialmente prolífico. Cada una de sus obras debía ser un proyecto literario autónomo y cerrado en sí mismo. Sus títulos más destacados son: Madame Bovary (1857), Salammbô (1862), L’Éducation sentimentale (1869), Bouvard et Pécuchet (inacabada, 1881).

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La lectura de los libros de Mono Azul te dibuja nuevamente, te abre una mirada insólita sobre la realidad. Autores clásicos conocidos y otros no tanto, pero necesarios todos. Autores nuevos que abren los telones de lo real. Narrativa, poesía y ensayo que tapan el ruido ambiente y te desnudan el criterio para armarte los ojos y destaparte quiza el corazón con un balazo de tinta.

Mono Azul editora es una editorial apache, resistente, y con razones sobradas para pelear por la literatura, por un mundo donde la palabra tenga sentido y sentidos, y contra este ocio triste que en nada ayuda a la alegría de pensar y reinventar lo que vemos.

A continuación destacamos alguno de los títulos de esta salvaje editorial que podrá encontrar en nuestras librerías:

Gerónimo (1829-1909). Fue el último gran jefe de los chiricahuas. En 1874 asume el mando de la tribu apache deportada a la reserva de Fort Sill, en Arizona. En 1880 inicia el hostigamiento de las fuerzas del general George F. Crook, para tratar de mantener su territorio. Fue detenido en 1884, pero se fuga y sigue resistiendo durante unos años hasta que agotado y sin recursos se entrega voluntariamente al general Miles. Su única condición era la de volver a Arizona. Pero el pacto se rompe, es considerado un criminal y pasa varios años haciendo trabajos forzados.
En 1894 se instala en Oklahoma, se hace agricultor, vende sus fotografías, se convierte en una atracción de feria y dicta las memorias de este libro.

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Soy Apache, Gerónimo (Mono Azul Editora / 264 págs.):

Poco antes de morir, anciano y recluído en la reserva de Fort Sill, Oklahoma, lejos de su Arizona natal, sabe que el Gobierno norteamericano no tiene la menor intención de cumplir sus promesas y que su mundo está condenado a desaparecer.

Gerónimo accede a dictar sus memorias al inspector escolar S. M. Barrett. Se sabe el último eslabón de una estirpe de hombres libres, el otrora poderoso Pueblo del Águila. Quiere dar al mundo su propia versión, íntima y apasionada, de lo que significó, y a la postre costó, ser Apache. Esta relación fue, en realidad, su última Danza Guerrera: palabras como flechas para encarar las mentiras que el hombre blanco había decidido instaurar en la historia oficial a modo de cabelleras, así como para sustraerse de esos otros terribles avatares del olvido, esas otras mordazas que son el museo y la leyenda. Cien años después de su muerte, sus palabras sencillas y cargadas de esperanza continúan vibrando en nuestros oídos con un tam tam de anhelo y plenitud. Su voz es la misma que hoy resuena en la de todos aquellos que, en un mundo cada vez más homogéneo y complaciente, siguen abogando por la autodeterminación, la lucha y la resistencia.

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Fernando Pessoa nació en la gran Lisboa en 1888. Pasó su infancia y juventud en Durban, Sudáfrica. Allí estudió derecho en la Universidad de El Cabo. Volvió a Lisboa en 1905.
Comenzó a escribir en inglés pero pronto paso al portugués, aunque se tradujo siempre él mismo de una lengua a otra.
Ricardo Reis y Alvaro de Campos, entre otros, son heterónimos con los que firmó gran parte de su obra, y que dotaron a su escritura de una diversidad tonal única. Cada uno de ellos poseía una vida y una poética, y todos eran en conjunto Pessoa, o no.
La mayor parte de sus libros se publicaron tras su muerte un 30 de Noviembre del año 1935. Sus restos reposan en el Cementerio de los Placeres de Lisboa.

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El Banquero anarquista y la tiranía, Fernando Pessoa (Mono Azul Editora / 128 págs,);

El banquero anarquista atrae por el carácter de sátira que contiene. En él se desata el humor como la puesta en evidencia de la literalidad. Las cosas desnudas, sin cáscara ni máscara, mueven a la risa. Porque la risa ablanda la desnudez cruda de las cosas. Y esta sonrisa irónica y finalmente mordaz que nos llega inmersos en la lectura de este libro, analiza un mundo gobernado por dos convenciones gigantescas: la política y la economía, y mediante un diálogo casi platónico, revela el hueso limpio de carne de estas dos bases del sistema de cualquier sociedad actual. La economía se jacta de haberse apropiado totalmente de uno de los sueños más puros que haya creado nunca la ideología. Hace suyo el vestido del anarquismo y lo razona hasta desasirlo de su carácter ideológico. El banquero naturaliza la economía y la convierte en algo inevitable. Y no sólo eso, aprisiona en su celda lógica a la ideología y a la política que así se quedan sin respiraderos para influir en la sociedad. Pero cuando el dinero y la economía destruyen mediante un discurso lógico los razonamientos ideológicos, el mono se ríe encima de la rama y vuelve a la selva.

El Banquero Anarquista

 

Benjamín Franklin, Boston 1706, Filadelfia 1790. Impresor, escritor, poeta, científico, inventor y filósofo. Decimoquinto hermano de un total de diecisiete. Autor del almanque conocido como Pobre Richard, muy popular a mediados del Siglo XVIII. Introdujo el papel moneda en las colonias americanas. Hombre renacentista, de personalidad inquieta y de una curiosidad abrumadora. Creó el primer servicio general de Correos de América, y la primera Biblioteca con servicio de préstamo de libros, origen de otras muchas. Ayudó a crear una Academia que se convirtió con el tiempo en La Universidad de Pennsylvania. Realizó y rediseñó varios inventos, una estufa, el pararrayos, un tipo de farolas de exterior, y dejó la puerta abierta a multitud de experimentos que con el tiempo derivarían en nuevos progresos. Se convirtió en uno de los redactores de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos.

En su epitafio escrito a los veinte años, mucho antes de morir, dice entre otras cosas que volverá para presentarnos una nueva edición de su obra corregida y mejorada por él mismo.

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Autobiografía, Benjamin Franklin (Mono Azul Editora / 238 págs,):

 Aquí yace el cuerpo de B. Franklin, Impresor. Como las tapas de un libro viejo, su contenido arrancado y despojado de sus títulos y adornos. Pero la obra no se perderá; pues como creyó él mismo, aparecerá de nuevo en una edición nueva y más elegante, corregida y mejorada por el Autor.
Hace 300 años que nació Benjamín Franklin y su Autobiografía mantiene el vigor, la fina ironía y la capacidad de descubrimiento que la hicieron famosa en el Siglo XVIII y en años siguientes. Escrita con una soltura desconcertante y una agilidad rabiosa propias de la actualidad, este clásico de la literatura norteamericana fue escrito originalmente para William, su hijo. A él se dirige Franklin para exponerle de una manera clara y pedagógica los momentos reveladores de su vida y para que su memoria quede expuesta al escaparate de los siglos. Franklin fue un hombre generoso y concienzudo que se empleó en múltiples tareas y variopintas disciplinas, y de todas ellas extrajo una soberana lección. Podemos recordar ese epitafio escrito líneas arriba: Aquí yace el cuerpo de B. Franklin, y con él descubrir que ésta puede ser una edición de verdad nueva, elegante, corregida y mejorada por el hombre que “quitó el rayo a los cielos y el cetro a los reyes“.

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Ralph W. Emerson nació en Bostón en 1803. Se licenció en Harvard, y fue profesor en su ciudad natal.
En 1829 fue ordenado pastor, cargo que abandonó en 1832 año en que inicia una gira por Europa. En Inglaterra se codea con Coleridge, William Wordsworth y Thomas Carlyle.
Vuelve a su país y se establece en Concord. Entra a dar clases en la Universidad de Boston. Se dedica a escribir discursos y a dar conferencias. Publicó libros de poemas y libros de diarios y viajes.
Es uno de los autores del trascendentalismo americano más reconocidos y queridos ya no solo por autores de su país sino por autores de todo el mundo. Fallece en Concord el 27 de Abril de 1882.

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Platón, Ralph W. Emerson (Mono Azul Editora / 108 págs):

Que a uno de los más grandes filósofos de la antigüedad lo revise Emerson hace de este libro un diálogo fértil que atraviesa como un cometa la noche cerrada de los tiempos. Emerson se convierte en el renacedor de Platón. Se hace hermano en saber y nos descubre con sinceridad las entretelas de su maestro en un taller en el que la pintura que gobierna la sala principal es la de la Naturaleza pura.
Y a Emerson nos lo acerca José Martí, el libertador humilde, el valenciano tropical, el devorador de libros y el esteta puro. Como lectores estamos en el centro de la telaraña que trenzan estos espejos que se miran entre sí.
De Martí a Emerson con destino Platón. Dos paradas de metro para llegar a la idea pura que ha construido casi toda la cultura que nos viste hoy, y que a veces, como en esta ocasión, nos puede desnudar también.
Pero con un libro como éste, el pensamiento no se queda frío.

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Nathaniel Hawthorne (1804-1864). Junto a Emerson, Thoreau, Melville y Whitman, forma parte del denominado Renacimiento Americano. Entre sus antepasados se encontraba uno de los que presidieron las ejecuciones de las veinte mujeres condenadas por brujería en Salem. A causa de aquello, una de las acusadas lanzó una maldición sobre los Hawthorne y el joven Nathaniel siempre vivió bajo el influjo de aquel estigma. Niño debil y accidentado, pasó la mayor parte de su vida encerrado en la gran mansión familiar, rodeado de mujeres, leyendo y escribiendo sin descanso. En la historia y las tradiciones de Nueva Inglaterra encontró la inspiración para sus más grandes obras: Fanshawe (1828), Twice Told Tales (1837), La Casa de los Siete Tejados (1851), La Letra Escarlata (1851), The Blithedale Romance (1852).

Melville, vecino y admirador, le dedicó su obra maestra, Moby Dick: “…como prueba de mi admiracion por su genio”.

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El sillón del abuelo, Nathaniel Hawthorne (Mono Azul Editora / 288 págs,):

¿Quién se iba a imaginar la cantidad de historias y de Historia, de impagables lecciones, que poseía aquel viejo sillón tras su insulsa apariencia? No, desde luego, ellos: Laurence, Clara, Charley y la pequeña Alice, devorando despreocupadamente los atardeceres de su arrebatadora infancia, corriendo de aquí para allá en el jardín de sus sueños, mientras el Abuelo dormitaba, como siempre, apoyado en su ostentoso respaldo, bajo el rugido poderoso del león tallado sobre su cabeza, con la mitad de su alma en los lejanos e irrecuperables días del pasado y la otra mitad alerta y al cuidado de las más ligeras variaciones en los juegos de sus queridos niños, puro y alocado presente, junto a los que brincaba, lleno de promesas, la esperanza de todo lo venidero… Tras el sillón se encontraba la historia de un roble, la del hombre que lo derribó para hacer de él un mueble confortable y la de todos aquellos que se sentaron en él a lo largo de la Historia de aquel gran sueño que fue América desde el primer desembarco. A bordo del sillón, poniendo a prueba sus poderosas junturas, se ocultaban viajes, soledades, largas noches en vela aguardando amantes, ideas, versos, revoluciones… vapuleos, matanzas, sueños e ilusiones…

“El Abuelo se quedó impresionado ante la idea de Laurence de que el histórico sillón pudiera poseer una voz propia y verter a través de ella la sabiduría acumulada de dos siglos”.

El sillón del Abuelo

 

Herman Melville, (1819-1901). Trabajó como oficinista y en labores agrícolas después de recibir su educación en las escuelas públicas de Nueva York, donde nació. Antes de cumplir los veinte años se enroló como marinero, “Mi Harvard y mi Yale fueron el mar y las olas”. Fue maestro en una escuela para volver al mar como ballenero. Viajó por los mares del sur y vivió con los caníbales. De estos viajes surgieron las novelas: Typee, Omoo, Redburn. Chaqueta Blanca, Mardí y Moby Dick. Tuvo cuatro hijos. Perdió a dos de ellos, el mayor se suicidó en un apartamento inmundo de Nueva York y el segundo varón perdió la vida en California, a causa de una enfermedad venérea. Los últimos años de su vida los pasó en el más absoluto anonimato. A esta época pertenecen Israel Potter, Bartleby, Billy Bud y Benito Cereno. Pocos autores acarician el tuétano del alma humana como lo hace este genial escritor.

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Israel Potter, Herman Melville. (Mono Azul editora / 280 págs.):
Llamadle Ismael, llamadle Bartleby o llamadle Israel Potter. Todos ellos son personajes, heterónimos de Herman Melville, uno de los monstruos literarios del siglo XIX, padre de Moby Dick y de aquel Bartleby famoso por su enigmático Preferiría no hacerlo. Israel Potter es la historia de un pobre hombre, luchador por las libertades de los estados americanos que de manera rocambolesca llega a Inglaterra a finales del XVIII. Allí conoce a un aristócrata inglés, para el que trabaja, cuida de los jardines del rey Jorge, sirve como espía de Benjamín Franklin, y se enrola a las órdenes de Ethan Allen y del pirata John Paul Jones. Basada en un personaje de la época, esta novela de aventuras, de una comicidad que roza el absurdo, nos coloca al lado de un tipo inerme, quijotesco y que en muchos momentos provoca una lástima enternecedora. Melville escribe Israel Potter en el año 1855, en un momento en el que el éxito obtenido gracias a sus “narraciones marítimas” ha desaparecido en la niebla de la ballena blanca de su vida. Israel Potter es una de las obras más desconocidas del mejor Melville. Es una sátira que deja al aire determinados pilares sagrados de la nación norteamericana. En libros como este, donde la aventura es tan real y palpable como su descripción, se esconde la amarga tristeza del hecho de vivir, tan auténtica que nos provoca risa. Potter es todo un precursor de los libros de Kafka y del gran Albert Camus.

“—Esto no puede ser, señor —dijo ahora el oficial—. Usted ve que no puede ser. ¿Quiés es usted?

—Un pobre tipo perseguido a su servicio, señor.

—¿Quién le persigue?—Todo el mundo, señor. Todos parecen estar en contra mía, ninguno de ellos desea recordarme.”

Israel Potter

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En esta entrada vamos a presentar a una variopinta gama de gastrónomos y cocineros que nos deleitan con sus ensayos sobre cocina o con sus exquisitos recetarios. Son libros que no deberían faltar en la biblioteca de ningún buen amante de la buena mesa. Buen provecho.

 

Santi Santamaria (Sant Celoni, 1957 – Singapur, 2011):

El cocinero del restaurante Can Fabes, Santi Santamaria, que suma siete estrellas entre los cinco restaurante en los que ha trabajado, fue también el primer cocinero catalán de España en conseguir tres.

Nacido el 26 de julio de 1957 en Sant Celoni, fundó allí en 1981, junto a su esposa Àngels, su restaurante más laureado, Can Fabes: en 1988 obtuvo la primera estrella Michelin; en 1990, la segunda, y en 1994, la tercera.

Además, era propietario y colaboraba con otros cuatro restaurantes: el Santceloni en Madrid -con dos estrellas Michelin-; el barcelonés Evo en el hotel Hespera Tower -con una-; el Tierra en el Valdepalacios Hotel Gourmand -con una también-, y el Ossiano, que abrió en 2008 y ubicado en el Atlantis the Palm, en la costa de Dubai.

Fue admitido como miembro del Relaix & Chateaux en calidad de Relais Gourmand durante el congreso mundial que la asociación celebró en Quebec, e ingresó posteriormente en el reducido club de Traditions & Qualité, Les Grandes Tables du Monde.

También ha escrito diversos libros, el primero de los cuales en 1999 cuando salió a la venta ‘La cocina de Santi Santamaría, la ética del gusto’, que recibió numerosos premios gastronómicos.

En el año 2000, la Guía Michelin de España y Portugal consideró Can Fabes como el mejor restaurante de España, tras renovarle la tercera estrella y calificarlo con cuatro tenedores rojos.

Fiel al buenhacer de la cocina tradicional bien hecha sus opiniones contra el uso de gran número de aditivos suscitó una agria polémica con otro de los cocineros catalanes más reconocidos internacionalmente, Ferran Adrià, propietario de El Bulli.

Santamaría criticó la apuesta culinaria de algunos chefs que “llenan sus platos de gelificantes y emulsionantes de laboratorio”, dejando claras sus diferencias con Adrià y su cocina ‘molecular’.

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Una reivindicación del buen comer. Santi Santamaria. (Akal / 256 págs.):

Con la presente obra Santi Santamaria deseaba mostrar a sus lectores cuál era la cocina que le había llevado a convertirse en el gran chef que era: la cocina de sus recuerdos, que enriqueció con sus viajes y experiencias. Para ello propuso una selección de las recetas que estimaba más representativas, acompañada de sus reflexiones acerca de la forma que él tenía de entender la gastronomía. Quería demostrar que la cocina de toda la vida podía renovarse sin perder su esencia, tan sólo dedicándole tiempo, escogiendo productos de calidad y una buena receta; y, asimismo, ayudar a descubrir que las decisiones sobre lo que comemos son relevantes.
Una reivindicación del buen comer nos demuestra que, en estos momentos de rápidos cambios en nuestras costumbres, la cocina todavía puede ser un arte alegre y placentero que, en palabras de Santi Santamaria, «no sólo tiene que alimentar de forma equilibrada el cuerpo, sino que debería contribuir a armonizar el saber y el ser de las personas».

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Néstor Luján (Mataró, 1922 – Barcelona, 1995):

El periodista y escritor Néstor Luján nació el 1 de marzo de 1922 en Mataró. En 1943 se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona y en 1952 obtuvo el título de periodista.

Publicó su primer artículo en la revista literaria Alerta y en 1943 inició su colaboración en la revista Destino, publicación en la que trabajó durante más de 30 años, y que acabó dirigiendo desde 1958 a 1975. También fue director de Historia y Vida entre 1975 y 1992.

Novelista, gastrónomo – premio nacional de gastronomía– , aficionado a la tauromaquia, tauromaquia y escritor de curiosidad oceánica y saber enciclopédico sus más de 20.000 artículos periodísticos abordan un amplio abanico de temas y siguen cautivando a incontables lectores.  Sirve como ejemplo la concesión del premio periodístico Álvaro Cunqueiro por su reflexión sobre la rosa y la eclosión de la primavera, publicada en nuestras páginas.

A los 64 años debuta como novelista con la obra entre policíaca e histórica Decidnos quien mató al conde con la que gana el Premio Internacional Plaza & Janés, de la que La Vanguardia publicó un capítulo.

En diciembre de 1995, pocos días antes de su muerte, obtuvo el Premi Sant Jordi por la novela Els fantasmes del Trianon de trasfondo histórico. El escritor, convaleciente de una intervención quirúrgica, ya comentó entonces que este iba a ser un premio póstumo.

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Carnet de ruta. Las recetas de Pickwick. Néstor Luján (Tusquets / 328 págs.):

Al igual que Samuel Pickwick, el inmortal personaje de Dickens, Néstor Luján fue un «viajero jocundo, alegre compañero, débil ante las tentaciones de la buena mesa y no menos frágil ante las solicitaciones del invisible espíritu del vino». Él también amó el viaje por el viaje. Cual explorador de incorruptible curiosidad, describe en Carnet de ruta sus aventuras por las cocinas de este mundo, en las que no faltan las incursiones literarias, los reiterados asaltos de la Historia, el alegre abordaje a otras culturas, las expediciones galantes y, ante todo, el gozoso deleite de descubrir y revelar refinadas tradiciones culinarias de civilizaciones cercanas o lejanas.

En 1963, Néstor Luján inició en la revista Destino una sección semanal que llevó el nombre de Carnet de ruta y en la que se reservó un espacio dedicado a la gastronomía. Es innegable su calidad de pionero, en España, en semejante terreno, por aquel entonces desdeñado. En 1969 y 1970, Joan Perucho recogió estos artículos en dos tomos, hoy innecontrables, y los publicó en la desaparecida colección «La estética del gusto» de Ediciones Taber. Y, como el tiempo no marchita la obra de los maestros, restituirlos en su mayoría al lector de hoy, tras concisos retoques y precisiones que hizo el autor, constituye no sólo un placer, sino, nos parece, una ineludible obligación, particularmente en una colección como ésta y en un época en que el alegre saber se convierte en imperiosa necesidad.

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Viaje a Francia.Rutas literarias y gastronómicas de una vajero singular. Néstor Luján (Tusquets / 248 págs.):

Viajero impenitente por multitud de parajes reales –o no tanto–, Néstor Luján nos regaló hace años estas espléndidas crónicas misceláneas acerca de la cocina y la cultura de uno de los países que mejor conocía y más amaba: Francia. Porque, más que un país o una geografía, Francia era para Luján un auténtico paisaje del alma y, gracias a él, también lo es para sus agradecidos lectores. En estos ociosos y a menudo melancólicos vagabundeos por tierras de Aquitania y Borgoña, por los valles del Loira y las regiones de la Champaña, Lorena, Alsacia o Provenza, nunca falta, además de la minuciosa descripción de los platos, recetas, vinos o especialidades gastronómicas, la precisión geográfica, el retrato histórico o la cita literaria.

Maestro en el difícil género de la literatura viajera y gastronómica, Luján sabe reunir en una misma página alguna curiosa particularidad culinaria con una evocación cultural de altos vuelos, o la amena digresión sobre el paisaje otoñal con la visita comentada a algún secreto museo.

Es un auténtico placer para el editor rescatar ahora este hermoso texto, sin duda uno de los títulos de más grata lectura escritos por Néstor Luján. «La única justificación de este libro», escribía el genial gastrónomo en el prólogo, «es que a su autor, que se divirtió mucho viajando y escribiendo estos reportajes, le agradaría hacer partícipe al lector de esta honesta diversión, en la medida de sus frágiles pero bien intencionadas fuerzas.»

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El libro de la cocina española. Néstor Luján y Juan Perucho (Tusquets / 328 págs.):

Con un prólogo de Manuel Vázquez Montalbán escrito especialmente para esta edición, Tusquets Editores rescata para su catálogo El libro de la cocina española, un texto que ya era inencontrable y que los aficionados a la gastronomía saludarán alborozados. Y no sólo ellos, pues, mucho más que un simple recetario, este libro es también un amenísimo viaje a través de la cultura, las tradiciones y la literatura relacionada con el beber y el comer en España.

Convencidos de que la cocina es un reflejo de la historia de los pueblos, Néstor Luján y Juan Perucho se lanzaron a un festivo peregrinaje por las cocinas y figones de nuestro país, y los fogones de particulares y amigos, sin olvidar los restaurantes de lujo; el objetivo era salvar del olvido viejas recetas y dar a conocer los secretos de la elaboración de los mejores y más típicos platos de cada comarca. Pocos tratados gastronómicos pueden presumir como éste de una voluntad tan totalizadora: desde la riqueza del marisco gallego o vasco hasta las infinitas variaciones que puede adquirir el humilde cocido en las dos Castillas o en Cataluña; desde las deliciosas sopas de las Baleares a la liturgia de la paella valenciana, o desde los sobrios platos extremeños hasta los sutiles aceites andaluces. Además de un ameno viaje geográfico, este libro es un espléndido compendio de saberes donde también caben la anécdota sobre el nombre de un plato o su forma de preparación, un tratado completo sobre la historia y evolución del gusto o una divertida disquisición sobre la etiqueta en la mesa.

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Maurice Edmond Saillant (Angers, 1872 – París, 1956) conocido como Curnonsky “Príncipe de los gastónomos”:

Esta es la historia de Maurice Edmond Saillant (Angers, 1872 – París, 1956). Su madre murió en el parto y su padre lo abandonó, así que se hizo cargo de él su abuela. Ésta, sería la encargada de aficionarle a lo que años más tarde serían sus dos pasiones: la cocina casera y la lectura. Se matriculó en Literatura en la Sorbona pero no era lo que él esperaba, se aburría tanto que lo dejó y comenzó a trabajar como negro (hace trabajos anónimamente en provecho y lucimiento de otro que pone la firma). En 1921, comenzó a escribir, y firmar, sus propios escritos sobre cocina… la que su abuela le había enseñado. Como no tenía un nombre en el mundo literario, prefirió escribir bajo un seudónimo… ¿Pero cuál? Alguien le dijo ¿por qué no sky? y él, como buen latinista, dijo Cur non sky? (¿Por qué no sky?) y de ahí Curnonsky. Junto al periodista Marcel Rouff publicaron Francia La Gastronomique: Merveilles Culinaires et des bonnes auberges françaises (La Francia Gastronómica), una guía dividida en 28 capítulos en la que defendían la cocina casera tradicional y se relacionaban los mejores restaurantes de Francia donde se elaboraba ese tipo de cocina. (una especie de Guía Michelín). Por sus trabajos, en 1927 se le nombró Príncipe de los Gastrónomos.

Se convirtió en un defensor a ultranza de la comida casera, elaborada con productos locales, frente a la cocina sofisticada (esa que hoy llaman Nouvelle Cuisine y que después de pagar 100 euros por barba tienes que recenar en casa). En 1930, fundó Academia de los Gastrónomos y los restaurantes comenzaron a competir para contar con su presencia y su crítica. Lógicamente, era invitado a todas celebraciones importantes de París que iban acompañadas de banquete. Cuando cumplió 80 años, 80 restaurantes de París le obsequiaron con una mesa reservada para él a perpetuidad y en cada una de esas mesas había una placa en la que podía leerse:  Reservada a Maurice Edmond Saillant Curnonsky, príncipe electo de los gastrónomos, defensor de la cocina francesa e invitado de honor de este establecimiento. Su muerte tiene su historia propia: por problemas de salud fue sometido a un estricto régimen a base de leche y galletas, Curnonsky no pudo soportarlo y en 1956 se tiró por la ventana de su casa.

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Recuerdos gastronómicos. Curnonsky. (Parsifal ediciones / 132 págs.):

Aún no es una reliquia de la literatura gastronómica porque le falta la perspectiva que da el paso de los años, pero “Recuerdos Gastronómicos” está destinado a ser uno de los mojones de este tipo de género.

Recuerdos Gastronómicos”, fue editada en 1958, luego de su muerte, y aúna relatos breves acerca de sus experiencias gastronómicas. Narra anécdotas de su infancia, hace una divertida analogía entre los partidos políticos y la gastronomía y cuenta con mucha gracia el día que comió el mejor cassoulet de su vida, lógicamente en Castelnaudary, hecha por una señora cuya preparación le llevó ¡toda una noche!

Entre otras cosas, Curnonsky canta loas al foie gras, cuenta la leyenda de la bouillabaisse, analiza la cocina literaria de Rabelais, autor de Gargantúa y Pantagruel, condena el hábito de fumar en la mesa, rinde culto a Brillat Savarin y festeja el encanto de una mesa bien puesta.

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La cocina sencilla en 300 recetas. Curnonsky. (Parsifal ediciones / 132 págs.):

“¿La cocina? Consiste en qeu las cosas tengan el gusto de lo que son. Esta pequeña antología de recetas está enteramente dedicada a esta humilde verdad, fruto de mi prolongada experiencia. Mi intención ha sido ofrecer una selección de recetas muy sencillas, muy fáciles de hacer y económicamente asequibles. Para ello he escogido, entre los innumerables platos que he tenido la suerte de degustar, algunos de los que más me han gustado. Y los he tomado de distintos autores, desde grandes chefs hasta modestas amas de casa.”
La presente obra de Curnonsky, una de las más destacadas de su abundante producción dedicada a la gastronomía y a la cocina, responde a la voluntad de sencillez y simplicidad presentada por su autor en el texto precedente. Efectivamente, Curnonsky, aún siendo el autor de la clasificación de la cocina francesa en cuatro grandes grupos (la alta cocina, la cocina burguesa, la cocina regional y la cocina improvisada), renuncia en el presente libro a esta ordenación y se complace en ofrecer un puñado de recetas de variado origen. Este recetario, epítome de la sabiduría culinaria francesa, abarca, como la propia vida de Curnonsky, desde la belle époque hasta los años posteriores a la segunda guerra mundial. En él están representados desde tratadistas antiguos de los siglos XVII y XVIII hasta grandes figuras de los fogones como EScoffier y Blanchard, además de múltiples paticulares y un “Gourmet anónimo” de gustos sospechosamente parecidos a los del príncipe de los gastrónomos. En resumen, las trescientas recetas de este libro son, por su intencionada simplicidad, una introducción ideal a la práctica cotidiana de la cocina francesa.

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Jamie Oliver (Clavering, 1975):

Nací en mayo del 75 y desde ese mismo momento, ya estaba dentro del negocio de la gastronomía. Mi padre tenía un pub-restaurante llamado The Cricketers, en
Clavering, Essex, que es donde me crié. Siempre me fascinó la cocina. Me parecía un sitio genial, con todo el mundo trabajando en equipo para preparar estupendas
comidas y disfrutando mientras lo hacían.

Cuando tenía unos 8 o 9 años, me empezaron a dejar pelar patatas, sacar guisantes de sus vainas y cosas por el estilo. Para cuando tuve 11, ¡ya cortaba y picaba como un demonio! Muchos de mis compañeros de escuela pensaban que aquello de la cocina era una cosa de niñas.
Nunca me importó, sobre todo porque con lo que ganaba trabajando el fin de semana podía pagarme las zapatillas deportivas que quería.

Cuando cumplí los 16 años, ya sabía que el colegio no era lo mío y que tenía una vocación: ser chef. Fue por eso que me marché a estudiar al Westminster Catering College y también pasé algún tiempo en Francia, aprendiendo todo lo que pude. Algún tiempo después, volví a Londres y comencé a trabajar como chef en la pastelería de Antonio Carluccio en The Neal Street Restaurant. Tuve mucha suerte de trabajar en un restaurante tan renombrado tan pronto en mi carrera y lo aproveché al máximo.

Después del The Neal Street Restaurant, empecé a trabajar para Gray & Ruth Rogers en el River Café durante tres años y medio. ¡Fue una experiencia alucinante! Estas dos mujeres me enseñaron cuánto tiempo y esfuerzo requiere la comida más fresca, honesta y deliciosa.

Fue allí cuando me puse por primera vez frente a una cámara de televisión. Estaban grabando un documental sobre el restaurante y decidieron mostrar a aquel chaval descarado que entendía tanto de cocina y respondía cada pregunta que le hacía el equipo de rodaje. Al día siguiente de la emisión del programa, recibí llamadas de cinco productoras ofreciéndome posibles programas. ¡No me lo podia creer! Y encima, ¡todos mis compañeros me tomaban el pelo al respecto!

El resultado de todo esto fue The Naked Chef (El chef al desnudo) y creo que aquí fue cuando empezó todo. ¡En la actualidad estoy más ocupado que nunca en mi vida! Mi vida en un auténtico torbellino. La única cosa que echo en falta es tener más tiempo para estar con mi familia y mis adorables chicas: Jools, Poppy, Daisy y Petal (mi mujer y mis hijas). Ahora tenemos una casa en el campo para pasar nuestros fines de semana y estoy siempre deseando que llegue el viernes por la noche para hacer las maletas y pasar el fin de semana juntos.

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En casa con Jamie. Jamie Oliver (Del nuevo extremo / 408 págs.):

Tengo auténtico cariño por este libro. Trata de una cocina sencilla y eficaz basada en los grandes sabores que se encuentran a lo largo de todo el año. Cuando comencé a escribirlo no tenía en realidad una idea clara de qué recetas iba a poner, pero hubo algo que sí que fue de una gran inspiración desde el primer momento … ¡mi huerta de verduras! Me he dado cuenta el año pasado de que no siempre hay que buscar la inspiración en el vasto mundo. Puede que se te aparezca

también estando en casa, tranquilo y relajado. Me encanta pasar mi vida en la casa que tengo en el pueblo en el que crecí, trabajando en mi jardín con el auténtico jefe, la Madre Naturaleza, y observando cómo surgen de la tierra mis bellísimas verduras. Entre sus páginas encontrarás unas 100 recetas, además de ciertas informaciones sobre siembra y cultivo y algunos consejos útiles, ¡por si se te ocurre ponerte manos a la obra también!

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La cocina italiana Jamie Oliver. Jamie Oliver (RBA / 320 págs.):

Italia ha inspirado a Jamie Oliver a lo largo de toda su trayectoria profesional. Siempre había tenido la ilusión de viajar por el país con el fin de capturar la esencia de la cocina italiana, y de escribir el mejor y más sencillo libro de cocina posible para el disfrute de todos.
La cocina italiana de Jamie es el resultado de este viaje –un gran resultado–. Con más de 120 nuevas recetas de todo tipo, desde risottos a asados y desde espaguetis a estofados, estructuras como en la carta de una trattoria, La cocina italiana de Jamie lleva al lector por toda Italia para que cocine y aprenda de los verdaderos maestros de la cocina italiana: los lugareños. Este libro se aparta del modelo de recetario lleno de tópicos italianos: es un libro de cocina escrito por el pueblo y para el pueblo. Desde Sicilia a Toscana, incluye a pescadores, panaderos y, por supuesto, mammas que comparten sus recetas y los trucos culinarios transmitidos durante generaciones. Pero Jamie no sólo se ha llevado a casa unos platos que hacen la boca agua, sino también el espíritu que hace de la cocina y de la comida el centro de la vida en cualquier rincón de Italia.
Este libro es a la vez un recetario muy fácil de consultar y un diario de viajes único, rebosante de la calidez y la hospitalidad de personajes familiares que nos transmiten el auténtico sabor del país y de sus gentes.

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Las escapadas de Jamie. Jamie Oliver (RBA / 360 págs.):

Este volumen recoge las versiones más fáciles de los platos clásicos que ha aprendido el cocinero en sus viajes por España, Italia, Suecia, Marruecos, Grecia y Francia. Un recorrido por recetas tradicionales, muchas de ellas con productos mediterráneos, explicadas de forma sencilla y amena.

Cada capítulo cuenta con una introducción del país, en la que el cocinero explica sus escapadas, los ingredientes que se usan en cada país y la forma de cocinarlos.

En el capítulo de España vemos las versiones de la paella, el gazpacho o del pescado a la sal. Me hace bastante gracia la ensalada de tomate y chorizo, que me despierta mucho la curiosidad y que prometo investigarla.

Merece especial atención el apartado de las tapas, cómo Jamie Oliver habla de nuestra rica costumbre, de su historia, demostrando gran respeto y admiración. En este subcapítulo nos ofrece las recetas de las croquetas, albondiguitas y huevos jamón.

De la gastronomía sueca también nos trae su particular visión con recetas tan originales de guisantes partidos amarillos o arenques encurtidos. Con las recetas marroquíes también disfrutaremos con unos peculiares fish and chips o limones en conserva o una versión de la tortilla francesa pero con trufas.

Pero no os penséis que todo son recetas saladas, ya que cada capítulo cuenta con deliciosos postres como las tartas de bayas, el pastel de feta y miel o las tortas de aceite que hoy os he preparado.

Para nadie es desconocido el amor de Jamie por Italia, ya que tiene varios libros sobre esta temática. Nos ofrece unas ingeniosas y ricas recetas como la flor de calabacín rellenas o las sopas minestrones. En este capítulo hay una selección de risottos muy interesantes como el de alcachofas o el tomate y albahaca.

Cabe destacar que el libro en sí ya es un regalo, con un papel de gran calidad y unas fotos preciosas, que son un testigo mudo de este viaje alrededor de la comida.

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Escuela de cocina. Jamie Oliver (RBA / 360 págs.):

Este libro se ha inspirado en toda la gente que he conocido que pensaba que nunca hubieran podido ni querido aprender a cocinar. Para mí, que alguien piense así ha sido siempre como un desafío, porque estoy convencido de que una de las habilidades que cualquier persona que habite en este planeta tiene que dominar es la cocina casera más sencilla, porque es el único modo de poder cuidar de sí mismos, de sus familias y de sus amigos. Por eso he escrito este libro, para animarte a ti (o a la persona para quien lo estés comprando) a aprender a cocinar con la mayor sencillez y lo más rápido posible.

Y lo he hecho reuniendo un buen montón de recetas de los platos que por lo general más nos gustan, y así ofrecerte mis versiones simplificadas de los mismos mediante instrucciones muy claras y el paso a paso en fotos, que te conducirán hacia un mundo nuevo que se desplegará ante ti lleno de la mejor comida. Da lo mismo que seas un principiante negado como un cocinero decente al que le gusta la cocina sencilla, acepta mi ayuda y la de este libro para aprender a cocinar algunos platos deliciosos de verdad y que son los que más le gustan a todo el mundo.

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Simone Ortega (Barcelona, 1919 – Madrid, 2008):

De ascendencia francesa, Simone Ortega nació en Barcelona en mayo de 1919 y a los nueve años se trasladó con su familia a Madrid. desarrolló la  afición a los fogones de su abuela (una excelente cocinera procedente de Borgoña), y que con los años se convertiría en su medio de vida. Con 23 años se casó por vez primera, pero con sólo 25 quedó viuda.  Unos años difíciles en los que Simone trabajó como enfermera, puericultora, incluso llegó a abrir con unas amigas la primera tienda de bricolaje de la ciudad.

Al cumplir los 30, Simone contrajo de nuevo matrimonio con José Ortega Spottorno (cofundador de Alianza editorial e hijo del célebre filósofo José Ortega y Gasset) y fue precisamente éste quien la animó a reunir en un libro todas esas recetas y secretos de cocina que había heredado de su abuela. A ella le pareció una buena idea, algo divertido. Y lo que empezó como una sugerencia  más o menos casual de su marido acabó dando como resultado la publicación en 1972 de uno de los libros más vendidos en España tras El Quijote y La Biblia: el recetario ‘1080 recetas de cocina’ que, desde entonces hasta hoy, ha conseguido vender más de  3 millones y medio de ejemplares en más de 40 ediciones.

Después llegarían otros títulos (La cocina madrileña; Nueva recetas cocina; Las mejores recetas de Simone Ortega; Quesos españoles…); llegarían también las conferencias; los premios a su labor profesional (así por ejemplo en 1987 fue ‘Premio Especial de Gastronomía’ y en 2006 le fue concedida la ‘Medalla de la Orden de las Artes y de las Letras de Francia’); así como las colaboraciones en distintos medios de comunicación.

Una vida dedicada al apasionante mundo de la gastronomía que, tristemente, se apagó el pasado uno de julio cuando Simone Ortega contaba con 89 años de edad.

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1080 rectas de cocina. Simone Ortega (Alianza editorial, 1048 págs):

 ¿El secreto del éxito?: ‘que las recetas salen’, garantizaba siempre la propia Simone, con puntito de orgullo. No era para menos: hasta tres veces probaba cada plato antes de darle ‘luz verde’ para asegurarse que funcionaba. De ahí que invirtiera unos tres años de su vida en ultimarlo. Se encargaba de todo el proceso: iba al mercado, compraba los productos, preparaba en su casa cada receta… y cuando estaba convencida la ponía en negro sobre blanco de forma clara y sencilla.

Fue así como surgieron estas 1080 recetas que abarcaban desde lo más elemental de la cocina española hasta ciertas fórmulas de la cocina francesa (se dice que fue ella quien introdujo en España platos como la quiche, las salsas con nata…) y con las que han aprendido a cocinar tres generaciones distintas de amas de casa, solteros, aficionados al fogón…

Dice el gran maestro Ferran Adrià (firme admirador de Simone) que ‘seguramente sin su libro todo este boom de la cocina actual no hubiera existido’. Una declaración que nos ofrece una idea clara de la magnitud e importancia de la obra que esta dama de los fogones nos deja como legado.

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El libro de los platos de cuchara, Simone Ortega e Inés Ortega (Alianza editorial, 284 págs):

En él podemos encontrar 250 estupendas recetas que se toman con cuchara, aunque en algunas también será necesario un cuchillo y un tenedor para cortar algunos de los ingredientes de su interior. La denominación de platos de cuchara es muy genérica y en ella podemos incluir desde sopas hasta potajes, legumbres, etcétecera. Algunos son primeros platos y otros platos únicos, pero la mayoría muy ricos.

Bien explicadas las recetas y muy variadas, se van ofreciendo por orden alfabético, a parte de las típicas sopas calientes, también hay Sopas frías como la de melón o la de piña y pomelo rosa con salsa de frambuesa. Tienen especial relevancia los buenos Potajes, como el de garbanzos aromatizado con cúrcuma, jengibre y pimentón o el de judías blancas, espinacas y guisantes.

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Nuevas recetas de cocina, Simone Ortega (Alianza editorial, 502 págs):

 El enorme éxito alcanzado por «1080 recetas de cocina» recetario ya clásico adoptado por centenas de miles de hogares españoles se ve a la vez completado y coronado por estas nuevas rectas de cocina que, divididas en doce apartados y un apéndice, ofrece Simone Ortega en este volumen. La obra sigue los mismos criterios de calidad y concisión de la anterior, de forma tal que las instrucciones pueden ser llevadas a la práctica sin necesidad de que los lectores posean especial maestría culinaria. Particular atención reciben las recetas económicas, no por ello menos sabrosas, y la adecuación de los platos tradicionales para permitir en su preparación el empleo de los actuales utensilios de cocina que permiten batir, triturar y picar.

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Gordon Ramsay (Johnstone, 1966):

Gordon Ramsay nació en Escocia, pero fue criado en Inglaterra, en un pequeño pueblo llamado Stratford-upon-Avon, el mismo de Shakespeare.
El padre Ramsay fue gerente de una piscina pública y cantante frustrado de música country. En su biografía, Humble Pie, publicada en 2006, el cocinero define a su progenitor como “bebedor y mujeriego”, un hombre cuyos fracasos obligaron a él, su madre y hermana a mudarse constantemente.
Como buen inglés, encontró refugio en el fúbol y a los 15 años obtuvo un contrato con los Glasgow Rangers. Sin embargo, una lesión en la rodilla truncó su carrera y, para fortuna de los paladares que lo siguen, atendió el llamado culinario que comenzó a crecerle casi por accidente.
Aprendió de los grandes: Marco Pierre White, Alberto Loux, Guy Savoy y Jöel Robuchon. Todos aportaron un granito de arena para moldear el talento y personalidad de Ramsay, quien muy pronto comenzó a labrar su propio camino.
El chef nunca tuvo que alcanzar las estrellas, pues éstas bajaron para condecorarlo. Gordon ha recibido 16 estrellas Michelin, la primera en 1993, cuando se encontraba a cargo del recién inaugurado restaurante Aubergine, y la última en 2008, a través de Murano, uno de sus tantos locales.
Abrió centros gourmet en Nueva York, Londres, Dubai y París, en donde fue perfeccionando sus técnicas y recuperando el patrimonio culinario de su país de origen.
Por supuesto, el éxito de sus restaurantes comenzó a llamar la atención de la crítica y muy pronto Gordon ya estaba presentando su propio programa de televisión, Ramsay’s Kitchen Nightmares, con el que obtuvo un premio BAFTA y un International Emmy. El ciclo consiste en asistir a restaurantes al borde de la bancarrota y ayudarlos a salir de la crisis con ideas prácticas de administración y buenas y probadas recetas.
A este show le siguieron Hell’s Kitchen y The F-Word, que lo confirmaron como uno de los cocineros más famosos del mundo y, sin dudas, el más televisado. En Inglaterra, además, su fama es imponente. De hecho, una encuesta realizada a tres mil personas por Radio Times, Gordon fue elegido como la celebridad más temida de la televisión.
Sin embargo, con la fama también llegaron los problemas: Las declaraciones del chef se tornaron más agudas y en una ocasión se atrevió a afirmar que “las mujeres no pueden cocinar ni para salvar sus vidas”. Esas palabras llegaron muy lejos; sin embargo, Ramsay las acalló con la contratación de Clare Smyth, cocinera de 29 años, como chef principal de uno de sus restaurantes en Londres, en noviembre de 2007.
Nada arredra al cocinero, sus arranques de furia son transmitidos en pantalla y parece no importarle. Es un hombre con dos caras, por un lado destruye las ilusiones de jóvenes aprendices, y por el otro, crea un sistema de becas para apoyarlos; un día ama a su esposa Cayetana, con quien tiene cuatro hijos y al siguiente es acusado públicamente de infidelidad.
Además, fue arrestado por conducir en estado de ebriedad y su virilidad estuvo en duda tras haber protagonizado un escandaloso encuentro con dos hombres en un baño público. Por supuesto, el chef alegó que las cosas fueron sacadas de contexto y que sólo se trató de una broma entre amigos.
Su talento es haber creado un personaje que mezcla magistralmente el ingenio y el temperamento, dentro de una cocina. Más allá de un personaje complejo, Ramsay es un visionario. Sus negocios se encuentran resguardados por un emporio llamado Gordon Ramsay Holdings, del que posee el 69% de las acciones con un valor de 67 millones de libras.
A este hombre, que le asusta bailar en público, no le falta nada y es un claro ejemplo de que mantenerse fiel a sí mismo es la mejor receta para triunfar.

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Mi cocina fácil, Gordon Ramsay (Grijalbo, 256 págs.):

Los que buscáis grandes recetas de este cocinero escocés, en este libro no las encontraréis, su título ya lo deja ver, son recetas fáciles, con ingredientes accesibles (eso siempre se agradece) y con técnicas simples. Gordon Ramsay explica en la introducción que prefiere ‘un sabroso pastel de pescado casero a una montaña de pescado bañada en una salsa imposible de identificar’. De eso no tenemos duda, nos pasaría a la mayoría.
La idea de este libro es transmitir que la calidad de la materia prima es lo primordial, que hay que buscar el equilibrio entre los ingredientes, y dado que se dispone de menos tiempo para cocinar que antaño, hay que poner solución para disfrutar en la mesa eligiendo elaboraciones sencillas de preparar.

Ofrece muchas propuestas y están clasificadas en las categorías: Desayunos y almuerzos, Comida rápida de calidad, Familia y amigos, Cenas para dos, Cocinar para una multitud, Barbacoas de verano, Sólo para niños, Bocaditos y cócteles y Platos exclusivos.

No todas las recetas están acompañadas de su fotografía, pero no faltan ilustraciones, en la primera receta con la que nos motiva a preparar un desayuno muy nutritivo para tomar a media mañana, con patatas, champiñones, tomates, huevos… nos muestra el campo bañado por los rayos de sol, también en los desayunos hay recetas con salmón, huevos revueltos, pastel de col y patatas, bagels, comptas, batidos… y fotos que muestran ingredientes y distintos momentos del chef, es curioso que tenga más protagonismo que los platos.

Continúa en esta línea en el resto de categorías. En los platos de comida rápida de calidad podemos encontrar unas vieiras a la plancha con cogollos, una tortilla francesa con salmón o un risotto de setas silvestres. Para las comidas con amigos y familia prepara todo tipo de platos, estofados, asados, pasteles salados y no faltan los postres.

Para la barbacoa también hay variedad entre verduras, carnes y pescados. Para los niños prepara sopas de verduras con tropezones, pastelillos de salmón y patatas fritas al horno (en realidad no son fritas, por lo que son más saludables).

En definitiva es un libro de recetas fáciles pero con bastante variedad.

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Alain Ducasse (Castel-Sarrazin, 1956):

Uno de los cocineros más importantes de la actualidad, dirige más de veinte establecimientos gastronómicos esparcidos por toda la geografía mundial, entre los cuales suma un total de dieciséis estrellas concedidas por la Guía Michelin. Dentro de todos ellos destacan especialmente Le Louis XV, en Monte Carlo; el Plaza Athénée, en París; y Alain Ducasse, en Nueva York. El cocinero se nacionalizó recientemente como monegasco, pero es el máximo exponente de la gran cocina francesa.

Alain Ducasse, uno de los personajes más respetados de la cocina mundial, nació en 1956 en Castel-Sarrazin, en una granja de Las Landas, entre pollos, patos y ocas y alimentado entre setas y foie-gras. Es decir, lo más parecido al paraíso terrenal o a la propia Jauja. Cuenta la leyenda que con tan sólo 12 años, el pequeño Alain ya acusaba a su abuela de cocinar en exceso las judías verdes, puesto que aprendió rápidamente el sabor de las cosas, a respetarlas y a cocinarlas. Algo que perfeccionó junto a otros maestros galos como Michel Guérard, Roger Vergé o el propio Alain Chapel.

Cocinero exitoso en un principio, Ducasse se ha convertido, con el paso de los años, en asesor, en creador y, principalmente, en verdadero jefe de equipo. Antes, consiguió alcanzar un gran éxito en sus restaurantes de Montecarlo y París y, de hecho, en 2005 se convirtió en el primer jefe de cocina de la historia en contar con tres estrellas Michelin en sus tres establecimientos y Le Louis XV de Montecarlo fue ya en 1990 el primer restaurante de hotel que logró ese máximo reconocimiento.

A partir de esta base y de tal reconocimiento, ha desarrollado, con gran éxito y en todo el mundo, el concepto de “Chef Contemporáneo”, a través del cual reivindica abiertamente, aun a riesgo de escandalizar, el derecho del gran cocinero a no estar constantemente en la cocina sino a ejercer una labor ideológica y coordinadora, es decir, a formar y dirigir equipos que interpreten con precisión casi militar sus instrucciones.

En el cocinero de Las Landas siempre ha destacado el afán innovador, expresado en la creación de flamantes y sorprendentes escenarios muy renovadores, como Spoon, BB & Co o Mix, aptos para la restauración del futuro. En todos ellos, elige el decorador y el director, organiza la cocina, selecciona los equipos, crea los menús y la carta de vinos, escoge la decoración de la mesa, el mobiliario, los uniformes y los proveedores, supervisa la formación del personal, la creación del diseño gráfico y el lanzamiento

La presencia de Ducasse no es sólo mundial sino incluso intergaláctica, puesto que varios platos creados por su Equipo fueron  degustados por el astronauta Thomas Reiter en la Estación Espacial Internacional, según un acuerdo con la Agencia Espacial Europea.

Con todo ello y con los numerosos y reconocidos libros de cocina que ha comercializado (cuenta con su propia editorial), Alain Ducasse es un gran personaje de los fogones mundiales a quien le gusta repetir que “un rodaballo sin genio vale más que un genio sin rodaballo”, lo que supone el reconocimiento de la primacía del producto.

Porque él sabe que un restaurante es, por encima de todo y más allá de supuestas emociones espirituales, un sitio donde se come, por lo que la alta cocina debe siempre, según este “cocinero universal”, respetar tres compromisos clave: ser sencilla, perceptible y comprensible para todos.

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Gran libro de cocina. Mediterráneo. Alain Ducasse (Akal / 1080 págs.):

El Gran Libro de Cocina de Alain Ducasse. Mediterráneo supone el deseo de uno de los chefs más importantes del mundo de compartir su saber hacer y su entusiasmo con los profesionales y amantes de la cocina. Ducasse, el único cocinero con tres estrellas Michelin en cada uno de sus grandes restaurantes de Mónaco, París y Nueva York, y con la ayuda de sus principales colaboradores, recopila platos que hacen de esta obra una auténtica enciclopedia de la cocina tradicional, en la que la rica y sana materia prima mediterránea adquiere especial protagonismo. Las recetas, atractivas e inspiradoras, están acompañadas por excelentes fotografías en las que se aprecia que el acabado y la presentación son tan importantes como el sabor.

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Otra de las pequeñas y selectas editoriales que están poblando el mercado español y que tenemos el gusto de importar a nuestro país es la madrileña Ediciones Escalera. En su catálogo destacan una colección con obras inéditas en nuestro idioma con lo mejor de la generación beat.

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Según su editora Talía Luis Casado “Publicamos buenos libros. Nos sentimos inmensamente orgullosos de todos los autores que tenemos en nuestro catálogo, de los libros que hemos creado. Estamos satisfechos con la evolución, y aunque medien muchos dolores de cabeza, seguiremos aquí.”. Desde nuestras librerías les auguramos muchos éxitos y confiamos en que sigan fiel a su buen hacer.

Blade Runner: una película. William S. Burroughs (Ediciones Escalera / 96 págs.):

¿Qué es esto? Un tratado de cine, una novela, un guión cinematográfico, un collage aleatorio de fotogramas. ¿De qué trata? Del colapso de la sociedad occidental por una gestión corrupta de la Sanidad y el florecimiento de una medicina underground capaz de puentear la burocracia y las farmacéuticas. ¿Está basada la película de Ridley Scott en este libro? No, pero tomó prestado el título para su filme. Burroughs aparece en los créditos de agradecimientos al final de la película. ¿Qué es un Blade Runner para Burroughs? Un distribuidor clandestino de fármacos, drogas y equipamientos médicos. El mayor garante del nuevo orden. ¿En qué época transcurre la acción? El libro propone un viaje fragmentario por el tiempo entre 1914 y 2014. ¿Y la ambientación? Nueva York en ruinas, túneles convertidos en canales, perros salvajes, yonquis, el nacimiento de una nueva era. ¿El estilo? Cut-up en su máxima expresión. ¿El target? Burroughs da por sentada la inteligencia, necesaria para no caer en sus trampas y captar su finísimo humor de dandi y visionario más allá de toda convención.

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“A) Un tratado de cine, una novela, un guión cinematográfico, un collage aleatorio de fotogramas. B) Un viaje alucinante entre 1914 y 2014 en una Nueva York devastada, donde los Blade Runners trafican con la medicina que la Seguridad Social ha vetado a la población. Nueva York en ruinas, túneles convertidos en canales, perros salvajes, yonquis, el nacimiento de una nueva era. C) El colapso de la sociedad occidental por una gestión corrupta de la Sanidad y el florecimiento de una medicina underground capaz de puentear la burocracia y las farmacéuticas. D) Un Blade Runner es un distribuidor clandestino de fármacos, drogas y equipamientos médicos. El mayor garante del nuevo orden. E) Cut-up en su máxima expresión. F) Una nueva integridad tras las puertas de la corrupción… Burroughs es capaz de convencernos de haber visto cosas que ni imaginas.” John Updike, The New Yorker.

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Pic. Jack Kerouac (Ediciones Escalera / 112 págs.):

Jack Kerouac resume en cien páginas los cruces de caminos bluseros de Robert Johnson, la represión de los negros, el desasosiego callejero de Nueva York, la inmensidad natural y el latido abatido de un país entero, desde la perplejidad infantil del descubrimiento del mundo. Jack Kerouac dejó inédita esta narración que fue publicada en 1971, dos años después de su muerte. Pic es la aventura de un niño negro de diez años que en compañía de su hermano mayor Slim, escapa de su Carolina del Norte natal a la que, tras la muerte de su abuelo, no le ata ya nada. Un mundo nuevo se abre ante su mirada limpia al llegar a Nueva York: el jazz, Times Square, los apartamentos baratos de Harlme, la televisión. La ternura y la inocencia con la que Jack Kerouac es capaz de meterse bajo la piel de Pic retrotrae al lector a sus escritos desde la carretera y evoca las primeras cartas de juventud a Mémère, a Sebastian Sampas, a Allen Ginsberg, John Clellon Holmes o al mismísimo Neal Cassady. Sin perder un ápice de frescura, la belleza de su prosa se desliza por estas páginas para devolvernos una vez más al Jack Kerouac de los caminos de la América de posguerra. Con el ritmo jazzístico característico de su prosa, Kerouac se transforma en Pic, el menos evidente de sus álter-ego: adopta su acento, su gesto, su inocencia. Si On the road fue la ferocidad del descubrimiento, Pic es el fin de la infancia.

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“Ediciones Escalera presenta Pic, novela que había estado inédita en España y que fue publicada inicialmente en 1971, dos años después de la muerte de su autor, Jack Kerouac, padre de la llamada Beat generation, grupo literario que promovió algunos derechos aceptados por todos hoy, aunque también algunos excesos que llevaron al propio Kerouac a la tumba. La obra comienza descubriendo la vida de campo de los habitantes de Carolina del Norte (EE.UU.), con sus tradiciones y supersticiones, pero también con sus miserias y sus esperanzas de un futuro mejor. En este contexto arraiga Pictorial Review Jackson (Pic), un niño de diez años que está al amparo de su abuelo y que, muerto éste, escapa con la ayuda de Slim, su hermano mayor.Emprendida la marcha a Nueva York, no sin pocas aventuras ni tampoco desprovistos del respeto que muestra siempre el viajero por los lugares que visita y las gentes que conoce, consiguen llegar a su destino, donde les espera Sheila, esposa de Slim, en cuyo vientre alberga un futuro fascinante para la familia, recién aumentada con la llegada de Pic. Reunidos por fin en Nueva York, aprieta el hambre, escasean las posibilidades de empleo y crecen las dificultades económicas, pero no les falta a estos personajes las fuerzas por luchar y salir adelante en una sociedad tan poco solidaria y compasiva como la que ambienta la novela de Kerouac, y que denuncia.

Slim asume la responsabilidad de buscar un trabajo que le permita garantizar el bienestar de los suyos. Y en un mismo día pasó por dos oficios distintos; mientras por la mañana abusa de sus riñones y brazos en una fábrica de galletas, aparentemente un “dulce” trabajo, al tiempo que de nula consideración por atentar contra la dignidad humana, por la noche exprime sus pulmones en un saxo para intentar ser contratado por una sala de jazz, soplando y soplando cada vez más fuerte como hacen los trompetistas y saxofonistas de las orquestas de merengue. Exhausto queda, sin ninguno de los dos trabajos también.

Final feliz aunque con porvenir incierto para los personajes. Atrás quedan los viajes de una punta a otra del país y el frío, la vileza de la vida para los que no tienen dinero, y el jazz. Elementos todos ellos relatados con detalle y esmero por Kerouac, con buenas dosis de ternura que caraterizan a un Pic que descubre el mundo a tan temprana edad; y no menos valioso es el esfuerzo de Daniel Ortiz por una traducción tan adecuada y atinada.” Enrique Cabrera. El Imparcial.

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Satori en París. Jack Kerouac (Ediciones Escalera / 128 págs.):

Esta edición aparece por primera vez en España con motivo del cuadragésimo aniversario de la muerte del autor. Satori en París es la penúltima novela de Kerouac publicada en vida y la última de las denominadas “del camino”. Estamos ante el último ejercicio de prosa espontánea del autor (escrito en nueve noches durante el verano de 1965), basado en un viaje de diez días a Francia so pretexto de reconstruir la historia de su apellido, sin embargo, la narración nos va guiando por los entresijos de una mente tan brillante como autodestructiva en la que no falta su obsesión por aunar principios filosóficos orientales con su arraigado catolicismo, el origen de sus ancestros, la verdadera naturaleza de la literatura, una capacidad única para reírse de si mismo y de autoconducirse a situaciones hilarantemente extremas, además de una crítica feroz al establisment occidental de la época. Esta historia alucinada recorre las calles del París de De Gaule, sus cafes, sus iglesias y bibliotecas de la mano de un Kerouac empapado en alcohol, soledad y anhelos juveniles compartidos por toda una generación. En Satori en París, el lector iniciado en la literatura Beat hallará las claves del desmoronamiento personal de Kerouac, identificará el fantasma de Neal Cassady en cada párrafo, y aquel que se acerca por primera vez a la contracultura norteamericana de los sesenta, descubrirá, más allá de un texto sumamente poético y en ocasiones hermético, la punta del Iceberg Kerouac, un referente imprescindible para ir descendiendo cronológicamente por toda su obra hasta On the road.

Satori en París

 

Tristessa. Jack Kerouac (Ediciones Escalera / 128 págs.):

Francisco Umbral dijo en una ocasión que “Bukowski es lo que se da en USA cuando no se puede dar Henry Miller. El descenso, la deflagración de toda la cultura de América, y por tanto del imperio, que somos nosotros, lo da bien el paso de Henry Miller a Bukowski”. Lo mismo podría decirse de Jack Kerouac, por afinidades y frustración generacional. No hay como los americanos para cometer errores históricos o individuales y luego hacer de ello un estilo literario, un estilo de la prosa, de la frase. Algo de todo esto puede encontrar el lector en Tristessa, uno de los títulos más indiscutibles de Kerouac, aunque de menor repercusión popular, que acaba de publicar Ediciones Escalera, en una versión brillante y rigurosa debida a la pluma del escritor y traductor Daniel Ortiz Peñate.

Tristessa es un relato conciso, tenso, estremecedor, agónico y brillante, de una vida atenazada por el dolor, por el exilio y la desesperanza, abierta en una herida de imposible sutura y por algo parecido a la culpa incluso, a la pérdida del verdadero lugar en el mundo. Autoexiliado en México, el narrador Jack Duluoz -alter ego de Kerouac- recorre borracho, loco y desmelenado las calles del Distrito Federal en un ir y venir de barra en barra, a veces solo y otras veces acompañado de una prostituta mexicana adicta a la morfina llamada Tristessa, que siempre pregunta: “¿Por qué estás tan triste? Estoy triste porque la vida es dolorosa, respondo yo cada vez. […] Toda vida es triste, concede, coincide, nada más he de añadir sobre el tema”.

Sin embargo, el verdadero tema de Tristessa no es la vida, sino la muerte; en este sentido, Kerouac es tan hijo de Henry Miller como de Stephen Crane, quien supo mostrar con horror y autenticidad la degradación humana. Kerouac nos propone algo mucho más simple, igualmente imprescindible: el paisaje de ruinas y adioses donde se consumó su propio adiós a las personas que poblaron la leyenda de su vida. Tristessa se llamaba en realidad Esperanza Villanueva y era la mujer de David Tesorero, amigo de William Burroughs, en la época en que éste vivía en México, en la calle Orizaba, 210, en cuyo cuarto de azotea se instaló Kerouac a mediados de los años cincuenta.

Kerouac no buscó en México una patria física, sino algo más urgente: la posibilidad de una nueva iniciación sentimental: “Hasta ahora no había hecho más que viajar en círculos por toda Norteamérica, una gris tragedia a fin de cuentas.” Sólo que el autor no se atreve a dar el paso. “Quisiera tomarla de la cintura con ambas manos y traerla hacia mí al tiempo que le susurro palabras cariñosas como ‘Mi ángel glorioso’ o ‘mi lo que sea’, pero la vergüenza supera mi vocabulario en español. […] El problema es ¿qué hacer con ella una vez que la haya conquistado? Sería como conquistar a un ángel en un infierno donde no existe otra opción que caer con ella en abismos aún peores.” Tristessa es una excelente novela de simetrías, como una fotografía y su negativo, en la que Kerouac encuentra su yo femenino en una prostituta de pómulos aztecas.

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Piercing. Ryu Murakami (Ediciones Escalera / 509 págs.):

“Es vital que aquellos que se encuentran en el lado receptor de la violencia se pregunten por su motivo”, se dice al comienzo de Piercing (Ediciones Escalera), “una verdad triste y amarga, pero importante”. La valentía y la audacia con que Ryu Murakami viene indagando en la violencia y sus consecuencias en la infancia y adolescencia, característica de la mayoría de sus novelas, lo han convertido en uno de los más interesantes autores de la literatura japonesa. Con recursos propios de la novela criminal, con sequedad, violencia y efectos muy superiores a los demás conspicuo salvajismo literario, Murakami hace un retrato feroz, desesperado y contundente de la insoportable realidad de los padres abusivos.

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Un craso error es creer que la infancia es, por definición, el periodo más fascinante de la vida. Piercing desmiente, a ojos vistas, esta definición. La trama gira en torno a Kawashima Masayuki, un joven padre de familia, que desde que nació su hija ya no ha vuelto a ser el mismo. Tiene pesadillas en las que mata con un punzón a la niña en la cuna: “Cogiendo el punzón ligeramente para temblar lo menos posible, colocó la punta junto a la mejilla de la niña. Cada vez que estudiaba este instrumento, con su fina y reluciente varilla de acero, se preguntaba por qué era necesario tener cosas así en el mundo. Si en realidad sólo era para picar hielo, cabría pensar que un diseño totalmente diferente serviría. Los que producen y venden estas cosas no entienden que a algunos nos entra un sudor frío con sólo ver ese extremo reluciente y puntiagudo”.

A medida que avanza la novela y profundizamos en el pasado de Kawashima conocemos el trauma, el dolor, el maltrato al que fue sometido, nos enteramos de cómo, después de muchas palizas, su madre lo encerró en una institución benéfica: “Kawashima intentó recordar a los niños del Hogar, verlos con sus ojos de hombre de veintinueve años. […] Había niñas que se acercaban a cualquier hombre mayor e intentaban llevarle la mano por debajo de su ropa interior, y había niños que mordían su propia mano de forma compulsiva. Niños que de repente empezaban a moverse espasmódicamente y a golpearse la cabeza contra la pared”. Pero lo que le remuerde el alma, no es tanto el horror de lo vivido, como la certeza de que los niños luchaban con todas sus fuerzas por amar a sus padres.

Para Murakami la grisura de la vida empieza en la cuna. De ahí que un sentimiento de orfandad recorra toda la novela, al igual que ocurría en Los chicos de las taquillas, también publicada por Escalera. Y ya no hay casi nada más que decir de Piercing, pues las formas literarias de Murakami -estilo seco, sin tapujos y sin esquivar tabúes ni dulcificar la crudeza de una historia que parece escrita con un punzón- son ya ampliamente conocidas, aunque aquí a sus habituales referencias tanto literarias como cinematográficas (William Burroughs, Bret Easton Ellis, Abel Ferrara, David Cronenberg) se añaden otros modelos del género, como Paul Verhoven, cuya película Instinto básico Kawashima es incapaz de ver sin sentir un impulso criminal.” Antonio Bordón. La provincia.

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Los chicos de las taquillas. Ryu Murakami (Ediciones Escalera / 509 págs.):

Hashi y Kiku fueron abandonados por sus madres en las taquillas de una estación de tren. A Kiku lo encontraron porque el calor le hizo gritar. A Hashi, porque el calor le hizo heder. Y eso marcó para siempre el rumbo de sus vidas. Hashi busca un sonido concreto, el latido del corazón de su madre. Huye de la casa de sus padres adoptivos y se instala en el Toxicentro, el paraíso para los proscritos en Tokio. Se pinta las uñas de verde, se prostituye, y entre cliente y cliente recibe lecciones de canto. Hasta que un coche negro aparece en El Mercado, el lugar donde todo lo que se vende se vende ahí, y de él baja D, el cazatalentos. Bajo la piel fresca de Hashi halla la voz más hipnótica que encontró jamás. “Haré de ti una estrella, niño”, le asegura. Contrata a un detective para que busque a la madre de Hashi. El encuentro será en un programa en directo de televisión. D podrá comprarse otro rascacielos. Kiku, porque quiere correr y volar, se hace saltador de pértiga. Entrena su cuerpo, vigila su mente, y durante un instante separa los pies de un mundo que aborrece, un mundo lleno de gente con aspecto de globo hinchado al que le encantaría reventar. Y porque lo aborrece, recuerda una palabra: datura. Un amigo le aconsejó que no la olvidara si alguna vez quería reducir Tokio a cenizas. Y quiere. Delicada y cruda, voraz y discreta, la novela de Murakami transporta al lector a los confines del desaliento. Con parsimonia, y sin estridencias ni concesiones, dibuja a sus personajes de forma tan precisa que no sólo comprendemos por qué desean la destrucción, sino que nos hace partícipes de esa explosión que cubrirá el mundo de blanco.

Los chicos de las taquillas

The Horn. John Clellon Holmes. (Ediciones Escalera / 256 págs.):

Holmes no es Kerouac, ni Ginsberg, ni Burroughs; Holmes, elemental, es Holmes, y The Horn (protagonista que da título a esta novela) es Edgar Pool, no Charlie Parker ni Coltrane. Dicho esto, ahora caeremos con descarada intencionalidad en la contradicción: Holmes es Kerouac, Ginsberg, Burroughs y Cassady, y sí, Edgar Pool es, además de The Horn, Bird y Trane. Tal vez sea esta paradoja la que nos sitúe ante el libro definitivo de la Beat Generation en materia de jazz, que como es sabido, jugó un papel infaltable en la obra de todos sus integradores.

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John Clellon Holmes fue un pionero: su novela Go (Escalera, 2009) bien podría servir de guión para una película sobre los Beats mucho más adaptable que On the Road; de hecho, su primera novela (y la de toda una generación) recoge numerosos hechos narrados en la película Howl (Epstein, Friedman, 2011) sobre el mítico poema de Ginsberg. Pero Holmes fue mucho más que el cronista de las andanzas literarias y vitales de sus amigos y en The Horn descubrimos a un novelista de gran solvencia que logra con erudición recrear la atmósfera del be bop de los años 40 y 50 y además arriesga con una estructura novelística y de estilo más propia del lenguaje del jazz que cualquier otro libro (incluido On the Road) jamás escrito.

Para componer la narración, Holmes se vale de dividir los capítulos del libro en coros y riffs (más una coda epilogar), y el lenguaje, junto con los acontecimientos, se precipita en cascada como en una jam session en la que numerosas voces, las de otros músicos cercanos, recomponen la vida y la obra de Edgar Pool, alias The Horn, tras la derrota de éste en un duelo improvisado con un saxofonista más joven.

La novela transcurre en 24 horas, durante las cuales una cantante y ex amante de Pool, un trompetista de estudio, un saxofonista de Harlem, un contrabajista con complejo de Edipo y un mánager, entre otros, recuerdan y rehacen los fragmentos de una vida legendaria para componer un totum, un tema único que se complementa, a modo del Ulises de Joyce, con la odisea etílica y alucinada emprendida por Pool desde que baja del escenario derrotado hasta su muerte un día después. Testigo de ello es Cleo, un joven pianista que le hace de Virgilio por tugurios, casas de empeño y visitas a viejos amigos con la intención de obtener un préstamo que le permita regresar a Casa, a Kansas City, una huida sin sentido que, bien sabe, jamás llegará a emprender.

Cada personaje se adentra en la memoria de The Horn con la intención de desenmascarar al genio que nunca permitió a nadie conocer a la persona subyacente y trató a fuerza de excesos, orgullo y virtuosismo mantener ese halo misterioso y oscurantista que parece sólo rodear a los grandes rompedores como Mozart, Pagannini, Robert Johnson, Morrison, Hendrix, Jimmy Page o Cobain.

Holmes acierta también con el uso del lenguaje empleado para esta novela, la jerga de los negros sureños se entremezcla con un estilo en ocasiones barroco, casi anacrónico, vehículo para invocar la atmósfera de subsuelos, humos y tinieblas de una época que acaba por antojarse mítica, y que al fin y al cabo no es más que la antesala de lo que luego sería el modo de vida heredado por los rockeros en los sesenta. ¿Sexo, drogas y rock and roll?, sí, pero primero hubo sexo, drogas y jazz.

The Horn es una lectura retadora, con un discurso alucinado y fragmentario que recuerda a menudo el Bajo el volcán de Lowry. Pero su mayor virtud es sin duda la de erigirse en una novela de jazz en estado puro, una canción en sí misma que a su vez canta a todos los músicos negros que dieron su vida por tocar y lucharon por hacerse oír, por enloquecer a una América hundida entre guerras y conflictos sociales, unas memorias del subsuelo de una nación de cuyas entrañas emergieron los movimientos de los sesenta y setenta y que dieron un vuelco al mundo. Una obra con sobradas credenciales para ocupar un lugar destacado entre las grandes de su generación. Un libro que Ediciones Escalera pone, medio siglo después, a disposición de los lectores en castellano.

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Go. John Clellon Holmes. (Ediciones Escalera / 326 págs.):

La novela que supuso el punto de partida de la Generación Beat. Hasta ahora inédita en español. Tenemos un carácter furtivo. Conocido como el “beat tranquilo”, John Clellon Holmes recoge en su novela Go las peripecias de sus amigos Cassady, Kerouac y Ginsberg en el Nueva York de finales de los 40. Esta historia de sexo, jazz, drogas y calles nos muestra que la generación beat no se limitó a inventar una forma de vida: también una literatura y un modo revolucionario de mirar.

Definitivamente vivimos tiempos más pacatos: los periódicos son aburridos, la opinión pública se escandaliza porque un jugador de golf ponga los cuernos, los bares cierran a las dos, las mujeres vuelven a tener citas con carabina y está prohibido fumar, mal visto beber e incluso pensar demasiado no es conveniente. Nuestra generación ha adoptado la asepsia y el buenrollismo como paradigmas de una sociedad donde unos chavales que dicen que no practican el fornicio ni se fuman un canuto arrasan entre los adolescentes. Incomprensible para los que crecieron adorando a tipos como Sid ‘Vicious’, incluso incomprensible para quienes asumieron que detrás de la fachada impoluta de los Beatles se escondían noches de orgías salvajes y viajes de LSD poco disimulados en sus letras.

Pero hubo un tiempo en que las calles estaban llenas de antros de música ‘bop’, “andanzas nocturnas, encuentros en las esquinas, auto-stop, mil bares de moda por la ciudad. En ese mundo, la gente estaba enganchada a las drogas, buscaban todos un nuevo grado de locura y de percepción. No paraban nunca, vivían de noche, corrían por todos lados haciendo contactos, desaparecían de pronto en la cárcel o por los caminos, y resurgían de nuevo buscándose unos a otros. Parecían ignorar todo lo que no fuera la realidad de los trapicheos, de un lugar donde quedarse, imbuidos por el frenesí del jazz”.

Estas palabras pertenecen a GO, la proclamada como “primera novela de la generación beat” que ‘sólo’ 58 años después de su publicación original Ediciones Escalera nos ha hecho el inmenso favor de editar en castellano entre nosotros. Su autor es John Clellon Holmes, amigo personal de Jack Kerouac y autor de la mítica En el camino, y que involuntariamente colaboró a bautizar a una generación que cambió para siempre las reglas de cómo vivir la vida, de cómo escribir para los jóvenes y de cómo ser a la vez poeta y estrella del rock and roll. Un día Holmes le pidió a Kerouac que pensara en una forma de describir a su generación, y este la definió como ‘generación beat’ por el sentimiento furtivo de no pertenencia que la caracterizaba, ese ritmo del jazz ‘bop’ de ‘Bird’ y Miles Davis que llena todos los momentos de GO para goce de los drogadictos a esos sonidos.
Menos conocido que el propio Kerouac, Cassady o Ginsberg, sin embargo Clellon Holmes hizo, en palabras del autor de En el camino, “lo más honesto, lo más grande, lo mejor”. Y así es, en efecto, porque frente a las exageradas y difusas obras de algunos de los exponentes beat, GO es una novela completa, bastante bien construida, con un argumento que tiende hacia la lógica y que no pretende otra cosa que presentar las andanzas de una generación pero contando con un argumento sólido: la amistad de Pasternak, Stofsky y Kennedy (alter egos de Kerouac, Ginsberg y Cassady, atención) a pesar de sus excesos, sus bailes con la autodestrucción, sus golpes de escasa fortuna donde la vida bestial y exagerada se impone a los tímidos latidos de la lucidez. Así es cuando un Pasternak-Kerouac se acuesta con la mujer del protagonista delante de sus narices después de una fiesta con abundante alcohol y porros, o cuando Stosfsky-Ginsberg muestra sus excesos verbales y depresivos al deambular de casa en casa en el agitado Nueva York de los cincuenta donde el saxofón y la trompeta imponen su ley.

Un tráfago divertido, una sensación de ser moscas pegadas a las paredes donde se resuelven los problemas a base de trago de vino barato y liadora, la impagable sensación de haber sido testigos de cómo se fraguó una generación que barrería con los clichés sociales de las clases medias adocenadas es lo que nos deja la lectura de GO. Una original, y bienvenida, puerta de entrada a un tiempo más interesante que este que nos ha tocado vivir donde esa concepción “clandestina y misteriosa de la vida”, de la que se habla en la obra parece haberse perdido para siempre o ser asociada a los programas de telerrealidad o viajes, falsas sombras de caverna platónica sólo aptas para quienes todavía tienen miedo de ponerse ‘on the road’.

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Nadie gana. Jack Black (Ediciones Escalera / 414 págs.):

 

“Reconozco que cuando me recomendaron Nadie gana, el libro de Jack Black con el que Ediciones Escalera comenzaba el año, no sabía nada acerca del autor ni del libro. En mi ignorancia pensé que uno de mis actores/cantantes favoritos también hacía sus pinitos como escritor, y confieso que no me extrañó dada su polifacética carrera. Al abrir el libro me topé con la foto del autor en la solapa, desde ahora mi Jack Black favorito. Su cara de delincuente gastado por la vida en el camino y los años de cárcel me pareció más la de un enterrador que la de un escritor. Entonces leí el prólogo de William S. Burroughs, fascinado como toda la Generación Beat por el escritor delincuente, que abre la puerta hacia la vida del ladrón mítico y reflexivo que es Jack Black, o al menos del hombre que se hizo llamar Jack Black.

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Black nació en 1881 en Vancouver, aunque pasó su infancia en Missouri. Cuando su madre murió su padre vendió su casa y se trasladaron a una habitación de hotel. Sería en Kansas City, en su adolescencia carente de figura paterna, constantemente de viaje y sin apenas comunicación, donde tuvo el primer contacto con el mundo que su educación religiosa le había ocultado. En los tiempos en que un cobarde llamado Robert Ford mataba por la espalda al asaltador de trenes y asesino Jesse James, el joven Jack Black obtenía su primer empleo como cobrador de facturas de un lechero. Un día, mientras cobraba la factura de un burdel la policía hizo una redada y pasó la noche en la cárcel. Las prostitutas tuvieron que pagar la fianza ya que era el único que no había sobornado a los honorables agentes de la ley. Desencantado con la policía y los jueces no volvería a tener empleo hasta 40 años más tarde, como bibliotecario en el San Francisco Call. Aquel fue el comienzo de una carrera al margen de la ley que Black narra con maestría, desde los primeros trabajos con un tal Smiler, que le enseña el oficio de robar en las casas por las noches, hasta los trabajos más sofisticados y estudiados que realizará al final de su vida delictiva, donde la tensión acabó con sus nervios, y con su dinero, abandonándose al consumo de opio.

A través de su relato aprenderemos que no es aconsejable robar a los mormones o a los chinos, leeremos cómo se vivía en los caminos, sabremos de las multitudinarias reuniones de mendigos, los Yeggs, donde se compartía comida y bebida hasta el fin de existencias. Nos adentraremos en los bares de Winos, esos seres que vivían en antros de mala muerte donde, tras caer inconscientes, el camarero los sacaba y los ponía a dormir la borrachera unos al lado de los otros, hasta que se despertaban y podían volver a entrar a beber en latas, o tarros. Visitaremos ruinosas habitaciones de hotel, seremos testigos de detallados golpes, evasiones heroicas de las cárceles, muertes de honrados ladrones… y todo en los años de decadencia del salvaje oeste.

Con el tiempo Jack Black se fue convirtiendo en un Stetson, nombre dado a los miembros de la primera clase entre los ladrones, «desde el día que dejé a mi padre mi camino había quedado trazado, entre la gente torcida. No había pasado ni una hora en compañía de un hombre honrado… si vives con lobos aprendes a aullar».

Entre viaje y viaje escondido en trenes de mercancía, esquivando a los revisores y a la policía, entrando y saliendo de las cárceles de Estados Unidos y Canadá, dejándose sangrar por los prestamistas, Jack Black comparte con nosotros sus vivencias con compañeros entrañables como Sanctimonious Kid, George Pie y medio o Salt Chunk Mary, miembros de la familia Johnson. Familia que para ser miembro de ella solo había que ser un ladrón honrado y decente con los compañeros, «He pasado casi toda mi vida en compañía de gente sin suerte y, aunque yo nunca me he visto a mí mismo como un desgraciado, siempre me han tomado por ello».

Antes de arrojarse a las aguas del Puerto de Nueva York en 1932, Jack Black tuvo unos años de tranquilidad, sin problemas ni posesiones, que dedicó a escribir su novela autobiográfica Nadie gana, y algún artículo en Harper´s, incluido en esta edición de Escalera, sobre el sentido de los castigos físicos en los penales norteamericanos, sobre la naturaleza del bien y el mal, por si pudieran ayudar a algún joven delincuente o juez. En la edición americana, en la página de créditos, añaden que se mandará una copia del libro a cualquier convicto si dirigen una carta a la editorial con 10 dólares y una dirección de contacto. El libro cuesta 16 dólares.

Nadie gana es una obra admirable no solo por su valor literario, sino por su carácter documental de una época y unos personajes ya desaparecidos, como la vida errante de los bandidos del Wild West. El rodaje de la adaptación del libro a la gran pantalla se iniciará el próximo julio en localizaciones de Oklahoma.” Aitor Aguirre.

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La habitación. Hubert Selby Jr. (Ediciones Escalera / 272 págs.):

Tras publicarse en castellano “Última salida para Brooklyn” y “Requiem por un Sueño”, llega la que para muchos entendidos es la verdadera obra maestra de Hubert Selby Jr. Sin duda estamos ante la novela más dura que jamás hayamos publicado, con una traducción interrumpida en ocasiones para ir a vomitar, un auténtico descenso a los infiernos al que ni siquiera el propio autor pudo enfrentarse hasta pasados veinte años de su publicación. Una narración que reinventa a Joyce, a Dante, a Kafka, un terror que nos remite en ocasiones a los pasajes más siniestros de la Biblia, un libro altamente desaconsejado a todo aspirante a funcionario corrupto, una versión buena y anterior del “American Psycho”. Un espejo para Luis Miguel Rabanal, Chuck Palaniuck o Michel Houellebecq. En resumen y en palabras de Allen Ginsberg “Un libro que refleja mejor que ningún otro la angustia de América,”, una angustia que por desgracia, hemos hecho nuestra. ¿Y de qué va el libro?: De la frustrada sed de venganza de un pobre diablo encerrado en una celda. A partir de ahí, el horror y la genialidad a partes iguales.

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“He aquí una novela que es como un puñetazo en el estómago. A los arqueólogos de la violencia lees gusta considerarla el pariente más cercano de American Psycho y lo cierto es que, con toda seguridad, fue uno de los libros que Bret Easton Ellis utilizó para meterse en la cabeza de Patrick Bateman. Porque el sádico protagonista de La habitación es capaz de imaginar torturas ante las que Bateman apartaría la mirada. Y hemos dicho imaginar porque el protagonista está encerrado en una celda de seis por seis pasos (y se pasa el día contando del uno al seis), así que imaginar est todo lo que puede hacer. Imaginar que se celebra un juicio mediático en su honor (tras escribir una carta a un periódico y denunciar la injusticia de su caso, un tipo al que supuestamente encerraron por perderse en la ciudad) del que salir convertido en un mártir; imaginar que los dos agentes que le detuvieron acaban convertidos en perros (él mismo lo adiestraría) y protagonizando brutales escenas de sexo canino; o imaginar la vida de una joven madre destrozada tras pasar una hora en un bosque con el mismo par de agentes, transformados en sanguinarios violadores (y he aquí una de las escenas que hace palidecer los trabajos de Patrick Bateman). Publicada originalmente en 1971, La habitación (que, como ocurre en Réquiem por un sueño, otra celebrada novela de Selby, es también la historia de una madre y un hijo) te permite pasar una temporada en la mente de un tipo cualquiera al que el mundo (ese lugar horrible) ha convertido en un monstruo.” Laura Férnandez. GoMag.

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El Sobrino. James Prudy (Ediciones Escalera / 208 págs.):

“Sostiene Jean-Michel Guenassia en El club de los optimistas incorregibles que “hay en la lectura algo que tiene que ver con lo irracional. Antes de haber leído el libro, intuyes enseguida si te va a gustar o no. Lo husmeas, lo olfateas, te preguntas si merece la pena pasar el tiempo en compañía suya… Un libro es un ser vivo”. Si hay un libro que merezca este calificativo es El sobrino, de James Purdy, que acaba de publicar Ediciones Escalera. Purdy, aparte de ser conocido por el infame calificativo de “escritor maldito”, es también un escritor bendito, cuyo libros –Malcolm, Color de oscuridad, Habitaciones exiguas, Cabot Wright Begins, de próxima publicación también en Escalera-, intuyes que te van a gustar después de husmearlos, olfatearlos, curiosearlos en la librería.

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Purdy es un escritor de indudable talento y en El sobrino, con un estilo “de ver y oír” que lo acerca al Truman Capote de Otras voces, otros ámbitos, intenta responder a la pregunta ¿puede el amor vencer a la muerte? La novela narra el empeño de Alma Mason, una solterona de un pueblo del Medio Oeste americano, en escribir una suerte de panegírico en honor de su sobrino Cliff, caído en combate en Corea: “Alma era cada vez más consciente y veía más claro que todos ellos sabían mucho más sobre Cliff, por no decir que sabían más sobre las cosas en general, sobre la vida, de lo que ella llegaría a conocer nunca. Ella, que se había preocupado por él más que nadie, era la única que aún esperaba sus cartas. Todos los demás habían asumido que Cliff había desaparecido. Sin embargo, todas estas personas que ya no le esperaban sabían más de él que ella”.

Entre las idas y venidas de Alma recabando información sobre su sobrino, cuya vida es un ámbito del que se siente enojosamente expulsada -“No hay duda de que Cliff quería huir”, dice Alma. “Huir de ti, quieres decir”, le contesta la señora B, poniendo a prueba la franqueza de Alma-, el lector se aproxima a los misterios banales y dramáticos de la vida cotidiana de una minúscula población americana, sacando a la luz sus secretos y mentiras. Estos son algunos de los elementos de esta novela de Purdy que confirmó la estatura de su obra, cuyo mérito reside sin duda en su capacidad para sacarle los colores a un país en el que a menudo se escribe como un ejercicio tonto y exhibicionista de cosas obvias.

Las novelas de Purdy exploran el cruel patio trasero del sueño americano, la marginada realidad de unos personajes que parecen habitar un absurdo infinito. Como siempre en Purdy, el elemento autobiográfico es importante, aunque casi siempre difícil de detectar más allá de su condición homosexual. Purdy aprendió de su venerado maestro Herman Melville -según sus propias palabras, Billy Budd es una de las mejores obras de la literatura- que hay que utilizar la escritura para perforar el alma del hombre, no para adormecerla; que más que un inspirado, el escritor es un narrador de las complejidades humanas.” Antonio Brodón. La Provincia.

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