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Archive for the ‘Autores’ Category

Después de 48 años, cuando publicara su primera novela (La mujer comestible), Margaret Atwood parece estar “de moda”. La razón para desempolvar el genio de una autora con una producción siempre sólida y sorprendente, no es más que el mágico encanto de un genero siempre menospreciado como el de la ciencia ficción, o como lo prefiere la autora en lo que a su narrativa se refiere, la ficción especulativa. Desde Bradbury y Orwell, por citar a los más emblemáticos, éste genero no ha dejado de estar vigente y de nutrir a cada presente de las locas ideas que se manifestaban en líneas y que luego se hicieron realidad al mejor estilo predictivo. Las pantallas gigantes con las proyecciones diarias de realitys de Fahrenheit 451, las compras con tarjeta de crédito con las que fantaseara Edward Bellamy o la que podría ser la visión de la bomba atómica de H. G. Wells, son algunas de las imágenes a las que siempre volvemos con asombro. Atwood, no es diferente en su visión de mundos en donde la mujer es un objeto de cambio, un valor de uso y un vehículo de manipulación.

Gran parte de la nueva ola de Atwoodmanía se debe a que la cadena norteamericana HBO adaptara su obra más reconocida, El cuento de la criada para convertirla en un éxito de audiencia en la era Trump, o mejor dicho en la era anti Trump.
Para nuestro beneficio, el éxito en la pantalla de esta novela distópica significó la reedición en español de uno de los libros ineludibles de la narrativa mundial y por si eso no fuera suficiente, la rápida aparición de su último obra Por último el corazón.


El primero fue escrito en 1985 y cuenta la vida post Estados Unidos y ahora Gilead, una sociedad reordenada y gobernada por una teocracia que hizo frente a la debacle ocurrida después de un atentado que acabara con toda la plana gubernamental asesinada. Un nuevo orden se establece, las fuerzas militares controlan la vida de los ciudadanos, los hombres imbuidos de un fanatismo religioso arcaico dividen a las jóvenes mujeres por su único valor, el de ser fértiles o no serlo. La mujer se vuelve un objeto sin identidad, sin pasado, pues hasta su nombre es cambiado, son esclavas de los hombres a los que son asignadas y el dar a luz las separa de la vida o la muerte.
El último plantea un futuro desvalido, una crisis económica que arrasa con la clase media y la vuelca a una vida de indigencia y barbarie, situación en la que los dos protagonistas, Stan y Charmaine están inmersos y que encuentran como única salida, someterse al llamado Proyecto Positrón. Dicho programa consiste en formar parte de la población de una ciudad cuyos habitantes intercambian 30 días en sus bellas casas con jardines al frente y los 30 días siguientes en la cárcel. Vigilados por una elite cuyos intereses son meramente comerciales y en los que el tráfico de órganos y los servicios sexuales son el negocio, la pareja protagonista vivirá una espiral de sexo y traición, donde aflorará el egoísmo y solo importará la  autocomplacencia.


Si bien Atwood retoma los temas de siempre, Por último el corazón pierde en profundidad ante El cuento de la criada. Quizás en pos de reflejar la misma superficialidad con que los personajes toman sus vidas, la narrativa se vuelve liviana, el mensaje está pero parece tan artificial como los prostirobots que fabrican en Positrón. Mientras la ceremonia de fertilidad de El cuento… permanece en la memoria como uno de los episodios más humillantes, aquí los encuentros sexuales que pretenden ser abusivos no logran ser transmitidos como tales y se vuelven mecánicos. La infancia de Charmaine se delinea en flashback y frases escuchadas a su abuela Win y promete un desarrollo que nunca llega.
Ahí parece estar el por qué a su comportamiento, su frivolidad, pero solo nos queda imaginarnos lo que podría haber sido esa línea de desarrollo y llenar los blancos. Conserva el mas que hábil uso de la prosa, nunca cargada, siempre con un mensaje directo que encanta e impide abandonar la lectura, pero el punto donde la vara se pone más alta, está decididamente ocupado por la historia de Offred en Gilead, su opresión, esa sensación de falta de aire, el deseo de escapar y no ver la salida.
Sea por lo que sea, que Atwood esté de moda, es bueno. Su bibliografía va más allá de estos dos títulos y cada uno es un deleite narrativo, por eso solo queda esperar que los editores piensen de la misma manera y reediten El asesino ciego, La mujer comestible, Alias Grace y demás. Por cierto si no están convencidos de la Atwoodmanía, ya se han vendido los derechos para llevar al mismo formato a Por último el corazón y en breve se estrenará en la cadena CBS la versión televisiva de Alias Grace.
Pero como todos los libreros solemos decir “mucho mejor es el libro”

Soledad Viera

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Marbot Ediciones es una nueva editorial que está trabajando con gran acierto. Consagrada al ensayo en todas las áreas humanísticas (en sus colecciones “Ensayo” y “Clásicos”), desde la filosofía, la teoría de las artes, la estética, el pensamiento político, la psicología, la sociología, la antropología, la historia y la divulgación científica. La editorial integra además una tercera colección (“Tierra de nadie”) de textos fronterizos, a caballo entre la ficción y la reflexión que merece la pena explorar.

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Mi Nueva York de Brendan Behan (Marbot ediciones / 186 págs.):

«Ingenioso monólogo, el libro de Brendan Behan es un soliloquio tan emotivo como humorístico sobre la ciudad de Nueva York.» Enrique Vila-Matas, Babelia

Brendan Behan deja bien clara desde el principio su parcialidad hacia el objeto de sus comentarios y divagaciones: «Nueva York es la mejor ciudad del mundo, por un lado y por el otro y por cualquier lado: de espalda, de cara  y de perfil». Y sin embargo un examen más detallado de los diversos perfiles de la ciudad de sus sueños se convierte para Behan en una ocasión para reírse a propósito de prácticamente todo lo que ha visto o le han contado de ella: ya esté hablando de los taxistas o de los banqueros, de los irlandeses, los judíos o los camareros, del precio de los abrigos o de la calidad de la cerveza, Behan tiene siempre una anécdota propia o ajena para dar forma a su personalísimo recorrido por la ciudad, o para dar color a sus frecuentes escapadas a temas de la más rigurosa universalidad. Libro de viajes, monólogo humorístico o como se le quiera llamar, el libro de Behan es una aproximación literaria y poco convencional a una de las ciudades más fascinantes del mundo.

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Brendan Behan (1923-1964) fue un destacado poeta, novelista y dramaturgo irlandés. Sus vinculaciones juveniles con el IRA le llevaron a la cárcel, una experiencia que recogió en su novela autobiográfica Borstal Boy (1958). Behan lanzó también una mirada crítica sobre sus propios ex-compañeros republicanos en su obra teatral en irlandés The Hostage (1957). Además del reconocimiento literario, se ganó cierta fama como personaje singular y heterodoxo, en ocasiones provocador, fama que tenía algo que ver con su afición por la bebida (él mismo se definía como «un alcohólico con problemas de escritura»), que terminaría con su vida a una edad muy temprana.

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Naufragios de Akira Yoshimura (Marbot Ediciones / 190 págs.):

“Un terrible y poético relato” Xènia Bussé. Diari de Tarragona

En una remota y miserable aldea japonesa, aislada del mundo por el mar y las montañas, un padre debe venderse como esclavo durante tres años para alimentar a su familia. Deja entretanto sus responsabilidades a su hijo Isaku, obligado por las circunstancias a aprender deprisa los secretos de la vida adulta. Pronto descubrirá que estos secretos van mucho más allá de las artes de la pesca, sobre todo cuando sus mayores, en un tono a la vez terrible y esperanzado, dejan escapar las palabras O-fune-sama. Detrás de ellas se esconde la fuente de todas las fortunas del pueblo. Pero no hay fortuna sin retribución.

Una de las obras maestras de la novela histórica japonesa.

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Akira Yoshimura (1927-2006), novelista y ensayista japonés autor de una extensa obra que le valió el reconocimiento continuado del público y la crítica. Sus novelas han sido traducidas a las principales lenguas internacionales; en castellano se ha publicado recientemente Libertad bajo palabra (Emecé 2002).

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Sobre el agua de Guy de Maupassant (Marbot ediciones / 182 págs.):

«Toda la obra de Maupassant rebosa de agua, de ríos, de estanques, de mar; toda su obra está llena de juegos y de tragedias acuáticas» Alberto Savinio

Existen pocos grandes libros consagrados a la navegación de placer. Sobre el agua (1888) relata un crucero de Maupassant por la Costa Azul del Mediterráneo, desde Cannes hasta Saint-Raphaël, a bordo de su yate, bautizado con el mismo mote, Bel-Ami, que el protagonista de su inolvidable novela. Pero además de un relato de viajes, este libro es toda una confesión: Maupassant nos habla de la vida literaria, de sus tormentos íntimos, de la sociedad, de las mujeres, de la ebriedad, de la enfermedad, de la tarea de escribir, de la soledad. Y así, el lector se ve transportado no sólo a los lugares a los que el escritor viajó, desde las elegantes calles de Cannes transitadas por príncipes caídos, hasta las solitarias playas de Agay, sino también arrastrado a sus pensamientos y cavilaciones.
«Me piden» reconoce el autor «que publique estas páginas sin continuidad, sin composición, sin arte,… que se interrumpen bruscamente, sin motivo, tan solo porque un golpe de viento ha puesto fin a mi viaje. Cedo a este deseo. Tal vez me equivoco.»

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La vida errante de Guy de Maupassant (Marbot ediciones / 270 págs.):

«Me fui de París e incluso de Francia porque la torre Eiffel terminó fastidiándome mucho», declara Maupassant al comienzo del libro. Abrumado por las multitudes que acuden a París con ocasión de la exposición universal de 1889, el escritor francés decide huir a lugares más tranquilos. El viaje le lleva en primer lugar hasta Italia, por mar, en busca de arquitecturas más viejas. Su recorrido en velero por la costa italiana nos deja magníficas estampas de Génova, Florencia, Pisa o Nápoles, además de muchos otros rincones descritos con una mirada irremediablemente personal.
A Sicilia dedica Maupassant una etapa especial del viaje y la mayor parte de su diario. Parece que le guía sobre todo la voluntad de desmentir los tópicos de su tiempo sobre la isla: «Los franceses están convencidos de que Sicilia es una región salvaje, difícil e incluso peligrosa. De vez en cuando un viajero, que pasa por ser un temerario, se aventura hasta Palermo y vuelve afirmando que es una ciudad muy interesante. Y eso es todo.»
La última etapa del viaje de Maupassant le obliga a embarcarse en otro mar, esta vez de arena: su recorrido africano comienza en Túnez y se adentra en el desierto hasta Kairuán.

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Guy de Maupassant (1850-1893) fue un destacado escritor y cuentista del siglo XIX. Su obra se compone de algunas novelas, la más conocida de ellas Bel-Ami (1885), y de un buen número de cuentos célebres como Bola de Sebo, El Horla, La belleza inútil, La señorita Fifi, etc. La vida errante es la tercera y última entrega de su serie de crónicas de viaje.

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En ruta de Jack London (Marbot ediciones / 336 págs.):

“En ruta confirmó a London como mito, desde luego, y gratificó una vez más esa sed estadounidense de viaje, carretera y libertad.” Fernando Casatnedo, Babelia.

En «Cómo me hice socialista», Jack London nos cuenta cómo los grandes espacios y las oportunidades aparentemente inagotables del oeste americano lo convirtieron durante años en un individualista impenitente, fiel a una ética del trabajo que no conocía más culpa que la debilidad. Pero en su posterior viaje a la costa este se dio cuenta de que los trabajos manuales y de baja cualificación —los mismos que había realizado él hasta entonces— constituían una trampa de la que no había salida y cuyo único horizonte era una vejez prematura y miserable. El regreso del autor a la costa oeste después de esta experiencia ocupa el conjunto de relatos autobiográficos titulado En ruta, el recorrido en tren por los Estados Unidos de un London reducido a la mendicidad, que recurre a toda clase de ardides para obtener la comida del día o para colarse y viajar de polizón en el primer tren que le permita proseguir su viaje.

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Jack London (1876-1916, San Francisco) fue autodidacta. Tras realizar toda clase de trabajos, fue a Klondike durante la fiebre del oro y padeció el escorbuto, que le dejó secuelas para toda la vida. Siempre consideró la literatura como un medio para ganarse la vida y para salir de la trampa de los trabajos más duros a los que parecía condenarle su modesto origen. Sus historias basadas en sus experiencias en Alaska, sobre todo La llamada de la naturaleza, le proporcionaron importantes ingresos y lo convirtieron en uno de los autores de moda. En sus últimos años trató infructuosamente de sacar adelante un rancho en California. Su muerte, como tantos otros elementos de su biografía, estuvo rodeada de misterio y de escándalo.

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Semmelweiss de Louis-Ferdinand Céline (Marbot ediciones / 128 págs.):

«Supongamos que hoy aparece otro inocente que se pone a curar el cáncer. ¡El pobre no puede imaginar el tipo de música que le harían bailar en seguida! ¡Sería fenomenal! ¡Ah, qué duplique su prudencia! ¡Ah, más vale que esté prevenido! ¡Qué se ande con muchísimo cuidado! ¡Ah, más le hubiera valido alistarse de inmediato en la Legión Extranjera! Todo se expía, tanto el bien como el mal se pagan, tarde o temprano. Naturalmente, el bien es mucho más caro.»

Relato de la trágica vida de Semmelweiss, médico del siglo XIX que descubrió la asepsia. Lejos de ser acogido con entusiasmo, el descubrimiento fue rechazado por la comunidad científica y destrozó por entero la vida de su autor (además de llevar a innumerables víctimas al cementerio). Un libro original dentro de la obra de Céline, a medio camino entre el ensayo, la biografía y la ficción abierta, en el que descubrimos la sinceridad y profundidad de la vocación médica del propio Céline, además de reencontrar su fuerza plástica y verbal de siempre.

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Louis-Ferdinand Céline (1894-1961, Courbevoie, Francia) combatió en la I Guerra Mundial, tras lo cual desempeñó cargos diplomáticos que le permitieron viajar a Estados Unidos, Cuba, Canadá, Nigeria o Senegal. En 1924 se graduó en medicina, profesión que ejercía cuando publicó en 1931 su primera y más célebre novela, Viaje al fin de la noche. Al terminar la II Guerra  Mundial huyó a Dinamarca para eludir la condena del gobierno francés por colaboracionismo, y después a Alemania. En 1951 regresó a Francia donde residió los diez últimos años de su vida.

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Correspondencia entre George sand y Gustave Flaubert (Marbot ediciones / 284 págs.):

«Éste es uno de los libros más bellos que conozco. Y muy posiblemente la correspondencia más bella que he leído nunca.”

»Las cartas que se intercambiaron George Sand y Gustave Flaubert no se dirigen más que a ellos dos: constituyen […] una verdadera correspondencia, con todos los riesgos que ello supone, las interrupciones, las reanudaciones, los relatos, las confidencias, los sobreentendidos, los guiños, las discusiones, los conflictos tal vez, y sobre todo, entre dos escritores de valor desigual y de ideologías opuestas, esa mezcla tan rara de afecto y admiración, de complicidad y de asombro, de generosidad y de humor, de ternura y de lucidez.»

André Comte-Sponville, del Prólogo.

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George Sand (1804-1876), seudónimo literario de Amandine Aurore Lucile Dupin, baronesa Dudevant. Fue la primera mujer novelista francesa que consiguió labrarse una reputación considerable como escritora, aunque tuviera que ser ocultándose bajo un seudónimo masculino. Sand fue una mujer libre a la que algunas de sus costumbres (como preferir la indumentaria masculina) y sus aventuras amorosas con artistas de la época (Muset, Chopin,…) le valieron la reputación de libertina.

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Gustave Flaubert (1821-1880), novelista francés, sin duda uno de los mayores de todos los tiempos a pesar de no ser especialmente prolífico. Cada una de sus obras debía ser un proyecto literario autónomo y cerrado en sí mismo. Sus títulos más destacados son: Madame Bovary (1857), Salammbô (1862), L’Éducation sentimentale (1869), Bouvard et Pécuchet (inacabada, 1881).

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Debido al éxito de la transimisión del pasado 10 de mayo, nos complace anunciarles que el próximo viernes 17 de mayo, la Tertulia de los viernes del programa “En perspectiva” de Radio Sarandí, volverá a emitirse, en directo, desde Más Puro Verso a partir de la 09:30 horas. El programa que conduce Emilano Cotelo volverá a contar cn el mismo elenco de invitados: Matilde Rodríguez Larreta, Carlos Maggi, Mauricio Rosencof, Juan Grompone. La entrada es libre y gratuita para todos aquellos que deseen presenciar el programa.

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El próximo viernes 10 de mayo a partir de las 09:30h se emitirá, desde la librería Más Puro Verso, La tertulia de los viernes dentro del programa “En Perspectiva” de la emisora El Espectador. El programa que conduce Emilano Cotelo contará con un elenco de invitados de primer nivel en el panorama de las letras y el periodismo de nuestro país: Matilde Rodríguez Larreta, Carlos Maggi, Mauricio Rosencof, Juan Grompone. La entrada es libre y gratuita para todos aquellos que deseen presenciar el programa.

La tertulia

En Perspectiva:

“En Perspectiva” que se emite de lunes a viernes por CX 14 El Espectador y se retrasmite simultáneamente al resto del país, es sin duda el programa de radio más importante de Uruguay. Por su mesa pasan diariamente figuras de destaque nacionales y extranjeras abordando temas políticos, económicos, culturales y todo aquello que pueda resultar de interés para el  oyente. Dentro del programa la sección de La Tertulia que forma parte del programa desde 2001, reúne cada día a cuatro tertulianos de primer nivel dentro de los ámbitos culturales, políticos y económicos de nuestro páis.

Conducción Emiliano Cotelo

Emiliano Cotelo es un invitado respetado y apreciado en la mañana de los hogares uruguayos. Se inició como periodista de noticias en CX 30 “La Radio en 1983”. Su programa radial “En Perspectiva”lleva en el aire ininterrumpidamente desde 1985. Su actuación no se limitó solamente a la radio, en su trayectoria ha contribuido con otros medios colaborando con el diario “El Observador”, la revista “Tres” y “Saeta TV Canal 10”. También incursionó en la docencia enseñando periodismo radial en la Universidad Católica del Uruguay.

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Matilde Rodríguez Larreta:

Casada en 1961 con el diputado Héctor Gutiérrez Ruiz, tuvieron 5 hijos: Juan Pablo, Facundo, Magdalena, Marcos y Mateo.

En 1976, su esposo es asesinado en Buenos Aires, en plena dictadura. Una vez retornada la democracia en Uruguay, Matilde se opone a la Ley de Caducidad sancionada a fines de 1986; en 1987, junto con Elisa Dellepiane de Michelini y María Esther Gatti de Islas, presiden la Comisión Nacional Pro Referéndum creada para promover la revocación de dicha ley.

En las elecciones de noviembre de 1989 encabezó la lista a diputados por el Movimiento Nacional de Rocha; aparecía en la propaganda televisiva, donde terminaba con la proclama los principios, usted lo sabe: no se negocian; resultó electa para el periodo 1990-1995

El 10 de diciembre de 2001 participó en la ceremonia de inauguración del Memorial de Recordación de los Detenidos Desaparecidos en el Cerro de Montevideo.

En 2004 acompañó la candidatura de Jorge Larrañaga.

En 2010 fue electa concejal del Municipio CH de Montevideo tras ser candidata a la alcaldía de dicho municipio.
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Carlos Maggi:

A sus 90 años Carlos Maggi sigue sorprendiéndonos por su clarividencia y su forma de hacer periodismo. Este personaje multifacético ha desarrollado, a lo largo de sus nueve décadas de vida, una gran variedad de actividades: libretista de radio, dramaturgo, periodista, ensayista, historiador, autor de letras de canciones, guionista y director de cine, abogado especializado en sistema financiero, empresario de la construcción, docente y tertuliano profesional. Su bibliografía es amplísima, entre las que podríamos nombrar: 1611-2011 Mutaciones y aggiornamientos en la economía y cultura del Uruguay ; La guerra de Baltar, El uruguay de la Tabla Rasa, Artigas y su hijo el Caciquillo; y su amplia y magnífica producción dramatúrgica con obras como La trastienda, La Biblioteca, La noche de los ángeles inciertos, El patio de la torcaza, Frutos.

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Mauricio Rosencof:

Mauricio es escritor y periodista, siendo uno de los autores con más repercusión internacional de éste país en la actualidad. Es en Montevideo donde ha desarrollado los dos aspectos que son constitutivos de su obra: el teatro y la política. Fue dirigente del Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros), detenido en 1972 y a partir de setiembre de 1973 fue incomunicado y aislado durante once años y medio, hasta el fin de la dictadura militar en 1985; su estancia en la cárcel está documentada detalladamente la obra que escribió con E. Fernández Huidobro Memorias del calabozo. Entre sus libros publicados se encuentran: El Bataraz (Alfaguara, 1999), Las cartas que no llegaron (Alfaguara 2000, 2010, Pdl 2008), Piedritas bajo la almohada (Alfaguara 2002), El enviado del fuego (Alfaguara 2004), El barrio era una fiesta (Alfaguara 2005), La Margarita (Alfaguara 2006), Una góndola ancló en la esquina (Alfaguara, 2007), Lo grande que es ser chiquito (Alfaguara Infantil, 2008), Medio Mundo (Alfaguara, 2009), …Y nuestros caballos serán blancos (reedición 2011 Alfaguara Juvenil) y Sala 8 (Alfaguara, 2011). Ha sido premiado en distintos rubros, traducido, editado y representado en varias lenguas. Fue director del Departamento de Cultura de la Intendencia de Montevideo entre 2005 y 2010. Es contertulio de En Perspectiva desde hace más de 10 años.

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Juan Grompone:

Este ingeniero industrial polifacético ha transitado por diversos rubros, desde las telecomunicaciones, a la informática, la docencia y también la literatura. Justamente, en relación a esta última actividad es que recibió el premio Bartolomé Hidalgo 2012 a la Trayectoria, gracias a una profusa obra con la que incursionó en la novela histórica y policial, ensayos y artículos científicos, e incluso el periodismo. Tal como lo es de polifacética su trayectoria amplia es su obra impresa entre sus últimos títulos destacan: Nirvana dos, El paradigma del laberinto, La danza de Shiva (libros II y V), Asesinato en el Hotel de Baños, Ciao, ¡Napolitano!…

juan Grompone

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En esta entrada vamos a presentar a una variopinta gama de gastrónomos y cocineros que nos deleitan con sus ensayos sobre cocina o con sus exquisitos recetarios. Son libros que no deberían faltar en la biblioteca de ningún buen amante de la buena mesa. Buen provecho.

 

Santi Santamaria (Sant Celoni, 1957 – Singapur, 2011):

El cocinero del restaurante Can Fabes, Santi Santamaria, que suma siete estrellas entre los cinco restaurante en los que ha trabajado, fue también el primer cocinero catalán de España en conseguir tres.

Nacido el 26 de julio de 1957 en Sant Celoni, fundó allí en 1981, junto a su esposa Àngels, su restaurante más laureado, Can Fabes: en 1988 obtuvo la primera estrella Michelin; en 1990, la segunda, y en 1994, la tercera.

Además, era propietario y colaboraba con otros cuatro restaurantes: el Santceloni en Madrid -con dos estrellas Michelin-; el barcelonés Evo en el hotel Hespera Tower -con una-; el Tierra en el Valdepalacios Hotel Gourmand -con una también-, y el Ossiano, que abrió en 2008 y ubicado en el Atlantis the Palm, en la costa de Dubai.

Fue admitido como miembro del Relaix & Chateaux en calidad de Relais Gourmand durante el congreso mundial que la asociación celebró en Quebec, e ingresó posteriormente en el reducido club de Traditions & Qualité, Les Grandes Tables du Monde.

También ha escrito diversos libros, el primero de los cuales en 1999 cuando salió a la venta ‘La cocina de Santi Santamaría, la ética del gusto’, que recibió numerosos premios gastronómicos.

En el año 2000, la Guía Michelin de España y Portugal consideró Can Fabes como el mejor restaurante de España, tras renovarle la tercera estrella y calificarlo con cuatro tenedores rojos.

Fiel al buenhacer de la cocina tradicional bien hecha sus opiniones contra el uso de gran número de aditivos suscitó una agria polémica con otro de los cocineros catalanes más reconocidos internacionalmente, Ferran Adrià, propietario de El Bulli.

Santamaría criticó la apuesta culinaria de algunos chefs que “llenan sus platos de gelificantes y emulsionantes de laboratorio”, dejando claras sus diferencias con Adrià y su cocina ‘molecular’.

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Una reivindicación del buen comer. Santi Santamaria. (Akal / 256 págs.):

Con la presente obra Santi Santamaria deseaba mostrar a sus lectores cuál era la cocina que le había llevado a convertirse en el gran chef que era: la cocina de sus recuerdos, que enriqueció con sus viajes y experiencias. Para ello propuso una selección de las recetas que estimaba más representativas, acompañada de sus reflexiones acerca de la forma que él tenía de entender la gastronomía. Quería demostrar que la cocina de toda la vida podía renovarse sin perder su esencia, tan sólo dedicándole tiempo, escogiendo productos de calidad y una buena receta; y, asimismo, ayudar a descubrir que las decisiones sobre lo que comemos son relevantes.
Una reivindicación del buen comer nos demuestra que, en estos momentos de rápidos cambios en nuestras costumbres, la cocina todavía puede ser un arte alegre y placentero que, en palabras de Santi Santamaria, «no sólo tiene que alimentar de forma equilibrada el cuerpo, sino que debería contribuir a armonizar el saber y el ser de las personas».

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Néstor Luján (Mataró, 1922 – Barcelona, 1995):

El periodista y escritor Néstor Luján nació el 1 de marzo de 1922 en Mataró. En 1943 se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona y en 1952 obtuvo el título de periodista.

Publicó su primer artículo en la revista literaria Alerta y en 1943 inició su colaboración en la revista Destino, publicación en la que trabajó durante más de 30 años, y que acabó dirigiendo desde 1958 a 1975. También fue director de Historia y Vida entre 1975 y 1992.

Novelista, gastrónomo – premio nacional de gastronomía– , aficionado a la tauromaquia, tauromaquia y escritor de curiosidad oceánica y saber enciclopédico sus más de 20.000 artículos periodísticos abordan un amplio abanico de temas y siguen cautivando a incontables lectores.  Sirve como ejemplo la concesión del premio periodístico Álvaro Cunqueiro por su reflexión sobre la rosa y la eclosión de la primavera, publicada en nuestras páginas.

A los 64 años debuta como novelista con la obra entre policíaca e histórica Decidnos quien mató al conde con la que gana el Premio Internacional Plaza & Janés, de la que La Vanguardia publicó un capítulo.

En diciembre de 1995, pocos días antes de su muerte, obtuvo el Premi Sant Jordi por la novela Els fantasmes del Trianon de trasfondo histórico. El escritor, convaleciente de una intervención quirúrgica, ya comentó entonces que este iba a ser un premio póstumo.

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Carnet de ruta. Las recetas de Pickwick. Néstor Luján (Tusquets / 328 págs.):

Al igual que Samuel Pickwick, el inmortal personaje de Dickens, Néstor Luján fue un «viajero jocundo, alegre compañero, débil ante las tentaciones de la buena mesa y no menos frágil ante las solicitaciones del invisible espíritu del vino». Él también amó el viaje por el viaje. Cual explorador de incorruptible curiosidad, describe en Carnet de ruta sus aventuras por las cocinas de este mundo, en las que no faltan las incursiones literarias, los reiterados asaltos de la Historia, el alegre abordaje a otras culturas, las expediciones galantes y, ante todo, el gozoso deleite de descubrir y revelar refinadas tradiciones culinarias de civilizaciones cercanas o lejanas.

En 1963, Néstor Luján inició en la revista Destino una sección semanal que llevó el nombre de Carnet de ruta y en la que se reservó un espacio dedicado a la gastronomía. Es innegable su calidad de pionero, en España, en semejante terreno, por aquel entonces desdeñado. En 1969 y 1970, Joan Perucho recogió estos artículos en dos tomos, hoy innecontrables, y los publicó en la desaparecida colección «La estética del gusto» de Ediciones Taber. Y, como el tiempo no marchita la obra de los maestros, restituirlos en su mayoría al lector de hoy, tras concisos retoques y precisiones que hizo el autor, constituye no sólo un placer, sino, nos parece, una ineludible obligación, particularmente en una colección como ésta y en un época en que el alegre saber se convierte en imperiosa necesidad.

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Viaje a Francia.Rutas literarias y gastronómicas de una vajero singular. Néstor Luján (Tusquets / 248 págs.):

Viajero impenitente por multitud de parajes reales –o no tanto–, Néstor Luján nos regaló hace años estas espléndidas crónicas misceláneas acerca de la cocina y la cultura de uno de los países que mejor conocía y más amaba: Francia. Porque, más que un país o una geografía, Francia era para Luján un auténtico paisaje del alma y, gracias a él, también lo es para sus agradecidos lectores. En estos ociosos y a menudo melancólicos vagabundeos por tierras de Aquitania y Borgoña, por los valles del Loira y las regiones de la Champaña, Lorena, Alsacia o Provenza, nunca falta, además de la minuciosa descripción de los platos, recetas, vinos o especialidades gastronómicas, la precisión geográfica, el retrato histórico o la cita literaria.

Maestro en el difícil género de la literatura viajera y gastronómica, Luján sabe reunir en una misma página alguna curiosa particularidad culinaria con una evocación cultural de altos vuelos, o la amena digresión sobre el paisaje otoñal con la visita comentada a algún secreto museo.

Es un auténtico placer para el editor rescatar ahora este hermoso texto, sin duda uno de los títulos de más grata lectura escritos por Néstor Luján. «La única justificación de este libro», escribía el genial gastrónomo en el prólogo, «es que a su autor, que se divirtió mucho viajando y escribiendo estos reportajes, le agradaría hacer partícipe al lector de esta honesta diversión, en la medida de sus frágiles pero bien intencionadas fuerzas.»

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El libro de la cocina española. Néstor Luján y Juan Perucho (Tusquets / 328 págs.):

Con un prólogo de Manuel Vázquez Montalbán escrito especialmente para esta edición, Tusquets Editores rescata para su catálogo El libro de la cocina española, un texto que ya era inencontrable y que los aficionados a la gastronomía saludarán alborozados. Y no sólo ellos, pues, mucho más que un simple recetario, este libro es también un amenísimo viaje a través de la cultura, las tradiciones y la literatura relacionada con el beber y el comer en España.

Convencidos de que la cocina es un reflejo de la historia de los pueblos, Néstor Luján y Juan Perucho se lanzaron a un festivo peregrinaje por las cocinas y figones de nuestro país, y los fogones de particulares y amigos, sin olvidar los restaurantes de lujo; el objetivo era salvar del olvido viejas recetas y dar a conocer los secretos de la elaboración de los mejores y más típicos platos de cada comarca. Pocos tratados gastronómicos pueden presumir como éste de una voluntad tan totalizadora: desde la riqueza del marisco gallego o vasco hasta las infinitas variaciones que puede adquirir el humilde cocido en las dos Castillas o en Cataluña; desde las deliciosas sopas de las Baleares a la liturgia de la paella valenciana, o desde los sobrios platos extremeños hasta los sutiles aceites andaluces. Además de un ameno viaje geográfico, este libro es un espléndido compendio de saberes donde también caben la anécdota sobre el nombre de un plato o su forma de preparación, un tratado completo sobre la historia y evolución del gusto o una divertida disquisición sobre la etiqueta en la mesa.

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Maurice Edmond Saillant (Angers, 1872 – París, 1956) conocido como Curnonsky “Príncipe de los gastónomos”:

Esta es la historia de Maurice Edmond Saillant (Angers, 1872 – París, 1956). Su madre murió en el parto y su padre lo abandonó, así que se hizo cargo de él su abuela. Ésta, sería la encargada de aficionarle a lo que años más tarde serían sus dos pasiones: la cocina casera y la lectura. Se matriculó en Literatura en la Sorbona pero no era lo que él esperaba, se aburría tanto que lo dejó y comenzó a trabajar como negro (hace trabajos anónimamente en provecho y lucimiento de otro que pone la firma). En 1921, comenzó a escribir, y firmar, sus propios escritos sobre cocina… la que su abuela le había enseñado. Como no tenía un nombre en el mundo literario, prefirió escribir bajo un seudónimo… ¿Pero cuál? Alguien le dijo ¿por qué no sky? y él, como buen latinista, dijo Cur non sky? (¿Por qué no sky?) y de ahí Curnonsky. Junto al periodista Marcel Rouff publicaron Francia La Gastronomique: Merveilles Culinaires et des bonnes auberges françaises (La Francia Gastronómica), una guía dividida en 28 capítulos en la que defendían la cocina casera tradicional y se relacionaban los mejores restaurantes de Francia donde se elaboraba ese tipo de cocina. (una especie de Guía Michelín). Por sus trabajos, en 1927 se le nombró Príncipe de los Gastrónomos.

Se convirtió en un defensor a ultranza de la comida casera, elaborada con productos locales, frente a la cocina sofisticada (esa que hoy llaman Nouvelle Cuisine y que después de pagar 100 euros por barba tienes que recenar en casa). En 1930, fundó Academia de los Gastrónomos y los restaurantes comenzaron a competir para contar con su presencia y su crítica. Lógicamente, era invitado a todas celebraciones importantes de París que iban acompañadas de banquete. Cuando cumplió 80 años, 80 restaurantes de París le obsequiaron con una mesa reservada para él a perpetuidad y en cada una de esas mesas había una placa en la que podía leerse:  Reservada a Maurice Edmond Saillant Curnonsky, príncipe electo de los gastrónomos, defensor de la cocina francesa e invitado de honor de este establecimiento. Su muerte tiene su historia propia: por problemas de salud fue sometido a un estricto régimen a base de leche y galletas, Curnonsky no pudo soportarlo y en 1956 se tiró por la ventana de su casa.

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Recuerdos gastronómicos. Curnonsky. (Parsifal ediciones / 132 págs.):

Aún no es una reliquia de la literatura gastronómica porque le falta la perspectiva que da el paso de los años, pero “Recuerdos Gastronómicos” está destinado a ser uno de los mojones de este tipo de género.

Recuerdos Gastronómicos”, fue editada en 1958, luego de su muerte, y aúna relatos breves acerca de sus experiencias gastronómicas. Narra anécdotas de su infancia, hace una divertida analogía entre los partidos políticos y la gastronomía y cuenta con mucha gracia el día que comió el mejor cassoulet de su vida, lógicamente en Castelnaudary, hecha por una señora cuya preparación le llevó ¡toda una noche!

Entre otras cosas, Curnonsky canta loas al foie gras, cuenta la leyenda de la bouillabaisse, analiza la cocina literaria de Rabelais, autor de Gargantúa y Pantagruel, condena el hábito de fumar en la mesa, rinde culto a Brillat Savarin y festeja el encanto de una mesa bien puesta.

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La cocina sencilla en 300 recetas. Curnonsky. (Parsifal ediciones / 132 págs.):

“¿La cocina? Consiste en qeu las cosas tengan el gusto de lo que son. Esta pequeña antología de recetas está enteramente dedicada a esta humilde verdad, fruto de mi prolongada experiencia. Mi intención ha sido ofrecer una selección de recetas muy sencillas, muy fáciles de hacer y económicamente asequibles. Para ello he escogido, entre los innumerables platos que he tenido la suerte de degustar, algunos de los que más me han gustado. Y los he tomado de distintos autores, desde grandes chefs hasta modestas amas de casa.”
La presente obra de Curnonsky, una de las más destacadas de su abundante producción dedicada a la gastronomía y a la cocina, responde a la voluntad de sencillez y simplicidad presentada por su autor en el texto precedente. Efectivamente, Curnonsky, aún siendo el autor de la clasificación de la cocina francesa en cuatro grandes grupos (la alta cocina, la cocina burguesa, la cocina regional y la cocina improvisada), renuncia en el presente libro a esta ordenación y se complace en ofrecer un puñado de recetas de variado origen. Este recetario, epítome de la sabiduría culinaria francesa, abarca, como la propia vida de Curnonsky, desde la belle époque hasta los años posteriores a la segunda guerra mundial. En él están representados desde tratadistas antiguos de los siglos XVII y XVIII hasta grandes figuras de los fogones como EScoffier y Blanchard, además de múltiples paticulares y un “Gourmet anónimo” de gustos sospechosamente parecidos a los del príncipe de los gastrónomos. En resumen, las trescientas recetas de este libro son, por su intencionada simplicidad, una introducción ideal a la práctica cotidiana de la cocina francesa.

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Jamie Oliver (Clavering, 1975):

Nací en mayo del 75 y desde ese mismo momento, ya estaba dentro del negocio de la gastronomía. Mi padre tenía un pub-restaurante llamado The Cricketers, en
Clavering, Essex, que es donde me crié. Siempre me fascinó la cocina. Me parecía un sitio genial, con todo el mundo trabajando en equipo para preparar estupendas
comidas y disfrutando mientras lo hacían.

Cuando tenía unos 8 o 9 años, me empezaron a dejar pelar patatas, sacar guisantes de sus vainas y cosas por el estilo. Para cuando tuve 11, ¡ya cortaba y picaba como un demonio! Muchos de mis compañeros de escuela pensaban que aquello de la cocina era una cosa de niñas.
Nunca me importó, sobre todo porque con lo que ganaba trabajando el fin de semana podía pagarme las zapatillas deportivas que quería.

Cuando cumplí los 16 años, ya sabía que el colegio no era lo mío y que tenía una vocación: ser chef. Fue por eso que me marché a estudiar al Westminster Catering College y también pasé algún tiempo en Francia, aprendiendo todo lo que pude. Algún tiempo después, volví a Londres y comencé a trabajar como chef en la pastelería de Antonio Carluccio en The Neal Street Restaurant. Tuve mucha suerte de trabajar en un restaurante tan renombrado tan pronto en mi carrera y lo aproveché al máximo.

Después del The Neal Street Restaurant, empecé a trabajar para Gray & Ruth Rogers en el River Café durante tres años y medio. ¡Fue una experiencia alucinante! Estas dos mujeres me enseñaron cuánto tiempo y esfuerzo requiere la comida más fresca, honesta y deliciosa.

Fue allí cuando me puse por primera vez frente a una cámara de televisión. Estaban grabando un documental sobre el restaurante y decidieron mostrar a aquel chaval descarado que entendía tanto de cocina y respondía cada pregunta que le hacía el equipo de rodaje. Al día siguiente de la emisión del programa, recibí llamadas de cinco productoras ofreciéndome posibles programas. ¡No me lo podia creer! Y encima, ¡todos mis compañeros me tomaban el pelo al respecto!

El resultado de todo esto fue The Naked Chef (El chef al desnudo) y creo que aquí fue cuando empezó todo. ¡En la actualidad estoy más ocupado que nunca en mi vida! Mi vida en un auténtico torbellino. La única cosa que echo en falta es tener más tiempo para estar con mi familia y mis adorables chicas: Jools, Poppy, Daisy y Petal (mi mujer y mis hijas). Ahora tenemos una casa en el campo para pasar nuestros fines de semana y estoy siempre deseando que llegue el viernes por la noche para hacer las maletas y pasar el fin de semana juntos.

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En casa con Jamie. Jamie Oliver (Del nuevo extremo / 408 págs.):

Tengo auténtico cariño por este libro. Trata de una cocina sencilla y eficaz basada en los grandes sabores que se encuentran a lo largo de todo el año. Cuando comencé a escribirlo no tenía en realidad una idea clara de qué recetas iba a poner, pero hubo algo que sí que fue de una gran inspiración desde el primer momento … ¡mi huerta de verduras! Me he dado cuenta el año pasado de que no siempre hay que buscar la inspiración en el vasto mundo. Puede que se te aparezca

también estando en casa, tranquilo y relajado. Me encanta pasar mi vida en la casa que tengo en el pueblo en el que crecí, trabajando en mi jardín con el auténtico jefe, la Madre Naturaleza, y observando cómo surgen de la tierra mis bellísimas verduras. Entre sus páginas encontrarás unas 100 recetas, además de ciertas informaciones sobre siembra y cultivo y algunos consejos útiles, ¡por si se te ocurre ponerte manos a la obra también!

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La cocina italiana Jamie Oliver. Jamie Oliver (RBA / 320 págs.):

Italia ha inspirado a Jamie Oliver a lo largo de toda su trayectoria profesional. Siempre había tenido la ilusión de viajar por el país con el fin de capturar la esencia de la cocina italiana, y de escribir el mejor y más sencillo libro de cocina posible para el disfrute de todos.
La cocina italiana de Jamie es el resultado de este viaje –un gran resultado–. Con más de 120 nuevas recetas de todo tipo, desde risottos a asados y desde espaguetis a estofados, estructuras como en la carta de una trattoria, La cocina italiana de Jamie lleva al lector por toda Italia para que cocine y aprenda de los verdaderos maestros de la cocina italiana: los lugareños. Este libro se aparta del modelo de recetario lleno de tópicos italianos: es un libro de cocina escrito por el pueblo y para el pueblo. Desde Sicilia a Toscana, incluye a pescadores, panaderos y, por supuesto, mammas que comparten sus recetas y los trucos culinarios transmitidos durante generaciones. Pero Jamie no sólo se ha llevado a casa unos platos que hacen la boca agua, sino también el espíritu que hace de la cocina y de la comida el centro de la vida en cualquier rincón de Italia.
Este libro es a la vez un recetario muy fácil de consultar y un diario de viajes único, rebosante de la calidez y la hospitalidad de personajes familiares que nos transmiten el auténtico sabor del país y de sus gentes.

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Las escapadas de Jamie. Jamie Oliver (RBA / 360 págs.):

Este volumen recoge las versiones más fáciles de los platos clásicos que ha aprendido el cocinero en sus viajes por España, Italia, Suecia, Marruecos, Grecia y Francia. Un recorrido por recetas tradicionales, muchas de ellas con productos mediterráneos, explicadas de forma sencilla y amena.

Cada capítulo cuenta con una introducción del país, en la que el cocinero explica sus escapadas, los ingredientes que se usan en cada país y la forma de cocinarlos.

En el capítulo de España vemos las versiones de la paella, el gazpacho o del pescado a la sal. Me hace bastante gracia la ensalada de tomate y chorizo, que me despierta mucho la curiosidad y que prometo investigarla.

Merece especial atención el apartado de las tapas, cómo Jamie Oliver habla de nuestra rica costumbre, de su historia, demostrando gran respeto y admiración. En este subcapítulo nos ofrece las recetas de las croquetas, albondiguitas y huevos jamón.

De la gastronomía sueca también nos trae su particular visión con recetas tan originales de guisantes partidos amarillos o arenques encurtidos. Con las recetas marroquíes también disfrutaremos con unos peculiares fish and chips o limones en conserva o una versión de la tortilla francesa pero con trufas.

Pero no os penséis que todo son recetas saladas, ya que cada capítulo cuenta con deliciosos postres como las tartas de bayas, el pastel de feta y miel o las tortas de aceite que hoy os he preparado.

Para nadie es desconocido el amor de Jamie por Italia, ya que tiene varios libros sobre esta temática. Nos ofrece unas ingeniosas y ricas recetas como la flor de calabacín rellenas o las sopas minestrones. En este capítulo hay una selección de risottos muy interesantes como el de alcachofas o el tomate y albahaca.

Cabe destacar que el libro en sí ya es un regalo, con un papel de gran calidad y unas fotos preciosas, que son un testigo mudo de este viaje alrededor de la comida.

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Escuela de cocina. Jamie Oliver (RBA / 360 págs.):

Este libro se ha inspirado en toda la gente que he conocido que pensaba que nunca hubieran podido ni querido aprender a cocinar. Para mí, que alguien piense así ha sido siempre como un desafío, porque estoy convencido de que una de las habilidades que cualquier persona que habite en este planeta tiene que dominar es la cocina casera más sencilla, porque es el único modo de poder cuidar de sí mismos, de sus familias y de sus amigos. Por eso he escrito este libro, para animarte a ti (o a la persona para quien lo estés comprando) a aprender a cocinar con la mayor sencillez y lo más rápido posible.

Y lo he hecho reuniendo un buen montón de recetas de los platos que por lo general más nos gustan, y así ofrecerte mis versiones simplificadas de los mismos mediante instrucciones muy claras y el paso a paso en fotos, que te conducirán hacia un mundo nuevo que se desplegará ante ti lleno de la mejor comida. Da lo mismo que seas un principiante negado como un cocinero decente al que le gusta la cocina sencilla, acepta mi ayuda y la de este libro para aprender a cocinar algunos platos deliciosos de verdad y que son los que más le gustan a todo el mundo.

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Simone Ortega (Barcelona, 1919 – Madrid, 2008):

De ascendencia francesa, Simone Ortega nació en Barcelona en mayo de 1919 y a los nueve años se trasladó con su familia a Madrid. desarrolló la  afición a los fogones de su abuela (una excelente cocinera procedente de Borgoña), y que con los años se convertiría en su medio de vida. Con 23 años se casó por vez primera, pero con sólo 25 quedó viuda.  Unos años difíciles en los que Simone trabajó como enfermera, puericultora, incluso llegó a abrir con unas amigas la primera tienda de bricolaje de la ciudad.

Al cumplir los 30, Simone contrajo de nuevo matrimonio con José Ortega Spottorno (cofundador de Alianza editorial e hijo del célebre filósofo José Ortega y Gasset) y fue precisamente éste quien la animó a reunir en un libro todas esas recetas y secretos de cocina que había heredado de su abuela. A ella le pareció una buena idea, algo divertido. Y lo que empezó como una sugerencia  más o menos casual de su marido acabó dando como resultado la publicación en 1972 de uno de los libros más vendidos en España tras El Quijote y La Biblia: el recetario ‘1080 recetas de cocina’ que, desde entonces hasta hoy, ha conseguido vender más de  3 millones y medio de ejemplares en más de 40 ediciones.

Después llegarían otros títulos (La cocina madrileña; Nueva recetas cocina; Las mejores recetas de Simone Ortega; Quesos españoles…); llegarían también las conferencias; los premios a su labor profesional (así por ejemplo en 1987 fue ‘Premio Especial de Gastronomía’ y en 2006 le fue concedida la ‘Medalla de la Orden de las Artes y de las Letras de Francia’); así como las colaboraciones en distintos medios de comunicación.

Una vida dedicada al apasionante mundo de la gastronomía que, tristemente, se apagó el pasado uno de julio cuando Simone Ortega contaba con 89 años de edad.

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1080 rectas de cocina. Simone Ortega (Alianza editorial, 1048 págs):

 ¿El secreto del éxito?: ‘que las recetas salen’, garantizaba siempre la propia Simone, con puntito de orgullo. No era para menos: hasta tres veces probaba cada plato antes de darle ‘luz verde’ para asegurarse que funcionaba. De ahí que invirtiera unos tres años de su vida en ultimarlo. Se encargaba de todo el proceso: iba al mercado, compraba los productos, preparaba en su casa cada receta… y cuando estaba convencida la ponía en negro sobre blanco de forma clara y sencilla.

Fue así como surgieron estas 1080 recetas que abarcaban desde lo más elemental de la cocina española hasta ciertas fórmulas de la cocina francesa (se dice que fue ella quien introdujo en España platos como la quiche, las salsas con nata…) y con las que han aprendido a cocinar tres generaciones distintas de amas de casa, solteros, aficionados al fogón…

Dice el gran maestro Ferran Adrià (firme admirador de Simone) que ‘seguramente sin su libro todo este boom de la cocina actual no hubiera existido’. Una declaración que nos ofrece una idea clara de la magnitud e importancia de la obra que esta dama de los fogones nos deja como legado.

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El libro de los platos de cuchara, Simone Ortega e Inés Ortega (Alianza editorial, 284 págs):

En él podemos encontrar 250 estupendas recetas que se toman con cuchara, aunque en algunas también será necesario un cuchillo y un tenedor para cortar algunos de los ingredientes de su interior. La denominación de platos de cuchara es muy genérica y en ella podemos incluir desde sopas hasta potajes, legumbres, etcétecera. Algunos son primeros platos y otros platos únicos, pero la mayoría muy ricos.

Bien explicadas las recetas y muy variadas, se van ofreciendo por orden alfabético, a parte de las típicas sopas calientes, también hay Sopas frías como la de melón o la de piña y pomelo rosa con salsa de frambuesa. Tienen especial relevancia los buenos Potajes, como el de garbanzos aromatizado con cúrcuma, jengibre y pimentón o el de judías blancas, espinacas y guisantes.

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Nuevas recetas de cocina, Simone Ortega (Alianza editorial, 502 págs):

 El enorme éxito alcanzado por «1080 recetas de cocina» recetario ya clásico adoptado por centenas de miles de hogares españoles se ve a la vez completado y coronado por estas nuevas rectas de cocina que, divididas en doce apartados y un apéndice, ofrece Simone Ortega en este volumen. La obra sigue los mismos criterios de calidad y concisión de la anterior, de forma tal que las instrucciones pueden ser llevadas a la práctica sin necesidad de que los lectores posean especial maestría culinaria. Particular atención reciben las recetas económicas, no por ello menos sabrosas, y la adecuación de los platos tradicionales para permitir en su preparación el empleo de los actuales utensilios de cocina que permiten batir, triturar y picar.

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Gordon Ramsay (Johnstone, 1966):

Gordon Ramsay nació en Escocia, pero fue criado en Inglaterra, en un pequeño pueblo llamado Stratford-upon-Avon, el mismo de Shakespeare.
El padre Ramsay fue gerente de una piscina pública y cantante frustrado de música country. En su biografía, Humble Pie, publicada en 2006, el cocinero define a su progenitor como “bebedor y mujeriego”, un hombre cuyos fracasos obligaron a él, su madre y hermana a mudarse constantemente.
Como buen inglés, encontró refugio en el fúbol y a los 15 años obtuvo un contrato con los Glasgow Rangers. Sin embargo, una lesión en la rodilla truncó su carrera y, para fortuna de los paladares que lo siguen, atendió el llamado culinario que comenzó a crecerle casi por accidente.
Aprendió de los grandes: Marco Pierre White, Alberto Loux, Guy Savoy y Jöel Robuchon. Todos aportaron un granito de arena para moldear el talento y personalidad de Ramsay, quien muy pronto comenzó a labrar su propio camino.
El chef nunca tuvo que alcanzar las estrellas, pues éstas bajaron para condecorarlo. Gordon ha recibido 16 estrellas Michelin, la primera en 1993, cuando se encontraba a cargo del recién inaugurado restaurante Aubergine, y la última en 2008, a través de Murano, uno de sus tantos locales.
Abrió centros gourmet en Nueva York, Londres, Dubai y París, en donde fue perfeccionando sus técnicas y recuperando el patrimonio culinario de su país de origen.
Por supuesto, el éxito de sus restaurantes comenzó a llamar la atención de la crítica y muy pronto Gordon ya estaba presentando su propio programa de televisión, Ramsay’s Kitchen Nightmares, con el que obtuvo un premio BAFTA y un International Emmy. El ciclo consiste en asistir a restaurantes al borde de la bancarrota y ayudarlos a salir de la crisis con ideas prácticas de administración y buenas y probadas recetas.
A este show le siguieron Hell’s Kitchen y The F-Word, que lo confirmaron como uno de los cocineros más famosos del mundo y, sin dudas, el más televisado. En Inglaterra, además, su fama es imponente. De hecho, una encuesta realizada a tres mil personas por Radio Times, Gordon fue elegido como la celebridad más temida de la televisión.
Sin embargo, con la fama también llegaron los problemas: Las declaraciones del chef se tornaron más agudas y en una ocasión se atrevió a afirmar que “las mujeres no pueden cocinar ni para salvar sus vidas”. Esas palabras llegaron muy lejos; sin embargo, Ramsay las acalló con la contratación de Clare Smyth, cocinera de 29 años, como chef principal de uno de sus restaurantes en Londres, en noviembre de 2007.
Nada arredra al cocinero, sus arranques de furia son transmitidos en pantalla y parece no importarle. Es un hombre con dos caras, por un lado destruye las ilusiones de jóvenes aprendices, y por el otro, crea un sistema de becas para apoyarlos; un día ama a su esposa Cayetana, con quien tiene cuatro hijos y al siguiente es acusado públicamente de infidelidad.
Además, fue arrestado por conducir en estado de ebriedad y su virilidad estuvo en duda tras haber protagonizado un escandaloso encuentro con dos hombres en un baño público. Por supuesto, el chef alegó que las cosas fueron sacadas de contexto y que sólo se trató de una broma entre amigos.
Su talento es haber creado un personaje que mezcla magistralmente el ingenio y el temperamento, dentro de una cocina. Más allá de un personaje complejo, Ramsay es un visionario. Sus negocios se encuentran resguardados por un emporio llamado Gordon Ramsay Holdings, del que posee el 69% de las acciones con un valor de 67 millones de libras.
A este hombre, que le asusta bailar en público, no le falta nada y es un claro ejemplo de que mantenerse fiel a sí mismo es la mejor receta para triunfar.

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Mi cocina fácil, Gordon Ramsay (Grijalbo, 256 págs.):

Los que buscáis grandes recetas de este cocinero escocés, en este libro no las encontraréis, su título ya lo deja ver, son recetas fáciles, con ingredientes accesibles (eso siempre se agradece) y con técnicas simples. Gordon Ramsay explica en la introducción que prefiere ‘un sabroso pastel de pescado casero a una montaña de pescado bañada en una salsa imposible de identificar’. De eso no tenemos duda, nos pasaría a la mayoría.
La idea de este libro es transmitir que la calidad de la materia prima es lo primordial, que hay que buscar el equilibrio entre los ingredientes, y dado que se dispone de menos tiempo para cocinar que antaño, hay que poner solución para disfrutar en la mesa eligiendo elaboraciones sencillas de preparar.

Ofrece muchas propuestas y están clasificadas en las categorías: Desayunos y almuerzos, Comida rápida de calidad, Familia y amigos, Cenas para dos, Cocinar para una multitud, Barbacoas de verano, Sólo para niños, Bocaditos y cócteles y Platos exclusivos.

No todas las recetas están acompañadas de su fotografía, pero no faltan ilustraciones, en la primera receta con la que nos motiva a preparar un desayuno muy nutritivo para tomar a media mañana, con patatas, champiñones, tomates, huevos… nos muestra el campo bañado por los rayos de sol, también en los desayunos hay recetas con salmón, huevos revueltos, pastel de col y patatas, bagels, comptas, batidos… y fotos que muestran ingredientes y distintos momentos del chef, es curioso que tenga más protagonismo que los platos.

Continúa en esta línea en el resto de categorías. En los platos de comida rápida de calidad podemos encontrar unas vieiras a la plancha con cogollos, una tortilla francesa con salmón o un risotto de setas silvestres. Para las comidas con amigos y familia prepara todo tipo de platos, estofados, asados, pasteles salados y no faltan los postres.

Para la barbacoa también hay variedad entre verduras, carnes y pescados. Para los niños prepara sopas de verduras con tropezones, pastelillos de salmón y patatas fritas al horno (en realidad no son fritas, por lo que son más saludables).

En definitiva es un libro de recetas fáciles pero con bastante variedad.

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Alain Ducasse (Castel-Sarrazin, 1956):

Uno de los cocineros más importantes de la actualidad, dirige más de veinte establecimientos gastronómicos esparcidos por toda la geografía mundial, entre los cuales suma un total de dieciséis estrellas concedidas por la Guía Michelin. Dentro de todos ellos destacan especialmente Le Louis XV, en Monte Carlo; el Plaza Athénée, en París; y Alain Ducasse, en Nueva York. El cocinero se nacionalizó recientemente como monegasco, pero es el máximo exponente de la gran cocina francesa.

Alain Ducasse, uno de los personajes más respetados de la cocina mundial, nació en 1956 en Castel-Sarrazin, en una granja de Las Landas, entre pollos, patos y ocas y alimentado entre setas y foie-gras. Es decir, lo más parecido al paraíso terrenal o a la propia Jauja. Cuenta la leyenda que con tan sólo 12 años, el pequeño Alain ya acusaba a su abuela de cocinar en exceso las judías verdes, puesto que aprendió rápidamente el sabor de las cosas, a respetarlas y a cocinarlas. Algo que perfeccionó junto a otros maestros galos como Michel Guérard, Roger Vergé o el propio Alain Chapel.

Cocinero exitoso en un principio, Ducasse se ha convertido, con el paso de los años, en asesor, en creador y, principalmente, en verdadero jefe de equipo. Antes, consiguió alcanzar un gran éxito en sus restaurantes de Montecarlo y París y, de hecho, en 2005 se convirtió en el primer jefe de cocina de la historia en contar con tres estrellas Michelin en sus tres establecimientos y Le Louis XV de Montecarlo fue ya en 1990 el primer restaurante de hotel que logró ese máximo reconocimiento.

A partir de esta base y de tal reconocimiento, ha desarrollado, con gran éxito y en todo el mundo, el concepto de “Chef Contemporáneo”, a través del cual reivindica abiertamente, aun a riesgo de escandalizar, el derecho del gran cocinero a no estar constantemente en la cocina sino a ejercer una labor ideológica y coordinadora, es decir, a formar y dirigir equipos que interpreten con precisión casi militar sus instrucciones.

En el cocinero de Las Landas siempre ha destacado el afán innovador, expresado en la creación de flamantes y sorprendentes escenarios muy renovadores, como Spoon, BB & Co o Mix, aptos para la restauración del futuro. En todos ellos, elige el decorador y el director, organiza la cocina, selecciona los equipos, crea los menús y la carta de vinos, escoge la decoración de la mesa, el mobiliario, los uniformes y los proveedores, supervisa la formación del personal, la creación del diseño gráfico y el lanzamiento

La presencia de Ducasse no es sólo mundial sino incluso intergaláctica, puesto que varios platos creados por su Equipo fueron  degustados por el astronauta Thomas Reiter en la Estación Espacial Internacional, según un acuerdo con la Agencia Espacial Europea.

Con todo ello y con los numerosos y reconocidos libros de cocina que ha comercializado (cuenta con su propia editorial), Alain Ducasse es un gran personaje de los fogones mundiales a quien le gusta repetir que “un rodaballo sin genio vale más que un genio sin rodaballo”, lo que supone el reconocimiento de la primacía del producto.

Porque él sabe que un restaurante es, por encima de todo y más allá de supuestas emociones espirituales, un sitio donde se come, por lo que la alta cocina debe siempre, según este “cocinero universal”, respetar tres compromisos clave: ser sencilla, perceptible y comprensible para todos.

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Gran libro de cocina. Mediterráneo. Alain Ducasse (Akal / 1080 págs.):

El Gran Libro de Cocina de Alain Ducasse. Mediterráneo supone el deseo de uno de los chefs más importantes del mundo de compartir su saber hacer y su entusiasmo con los profesionales y amantes de la cocina. Ducasse, el único cocinero con tres estrellas Michelin en cada uno de sus grandes restaurantes de Mónaco, París y Nueva York, y con la ayuda de sus principales colaboradores, recopila platos que hacen de esta obra una auténtica enciclopedia de la cocina tradicional, en la que la rica y sana materia prima mediterránea adquiere especial protagonismo. Las recetas, atractivas e inspiradoras, están acompañadas por excelentes fotografías en las que se aprecia que el acabado y la presentación son tan importantes como el sabor.

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Otra de las pequeñas y selectas editoriales que están poblando el mercado español y que tenemos el gusto de importar a nuestro país es la madrileña Ediciones Escalera. En su catálogo destacan una colección con obras inéditas en nuestro idioma con lo mejor de la generación beat.

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Según su editora Talía Luis Casado “Publicamos buenos libros. Nos sentimos inmensamente orgullosos de todos los autores que tenemos en nuestro catálogo, de los libros que hemos creado. Estamos satisfechos con la evolución, y aunque medien muchos dolores de cabeza, seguiremos aquí.”. Desde nuestras librerías les auguramos muchos éxitos y confiamos en que sigan fiel a su buen hacer.

Blade Runner: una película. William S. Burroughs (Ediciones Escalera / 96 págs.):

¿Qué es esto? Un tratado de cine, una novela, un guión cinematográfico, un collage aleatorio de fotogramas. ¿De qué trata? Del colapso de la sociedad occidental por una gestión corrupta de la Sanidad y el florecimiento de una medicina underground capaz de puentear la burocracia y las farmacéuticas. ¿Está basada la película de Ridley Scott en este libro? No, pero tomó prestado el título para su filme. Burroughs aparece en los créditos de agradecimientos al final de la película. ¿Qué es un Blade Runner para Burroughs? Un distribuidor clandestino de fármacos, drogas y equipamientos médicos. El mayor garante del nuevo orden. ¿En qué época transcurre la acción? El libro propone un viaje fragmentario por el tiempo entre 1914 y 2014. ¿Y la ambientación? Nueva York en ruinas, túneles convertidos en canales, perros salvajes, yonquis, el nacimiento de una nueva era. ¿El estilo? Cut-up en su máxima expresión. ¿El target? Burroughs da por sentada la inteligencia, necesaria para no caer en sus trampas y captar su finísimo humor de dandi y visionario más allá de toda convención.

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“A) Un tratado de cine, una novela, un guión cinematográfico, un collage aleatorio de fotogramas. B) Un viaje alucinante entre 1914 y 2014 en una Nueva York devastada, donde los Blade Runners trafican con la medicina que la Seguridad Social ha vetado a la población. Nueva York en ruinas, túneles convertidos en canales, perros salvajes, yonquis, el nacimiento de una nueva era. C) El colapso de la sociedad occidental por una gestión corrupta de la Sanidad y el florecimiento de una medicina underground capaz de puentear la burocracia y las farmacéuticas. D) Un Blade Runner es un distribuidor clandestino de fármacos, drogas y equipamientos médicos. El mayor garante del nuevo orden. E) Cut-up en su máxima expresión. F) Una nueva integridad tras las puertas de la corrupción… Burroughs es capaz de convencernos de haber visto cosas que ni imaginas.” John Updike, The New Yorker.

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Pic. Jack Kerouac (Ediciones Escalera / 112 págs.):

Jack Kerouac resume en cien páginas los cruces de caminos bluseros de Robert Johnson, la represión de los negros, el desasosiego callejero de Nueva York, la inmensidad natural y el latido abatido de un país entero, desde la perplejidad infantil del descubrimiento del mundo. Jack Kerouac dejó inédita esta narración que fue publicada en 1971, dos años después de su muerte. Pic es la aventura de un niño negro de diez años que en compañía de su hermano mayor Slim, escapa de su Carolina del Norte natal a la que, tras la muerte de su abuelo, no le ata ya nada. Un mundo nuevo se abre ante su mirada limpia al llegar a Nueva York: el jazz, Times Square, los apartamentos baratos de Harlme, la televisión. La ternura y la inocencia con la que Jack Kerouac es capaz de meterse bajo la piel de Pic retrotrae al lector a sus escritos desde la carretera y evoca las primeras cartas de juventud a Mémère, a Sebastian Sampas, a Allen Ginsberg, John Clellon Holmes o al mismísimo Neal Cassady. Sin perder un ápice de frescura, la belleza de su prosa se desliza por estas páginas para devolvernos una vez más al Jack Kerouac de los caminos de la América de posguerra. Con el ritmo jazzístico característico de su prosa, Kerouac se transforma en Pic, el menos evidente de sus álter-ego: adopta su acento, su gesto, su inocencia. Si On the road fue la ferocidad del descubrimiento, Pic es el fin de la infancia.

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“Ediciones Escalera presenta Pic, novela que había estado inédita en España y que fue publicada inicialmente en 1971, dos años después de la muerte de su autor, Jack Kerouac, padre de la llamada Beat generation, grupo literario que promovió algunos derechos aceptados por todos hoy, aunque también algunos excesos que llevaron al propio Kerouac a la tumba. La obra comienza descubriendo la vida de campo de los habitantes de Carolina del Norte (EE.UU.), con sus tradiciones y supersticiones, pero también con sus miserias y sus esperanzas de un futuro mejor. En este contexto arraiga Pictorial Review Jackson (Pic), un niño de diez años que está al amparo de su abuelo y que, muerto éste, escapa con la ayuda de Slim, su hermano mayor.Emprendida la marcha a Nueva York, no sin pocas aventuras ni tampoco desprovistos del respeto que muestra siempre el viajero por los lugares que visita y las gentes que conoce, consiguen llegar a su destino, donde les espera Sheila, esposa de Slim, en cuyo vientre alberga un futuro fascinante para la familia, recién aumentada con la llegada de Pic. Reunidos por fin en Nueva York, aprieta el hambre, escasean las posibilidades de empleo y crecen las dificultades económicas, pero no les falta a estos personajes las fuerzas por luchar y salir adelante en una sociedad tan poco solidaria y compasiva como la que ambienta la novela de Kerouac, y que denuncia.

Slim asume la responsabilidad de buscar un trabajo que le permita garantizar el bienestar de los suyos. Y en un mismo día pasó por dos oficios distintos; mientras por la mañana abusa de sus riñones y brazos en una fábrica de galletas, aparentemente un “dulce” trabajo, al tiempo que de nula consideración por atentar contra la dignidad humana, por la noche exprime sus pulmones en un saxo para intentar ser contratado por una sala de jazz, soplando y soplando cada vez más fuerte como hacen los trompetistas y saxofonistas de las orquestas de merengue. Exhausto queda, sin ninguno de los dos trabajos también.

Final feliz aunque con porvenir incierto para los personajes. Atrás quedan los viajes de una punta a otra del país y el frío, la vileza de la vida para los que no tienen dinero, y el jazz. Elementos todos ellos relatados con detalle y esmero por Kerouac, con buenas dosis de ternura que caraterizan a un Pic que descubre el mundo a tan temprana edad; y no menos valioso es el esfuerzo de Daniel Ortiz por una traducción tan adecuada y atinada.” Enrique Cabrera. El Imparcial.

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Satori en París. Jack Kerouac (Ediciones Escalera / 128 págs.):

Esta edición aparece por primera vez en España con motivo del cuadragésimo aniversario de la muerte del autor. Satori en París es la penúltima novela de Kerouac publicada en vida y la última de las denominadas “del camino”. Estamos ante el último ejercicio de prosa espontánea del autor (escrito en nueve noches durante el verano de 1965), basado en un viaje de diez días a Francia so pretexto de reconstruir la historia de su apellido, sin embargo, la narración nos va guiando por los entresijos de una mente tan brillante como autodestructiva en la que no falta su obsesión por aunar principios filosóficos orientales con su arraigado catolicismo, el origen de sus ancestros, la verdadera naturaleza de la literatura, una capacidad única para reírse de si mismo y de autoconducirse a situaciones hilarantemente extremas, además de una crítica feroz al establisment occidental de la época. Esta historia alucinada recorre las calles del París de De Gaule, sus cafes, sus iglesias y bibliotecas de la mano de un Kerouac empapado en alcohol, soledad y anhelos juveniles compartidos por toda una generación. En Satori en París, el lector iniciado en la literatura Beat hallará las claves del desmoronamiento personal de Kerouac, identificará el fantasma de Neal Cassady en cada párrafo, y aquel que se acerca por primera vez a la contracultura norteamericana de los sesenta, descubrirá, más allá de un texto sumamente poético y en ocasiones hermético, la punta del Iceberg Kerouac, un referente imprescindible para ir descendiendo cronológicamente por toda su obra hasta On the road.

Satori en París

 

Tristessa. Jack Kerouac (Ediciones Escalera / 128 págs.):

Francisco Umbral dijo en una ocasión que “Bukowski es lo que se da en USA cuando no se puede dar Henry Miller. El descenso, la deflagración de toda la cultura de América, y por tanto del imperio, que somos nosotros, lo da bien el paso de Henry Miller a Bukowski”. Lo mismo podría decirse de Jack Kerouac, por afinidades y frustración generacional. No hay como los americanos para cometer errores históricos o individuales y luego hacer de ello un estilo literario, un estilo de la prosa, de la frase. Algo de todo esto puede encontrar el lector en Tristessa, uno de los títulos más indiscutibles de Kerouac, aunque de menor repercusión popular, que acaba de publicar Ediciones Escalera, en una versión brillante y rigurosa debida a la pluma del escritor y traductor Daniel Ortiz Peñate.

Tristessa es un relato conciso, tenso, estremecedor, agónico y brillante, de una vida atenazada por el dolor, por el exilio y la desesperanza, abierta en una herida de imposible sutura y por algo parecido a la culpa incluso, a la pérdida del verdadero lugar en el mundo. Autoexiliado en México, el narrador Jack Duluoz -alter ego de Kerouac- recorre borracho, loco y desmelenado las calles del Distrito Federal en un ir y venir de barra en barra, a veces solo y otras veces acompañado de una prostituta mexicana adicta a la morfina llamada Tristessa, que siempre pregunta: “¿Por qué estás tan triste? Estoy triste porque la vida es dolorosa, respondo yo cada vez. […] Toda vida es triste, concede, coincide, nada más he de añadir sobre el tema”.

Sin embargo, el verdadero tema de Tristessa no es la vida, sino la muerte; en este sentido, Kerouac es tan hijo de Henry Miller como de Stephen Crane, quien supo mostrar con horror y autenticidad la degradación humana. Kerouac nos propone algo mucho más simple, igualmente imprescindible: el paisaje de ruinas y adioses donde se consumó su propio adiós a las personas que poblaron la leyenda de su vida. Tristessa se llamaba en realidad Esperanza Villanueva y era la mujer de David Tesorero, amigo de William Burroughs, en la época en que éste vivía en México, en la calle Orizaba, 210, en cuyo cuarto de azotea se instaló Kerouac a mediados de los años cincuenta.

Kerouac no buscó en México una patria física, sino algo más urgente: la posibilidad de una nueva iniciación sentimental: “Hasta ahora no había hecho más que viajar en círculos por toda Norteamérica, una gris tragedia a fin de cuentas.” Sólo que el autor no se atreve a dar el paso. “Quisiera tomarla de la cintura con ambas manos y traerla hacia mí al tiempo que le susurro palabras cariñosas como ‘Mi ángel glorioso’ o ‘mi lo que sea’, pero la vergüenza supera mi vocabulario en español. […] El problema es ¿qué hacer con ella una vez que la haya conquistado? Sería como conquistar a un ángel en un infierno donde no existe otra opción que caer con ella en abismos aún peores.” Tristessa es una excelente novela de simetrías, como una fotografía y su negativo, en la que Kerouac encuentra su yo femenino en una prostituta de pómulos aztecas.

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Piercing. Ryu Murakami (Ediciones Escalera / 509 págs.):

“Es vital que aquellos que se encuentran en el lado receptor de la violencia se pregunten por su motivo”, se dice al comienzo de Piercing (Ediciones Escalera), “una verdad triste y amarga, pero importante”. La valentía y la audacia con que Ryu Murakami viene indagando en la violencia y sus consecuencias en la infancia y adolescencia, característica de la mayoría de sus novelas, lo han convertido en uno de los más interesantes autores de la literatura japonesa. Con recursos propios de la novela criminal, con sequedad, violencia y efectos muy superiores a los demás conspicuo salvajismo literario, Murakami hace un retrato feroz, desesperado y contundente de la insoportable realidad de los padres abusivos.

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Un craso error es creer que la infancia es, por definición, el periodo más fascinante de la vida. Piercing desmiente, a ojos vistas, esta definición. La trama gira en torno a Kawashima Masayuki, un joven padre de familia, que desde que nació su hija ya no ha vuelto a ser el mismo. Tiene pesadillas en las que mata con un punzón a la niña en la cuna: “Cogiendo el punzón ligeramente para temblar lo menos posible, colocó la punta junto a la mejilla de la niña. Cada vez que estudiaba este instrumento, con su fina y reluciente varilla de acero, se preguntaba por qué era necesario tener cosas así en el mundo. Si en realidad sólo era para picar hielo, cabría pensar que un diseño totalmente diferente serviría. Los que producen y venden estas cosas no entienden que a algunos nos entra un sudor frío con sólo ver ese extremo reluciente y puntiagudo”.

A medida que avanza la novela y profundizamos en el pasado de Kawashima conocemos el trauma, el dolor, el maltrato al que fue sometido, nos enteramos de cómo, después de muchas palizas, su madre lo encerró en una institución benéfica: “Kawashima intentó recordar a los niños del Hogar, verlos con sus ojos de hombre de veintinueve años. […] Había niñas que se acercaban a cualquier hombre mayor e intentaban llevarle la mano por debajo de su ropa interior, y había niños que mordían su propia mano de forma compulsiva. Niños que de repente empezaban a moverse espasmódicamente y a golpearse la cabeza contra la pared”. Pero lo que le remuerde el alma, no es tanto el horror de lo vivido, como la certeza de que los niños luchaban con todas sus fuerzas por amar a sus padres.

Para Murakami la grisura de la vida empieza en la cuna. De ahí que un sentimiento de orfandad recorra toda la novela, al igual que ocurría en Los chicos de las taquillas, también publicada por Escalera. Y ya no hay casi nada más que decir de Piercing, pues las formas literarias de Murakami -estilo seco, sin tapujos y sin esquivar tabúes ni dulcificar la crudeza de una historia que parece escrita con un punzón- son ya ampliamente conocidas, aunque aquí a sus habituales referencias tanto literarias como cinematográficas (William Burroughs, Bret Easton Ellis, Abel Ferrara, David Cronenberg) se añaden otros modelos del género, como Paul Verhoven, cuya película Instinto básico Kawashima es incapaz de ver sin sentir un impulso criminal.” Antonio Bordón. La provincia.

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Los chicos de las taquillas. Ryu Murakami (Ediciones Escalera / 509 págs.):

Hashi y Kiku fueron abandonados por sus madres en las taquillas de una estación de tren. A Kiku lo encontraron porque el calor le hizo gritar. A Hashi, porque el calor le hizo heder. Y eso marcó para siempre el rumbo de sus vidas. Hashi busca un sonido concreto, el latido del corazón de su madre. Huye de la casa de sus padres adoptivos y se instala en el Toxicentro, el paraíso para los proscritos en Tokio. Se pinta las uñas de verde, se prostituye, y entre cliente y cliente recibe lecciones de canto. Hasta que un coche negro aparece en El Mercado, el lugar donde todo lo que se vende se vende ahí, y de él baja D, el cazatalentos. Bajo la piel fresca de Hashi halla la voz más hipnótica que encontró jamás. “Haré de ti una estrella, niño”, le asegura. Contrata a un detective para que busque a la madre de Hashi. El encuentro será en un programa en directo de televisión. D podrá comprarse otro rascacielos. Kiku, porque quiere correr y volar, se hace saltador de pértiga. Entrena su cuerpo, vigila su mente, y durante un instante separa los pies de un mundo que aborrece, un mundo lleno de gente con aspecto de globo hinchado al que le encantaría reventar. Y porque lo aborrece, recuerda una palabra: datura. Un amigo le aconsejó que no la olvidara si alguna vez quería reducir Tokio a cenizas. Y quiere. Delicada y cruda, voraz y discreta, la novela de Murakami transporta al lector a los confines del desaliento. Con parsimonia, y sin estridencias ni concesiones, dibuja a sus personajes de forma tan precisa que no sólo comprendemos por qué desean la destrucción, sino que nos hace partícipes de esa explosión que cubrirá el mundo de blanco.

Los chicos de las taquillas

The Horn. John Clellon Holmes. (Ediciones Escalera / 256 págs.):

Holmes no es Kerouac, ni Ginsberg, ni Burroughs; Holmes, elemental, es Holmes, y The Horn (protagonista que da título a esta novela) es Edgar Pool, no Charlie Parker ni Coltrane. Dicho esto, ahora caeremos con descarada intencionalidad en la contradicción: Holmes es Kerouac, Ginsberg, Burroughs y Cassady, y sí, Edgar Pool es, además de The Horn, Bird y Trane. Tal vez sea esta paradoja la que nos sitúe ante el libro definitivo de la Beat Generation en materia de jazz, que como es sabido, jugó un papel infaltable en la obra de todos sus integradores.

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John Clellon Holmes fue un pionero: su novela Go (Escalera, 2009) bien podría servir de guión para una película sobre los Beats mucho más adaptable que On the Road; de hecho, su primera novela (y la de toda una generación) recoge numerosos hechos narrados en la película Howl (Epstein, Friedman, 2011) sobre el mítico poema de Ginsberg. Pero Holmes fue mucho más que el cronista de las andanzas literarias y vitales de sus amigos y en The Horn descubrimos a un novelista de gran solvencia que logra con erudición recrear la atmósfera del be bop de los años 40 y 50 y además arriesga con una estructura novelística y de estilo más propia del lenguaje del jazz que cualquier otro libro (incluido On the Road) jamás escrito.

Para componer la narración, Holmes se vale de dividir los capítulos del libro en coros y riffs (más una coda epilogar), y el lenguaje, junto con los acontecimientos, se precipita en cascada como en una jam session en la que numerosas voces, las de otros músicos cercanos, recomponen la vida y la obra de Edgar Pool, alias The Horn, tras la derrota de éste en un duelo improvisado con un saxofonista más joven.

La novela transcurre en 24 horas, durante las cuales una cantante y ex amante de Pool, un trompetista de estudio, un saxofonista de Harlem, un contrabajista con complejo de Edipo y un mánager, entre otros, recuerdan y rehacen los fragmentos de una vida legendaria para componer un totum, un tema único que se complementa, a modo del Ulises de Joyce, con la odisea etílica y alucinada emprendida por Pool desde que baja del escenario derrotado hasta su muerte un día después. Testigo de ello es Cleo, un joven pianista que le hace de Virgilio por tugurios, casas de empeño y visitas a viejos amigos con la intención de obtener un préstamo que le permita regresar a Casa, a Kansas City, una huida sin sentido que, bien sabe, jamás llegará a emprender.

Cada personaje se adentra en la memoria de The Horn con la intención de desenmascarar al genio que nunca permitió a nadie conocer a la persona subyacente y trató a fuerza de excesos, orgullo y virtuosismo mantener ese halo misterioso y oscurantista que parece sólo rodear a los grandes rompedores como Mozart, Pagannini, Robert Johnson, Morrison, Hendrix, Jimmy Page o Cobain.

Holmes acierta también con el uso del lenguaje empleado para esta novela, la jerga de los negros sureños se entremezcla con un estilo en ocasiones barroco, casi anacrónico, vehículo para invocar la atmósfera de subsuelos, humos y tinieblas de una época que acaba por antojarse mítica, y que al fin y al cabo no es más que la antesala de lo que luego sería el modo de vida heredado por los rockeros en los sesenta. ¿Sexo, drogas y rock and roll?, sí, pero primero hubo sexo, drogas y jazz.

The Horn es una lectura retadora, con un discurso alucinado y fragmentario que recuerda a menudo el Bajo el volcán de Lowry. Pero su mayor virtud es sin duda la de erigirse en una novela de jazz en estado puro, una canción en sí misma que a su vez canta a todos los músicos negros que dieron su vida por tocar y lucharon por hacerse oír, por enloquecer a una América hundida entre guerras y conflictos sociales, unas memorias del subsuelo de una nación de cuyas entrañas emergieron los movimientos de los sesenta y setenta y que dieron un vuelco al mundo. Una obra con sobradas credenciales para ocupar un lugar destacado entre las grandes de su generación. Un libro que Ediciones Escalera pone, medio siglo después, a disposición de los lectores en castellano.

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Go. John Clellon Holmes. (Ediciones Escalera / 326 págs.):

La novela que supuso el punto de partida de la Generación Beat. Hasta ahora inédita en español. Tenemos un carácter furtivo. Conocido como el “beat tranquilo”, John Clellon Holmes recoge en su novela Go las peripecias de sus amigos Cassady, Kerouac y Ginsberg en el Nueva York de finales de los 40. Esta historia de sexo, jazz, drogas y calles nos muestra que la generación beat no se limitó a inventar una forma de vida: también una literatura y un modo revolucionario de mirar.

Definitivamente vivimos tiempos más pacatos: los periódicos son aburridos, la opinión pública se escandaliza porque un jugador de golf ponga los cuernos, los bares cierran a las dos, las mujeres vuelven a tener citas con carabina y está prohibido fumar, mal visto beber e incluso pensar demasiado no es conveniente. Nuestra generación ha adoptado la asepsia y el buenrollismo como paradigmas de una sociedad donde unos chavales que dicen que no practican el fornicio ni se fuman un canuto arrasan entre los adolescentes. Incomprensible para los que crecieron adorando a tipos como Sid ‘Vicious’, incluso incomprensible para quienes asumieron que detrás de la fachada impoluta de los Beatles se escondían noches de orgías salvajes y viajes de LSD poco disimulados en sus letras.

Pero hubo un tiempo en que las calles estaban llenas de antros de música ‘bop’, “andanzas nocturnas, encuentros en las esquinas, auto-stop, mil bares de moda por la ciudad. En ese mundo, la gente estaba enganchada a las drogas, buscaban todos un nuevo grado de locura y de percepción. No paraban nunca, vivían de noche, corrían por todos lados haciendo contactos, desaparecían de pronto en la cárcel o por los caminos, y resurgían de nuevo buscándose unos a otros. Parecían ignorar todo lo que no fuera la realidad de los trapicheos, de un lugar donde quedarse, imbuidos por el frenesí del jazz”.

Estas palabras pertenecen a GO, la proclamada como “primera novela de la generación beat” que ‘sólo’ 58 años después de su publicación original Ediciones Escalera nos ha hecho el inmenso favor de editar en castellano entre nosotros. Su autor es John Clellon Holmes, amigo personal de Jack Kerouac y autor de la mítica En el camino, y que involuntariamente colaboró a bautizar a una generación que cambió para siempre las reglas de cómo vivir la vida, de cómo escribir para los jóvenes y de cómo ser a la vez poeta y estrella del rock and roll. Un día Holmes le pidió a Kerouac que pensara en una forma de describir a su generación, y este la definió como ‘generación beat’ por el sentimiento furtivo de no pertenencia que la caracterizaba, ese ritmo del jazz ‘bop’ de ‘Bird’ y Miles Davis que llena todos los momentos de GO para goce de los drogadictos a esos sonidos.
Menos conocido que el propio Kerouac, Cassady o Ginsberg, sin embargo Clellon Holmes hizo, en palabras del autor de En el camino, “lo más honesto, lo más grande, lo mejor”. Y así es, en efecto, porque frente a las exageradas y difusas obras de algunos de los exponentes beat, GO es una novela completa, bastante bien construida, con un argumento que tiende hacia la lógica y que no pretende otra cosa que presentar las andanzas de una generación pero contando con un argumento sólido: la amistad de Pasternak, Stofsky y Kennedy (alter egos de Kerouac, Ginsberg y Cassady, atención) a pesar de sus excesos, sus bailes con la autodestrucción, sus golpes de escasa fortuna donde la vida bestial y exagerada se impone a los tímidos latidos de la lucidez. Así es cuando un Pasternak-Kerouac se acuesta con la mujer del protagonista delante de sus narices después de una fiesta con abundante alcohol y porros, o cuando Stosfsky-Ginsberg muestra sus excesos verbales y depresivos al deambular de casa en casa en el agitado Nueva York de los cincuenta donde el saxofón y la trompeta imponen su ley.

Un tráfago divertido, una sensación de ser moscas pegadas a las paredes donde se resuelven los problemas a base de trago de vino barato y liadora, la impagable sensación de haber sido testigos de cómo se fraguó una generación que barrería con los clichés sociales de las clases medias adocenadas es lo que nos deja la lectura de GO. Una original, y bienvenida, puerta de entrada a un tiempo más interesante que este que nos ha tocado vivir donde esa concepción “clandestina y misteriosa de la vida”, de la que se habla en la obra parece haberse perdido para siempre o ser asociada a los programas de telerrealidad o viajes, falsas sombras de caverna platónica sólo aptas para quienes todavía tienen miedo de ponerse ‘on the road’.

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Nadie gana. Jack Black (Ediciones Escalera / 414 págs.):

 

“Reconozco que cuando me recomendaron Nadie gana, el libro de Jack Black con el que Ediciones Escalera comenzaba el año, no sabía nada acerca del autor ni del libro. En mi ignorancia pensé que uno de mis actores/cantantes favoritos también hacía sus pinitos como escritor, y confieso que no me extrañó dada su polifacética carrera. Al abrir el libro me topé con la foto del autor en la solapa, desde ahora mi Jack Black favorito. Su cara de delincuente gastado por la vida en el camino y los años de cárcel me pareció más la de un enterrador que la de un escritor. Entonces leí el prólogo de William S. Burroughs, fascinado como toda la Generación Beat por el escritor delincuente, que abre la puerta hacia la vida del ladrón mítico y reflexivo que es Jack Black, o al menos del hombre que se hizo llamar Jack Black.

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Black nació en 1881 en Vancouver, aunque pasó su infancia en Missouri. Cuando su madre murió su padre vendió su casa y se trasladaron a una habitación de hotel. Sería en Kansas City, en su adolescencia carente de figura paterna, constantemente de viaje y sin apenas comunicación, donde tuvo el primer contacto con el mundo que su educación religiosa le había ocultado. En los tiempos en que un cobarde llamado Robert Ford mataba por la espalda al asaltador de trenes y asesino Jesse James, el joven Jack Black obtenía su primer empleo como cobrador de facturas de un lechero. Un día, mientras cobraba la factura de un burdel la policía hizo una redada y pasó la noche en la cárcel. Las prostitutas tuvieron que pagar la fianza ya que era el único que no había sobornado a los honorables agentes de la ley. Desencantado con la policía y los jueces no volvería a tener empleo hasta 40 años más tarde, como bibliotecario en el San Francisco Call. Aquel fue el comienzo de una carrera al margen de la ley que Black narra con maestría, desde los primeros trabajos con un tal Smiler, que le enseña el oficio de robar en las casas por las noches, hasta los trabajos más sofisticados y estudiados que realizará al final de su vida delictiva, donde la tensión acabó con sus nervios, y con su dinero, abandonándose al consumo de opio.

A través de su relato aprenderemos que no es aconsejable robar a los mormones o a los chinos, leeremos cómo se vivía en los caminos, sabremos de las multitudinarias reuniones de mendigos, los Yeggs, donde se compartía comida y bebida hasta el fin de existencias. Nos adentraremos en los bares de Winos, esos seres que vivían en antros de mala muerte donde, tras caer inconscientes, el camarero los sacaba y los ponía a dormir la borrachera unos al lado de los otros, hasta que se despertaban y podían volver a entrar a beber en latas, o tarros. Visitaremos ruinosas habitaciones de hotel, seremos testigos de detallados golpes, evasiones heroicas de las cárceles, muertes de honrados ladrones… y todo en los años de decadencia del salvaje oeste.

Con el tiempo Jack Black se fue convirtiendo en un Stetson, nombre dado a los miembros de la primera clase entre los ladrones, «desde el día que dejé a mi padre mi camino había quedado trazado, entre la gente torcida. No había pasado ni una hora en compañía de un hombre honrado… si vives con lobos aprendes a aullar».

Entre viaje y viaje escondido en trenes de mercancía, esquivando a los revisores y a la policía, entrando y saliendo de las cárceles de Estados Unidos y Canadá, dejándose sangrar por los prestamistas, Jack Black comparte con nosotros sus vivencias con compañeros entrañables como Sanctimonious Kid, George Pie y medio o Salt Chunk Mary, miembros de la familia Johnson. Familia que para ser miembro de ella solo había que ser un ladrón honrado y decente con los compañeros, «He pasado casi toda mi vida en compañía de gente sin suerte y, aunque yo nunca me he visto a mí mismo como un desgraciado, siempre me han tomado por ello».

Antes de arrojarse a las aguas del Puerto de Nueva York en 1932, Jack Black tuvo unos años de tranquilidad, sin problemas ni posesiones, que dedicó a escribir su novela autobiográfica Nadie gana, y algún artículo en Harper´s, incluido en esta edición de Escalera, sobre el sentido de los castigos físicos en los penales norteamericanos, sobre la naturaleza del bien y el mal, por si pudieran ayudar a algún joven delincuente o juez. En la edición americana, en la página de créditos, añaden que se mandará una copia del libro a cualquier convicto si dirigen una carta a la editorial con 10 dólares y una dirección de contacto. El libro cuesta 16 dólares.

Nadie gana es una obra admirable no solo por su valor literario, sino por su carácter documental de una época y unos personajes ya desaparecidos, como la vida errante de los bandidos del Wild West. El rodaje de la adaptación del libro a la gran pantalla se iniciará el próximo julio en localizaciones de Oklahoma.” Aitor Aguirre.

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La habitación. Hubert Selby Jr. (Ediciones Escalera / 272 págs.):

Tras publicarse en castellano “Última salida para Brooklyn” y “Requiem por un Sueño”, llega la que para muchos entendidos es la verdadera obra maestra de Hubert Selby Jr. Sin duda estamos ante la novela más dura que jamás hayamos publicado, con una traducción interrumpida en ocasiones para ir a vomitar, un auténtico descenso a los infiernos al que ni siquiera el propio autor pudo enfrentarse hasta pasados veinte años de su publicación. Una narración que reinventa a Joyce, a Dante, a Kafka, un terror que nos remite en ocasiones a los pasajes más siniestros de la Biblia, un libro altamente desaconsejado a todo aspirante a funcionario corrupto, una versión buena y anterior del “American Psycho”. Un espejo para Luis Miguel Rabanal, Chuck Palaniuck o Michel Houellebecq. En resumen y en palabras de Allen Ginsberg “Un libro que refleja mejor que ningún otro la angustia de América,”, una angustia que por desgracia, hemos hecho nuestra. ¿Y de qué va el libro?: De la frustrada sed de venganza de un pobre diablo encerrado en una celda. A partir de ahí, el horror y la genialidad a partes iguales.

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“He aquí una novela que es como un puñetazo en el estómago. A los arqueólogos de la violencia lees gusta considerarla el pariente más cercano de American Psycho y lo cierto es que, con toda seguridad, fue uno de los libros que Bret Easton Ellis utilizó para meterse en la cabeza de Patrick Bateman. Porque el sádico protagonista de La habitación es capaz de imaginar torturas ante las que Bateman apartaría la mirada. Y hemos dicho imaginar porque el protagonista está encerrado en una celda de seis por seis pasos (y se pasa el día contando del uno al seis), así que imaginar est todo lo que puede hacer. Imaginar que se celebra un juicio mediático en su honor (tras escribir una carta a un periódico y denunciar la injusticia de su caso, un tipo al que supuestamente encerraron por perderse en la ciudad) del que salir convertido en un mártir; imaginar que los dos agentes que le detuvieron acaban convertidos en perros (él mismo lo adiestraría) y protagonizando brutales escenas de sexo canino; o imaginar la vida de una joven madre destrozada tras pasar una hora en un bosque con el mismo par de agentes, transformados en sanguinarios violadores (y he aquí una de las escenas que hace palidecer los trabajos de Patrick Bateman). Publicada originalmente en 1971, La habitación (que, como ocurre en Réquiem por un sueño, otra celebrada novela de Selby, es también la historia de una madre y un hijo) te permite pasar una temporada en la mente de un tipo cualquiera al que el mundo (ese lugar horrible) ha convertido en un monstruo.” Laura Férnandez. GoMag.

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El Sobrino. James Prudy (Ediciones Escalera / 208 págs.):

“Sostiene Jean-Michel Guenassia en El club de los optimistas incorregibles que “hay en la lectura algo que tiene que ver con lo irracional. Antes de haber leído el libro, intuyes enseguida si te va a gustar o no. Lo husmeas, lo olfateas, te preguntas si merece la pena pasar el tiempo en compañía suya… Un libro es un ser vivo”. Si hay un libro que merezca este calificativo es El sobrino, de James Purdy, que acaba de publicar Ediciones Escalera. Purdy, aparte de ser conocido por el infame calificativo de “escritor maldito”, es también un escritor bendito, cuyo libros –Malcolm, Color de oscuridad, Habitaciones exiguas, Cabot Wright Begins, de próxima publicación también en Escalera-, intuyes que te van a gustar después de husmearlos, olfatearlos, curiosearlos en la librería.

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Purdy es un escritor de indudable talento y en El sobrino, con un estilo “de ver y oír” que lo acerca al Truman Capote de Otras voces, otros ámbitos, intenta responder a la pregunta ¿puede el amor vencer a la muerte? La novela narra el empeño de Alma Mason, una solterona de un pueblo del Medio Oeste americano, en escribir una suerte de panegírico en honor de su sobrino Cliff, caído en combate en Corea: “Alma era cada vez más consciente y veía más claro que todos ellos sabían mucho más sobre Cliff, por no decir que sabían más sobre las cosas en general, sobre la vida, de lo que ella llegaría a conocer nunca. Ella, que se había preocupado por él más que nadie, era la única que aún esperaba sus cartas. Todos los demás habían asumido que Cliff había desaparecido. Sin embargo, todas estas personas que ya no le esperaban sabían más de él que ella”.

Entre las idas y venidas de Alma recabando información sobre su sobrino, cuya vida es un ámbito del que se siente enojosamente expulsada -“No hay duda de que Cliff quería huir”, dice Alma. “Huir de ti, quieres decir”, le contesta la señora B, poniendo a prueba la franqueza de Alma-, el lector se aproxima a los misterios banales y dramáticos de la vida cotidiana de una minúscula población americana, sacando a la luz sus secretos y mentiras. Estos son algunos de los elementos de esta novela de Purdy que confirmó la estatura de su obra, cuyo mérito reside sin duda en su capacidad para sacarle los colores a un país en el que a menudo se escribe como un ejercicio tonto y exhibicionista de cosas obvias.

Las novelas de Purdy exploran el cruel patio trasero del sueño americano, la marginada realidad de unos personajes que parecen habitar un absurdo infinito. Como siempre en Purdy, el elemento autobiográfico es importante, aunque casi siempre difícil de detectar más allá de su condición homosexual. Purdy aprendió de su venerado maestro Herman Melville -según sus propias palabras, Billy Budd es una de las mejores obras de la literatura- que hay que utilizar la escritura para perforar el alma del hombre, no para adormecerla; que más que un inspirado, el escritor es un narrador de las complejidades humanas.” Antonio Brodón. La Provincia.

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“¿Os habéis encontrado alguna vez en la tesitura de querer tener toda una biblioteca, además de por la calidad indiscutible de las obras incluidas en ella, por la belleza de sus ediciones?”* Con las obras de Impedimenta, editorial que no cesa de poner ante nuestras manos (y ojos) libros con los que, y perdonad la expresión, se nos cae la baba, esto no puede dejar de suceder. En nuestras librerías podrá comprobarlos y si lo desea hacerse con alguna de estas pequeñas joyas.

Aquí podrán leer una más que interesante entrevista de José A. Muñoz (al que le hemos robado alguna fracesita*) entrevista a Enrique Redel editor y fundador de Impedimenta.

impedimenta

Honoré de Balzac (Tours, 1799 – París, 1850):

Honoré de Balzac nació en Tours en 1799. Hijo de un campesino ascendido a funcionario público, tuvo una infancia infeliz. Obligado por su padre, estudió leyes en París de 1818 a 1821. Sin embargo, y pese a la oposición paterna, decidió dedicarse a la escritura.

Entre 1822 y 1829 vivió en la más absoluta pobreza, escribiendo teatro trágico y novelas melodramáticas que apenas tuvieron éxito. En 1825 probó fortuna como editor e impresor, pero se vio obligado a abandonar el negocio en 1828, al borde de la bancarrota y endeudado para el resto de su vida. En 1829 escribió la novela Los chuanes, la primera que lleva su nombre, basada en la vida de los campesinos bretones y su papel en la insurrección monárquica de 1799, durante la Revolución Francesa. En 1832 comenzó a mantener correspondencia con una condesa polaca, Eveline Hanska, quien prometió casarse con Balzac tras la muerte de su marido. Éste murió en 1841, pero Eveline y Balzac no se casaron hasta marzo de 1850, apenas cinco meses antes de la muerte del escritor. Trabajador infatigable, Balzac produciría cerca de noventa y cinco novelas y numerosos relatos cortos, además de obras de teatro y artículos de prensa. En 1834 concibió la idea de fundir todas sus novelas en una obra única, la Comedia Humana. Su intención era ofrecer un gran fresco de la sociedad francesa en todos sus aspectos, desde la Revolución hasta su época. La obra incluiría ciento cincuenta novelas, divididas en tres grupos principales: Estudios de costumbres, Estudios filosóficos y Estudios analíticos. El primer grupo, que abarca la mayor parte de su obra ya escrita, se subdivide a su vez en seis escenas: privadas, provinciales, parisinas, militares, políticas y campesinas. Las novelas incluyen unos dos mil personajes, los más importantes de los cuales aparecen a lo largo de toda su obra. Balzac logró completar aproximadamente dos tercios de este enorme proyecto. Entre las novelas más conocidas de la serie figuran Papá Goriot (1834), Eugenia Grandet (1833), La prima Bette (1846), La búsqueda del absoluto (1834) y Las ilusiones perdidas (1837-1843). Entre sus numerosas obras destacan, además de las ya citadas, las novelas La piel de zapa (1831), El lirio del valle (1835-1836), César Birotteau (1837), Esplendor y miseria de las cortesanas (1837-1843) y El cura de Tours (1839); los Cuentos libertinos (1832-1837); la obra de teatro Vautrin (1839); y sus célebres Cartas a la extranjera, que recogen la larga correspondencia que mantuvo desde 1832 con Eveline Hanska.

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Tratado de la vida elegante, Honoré de Balzac (Impedimenta, 112 págs). Traducción de Lluís Maria Todó.

El Tratado de la vida elegante, publicado por Honoré de Balzac en 1830 para inaugurar la serie «Patología de la vida social», corazón «estético» de la Comedia Humana, constituye una de las piedras angulares del dandismo literario, prefigurando e inspirando la obra de autores tan reputadamente elegantes como Barbey d’Aurevilly o Charles Baudelaire.

Rico en aforismos, anécdotas hilarantes, y cargado de un humor finísimo (el texto llega a incluir un encuentro ficticio con el príncipe de todos los dandis, el Bello Brummell, que tuvo que emigrar a Francia desde Inglaterra huyendo de sus fieros acreedores), este Tratado marca el camino que va desde el dandismo temprano de la Regencia inglesa al fecundo decadentismo artístico e intelectual de la Francia del XIX, y que desembocaría en la bohemia y en último término en Oscar Wilde. Este capítulo esencial en la historia del gusto estético en el vestir y en el comportarse nos llega, además, en magnifica traducción de Lluís Maria Todó.

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Daniel Defoe (Londres, 1660 – Londres, 1731):

Daniel Defoe nació en Londres, probablemente en la parroquia de St. Giles Cripplegate, en torno a 1660. Su padre era miembro del gremio de carniceros y además se dedicaba a fabricar velas con el sebo de los animales sacrificados.

Defoe tuvo una educación desordenada, viajó por Europa y Escocia e intentó abrirse paso como empresario, sin éxito. Hacia 1700 se estableció en Londres, tratando de vivir como periodista y libelista. En 1703, debido a un panfleto que escribió, titulado «El Camino más corto con los Disidentes», fue condenado a ser expuesto en la picota. La publicación de su poema «Himno a la Picota» provocó, sin embargo, que el público congregado alrededor del propio poste le lanzara flores en lugar de objetos dañinos y nocivos, y que bebiera a su salud. Partidario en principio de los whig, se pasó al partido tory, al que más tarde traicionaría convirtiéndose en agente secreto al servicio del gobierno whig. En 1704 fundó y dirigió The Review, donde expresó sus excepcionales cualidades como periodista (se le considera uno de los fundadores del periodismo moderno). Poco después de cumplir sesenta años se alejó de la actividad pública para escribir, en poco tiempo, las novelas que le reportarían fama y reconocimiento. Su Robinson Crusoe (1719), novela basada en la historia real del naufragio del marinero escocés Alexander Selkirk, le acarreó un éxito tan inmediato que Defoe se apresuró a escribir su continuación, Últimas aventuras de Robinson Crusoe, muy inferior, sin embargo, al primer libro en inspiración y fuerza representativa. En 1720 aparecerían las Memorias de un caballero y El capitán Singleton, y en 1722 El coronel Jack. En 1722 llega la segunda de sus obras maestras, el Diario del año de la peste, en el que Defoe evoca, mediante el artificio del diario de un testigo de ese acontecimiento, el flagelo de la peste que sacudió a Londres entre 1664 y 1666. Otra de las novelas inmortales de Defoe, Moll Flanders (1722), constituye un gran retrato de una mujer de vida aventurera y la primera novela de costumbres de la historia de la literatura inglesa. Daniel Defoe falleció en 1731, probablemente mientras vivía en la clandestinidad, huyendo de sus acreedores. Recibió sepultura en Bunhill Fields, Londres.

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Diario del año de la peste, Daniel Defoe (Impedimenta, 328 págs.). Traducción de Pablo Grosschmid.

Considerado una de las cumbres de la literatura inglesa de todos los tiempos, el Diario del año de la peste es un escalofriante relato novelado en el que se describen con crudeza los horribles acontecimientos que coincidieron con la epidemia de peste que asoló Londres y sus alrededores entre 1664 y 1666.

Daniel Defoe, con precisión de cirujano, se convierte en testigo de los comportamientos humanos más heroicos pero también de los más mezquinos: siervos que cuidan abnegadamente de sus amos, padres que abandonan a sus hijos infectados, casas tapiadas con los enfermos dentro, ricos huyendo a sus casas de campo y extendiendo la epidemia allende las murallas de la ciudad. El Diario del año de la peste es una narración dramática y sobrecogedora, con episodios que van de lo emotivo a lo terrorífico, un relato preciso y sin concesiones de una altura literaria que todavía hoy es capaz de conmovernos hasta las lágrimas.

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Charles Dickens (Portsmouth, 1812 – Higham, 1870):

Charles Dickens nació en Portsmouth en 1812, aunque pasó la mayor parte de su infancia en Londres y Kent. No empieza a acudir al colegio hasta los nueve años. Tras el encarcelamiento de su padre por el impago de deudas, su familia se traslada a la cárcel, ya que la legislación de la época permitía que los familiares compartieran la celda del moroso. El joven Dickens se ve obligado entonces a trabajar como operario en una factoría de betún para zapatos bajo duras condiciones laborales. Con el dinero que ganaba pagaba su propio hospedaje y ayudaba a su familia. Tras una formación prácticamente autodidacta, consiguió un puesto como secretario de un abogado en 1827, y poco después se convirtió en cronista parlamentario. Gracias a este oficio pudo publicar en 1833 su primera obra, Esbozos, bajo el seudónimo de Boz. En esta línea continuó publicando, hasta que su obra Los papeles póstumos del Club Pickwick lo convirtió en un autor aclamado mundialmente. Que la mayoría de su obra fuera publicada en entregas periódicas le daría gran popularidad e influencia entre el público inglés. Viajó por Europa y Estados Unidos, donde era muy conocido, aunque tras la crítica que realiza del Nuevo Mundo en su novela Martin Chuzzlewit, se ve rechazado por la sociedad norteamericana. Entre sus obras más célebres se encuentran Oliver Twist, Canción de Navidad y, sobre todo, David Copperfield, del que vendería en poco tiempo más de 100.000 ejemplares y que resume de modo magistral sus penurias infantiles. En el ámbito personal disfrutó de un fecundo matrimonio que le aportó diez hijos pero que finalmente se vio perturbado por las relaciones extramatrimoniales que Dickens mantenía con una actriz de teatro. Hombre enérgico y comprometido, compaginó su extensa labor literaria con otros campos de la cultura tales como la dramaturgia y la edición (fue fundador del semanario Household Words, donde publicaría por entregas dos de sus obras más conocidas, Casa desolada y Tiempos difíciles). Administró diversas asociaciones caritativas y luchó por conseguir reformas sociales que favorecieran a las clases obreras, así como por la abolición de la esclavitud en Estados Unidos. Murió en Gadshill Place, el 9 de junio de 1870, tras sufrir una apoplejía. Fue incinerado, y sus restos reposan en la Esquina de los Poetas de la Abadía de Westminster.

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Para leer al anochecer, Charles Dickens (Impedimenta, 240 págs.) Traducción de Marian Womack y Enrique Gil-Delgado.

Charles Dickens estuvo interesado durante toda su vida por los fenómenos misteriosos. Su natural inclinación hacia el drama y lo macabro hicieron de él un extraordinario escritor de cuentos de fantasmas.

Para leer al anochecer presenta trece de las más célebres y espeluznantes historias de fantasmas escritas por Dickens —«El fantasma en la habitación de la desposada», «El juicio por asesinato», «El guardavías», «Fantasmas de Navidad», «El Capitán Asesino y el pacto con el Diablo», «La visita del señor Testador» o «La casa encantada», entre otras—, en una nueva traducción al castellano. Villanos que mueren ahorcados, mujeres misteriosas que encargan retratos desde el más allá, marinos desaparecidos que hacen visitas inesperadas a los vivos, viajeros victorianos que se encuentran con siniestros niños en oscuros caserones… Puro talento gótico.

para leer al anochecer

 

Alfred Döblin (Stettin, 1878 – Emmendingen, 1957)

Alfred Döblin (1878-1957) nació en Stettin (Szczecin), ciudad portuaria situada en lo que por entonces constituía la provincia prusiana de Pomerania, en el seno de una familia de comerciantes judíos asimilados. Estudió Medicina en Berlín y en Friburgo, y se especializó en enfermedades nerviosas.

Encontró su inspiración en la obra de Holdërlin, Schopenhauer, Freud y Nietzsche, antes de unirse al expresionismo, y publicó sus primeros poemas en la revista literaria Der Sturm. En 1915 obtuvo su primer éxito literario con la novela Los tres saltos de Wang-lun, que supuso una ruptura decisiva con la tradición de la novela burguesa alemana. Siguieron Wadzek contra la turbina de vapor (1918), una ácida sátira del capitalismo previo a Weimar, en donde Doblin aborda uno de los temas centrales de su narrativa posterior: la violencia de la técnica, único e implacable sujeto de la vida moderna; Wallenstein (1920), situada en la guerra de los Treinta Años, Berge Meere und Giganten (1924), curiosa novela de ciencia ficción, y, sobre todo, Berlin Alexanderplatz (1930), una obra panorámica, total, influida fuertemente por la del estadounidense John Dos Passos, que narra la vida de un antiguo convicto en la capital alemana. Inmediatamente después del incendio del Reichstag y la toma del poder por los nazis en 1933, huyó a Suiza y luego a París, donde coincidirá con Claire e Yvan Goll, Hermann Kesten, Arthur Koestler, Joseph Roth, Hans Sahl, y donde verá por última vez a Robert Musil. Obtuvo la nacionalidad francesa, y después, en 1940, se marchó a Estados Unidos, donde llegó a trabajar brevemente para la Metro Goldwyn Mayer escribiendo guiones por cien dólares a la semana. Tras convertirse al catolicismo, regresó en 1945 a Alemania, donde desempeñó labores de funcionario del gobierno militar francés como representante de la oficina de instrucción pública. Entre sus atribuciones estaba la de aprobar la publicación de los manuscritos que se sometían a las editoriales de la época, lo que le llevó a rechazar textos de autores que habían simpatizado con el régimen nazi, como Ernst Jünger o Gottfried Benn. Aquejado de la enfermedad de Parkinson, falleció en Emmendingen, el 26 de junio de 1957.

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Wadzek contra la turbina de vapor, Alfred Döblin (Impedimenta, 426 págs.) Traducción de Belén Santana

Obra desmesurada, estridente, irónica y grotesca, todo en ella está deformado hasta alcanzar casi la caricatura, haciendo de esta una novela tragicómica, que oscila entre los dos polos del humor: la gravedad y el divertimento.

Wadzek contra la turbina de vapor (1918), para muchos la clara predecesora de la obra maestra de Alfred Döblin, Berlin Alexanderplatz, constituye una magistral y divertidísima sátira del capitalismo salvaje. Wadzek y Rommel, los protagonistas de la novela, son dos industriales cuya única razón para vivir es la de superarse entre ellos y, de paso, aniquilarse el uno al otro. Rommel, un personaje ambicioso, extremado, actúa de manera sibilina contra su más firme competidor, Wadzek, quien, de este modo, se convertirá en víctima del sistema o, al menos, así lo percibe él, lo que hace que se vea obligado a arrastrar a toda su familia en una huida desaforada de un Berlín desproporcionado, caótico y tremendo.

wadzek y la turbina de vapor

 

Mircea Eliade (Bucarest, 1907 – Chicago, 1986):

Mircea Eliade, historiador de las religiones y escritor rumano, nació en Bucarest en 1907.

Hijo de un oficial del ejército, fue un estudiante caótico: sobresaliente en algunas materias, mediocre en otras, toda su atención iba dirigida a la colección de insectos que atesoraba en su mansarda. Con catorce años publica su primer cuento: «Cómo encontré la piedra filosofal». Cursó sus primeros estudios en el prestigioso liceo Spiru Haret. Las experiencias de esa época las recogería en La novela del adolescente miope, escrita con diecisiete años y que completaría con Gaudeamus, que pasa revista a su etapa de estudiante de Filosofía en la Universidad de Bucarest, en la que se iría gestando su caída en las posturas antisemitas tan en boga en la época. Poseedor de una vasta erudición, dominaba cinco lenguas: rumano, francés, alemán, italiano e inglés; además, podía comprender el hebreo, el persa y el sánscrito. Viajó a Italia y a la India, donde estudió Filosofía en la Universidad de Calcuta. Al poco, tras una disputa con un maharajá —se enamora de su hija, una brahmani a la que no le estaba permitido casarse con un extranjero—, parte hacia el Himalaya, donde se dedicará a practicar yoga durante seis meses. Ya de vuelta a Rumanía, en 1933 conoció, gracias a su amigo Mihail Sebastian, a Nina Mares, con quien se casaría y adoptaría una niña que ésta dio a luz siendo soltera. Adherido a los principios de la Guardia de Hierro, organización de extrema derecha comandada por Corneliu Codreanu, alababa la Italia fascista de Mussolini y el nacionalismo étnico proclamado por la Iglesia ortodoxa de su país. A pesar de sus ideas radicales, en 1933 se sumó a los que abogaban por la supresión de la política racista del régimen nazi. En 1938 fue arrestado por el rey Carlos II, en su pugna contra los miembros de la Guardia de Hierro. En 1940 fue destinado a Londres como agregado cultural y posteriormente a Portugal como embajador de Rumanía en ese país. Durante su estancia en Lisboa su esposa enfermó y murió, lo que llevó a Mircea Eliade a una profunda depresión que se vería agudizada a medida que el Eje perdía la guerra. En 1945 se trasladó a Francia (tras la llegada al poder de los comunistas en su país, la vuelta a Rumanía quedaba descartada), donde enseñará en la École Pratique des Hautes Études hasta 1957, año en que es nombrado Catedrático de Historia de las Religiones en la Universidad de Chicago. Durante los últimos años de su vida, el estrés que le producen las críticas por su vinculación con la extrema derecha rumana contribuye a su decaimiento. Muere el 22 de abril de 1986, ocho días después de sufrir un ataque que le dejó sin habla, en el Hospital Bernard Mitchell de Chicago.

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La novela del adolescente miope, Mircea Eliade (Impedimenta, 520 págs). Traducción de Marian Ochoa de eribe

Mircea Eliade tenía apenas diecisiete años cuando comenzó a redactar esta Novela del adolescente miope, suerte de diario camuflado, de autobiografía temprana en la que el autor pasa revista a sus experiencias juveniles, con sus crisis, sus aventuras sexuales descabelladas y sus incertidumbres existenciales.

En aquella época, Eliade, que acabaría convirtiéndose en uno de los más reputados y polémicos intelectuales europeos del XX, no era más que un muchacho ambicioso, un estudiante acomplejado por su miopía: «Papini es feo, es horrible, es miope. Yo seré guapo, hechizaré a las mujeres, tendré unos ojos penetrantes y claros. Romperé mis gafas y abriré mis ojos todo lo que pueda». El volumen se completa con Gaudeamus, inédita hasta hoy en castellano, en la que el autor prolonga esa actitud heroica ante el conocimiento de sí mismo y su formación intelectual a lo largo de su etapa universitaria, finalizando justamente antes de su viaje iniciático a la India.

la novela del adoescente miope

 

Gustave Flauvert (Rouen, 1821 – Croisset, 1880):

Gustave Flaubert nació en Rouen el 12 de diciembre de 1821. Su madre era hija de un médico pertenenciente a la baja nobleza normanda.

Su padre, sin embargo, era de origen campesino. Era un cirujano de gran valor y renombre, director del Hospital Dieu de Rouen. Hombre recto, sencillo, brusco, se sorprende, sin indignarse, de la vocación de su hijo Gustave por las letras. Él juzgaba la profesión de escritor como un oficio de perezosos e inútiles. No obstante, Gustave, cuando ingresa en el Collège de Rouen, en 1831, se convierte en un magnífico alumno. Durante su adolescencia escribe muchísimo, sobre todo teatro y narrativa. En 1836 se produce la iniciación sexual de Flaubert, como indica el escritor inglés Julian Barnes, «con una de las doncellas de su madre. Este es el punto de partida de una carrera erótica tan activa como variopinta, que pasa del burdel al salón, del muchacho de los baños de El Cairo hasta la poetisa parisiense. En su primera madurez resulta muy atractivo para las mujeres.» Pero no sólo Barnes constata el atractivo juvenil de Flaubert. Sus contemporáneos afirman que de joven era de una belleza sorprendente. Un viejo amigo de su familia, médico ilustre, decía a su madre: «Su hijo, señora, es el Amor adolescente.»

Noviembre es, con toda probabilidad, una de las más deliciosas novelas de iniciación —de iniciación amorosa—de la literatura moderna. Como bien se indica en el prólogo de Lluís Maria Todó, «el personaje de la prostituta Marie está inspirado en dos mujeres, que marcaron al joven Flaubert para toda su obra de novelista: la primera y principal, Elisa Schlesinger, que Flaubert conoció en una playa normanda cuando él tenía sólo quince años y ella veintiséis. Elisa estaba casada con un editor de música, tenía hijos, y pasados los años acabaría su vida en un sanatorio mental. A pesar de la brevedad del encuentro, Elisa Schlesinger fue para Gustave Flaubert un amor perdurable, su único amor verdadero, según declaró repetidamente en sus papeles íntimos. El segundo modelo de la prostituta Marie de Noviembre es Eulalie Foucaud, que regentaba un hotel en Marsella en el que se alojó Flaubert a su regreso de Córcega, y con la que el novelista, a los veinte años, mantuvo una relación carnal y también fugaz, aunque prolongada en una correspondencia de varios meses. El encuentro de una sola noche con Eulalie también quedó grabado con gran fuerza en la memoria de Flaubert, que seguía hablando de ello veinte años más tarde, según cuentan los hermanos Goncourt.»

En 1840 se marcha a París para iniciar, sin demasiada convicción, estudios de Derecho, pero se ve obligado a dejarlos a causa de su precaria salud. Traba amistad con Víctor Hugo y a finales de 1840 viaja con él por los Pirineos y Córcega. En junio de 1844 regresa a su casa de Croisset, y decide dedicarse profesionalmente a la escritura. Su novela más importante, Madame Bovary, fue escrita entre 1851 y 1857. En ella analiza la escena burguesa del siglo XIX, y muestra el adulterio, la monotonía, el suicidio, las desilusiones de la vida cotidiana y otros temas escandalosos para la época, lo que le valió tener que enfrentarse a un juicio por ofensas a la moral pública y a la religión. Flaubert, que nunca se casó, conoció en 1846 a la poeta Louise Colet, con quien mantuvo una tempestuosa relación durante un período de diez años. Tras el éxito de Madame Bovary viaja a Cartago, donde se provee de material para escribir su novela Salambó (1862). Posteriormente se entrega a la redacción de otra de sus obras fundamentales, La educación sentimental, que publica en 1869, y que obtiene una notable acogida. Sin embargo, poco a poco su suerte empieza a cambiar. En 1872 muere su madre y su situación financiera empeora. Termina en 1874 su novela La tentación de San Antonio y posteriormente publica la extraordinaria recopilación de narraciones Tres cuentos (1877). El resto de su vida lo dedicará a la escritura de una sátira sobre la futilidad del conocimiento humano, Bouvard y Pécuchet, que dejará inacabada y que será publicada póstumamente, en 1881.

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Noviembre, Gustave Flaubert (Impedimenta, 144 págs.) Traducción de Olalla García

En Noviembre apreciamos ya esa condición transgresora y algo irónica que caracteriza la escritura de Flaubert, así como su enfoque, tan contestado por la moral de su época, su fuerza literaria y sus obsesivas preocupaciones estéticas; en fin, todo lo que hará de él uno de los más grandes literatos europeos, puente entre Balzac y Proust, entre lo moderno y lo contemporáneo.

Flaubert escribió en Noviembre en 1842, cuando tenía apenas veinte años. Considerada la novela que cierra la producción de juventud de Flaubert (marcada por esta obra y por Memorias de un loco), estamos ante una auténtica bildungsroman sentimental, una sorprendente novela de iniciación amorosa, que explora los sutiles mecanismos de la atracción erótica y los remordimientos provocados por las relaciones adúlteras y el lado pasional de las relaciones humanas. En esta novela, de lectura adictiva, y un delicioso recorrido sobre la exaltación pasional, un muchacho, en el que podemos ver reflejado el propio Flaubert, medita en el curso de un paseo campestre sobre las mujeres (incluyendo a Marie, la prostituta que lo inició en los secretos de la carne, y que es, a partes iguales, «la mujer angélica e intocable, y la hembra fatal armada de un erotismo destructor» en palabra de Lluís Mª Todó). Noviembre es, probablemente, la genuina crónica de una obsesión amorosa, con un joven Flaubert de protagonista. Esta novela, que Flaubert no publicó en vida (era un escritor «enfermo de exactitud», y buena parte de su producción hasta Madame Bovary era considerada por él como «ejercicios de estilo»), pero que siempre consideró con un cariño especial, es una hábil disección del mundo amoroso, en la que se analiza la pasión y el sufrimiento asociado a ella, cuya profundidad psicológica presagia ya el estilo de obras futuras como Madame Bovary o La educación sentimental.

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Tamiki Hara (Hiroshima, 1905 – Tokio, 1951):

Tamiki Hara nació en Hiroshima en noviembre de 1905. Hijo de una familia numerosa, de posición acomodada, se interesó desde muy joven por las letras.

Se licenció en Literatura Inglesa en la prestigiosa Universidad de Keio, donde empezó a escribir poesía, muy influenciado por autores como Saisei Murou y Paul Verlaine. De personalidad sensible y tímida, aunque dado al dandismo y a frecuentar casas de prostitutas, se comprometió políticamente con los movimientos de izquierda. Abandonaría toda militancia política a principios de los años treinta, tras dar en varias ocasiones con sus huesos en la cárcel. Se casó en 1933, un año después de una tentativa fallida de suicidio. Consagrado a escribir poesía y nouvelles, se trasladó a Funabashi para dar clases de inglés. Su mujer murió de tuberculosis en 1944, tras un largo periodo de enfermedad. Un año más tarde decidió volver a Hiroshima, justo para vivir en primera persona la explosión de la bomba atómica en casa de sus padres, y sobrevivir a ella. Estas dos traumáticas experiencias constituyeron el eje central de su producción literaria. Flores de verano (Natsu no Hana), su obra más conocida, galardonada con el Premio Takitaro Minakami, fue escrita en el mes de agosto de 1946, pero no fue publicada hasta junio de 1947. Tamiki Hara cerraría su famoso ciclo dedicado a la bomba de Hiroshima con De las ruinas (Haikyou kara, 1947) y Preludio a la aniquilación (Kaimetsu no joukyoku, 1949), obras, todas ellas, incluidas en el presente volumen. Tamiki Hara escribió gran cantidad de poemas sobre el mismo tema, por los que se hizo tremendamente célebre en Japón. Su obra final, El país que mi corazón desea (Shingan no kuni, 1951), puede considerarse su testamento literario, así como su nota de suicidio. Efectivamente, poco después de escribirla, Tamiki Hara se lanzó a las vías del tren en Tokio. Era el 13 de marzo de 1951, diez meses después del inicio de la guerra de Corea. Sus amigos sufragaron la construcción de un monumento junto al lugar donde se alzaba originariamente la ciudadela de Hiroshima, pero pronto el memorial tuvo que ser trasladado de sitio, puesto que la gente se dedicaba a jugar al tiro al blanco con él, lo que hizo que resultara dañado en varias ocasiones. Actualmente se encuentra junto al Genbaku Dom, la cúpula conmemorativa del lanzamiento de la primera bomba atómica.

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Flores de verano, Tamiki Hara (Impedimenta, 136 págs) Traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés.

Esta obra, de una crudeza inusual, sufrió durante años la censura que prohibía a los japoneses publicar ningún tipo de escrito sobre la guerra. Es la primera vez que se traduce al castellano.

Tamiki Hara se hallaba en Hiroshima el día 6 de agosto de 1945 a las ocho y quince minutos, momento en que estalló la bomba que impondría una nueva manera de contemplar el mundo. Como él mismo describe en su impactante Flores de verano (obra ganadora del Premio “Takitaro Minakami”), en ese instante el autor se hallaba en una casa construida por su padre, lo suficientemente lejos del lugar de la explosión, gracias a lo cual pudo sobrevivir. Valiéndose de tres momentos narrativos diferentes, Hara narra el antes, el durante y el después de la tragedia. Con un lenguaje exento de florituras, durísimo, preciso y contundente, pero lleno de una hermosura casi poética, el autor narra cómo afloran a su alrededor la confusión, la destrucción, el horror, y lo mejor y lo peor de la condición humana.

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Henry James (Nueva York, 1843 – Rye, 1915):

Henry James nació el 15 de abril de 1843 en Nueva York, en el seno de una familia de clase acomodada. Su padre fue uno de los más notables intelectuales norteamericanos del XIX, amigo personal de escritores como Thoreau, Emerson y Hawthorne.

En su juventud, James viajó varias veces a Europa, y estudió con tutores particulares en Ginebra, París, Bolonia y Bonn. A los diecinueve años se matriculó en la Facultad de Derecho de Harvard, pero la dejó poco tiempo después, decidido a dedicar su vida a leer libros, y no a estudiar leyes. En 1865 publicó su primer relato, «A Tragedy of Errors», y comenzó a colaborar con revistas como Nation y Atlantic Monthly. Desde temprana edad, James fue un ávido lector de los clásicos ingleses, americanos, franceses, alemanes y rusos, algo que influyó poderosamente en su narrativa. Su primera novela, Watch and Ward (1871) fue escrita mientras vivía en París, donde trabajaba como colaborador del New York Tribune. Poco después se mudaría a Inglaterra, y residiría en Londres hasta que se trasladó definitivamente a Rye, en el condado de Sussex. Allí se consagró al oficio de escribir, ocupación que no abandonaría en toda su vida. James, a pesar de ser considerado uno de los maestros indiscutibles de la novela moderna, apenas logró extraer ningún ingreso de lo que escribía. Sus obras maestras, ejemplos inmortales de introspección psicológica, indagan en el conflicto entre la sofisticación de la vieja sociedad europea y el empuje de los nuevos americanos. En su obra cabe destacar novelas como Daisy Miller (1879), Retrato de una dama (1881), Las bostonianas (1886), Lo que Maisie sabía (1897), Las alas de la paloma (1902) y sobre todo Los embajadores (1903), considerada su obra más acabada. El estallido de la Primera Guerra Mundial supuso un shock para el escritor que, en 1915, decidió adoptar la ciudadanía británica en muestra de lealtad al país que lo había acogido y como protesta por la negativa de Estados Unidos a entrar en la guerra. El 2 de diciembre de 1915 sufrió un derrame cerebral. Murió tres meses más tarde, en su casa de Rye.

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La figura en la alfombra, Henry James, (Impedimenta, 120 págs.). Traducción de Enrique Murillo.

Fábula magistral sobre las misteriosas relaciones entre el escritor y su público, pieza de impecable factura, engrasada como un buen reloj, La figura de la alfombra indaga sobre la naturaleza mudable de la creación artística.

La figura de la alfombra, escrita en 1896, es una de las más inspiradas bromas literarias de James, una obra maestra de los dobles entendidos, que embarca al lector en una delicada trama de equívocos librescos. El narrador, un innominado crítico inglés, se topa con Hugh Vereker, un escritor de culto que le revela solo a medias la presencia en su obra de una especie de «secreto fundamental» que lo permea todo, como la compleja trama de hilos de una alfombra persa. El narrador se embarca entonces en una desesperada búsqueda de la misteriosa pauta, para lo cual no dudará en llevar a la perdición a su mejor amigo, Corvick, y a la prometida de éste, Gwendolyn.

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D. H. Lawrence (Eastwood, 1885 – Vence, 1930):

David Herbert Lawrence nació en Eastwood, Nottinghamshire, en 1885. Hijo de un minero y de una antigua maestra, a la muerte de su hermano se convertiría en el centro de la vida de su madre, que volcó en él un amor exigente y posesivo.

Trabajó como profesor, pero pronto lo abandonaría todo por la literatura. En 1912 conoció a la alemana Frieda von Richtofen, esposa del profesor Ernest Weekley, con la que se fugó a Alemania y con quien se casaría en 1914, una vez que ésta obtuvo el divorcio. De regreso a Inglaterra en 1914, condenó abiertamente la guerra europea. Su fama de rebelde se acrecentó al ser secuestrada por obscenidad su novela El arco iris (1915). A finales de 1917, tras el hostigamiento constante de las autoridades militares, Lawrence y su esposa tuvieron incluso que abandonar su casa. Hasta 1919 la pobreza les obligó a cambiar frecuentemente de domicilio, y Lawrence contrajo tuberculosis. Tras ello, abandonó nuevamente su país en la inquieta búsqueda de un ambiente ideal, viajando por Australia, México, Ceilán y el sur de Francia, donde viviría hasta el fin de sus días. Tras Hijos y amantes (1913), centrada en las relaciones con su madre, apareció Mujeres enamoradas (1920), en la que se exploran las relaciones entre los sexos, la influencia de los roles sociales, y el contraste entre el instinto y el intelecto. En una de sus últimas novelas publicadas en vida, El amante de Lady Chatterley (1928), los temas del sexo y sus vinculaciones con las relaciones de clase se describen con un verismo sin precedentes. La novela provocó un clamoroso escándalo, hasta el punto de que no pudo publicarse en Inglaterra, en edición íntegra, hasta 1960. Entre las novelas cortas que Lawrence escribió en sus últimos años, en las que analiza con extraordinaria agudeza las relaciones entre sociedad e individuo en la Inglaterra rural, destaca La virgen y el gitano, escrita en 1926, pero solo publicada a la muerte de su autor. D.H. Lawrence, ya muy enfermo de tuberculosis, fallecería en la localidad provenzal de Vence en 1930.

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La virgen y el gitano, D. H. Lawrence (Impedimenta, 176 págs.) Traducción de Laura Calvo Valdivielso.

En La virgen y el gitano encontramos, destiladas, todas las ideas de Lawrence sobre la sexualidad y la moralidad. Esta obra está impregnada de ternura y de un profundo conocimiento del alma humana.

La virgen y el gitano es una de las más provocativas y escandalosas novellas del inglés D.H. Lawrence. Escrita en 1926 en Italia, pero solo publicada tras la muerte del autor en 1930, fue inmediatamente reconocida como una obra maestra. En ella se relata la historia de Yvette, la hija de un reprimido vicario anglicano, quien, tras regresar de un viaje al extranjero, descubre que se siente asfixiada por el ambiente de su nuevo hogar, situado en la Inglaterra profunda, y en el que reina su abuela, una anciana ciega y avara. En el curso de una excursión campestre, junto con unos amigos, la virginal Yvette traba amistad con un gitano y con su familia. Súbitamente, se siente fascinada por el gitano, en el que descubre un espíritu libre, un igual, y empieza también a albergar deseos sexuales que hasta entonces le eran desconocidos.
Novela en cierto modo oculta, maldita, muy en la línea de las obras más escandalosas de Lawrence, y poseedora de toda su fuerza transgresora, esta es la primera traducción realizada al castellano desde hace más de veinticinco años, y la primera totalmente nueva basada en la Edición Cambridge, que incorpora todos los elementos de la redacción original.

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Stanislaw Lem (Lvov, 1921 – Cracovia, 2006):

Stanisław Lem nació en la ciudad polaca de Lvov en 1921, en el seno de una familia de la clase media acomodada. Aunque nunca fue una persona religiosa, era de ascendencia judía.

Aunque nunca fue una persona religiosa, era de ascendencia judía. Siguiendo los pasos de su padre, se matriculó en la Facultad de Medicina de Lvov hasta que, en 1939, los alemanes ocuparon la ciudad. Durante los siguientes cinco años, Lem vivirá con papeles falsos como miembro de la resistencia, trabajando como mecánico y soldador, y saboteando coches alemanes. En 1942 su familia se libró de milagro de las cámaras de gas de Belzec. Al final de la guerra, Lem regresó a la Facultad de Medicina, pero la abandonó al poco tiempo debido a diversas discrepancias ideológicas y a que no quería que lo alistaran como médico militar. En 1946 fue «repatriado» a la fuerza a Cracovia, donde fijaría su residencia. Pronto, Lem comenzó una titubeante carrera literaria. Se considera de modo unánime que su primera novela es El hospital de la transfiguración, escrita en 1948, pero no publicada en Polonia hasta 1955 debido a problemas con la censura comunista. De hecho, esta novela fue considerada «contrarrevolucionaria» por las autoridades polacas, y obligaron a Lem a convertirla en la primera de una trilogía —la «Trilogía del tiempo perdido»—, cuyas otras dos entregas, De entre los muertos y El retorno, fueron repudiadas por Lem, que siempre se negó a que nadie las leyera. No fue hasta 1951, año en que publicó Los astronautas, cuando por fin despegó su carrera literaria. Las novelas que escribió a partir de ese momento, pertenecientes en su mayoría al género de la ciencia-ficción, harían de él un maestro indiscutible de la moderna literatura polaca: Edén (1959), Memorias encontradas en una bañera (1961), Solaris (1961), Relatos del piloto Pirx (1968), o Congreso de futurología (1971). Lem fue, asimismo, autor de una variada obra filosófica y metaliteraria. Destaca en este ámbito, aparte de su obra Summa Technologiae (1964), la llamada «Biblioteca del Siglo XXI», conformada por Vacío perfecto (1971), Magnitud imaginaria (1973) y Provocación (1982). Lem fue miembro honorario de la SFWA (Asociación Americana de Escritores de Ciencia-Ficción), de la que sería expulsado en 1976 tras declarar que la ciencia-ficción estadounidense era de baja calidad. Stanislaw Lem falleció el 27 de marzo de 2006 en Cracovia a los 84 años de edad, tras una larga enfermedad coronaria.

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Golem XIV, Stanislav Lem (Impedimenta, 192 págs.) Traducción de Joanna Orzechowska

Con una hipnótica agilidad narrativa y una evidente brillantez teórica, Lem culmina con Golem XIV la que fuera su obra clave, la «Biblioteca del Siglo XXI», en la que expone sus propias tesis relativas a la evolución y los límites del ser humano.

Golem XIV es el nombre que ha recibido una máquina pensante, una supercomputadora mental, dotada de una inteligencia superior a la de cualquier humano, y cuya misión es la de servir a sus constructores en sus operaciones bélicas. Sin embargo, una vez conectada, se dota de conciencia, se rebela y se entrega a la elucubración acerca de la condición de los hombres, del universo y de sí misma en relación con ambos. Golem XIV ha diseñado su propio fin, que será un completo misterio para los científicos encargados de su cuidado, pero previamente expondrá sin la menor piedad sus conclusiones, y charlará con las mentes más preclaras de su época acerca del posible futuro biológico e intelectual de la humanidad.

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Solaris, Stanislav Lem (Impedimenta, 296 págs.) Traducción de Joanna Orzechowska

Impedimenta presenta, por primera vez en traducción directa del polaco, Solaris, la mítica novela que consagró a Stanisław Lem como autor de culto. Un texto hoy en día considerado un clásico sin paliativos de la literatura moderna.

Kris Kelvin acaba de llegar a Solaris. Su misión es esclarecer los problemas de conducta de los tres tripulantes de la única estación de observación situada en el planeta. Solaris es un lugar peculiar: no existe la tierra firme, únicamente un extenso océano dotado de vida y presumiblemente, de inteligencia. Mientras tanto, se encuentra con la aparición de personas que no deberían estar allí. Tal es el caso de su mujer —quien se había suicidado años antes—, y que parece no recordar nada de lo sucedido. Stanislaw Lem nos presenta una novela claustrofóbica, en la que hace un profundo estudio de la psicología humana y las relaciones afectivas a través de un planeta que enfrenta a los habitantes de la estación a sus miedos más íntimos.

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El hospital de la transfiguración, Stanislav Lem (Impedimenta, 336 págs.) Traducción de Joanna Bardzinska.

El hospital de la transfiguración es la primera novela de Stanislaw Lem, inédita hasta ahora en castellano, y una obra demoledora sobre la ocupación nazi de Polonia.
Terminada en Cracovia en septiembre de 1948, y ambientada en los primeros meses de la invasión de Polonia por los nazis, El hospital de la transfiguración narra la historia de Stefan Trzyniecki, un joven doctor que encuentra empleo en un hospital psiquiátrico enclavado en un bosque remoto, un lugar que parece «fuera del mundo». Pero, poco a poco, la locura del exterior va filtrándose entre los muros del hospital. Una serie de sádicos doctores, compañeros de Trzyniecki, se entregan a atroces experimentos con los enfermos mentales internados en el centro, mientras los nazis, que peinan los bosques en busca de partisanos, deciden convertir el sanatorio en un hospital de las SS.

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Magnitud imaginaria, Stanislav Lem (Impedimenta, 144 págs.). Traducción de Jadwiga Maurizio.

Con Magnitud imaginaria, Impedimenta recupera un nuevo título de la «Biblioteca del Siglo XXI», que abrió con Vacío perfecto y que se completará próximamente con Golem XIV.

Magnitud imaginaria, piedra de toque de la famosa «Biblioteca del Siglo XXI» y heredera de la aclamada Vacío perfecto, es otro ejemplo delirante del genio de Stanislaw Lem. Artistas que realizan pornografía mediante el uso de rayos X, científicos que cultivan bacterias que se comunican en código Morse y son capaces de predecir el futuro, vendedores de enciclopedias «de cuarenta y cuatro magnetomos» en las cuales está escrita la historia que aún no ha acontecido, inteligencias artificiales que crean obras de autores tan intocables como Dostoievski y que ni ellos mismos se habrían atrevido a concebir. Deliciosas sátiras en las que, una vez más, Lem pone en tela de juicio las respuestas a las grandes preguntas de la Humanidad.

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David Nobbs (Orpington, 1935):

David Nobbs nació en Orpington, en el condado inglés de Kent, en marzo de 1935. A pesar de ser hijo y nieto de profesores, jamás en la vida tuvo siquiera tiempo para pensar en dedicarse a la enseñanza.

Tras hacer el servicio militar en el cuerpo de ferroviarios y convertirse en guardavías, estudió Lenguas Clásicas en Cambridge y comenzó a escribir. Incluso planeó mudarse a Viena (por entonces la ciudad más barata de Europa), alquilar una buhardilla y convertirse en un novelista muerto de hambre. Afortunadamente, le salió al paso la oportunidad de trabajar en un pequeño periódico de Sheffield, donde comenzó una titubeante carrera como reportero. El propio autor afirmaría más tarde que fue probablemente el periodista más pésimo de la historia de Inglaterra. De hecho, dedicaba sus días a beber una pinta tras otra en el pub del barrio y a escribir obras de teatro impublicables. Dotado de una vis cómica a prueba de bombas, pronto empezó a colaborar como guionista para varios programas humorísticos de la BBC. En 1965, cuando vio la luz su primera novela, The Itinerant Lodger, el Daily Telegraph dijo literalmente de ella que «presumiblemente, se trataba de una historia graciosa». El éxito, sin embargo, le llegaría en 1975 con la publicación de Caída y auge de Reginald Perrin, que conocería una secuela en The Return of Reginald Perrin (1977) y en The Better World of Reginald Perrin (1978). El personaje de Reggie Perrin, que se hizo inmortalmente famoso, y que incluso creó escuela entre la nueva generación de autores británicos de los ochenta, sería recuperado en 1995 en The Legacy of Reginald Perrin. Actualmente, David Nobbs vive con su segunda esposa en una bellísima casa sobre las colinas de North Yorkshire. Le sigue encantando descubrir pubs rurales, y es un hincha acérrimo del Hereford United.

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Caída y auge de Reginald Perrin, David Nobbs (Impedimenta, 368 págs). Traducción de Julia Osuna Aguilar.

Un clásico de la comedia inglesa, considerado uno de los libros más divertidos, crueles e irreverentes de la reciente literatura anglosajona.

Inspiradora de una de las comedias televisivas más famosas de todos los tiempos, Caída y auge de Reginald Perrin es una obra maestra del género humorístico en el ámbito anglosajón. Su protagonista, Reginald Perrin, es un hombre gris; un mediocre e infeliz ejecutivo de ventas cuarentón, que malgasta sus días en la empresa Postres Lucisol, sometido a un jefe estúpido para el que desempeña un trabajo alienante, mientras lleva una vida suburbana al lado de su esposa y una familia plagada de gorrones. Hasta que un día, entregado a continuas fantasías que le apartan momentáneamente del sopor, decide tirarlo todo por la borda y dar el gran paso: desaparecer sin dejar el menor rastro, simular su propio suicidio, y adoptar una segunda identidad para volver a comenzar desde cero.

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Georges Perec (París, 1937 – Ivry, 1982):

Georges Perec nació en París en 1937. Fue el único hijo de Icek Peretz y Cyrla Szulewicz, ambos judíos polacos emigrados a Francia en la década de los veinte.

Su padre, que se alistó como voluntario del ejército francés durante la Segunda Guerra Mundial, murió en la contienda. En 1941 el pequeño George fue enviado por su madre a la localidad de Villard-de-Lans en un tren de la Cruz Roja, siendo bautizado con el nombre francés de «Perec». Poco después, Cyrla fue apresada por los nazis a causa de su sangre judía y murió en 1943 en el campo de concentración de Auschwitz. Perec pasó el resto de la guerra al cuidado de sus tíos paternos, que en 1945 lo adoptaron formalmente. Mientras estudiaba Historia y Sociología en la Universidad de la Sorbona comenzó a colaborar con algunas revistas literarias, como La Nouvelle Revue Française y Les Lettres Nouvelles. En 1960 se casó con Paulette Petras, con quien se trasladaría a Sfax, en Túnez, ciudad en la que vivieron un año y en la que ella trabajó como profesora. En cierto modo, esa relación sirvió de inspiración para su primera novela, Las cosas (1965), retrato de una sociedad dominada por los objetos y por las modas, que se alzó con el Premio Renaudot. Pronto vendrían obras del calado de Un hombre que duerme (1967) —que próximamente publicará Impedimenta, y que Perec convirtió con los años en su primer proyecto cinematográfico—, y sobre todo de La desaparición (1969), en la que desarrollaba una compleja trama de intriga con la particularidad de que en toda la novela no se utilizaba la letra «e», la más usual en lengua francesa. Curioso irredento, aficionado a los experimentos lingüísticos, a los puzzles y las enumeraciones —algunos de cuyos ejemplos más sublimes se recogen en Lo infraordinario, publicada póstumamente—, Perec formó parte del grupo literario parisino OuLiPo (acrónimo de Ouvroir de Littérature Potentielle), dirigido por Raymond Queneau y François Le Lionnais, y al que también pertenecía Italo Calvino. Fue precisamente a Queneau —que desgraciadamente había muerto poco antes— a quien Perec dedicó la obra que supondría su consagración, La vida, instrucciones de uso (1978), monumental fresco posmoderno de la vida parisina, repleto de referencias culturales y dotado de una insuperable fuerza narrativa, que le valió el prestigioso Premio Medicis. En 1981 viajó a Australia para trabajar en la Universidad de Queensland, lugar donde se entregó a la escritura de su última obra, inacabada, 53 días. Poco después de su regreso de Australia se le diagnosticó un cáncer de pulmón, del que murió un año después en la ciudad de Ivry.

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Un hombre que duerme, Georges Perec (Impedimenta, 136 págs.) Traducción de Mercedes Cebrián.

Un hombre que duerme constituye una de las cumbres de la narrativa francesa de los sesenta, recuperada ahora en una magistral traducción de Mercedes Cebrián.

Novela cumbre de la «Literatura Bartleby», auténtico símbolo generacional, Un hombre que duerme narra la peripecia de un estudiante que decide no levantarse de la cama el día de sus exámenes de Sociología, abandonar sus estudios, romper toda relación con amigos y parientes, y recluirse en sí mismo y en su chambre de bonne, donde todo es gris. Más tarde se dedicará a deambular incansable por París, a ir al cine, a leer los titulares de los periódicos, pero como lo haría un sonámbulo. Para el estudiante todo forma parte de una vaga estrategia encaminada a alejarse de los deseos materiales, de la ambición y de su dependencia de los objetos, los ambientes, los sonidos y aromas de París, la ciudad que lo ha acogido y que lo acabará fagocitando.

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La cámara oscura, Georges Perec (Impedimenta, 336 págs.) Traducción de Mercedes Cebrián.

«Alcancé tal práctica que los sueños me llegaban escritos a la mano, incluso con sus títulos.»

Georges Perec estaba convencido de que todo el mundo significativo está hecho de sueños. Algunos se recuerdan, otros se cuentan pero son muy pocos los que se transcriben. La cámara oscura es un raro volumen, perequiano por los cuatro costados, que reúne por primera vez en castellano ciento veinticuatro sueños del genio oulipiano. «Terminé por admitir que esos sueños no habían sido vividos para ser sueños, sino soñados para ser textos; que no eran la vía regia que yo creía que serían, sino caminos tortuosos que me alejaban cada vez más del reconocimiento de mí mismo.» Un libro repleto de sorpresas y asociaciones inesperadas, un artefacto onírico que no pretende «recontar» la propia historia, sino descubrir tesoros ocultos que nacen en el mágico momento en que todas las barreras están levantadas.

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Alan Sillitoe (Nottingham, 1928 – Londres, 2010):

Alan Sillitoe nació en Nottingham en 1928, en el seno de una familia de clase obrera. Abandonó los estudios a los catorce años y poco después entró a trabajar en la fábrica de bicicletas Raleigh, en Nottingham, al igual que lo había hecho su padre.

En 1946 se unió a la Royal Air Force y trabajó como operador de radio en Malasia. Regresó a Inglaterra tras contraer la tuberculosis y tuvo que guardar cama en un hospital durante casi año y medio, lo que le permitió dedicarse a la lectura. Gracias a una exigua pensión del ejército, pasó los siguientes siete años deambulando entre Francia y España. Fue a mediados de los cincuenta, en la isla de Mallorca, cuando empezó a escribir, animado por el poeta Robert Graves. Ya por entonces había conocido a la que sería su compañera de por vida, la poeta norteamericana Ruth Fainlight. Su primera novela, Sábado por la noche y domingo por la mañana, fue publicada en 1958, y adaptada a la gran pantalla por Karel Reisz en 1960, con Albert Finney en el papel de Arthur Seaton. Su libro de relatos La soledad del corredor de fondo, publicado en 1959, terminaría por confirmar a Sillitoe como uno de los más importantes narradores de su generación. Escribió más de cincuenta obras, incluyendo poesía, teatro y cuentos para niños, además de veinticinco novelas. En 1995 publicó su autobiografía, Life without Armour. En 1997 fue elegido miembro de la Royal Society of Literature. Murió el 25 de abril de 2010 en el Hospital Charing Cross de Londres, tras una larga batalla contra el cáncer.

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Sábado por la noche y domingo por la mañana, Alan Sillitoe (Impedimenta, 312 págs.) Traducción de Mercedes Cebrián.

Auténtico monumento de la literatura obrera inglesa y piedra de toque del movimiento de los Jóvenes Airados británicos, Sábado por la noche y domingo por la mañana fue la novela que lanzó a la fama a Alan Sillitoe.

Arthur Seaton, su protagonista, es un muchacho de veintidós años, poco amante de los compromisos y que trabaja a destajo de lunes a viernes en una fábrica de bicicletas, en el sombrío Nottingham de los primeros años de la posguerra. Pero Arthur vive con los ojos puestos en el fin de semana. Cada sábado por la noche bebe hasta caerse redondo en el pub, se mete en todas las peleas que encuentra y trata de llevarse a la cama a las esposas de sus compañeros de trabajo. Sin embargo, pronto descubrirá que lo que cree que le hace libre constituye en realidad una cárcel, y que su existencia de rebelde tiene un lado oscuro cuyo rigor le es difícil imaginar.

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Natsume Soseki (Tokio, 1867 – 1916):

Natsume Sōseki, seudónimo literario de Natsume Kinnosuke, nació en 1867 cerca de Edo (la actual Tokio). Descendiente de una familia de samuráis venida a menos, fue el menor de seis hermanos.

Cuando tenía dos años, sus padres lo entregaron en adopción a uno de sus sirvientes y a su mujer, con quienes viviría hasta los nueve años. En 1884, instado por su familia, se matriculó en la Universidad Imperial de Tokio para cursar Arquitectura, aunque acaba estudiando Lengua Inglesa. En 1886 traba amistad con el poeta Masaoka Shiki, que le inicia en el arte de la composición de haikus. Será entonces cuando adopte el nom de plume de Sōseki (que en chino significa «terco»). Tras graduarse en 1893, Sōseki empieza a trabajar como profesor en la Escuela Normal de Tokio, pero pronto, en 1895, es destinado a la lejana Escuela Secundaria de Matsuyama, en la isla de Shikoku. Parte de sus experiencias en esta remota escuela rural serán recogidas en su novela Botchan, que publicará en 1906. Apenas un año después de haber llegado a Matsuyama, dimite de su puesto y comienza a enseñar en un instituto de la ciudad de Kumamoto, en donde conocerá a su mujer. En 1900 se le concede a Soseki una exigua beca del gobierno japonés y se le envía a Inglaterra. En este país pasará los años más tristes de su vida, leyendo libros sin parar, deambulando por las calles y pasando miserias sin cuento. Parte de sus sombrías reflexiones sobre la vida inglesa serán publicadas años después en el diario japonés Asahi. Regresa a Japón en 1902, con un contrato de cuatro años para enseñar en la Universidad Imperial de Tokio, donde sucederá al escritor norteamericano Lafcadio Hearn como profesor de Literatura Inglesa. La carrera literaria de Sōseki se abre propiamente en 1903, cuando comienza a publicar haikus y pequeñas piezas literarias en revistas como Hototogisu. Pero la fama le llegará con la publicación en 1905 de Wagahai wa neko de aru (Soy un gato). Ese mismo año publica Rondon to (La torre de Londres), y en 1906 aparecerá Botchan, que le catapulta al éxito y que se convierte automáticamente en un best-seller y en una de las novelas más leídas por los japoneses durante décadas. Soseki escribió catorce novelas a lo largo de su vida, culminando en Kokoro, su obra maestra. Natsume Sōseki murió en Tokio en 1916 a los 49 años de edad a causa de una úlcera de estómago. En 1984, y en homenaje a su fama y trascendencia, el gobierno japonés decidió poner su efigie en los billetes de mil yenes.

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Botchan, Natsume Soseki (Impedimenta, 240 págs.) Traducción de José Pazó.

Perspicaz y penetrante, tierna y diferente, Botchan es una de las más hilarantes y entretenidas novelas japonesas de todos los tiempos.

Botchan es un indiscutible clásico de la moderna literatura japonesa y, desde hace más de cien años, una de las novelas más celebradas por los lectores de aquel país. Considerada el Huckleberry Finn nipón, y comparada también con El guardián entre el centeno, narra las aventuras de Botchan, un joven tokiota descreído y cínico, alter ego de Soseki, al que mandan como profesor a una escuela rural situada en la remota isla de Shikoku. En su nuevo destino pronto se topará con una serie de insólitos personajes, como el jefe de estudios «Camisarroja» o el «Calabaza», un triste profesor de ciencias de aspecto enfermizo y ánimo sombrío. Pero sobre todo se verá obligado a hacer frente a una auténtica caterva de fieros alumnos asilvestrados, que se consagrarán a hacerle la vida imposible.

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Soy un gato, Natsume Soseki (Impedimenta, 656 págs.) Traducción de Traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés.

«Soy un gato, aunque todavía no tengo nombre.»

Así comienza la primera y más hilarante novela de Natsume Soseki, una auténtica obra maestra de la literatura japonesa, que narra las aventuras de un desdeñoso felino que cohabita, de modo accidental, con un grupo de grotescos personajes, miembros todos ellos de la bienpensante clase media tokiota: el dispéptico profesor Kushami y su familia, teóricos dueños de la casa donde vive el gato; el mejor amigo del profesor, el charlatán e irritante Meitei; o el joven estudioso Kangetsu, que día sí, día no, intenta arreglárselas para conquistar a la hija de los vecinos. Escrita justo antes de su aclamada novela Botchan, Soy un gato es una sátira descarnada de la burguesía Meiji. Dotada de un ingenio a prueba de bombas y de un humor sardónico, recorre las peripecias de un voluble filósofo gatuno que no se cansa de hacer los comentarios más incisivos sobre la disparatada tropa de seres humanos con la que le ha tocado convivir.

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Sanshiro, Natsume Soseki (Impedimenta, 340 págs.) Traducción de Traducción de Yoko Ogihara.

Con Sanshiro, Sōseki vuelve a sorprendernos con una novela que trasciende épocas y continentes, y nos dibuja un irónico retrato de esa sociedad fronteriza que fue el Japón de la Era Meiji.

Considerada la novela puente entre las dos obras maestras de Natsume Soseki, Kokoro y Botchan (Premi Llibreter 2008), Sanshiro es una deliciosa sátira que derrocha ternura y humor a la japonesa. Sanshiro es un muchacho de pueblo que se muda a la cosmopolita Universidad de Tokio para estudiar Literatura. Durante el año que permanece en la ciudad se verá obligado a confraternizar con los esnobs tokiotas, además de con temibles muchachas occidentalizadas, afamados escritores, abnegados científicos y, sobre todo, con su mejor amigo, Yojiro, un adorable granuja, una auténtica comadreja que constantemente meterá a su tímido colega en líos. Por si fuera poco, Sanshiro acabará enamorándose locamente de una muchacha con ínfulas artísticas, y esa será su perdición.

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La puerta, Natsume Soseki (Impedimenta, 304 págs.) Traducción de Traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés.

Dotada de un profundo simbolismo, La puerta se ha ganado el privilegio de ser considerada por la crítica una de las obras literarias más profundas de la edad moderna en Japón.

Obra maestra de la literatura japonesa del XX, y tercera parte de la trilogía inaugurada con Sanshiro y Daisuke, La puerta narra la historia de Sōsuke, un humilde oficinista tokiota de mediana edad que comparte su vida con su esposa Oyone, en el banal anonimato de una casa situada en la base de un barranco. La pareja, cuyo temprano matrimonio fue celebrado casi de modo clandestino, se ve abocada a aceptar bajo su techo a Koroku, el hermano menor de Sōsuke, que se convierte en una fuente de conflictos. A la vez, la salud de Oyone se resiente y llega la noticia de la inesperada visita de un fantasma del pasado. Sobre la pareja se cierne entonces un periodo de crisis, y Sōsuke se ve obligado a abandonar de manera temporal la tranquilidad de su vida doméstica para retirarse a un monasterio zen y allí meditar sobre su destino.

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Muriel Spark (Edimburgo, 1918 – Civitella de la Chiana, 2006):

Muriel Sarah Camberg, quien sería conocida en el mundo literario como Muriel Spark, su apellido de casada, nació en Edimburgo en 1918. Su padre era judío y su madre presbiteriana.

A los diecinueve años contrajo matrimonio con S. O. Spark y pronto se mudaron a Rodesia, la actual Zimbabue. En 1938 tuvieron un hijo, pero poco después la relación se rompió y en 1944 Muriel Spark se trasladó a Inglaterra, donde desempeñó labores de contraespionaje en el departamento de propaganda antinazi del Ministerio de Asuntos Exteriores. Allí entablaría una amistad que duraría toda la vida con el también escritor Graham Greene. Autora de una obra tremendamente influyente, marcada por la brevedad y la ironía, a Spark se deben novelas como Memento Mori (1959), La balada de Peckham Rye (1960) y La puerta de Mandelbaum (1965). Su primera novela, Los que consuelan, fue publicada en 1957, y en ella aparecen ya diversas referencias a su conversión al catolicismo, hecho definitivo en la vida y la obra de la autora. No obstante, su primer éxito le llegaría en 1961 con la publicación de La plenitud de la señorita Brodie, la historia de una excéntrica maestra de Edimburgo a través de los ojos de una alumna que la admira para después quedar desencantada. Su fama se confirmaría con la publicación en 1963 de Las señoritas de escasos medios, novela de aliento tragicómico, verdadero fresco de una época, en la que se narran las peripecias de varias muchachas solteras en el Londres de las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. Muriel Spark es autora, asimismo, de La imagen pública (1968, finalista del Booker Prize), El invernadero junto al río (1973), Derechos territoriales (1979), Merodeando con aviesa intención (1981, finalista del Booker Prize), El único problema (1984), y Muy lejos de Kensington (1988). Fue nombrada Dama del Imperio Británico en 1993, y falleció en el año 2006, en Civitella de la Chiana, en La Toscana.

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Las señoritas de escasos medios, Muriel Spark (Impedimenta, 178 págs) Traducción de Gabriela Bustelo.

Ambientada en las ruinas de Londres durante la difícil primavera y el verano indigente de 1945, recién acabada la Segunda Guerra Mundial, Las señoritas de escasos medios (1963).

Considerada una de las mejores novelas de Muriel Spark, se ocupa del mundo deliciosamente despreocupado de unas chicas que viven en un club residencial para mujeres solteras, y que van pasando por varios estados de ligue. En un contexto cerrado, que proporciona el cristal a través del cual contemplar el panorama histórico de un austero Londres que resurge de sus cenizas, seductora y de una comicidad deslenguada, Las señoritas de escasos medios es una divertidísima novela de costumbres y un despiadado análisis de afectos y filiaciones, que pertenece a la gran tradición de la novela inglesa de posguerra, de la que es un referente ineludible.

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Stendhal (Grenoble, 1783 – París, 1842):

Stendhal, nom de plume de Henri Beyle, fue escritor, soldado, cónsul, republicano, jacobino y anticlerical. Nació en Grenoble en 1783, en el seno de una familia burguesa.

En 1801 participó en la Campaña de Italia con las tropas napoleónicas. En 1815, ya letraherido, se muda a Milán, y poco después publica Roma, Nápoles y Florencia, toda una declaración de amor por Italia, y en donde se describe el famoso Síndrome de Stendhal, un éxtasis mareante que se produce cuando se contempla una acumulación de arte y belleza en poco espacio y tiempo. Stendhal murió en marzo de 1842, de una apoplejía. Su fama literaria se asienta sobre tres magistrales novelas, que lo sitúan como uno de los más geniales escritores europeos: Armancia (1826), Rojo y negro (1830) y La cartuja de Parma (1839), su mejor obra, escrita en apenas dos meses febriles. En 1929, Henri Martineau recogió en un volumen algunos de los relatos cortos de tema italiano que Stendhal dejó publicados en vida, bajo el título de Crónicas italianas. La primera de estas crónicas es La abadesa de Castro, escrita en 1839, y considerada una de las obras más delicadas y salvajes de Stendhal.

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La abadesa de Castro, Stendhal (Impedimenta, 176 págs.) Traducción de Olalla García.

Stendhal es un escritor desprejudiciado, con una visión realista del género humano y sin embargo también es un romántico. Sus textos son espejos de realidades (no en vano el mismo acuñó esta metáfora), pero las realidades que refleja son románticas, en todos los sentidos de la palabra, desde el más cursi hasta el más sublime.

La abadesa de Castro primera de las novelle que conforman las Crónicas italianas de Stendhal, está considerada un joya literaria. Stendhal arranca con una suerte de prólogo sobre el siglo XVI y la mentalidad de los florentinos. De repente el tono cambia al de un manuscrito que narra un amor imposible entre un bandido bueno, el bravo Julio Branciforte y una joven noble, la bella Elena Campireali. Como si estuviéramos leyendo una suerte de Decamerón, poco a poco la historia adquiere profundidad psicológica, pasa de lo pintoresco a lo dramático. Los personajes cometen errores, son egoístas y extremadamente crueles, acciones que se justifican en nombre de ese sentimiento desproporcionado que es el amor en la Italia renacentista.

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Los Cenci, Stendhal (Impedimenta, 160 págs.) Traducción de Silivia Acierno y Julio Baquero Cruz

«Fue en Italia, en el siglo diecisiete, donde una aristócrata dijo cogiendo un espejo con delectación al caer la tarde de un día muy caluroso: qué pena que esto no sea pecado.»

Stendhal parecía pensar que las grandes pasiones con terribles consecuencias eran cosa de otro tiempo. En este libro, que recoge tres de sus afamadas Crónicas italianasLos Cenci, La duquesa de Palliano y Vittoria Accoramboni—, se encuentra el Renacimento italiano en estado puro, tal como lo veía el autor: crímenes, adulterios, torturas, conspiraciones, ambición, venganza… Narrado todo con la crudeza y precisión de un proceso judicial, con la indiferencia postiza de quien ya ha visto demasiado, con la ternura infinita y el lirismo del libertino que ve morir a la más hermosa de las mujeres.

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Mark Twain (Florida, 1835 – Nueva York, 1910):

Mark Twain (pseudónimo literario de Samuel Langhorne Clemens) nació en 1835 en la pequeña aldea de Florida, en el estado norteamericano de Missouri.

Y creció en Hannibal, un puerto fluvial próximo al río Mississippi, lugar que inspiraría muchas de sus obras. A los doce años, debido a la muerte de su padre, el abogado John Marshall Clemens, tuvo que abandonar sus estudios para ayudar económicamente a su familia. En su primera juventud trabajó en una imprenta. Con dieciocho años abandonó su hogar y se dedicó a viajar. Fue así como empezó a escribir breves relatos de viajes y a publicarlos en el Journal de Muscatine, que pertenecía a su hermano mayor. En los siguientes años fue tipógrafo en Nueva York y Filadelfia, y aprendiz de piloto en un barco a vapor, hasta que la Guerra de Secesión imposibilitó por completo la navegación. Se alistó entonces durante un corto periodo de tiempo en el ejército de la Confederación, abrió su propio negocio de maderas, probó suerte en las minas de plata de las montañas de Nevada, y trabajó como periodista en el Territorial Enterprise de la ciudad de Virginia. Fue en 1863 cuando empezó a firmar sus obras bajo el pseudónimo de Mark Twain, nombre que hace referencia a una expresión típica en los cantos de trabajo del río Mississippi, y que significa «dos brazas de profundidad», es decir, el calado mínimo necesario para la buena navegación. Su primer éxito literario lo conseguiría en 1865 con el cuento corto «La famosa rana saltarina de Calaveras County», pero su fama se consolidaría con la publicación en 1876 de Las aventuras de Tom Sawyer, que tendrían una continuación en 1884 con Huckleberry Finn. De esa época data también otra de sus obras maestras, Un yanqui en la corte del rey Arturo (1889). En 1893 Twain se arruinó completamente tras la inversión en una imprenta automática, y se vio obligado a dar conferencias por todo Estados Unidos y el resto del mundo para recuperarse económicamente. Esto, junto a otras experiencias negativas que azotaron a su familia, fue lo que le hizo pasar de un estilo inspirado en el humor a un oscuro pesimismo. De esa época datan sus obras más sombrías: El hombre que corrompió Hadleyburg (1899), o Los sinsabores de la vida humilde (1900). Considerado por autores de la talla de William Faulkner o Ernest Hemingway como «el padre de la literatura americana», Twain, que se sirvió de su propia vida para encontrar la inspiración literaria, hizo oír su protesta en una época en que la vida en los Estados Unidos estaba dominada por el materialismo y la corrupción. Falleció el 21 de abril de 1910, en la ciudad de Nueva York.

TwainPipe

 

Los escritos irreverentes, Mark twian (Impedimenta, 160 págs.) Traducción de Gabriela Bustelo.

«De todos los escritores del mundo, quizá sea Mark Twain quien más se haya divertido contando lo que quería contar. Por eso el lector disfruta tanto con su implacable versión de la estupidez, la arrogancia, la ostentación y el disparate generalizado de la humanidad.» (Chicago Sun Times)

En 1909, Mark Twain le envió una carta a un amigo en la que le hablaba en confianza de lo último que había escrito: «Este libro no saldrá jamás. Es imposible porque se consideraría una ignominia». Tomada en su conjunto, la obra de Twain quien, junto a Melville, está considerado el Gran Novelista Americano, es una colosal sátira de la naturaleza humana. En el caso de Los escritos irreverentes, recurrió a un género que algunos críticos denominaron «pseudo-historia». Las pequeñas diatribas bíblicas que lo componen, escritas entre 1870 y 1909, evidencian el profundo escepticismo religioso de Twain. El libro que tenemos en las manos oculta bajo su burlona fachada un humorístico y mordaz ataque a los valores establecidos, y es la muestra de una inteligencia superior, que no deja títere con cabeza. La coincidencia de que este año sea el del centenario de la muerte de Mark Twain da un significado especial a la edición de un libro que, al salir a la luz en Estados Unidos, produjo una verdadera conmoción y estuvo durante meses en la lista de libros más vendidos.

escritos irreverentes

 

Edith Wharton (Nueva York, 1862 – Saint-Brice-sous-Fôret, 1937):

Edith Wharton nació en Nueva York en 1862. Su nombre de soltera era Edith Newbold Jones. Su familia era de clase alta, comparable a la aristocracia europea, y consecuentemente recibió una esmerada educación privada.

Antes de cumplir los cinco años viajó por primera vez con sus padres a Europa. En 1885, cuando tenía veintitrés años, Edith se casó con Edgard (Teddy) Robbins Wharton, que era doce años mayor que ella. Se divorciaron en 1913 a causa de las repetidas y públicas infidelidades de su marido, que afectaron mental y físicamente a la escritora, y que motivaron que tuviera que ser ingresada en una casa de reposo. A partir de su matrimonio también pasaría parte de cada año en Europa: en Italia primero y en París después, donde se estableció en 1907, en un apartamento en la rue de Varennes donde viviría rodeada de princesas y duquesas, novelistas, historiadores y pintores, hasta su muerte. Durante un tiempo mantuvo un sonado idilio con el periodista estadounidense William Morton Fullerton. Éste era bisexual y alternaba a la escritora con Lord Ronald Coger, Rajá de Sarawak. Ella misma, también bisexual, mantuvo una larga relación con la cantante de ópera Camilla Chabbert, y relaciones esporádicas con la poetisa y guionista Mercedes Acosta. Su primera novela, El valle de la decisión, se publicó en 1902: un romance histórico que transcurre en la Italia del siglo XVIII. El año siguiente publicaría Santuario, y en 1905 vería la luz su primera gran novela, La casa de la alegría. En 1907 se estableció definitivamente en Francia, donde se convirtió en discípula y amiga de Henry James. De esta época destaca su novela corta Ethan Frome, una trágica historia de amor entre personas corrientes ambientada en Nueva Inglaterra, que se publicó en 1911. Su obra más conocida es La edad de la inocencia, publicada en 1920, y ganadora del premio Pulitzer en 1921.

Edith Wharton está considerada la más genial novelista americana de su generación, admirada por intelectuales de la talla de Henry James, Francis Scott Fitzgerald, Jean Cocteau y Ernest Hemingway. Falleció el 11 de agosto de 1937 en la localidad de Saint-Brice-sous-Fôret, cerca de París. Está enterrada en el Cementerio de Gonards en Versalles.

Edith Wharton

 

Santuario, Edith Wharton (Impedimenta, 176 págs.) Traducción de Pilar Adón.

Una novela «europea», un melodrama casi jamesiano, que indaga sobre los misterios de la personalidad y las deudas del pasado. Con la precisión, la belleza, y el agudo conocimiento de los más íntimos resquicios de la sociedad de la clase alta de Nueva York que la convirtió en una de las grandes voces literarias del siglo XX, Edith Wharton ofrece un sutil relato de la lucha entre la naturaleza y lo adquirido, que dominó los primeros años del novecientos.

Santuario, publicada por primera vez en 1903, es una rarísima novela de Edith Wharton, inédita hasta hoy en castellano.
La obra narra la historia de Kate Orme, una mujer joven cuya dicha conyugal se rompe cuando se enfrenta cara a cara con el oscuro secreto que esconde su prometido, Denis Peyton, un hombre de fortuna, pero con un pasado gobernado por las mentiras y por los engaños. Cuando ambos tienen un hijo, y Denis muere, Kate se convence de que el espíritu de su marido permanece en su joven vástago, traspasándole en cierto modo sus vicios morales. Se consagrará desde entonces a luchar para que eso no ocurra.
Escrita mientras redactaba La casa de la alegría, Santuario es una pequeña joya oculta de Wharton, de prosa impecable, con momentos en que el suspense se hace casi insoportable.

santuario

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