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Archive for 26 agosto 2017

Después de 48 años, cuando publicara su primera novela (La mujer comestible), Margaret Atwood parece estar “de moda”. La razón para desempolvar el genio de una autora con una producción siempre sólida y sorprendente, no es más que el mágico encanto de un genero siempre menospreciado como el de la ciencia ficción, o como lo prefiere la autora en lo que a su narrativa se refiere, la ficción especulativa. Desde Bradbury y Orwell, por citar a los más emblemáticos, éste genero no ha dejado de estar vigente y de nutrir a cada presente de las locas ideas que se manifestaban en líneas y que luego se hicieron realidad al mejor estilo predictivo. Las pantallas gigantes con las proyecciones diarias de realitys de Fahrenheit 451, las compras con tarjeta de crédito con las que fantaseara Edward Bellamy o la que podría ser la visión de la bomba atómica de H. G. Wells, son algunas de las imágenes a las que siempre volvemos con asombro. Atwood, no es diferente en su visión de mundos en donde la mujer es un objeto de cambio, un valor de uso y un vehículo de manipulación.

Gran parte de la nueva ola de Atwoodmanía se debe a que la cadena norteamericana HBO adaptara su obra más reconocida, El cuento de la criada para convertirla en un éxito de audiencia en la era Trump, o mejor dicho en la era anti Trump.
Para nuestro beneficio, el éxito en la pantalla de esta novela distópica significó la reedición en español de uno de los libros ineludibles de la narrativa mundial y por si eso no fuera suficiente, la rápida aparición de su último obra Por último el corazón.


El primero fue escrito en 1985 y cuenta la vida post Estados Unidos y ahora Gilead, una sociedad reordenada y gobernada por una teocracia que hizo frente a la debacle ocurrida después de un atentado que acabara con toda la plana gubernamental asesinada. Un nuevo orden se establece, las fuerzas militares controlan la vida de los ciudadanos, los hombres imbuidos de un fanatismo religioso arcaico dividen a las jóvenes mujeres por su único valor, el de ser fértiles o no serlo. La mujer se vuelve un objeto sin identidad, sin pasado, pues hasta su nombre es cambiado, son esclavas de los hombres a los que son asignadas y el dar a luz las separa de la vida o la muerte.
El último plantea un futuro desvalido, una crisis económica que arrasa con la clase media y la vuelca a una vida de indigencia y barbarie, situación en la que los dos protagonistas, Stan y Charmaine están inmersos y que encuentran como única salida, someterse al llamado Proyecto Positrón. Dicho programa consiste en formar parte de la población de una ciudad cuyos habitantes intercambian 30 días en sus bellas casas con jardines al frente y los 30 días siguientes en la cárcel. Vigilados por una elite cuyos intereses son meramente comerciales y en los que el tráfico de órganos y los servicios sexuales son el negocio, la pareja protagonista vivirá una espiral de sexo y traición, donde aflorará el egoísmo y solo importará la  autocomplacencia.


Si bien Atwood retoma los temas de siempre, Por último el corazón pierde en profundidad ante El cuento de la criada. Quizás en pos de reflejar la misma superficialidad con que los personajes toman sus vidas, la narrativa se vuelve liviana, el mensaje está pero parece tan artificial como los prostirobots que fabrican en Positrón. Mientras la ceremonia de fertilidad de El cuento… permanece en la memoria como uno de los episodios más humillantes, aquí los encuentros sexuales que pretenden ser abusivos no logran ser transmitidos como tales y se vuelven mecánicos. La infancia de Charmaine se delinea en flashback y frases escuchadas a su abuela Win y promete un desarrollo que nunca llega.
Ahí parece estar el por qué a su comportamiento, su frivolidad, pero solo nos queda imaginarnos lo que podría haber sido esa línea de desarrollo y llenar los blancos. Conserva el mas que hábil uso de la prosa, nunca cargada, siempre con un mensaje directo que encanta e impide abandonar la lectura, pero el punto donde la vara se pone más alta, está decididamente ocupado por la historia de Offred en Gilead, su opresión, esa sensación de falta de aire, el deseo de escapar y no ver la salida.
Sea por lo que sea, que Atwood esté de moda, es bueno. Su bibliografía va más allá de estos dos títulos y cada uno es un deleite narrativo, por eso solo queda esperar que los editores piensen de la misma manera y reediten El asesino ciego, La mujer comestible, Alias Grace y demás. Por cierto si no están convencidos de la Atwoodmanía, ya se han vendido los derechos para llevar al mismo formato a Por último el corazón y en breve se estrenará en la cadena CBS la versión televisiva de Alias Grace.
Pero como todos los libreros solemos decir “mucho mejor es el libro”

Soledad Viera

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