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Con motivo de incentivar siempre la lectura y ya desde edades tempranas, la sección infantil de nuestra librería les presentará cada mes, una breve reseña sobre algún texto infantil. Elegiremos novedades, clásico o textos con temáticas educativas, y por supuesto esperamos sus sugerencias y comentarios.

mi mascota

Nuestra primera propuesta, Mi mascota, del autor estadounidense Bob Staak, nos cuenta la singular historia de un niño que adopta una mascota muy especial. Escrito en rimas y con coloridas y divertidas ilustraciones, el protagonista de este libro, un niño muy inteligente y vivaz, nos enseña sobre el cariño, el compromiso y el amor por la lectura.

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Sobre el autor:
Bob Staake es uno de los más conocidos ilustradores de Estados Unidos, con una amplia carrera en la literatura infantil. Sus ilustraciones son de particular singularidad con diseños geométricos y coloridos que tanto gustan a chicos y grandes. También ha trabajado como portadista y viñetista para importantes publicaciones, entre ellas: The New Yorker, Time y Vanity Fair.

 

Por M. Rodríguez

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Después de 48 años, cuando publicara su primera novela (La mujer comestible), Margaret Atwood parece estar “de moda”. La razón para desempolvar el genio de una autora con una producción siempre sólida y sorprendente, no es más que el mágico encanto de un genero siempre menospreciado como el de la ciencia ficción, o como lo prefiere la autora en lo que a su narrativa se refiere, la ficción especulativa. Desde Bradbury y Orwell, por citar a los más emblemáticos, éste genero no ha dejado de estar vigente y de nutrir a cada presente de las locas ideas que se manifestaban en líneas y que luego se hicieron realidad al mejor estilo predictivo. Las pantallas gigantes con las proyecciones diarias de realitys de Fahrenheit 451, las compras con tarjeta de crédito con las que fantaseara Edward Bellamy o la que podría ser la visión de la bomba atómica de H. G. Wells, son algunas de las imágenes a las que siempre volvemos con asombro. Atwood, no es diferente en su visión de mundos en donde la mujer es un objeto de cambio, un valor de uso y un vehículo de manipulación.

Gran parte de la nueva ola de Atwoodmanía se debe a que la cadena norteamericana HBO adaptara su obra más reconocida, El cuento de la criada para convertirla en un éxito de audiencia en la era Trump, o mejor dicho en la era anti Trump.
Para nuestro beneficio, el éxito en la pantalla de esta novela distópica significó la reedición en español de uno de los libros ineludibles de la narrativa mundial y por si eso no fuera suficiente, la rápida aparición de su último obra Por último el corazón.


El primero fue escrito en 1985 y cuenta la vida post Estados Unidos y ahora Gilead, una sociedad reordenada y gobernada por una teocracia que hizo frente a la debacle ocurrida después de un atentado que acabara con toda la plana gubernamental asesinada. Un nuevo orden se establece, las fuerzas militares controlan la vida de los ciudadanos, los hombres imbuidos de un fanatismo religioso arcaico dividen a las jóvenes mujeres por su único valor, el de ser fértiles o no serlo. La mujer se vuelve un objeto sin identidad, sin pasado, pues hasta su nombre es cambiado, son esclavas de los hombres a los que son asignadas y el dar a luz las separa de la vida o la muerte.
El último plantea un futuro desvalido, una crisis económica que arrasa con la clase media y la vuelca a una vida de indigencia y barbarie, situación en la que los dos protagonistas, Stan y Charmaine están inmersos y que encuentran como única salida, someterse al llamado Proyecto Positrón. Dicho programa consiste en formar parte de la población de una ciudad cuyos habitantes intercambian 30 días en sus bellas casas con jardines al frente y los 30 días siguientes en la cárcel. Vigilados por una elite cuyos intereses son meramente comerciales y en los que el tráfico de órganos y los servicios sexuales son el negocio, la pareja protagonista vivirá una espiral de sexo y traición, donde aflorará el egoísmo y solo importará la  autocomplacencia.


Si bien Atwood retoma los temas de siempre, Por último el corazón pierde en profundidad ante El cuento de la criada. Quizás en pos de reflejar la misma superficialidad con que los personajes toman sus vidas, la narrativa se vuelve liviana, el mensaje está pero parece tan artificial como los prostirobots que fabrican en Positrón. Mientras la ceremonia de fertilidad de El cuento… permanece en la memoria como uno de los episodios más humillantes, aquí los encuentros sexuales que pretenden ser abusivos no logran ser transmitidos como tales y se vuelven mecánicos. La infancia de Charmaine se delinea en flashback y frases escuchadas a su abuela Win y promete un desarrollo que nunca llega.
Ahí parece estar el por qué a su comportamiento, su frivolidad, pero solo nos queda imaginarnos lo que podría haber sido esa línea de desarrollo y llenar los blancos. Conserva el mas que hábil uso de la prosa, nunca cargada, siempre con un mensaje directo que encanta e impide abandonar la lectura, pero el punto donde la vara se pone más alta, está decididamente ocupado por la historia de Offred en Gilead, su opresión, esa sensación de falta de aire, el deseo de escapar y no ver la salida.
Sea por lo que sea, que Atwood esté de moda, es bueno. Su bibliografía va más allá de estos dos títulos y cada uno es un deleite narrativo, por eso solo queda esperar que los editores piensen de la misma manera y reediten El asesino ciego, La mujer comestible, Alias Grace y demás. Por cierto si no están convencidos de la Atwoodmanía, ya se han vendido los derechos para llevar al mismo formato a Por último el corazón y en breve se estrenará en la cadena CBS la versión televisiva de Alias Grace.
Pero como todos los libreros solemos decir “mucho mejor es el libro”

Soledad Viera

Estamos de parabienes, en un reciente artículo, el diario Clarin coloca a la sucursal de Ciudad Vieja, Más Puro Verso, como una de las 10 mejores librerías del planeta.

10 librerías imperdibles del mundo

Algunas listas incluyen diez, veinte, veinticinco. Son las librerías más lindas del mundo, un universo de papel dentro de otro de arquitectura, diseño y color. Son muchas: basta decir que Buenos Aires es la ciudad del mundo con más librerías por habitante, por lo que para cualquier turista argentino entrar a una, en cualquier país, es parte de la rutina, del paisaje que queremos admirar. Aquí mostramos una lista de diez librerías que merecen una visita. Faltan, claro. Porque la larga lista incluye también desde la Librería del Pensamiento, en Guatemala, hasta City Lights, en San Francisco. Desde la Librería Stranford, en Londres, hasta Acqua Alta, en Venecia, donde hay que mirar los libros, muchos joyas antiguas, entre bañeras y gatos. Desde el espacio abierto y verde de El Péndulo, en Ciudad de México, hasta la librería Antonio Machado, en Madrid, una de las preferidas del escritor Jorge Carrión, que le dedicó un extenso, riguroso y bello ensayo a este tema. El cree que es durante la infancia y la adolescencia cuando uno se vuelve amante estos lugares. En “Librerías”, de editorial Anagrama, Carrión dice: “Nos ha tocado vivir el lentísimo fin del libro de papel, tan lento que quizá nunca llegue a ocurrir del todo”.

1. Librería Lello, Oporto, Portugal.

De esta librería se dice mucho. Que es la más bella de Europa y que fue utilizada como escenario de algunas películas de Harry Potter. J.K.Rowling, la creadora de este personaje, vivió algunos años en Oporto y se deslumbró con el ambiente antiguo, de 1909, con las gigantescas estanterías de madera que apenas sostienen los libros, la escalera de madera torneada y la luz natural. Pero no: una de las dos cosas no es verdad. No se utilizó para filmar escenas de Harry Potter, la librería Lello fue apenas una inspiración, pero es preciosa de todos modos. No sólo la fachada, también la planta baja, donde se exhiben y venden libros en varios idiomas, pero esencialmente de los portugueses Pessoa y Saramago. Trabajan especialmente con libros de ficción de autores de todo el mundo. El segundo piso funciona como sala de arte y café.

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2. El Ateneo Gran Splendid, Buenos Aires, Argentina

No hay lista de las librerías más bonitas del mundo que no la mencione. Los que la conocen, lo saben. Para construirla, se utilizó un viejo teatro, y luego cine, de Santa Fe y Callao. El respeto por la arquitectura original permitió dejar, entre otros elementos, los palcos, la cúpula decorada y el telón de terciopelo. En el sitio que hace años ocupaba el escenario, ahora hay un café y, una buena noticia, se pueden llevar libros para leer y decidir. El fondo de libros es enorme, inabarcable, pero para eso están los sillones, cómodos y repartidos en los pasillos de la librería. Eso sí: hay que tener suerte para conseguir ubicación.

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3. Librería del Virrey, Lima, Perú.

La fundaron, hace 40 años, dos exiliados uruguayos, uno de ellos especializado en libros antiguos. La librería del Virrey es, quizá, la más famosa de Lima por las dimensiones de su espacio, de pisos y estantes de madera y mesas. Está en la zona de Miraflores, en la Plaza Bolognesi, y durante 30 años tuvo otra sede, que ahora es una sucursal bancaria. Fue una suerte de centro cultural, por el que pasaron desde el brasileño Jorge Amado hasta el escritor español Enrique Vila-Matas. Ahora, la librería ocupa una casona gris con patio. Se especializan en literatura peruana, libros políticos y de arte y recientemente agregaron otro sector: novela gráfica.

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4. Polare Maastricht, Maastricht, Países Bajos

¿Una librería en una iglesia del siglo XII? Sí, todo es posible: estantes distribuidos en medio de una arquitectura gótica, huellas del pasado en las paredes y una librería digna del siglo XXI, que funciona en una iglesia gótica de la orden dominicana, construida en 1294. En 1794 fue confiscada por el tropas al mando de Napoleón y su uso fue cambiando hasta ahora, cuando un grupo de empresarios renovó la catedral., pero conservando su esencia, y desde 2007 se la conoce como la librería Selexyz Dominicanen. Es un número puesto entre las más bellas del planeta y miles de personas la visitan cada año para ver los techos abovedados, los frescos de la decoración, los arcos: es espectacular. Tiene uno de los mayores fondos de libros de Maastricht (más de 25.000 ejemplares) y una cafetería.

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5. Librairie des Colonnes, Tánger, Marruecos

Por la Librairie des Colonnes (de las columnas) pasaron cientos de grandes escritores, desde Paul Bowles hasta Juan Goytisolo, que compartieron allí una lectura o la firma de libros; también Marguerite Yourcenar y Samuel Beckett. Su antigua dueña dijo una vez que “tener una librería no es solamente leer, es también saber contar”. Con el años, el negocio lo compró un amigo del diseñador francés Ives Saint Laurent, pero sigue siendo un remanso en una ciudad ruidosa y trajinada. Columnas rojas y mucha madera son el escenario de una enorme variedad y cantidad libros en francés, inglés y español.

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6. Shakespeare and Co., París, Francia

No es la librería original, la de Sylvia Beach, la de los primeros años del siglo XX, cuando Ernest Hemingway decía que “París era una fiesta, cuando éramos muy pobres y muy felices”. De todos modos, la actual, ahora en el Barrio Latino, sigue siendo un ícono de la ciudad. No sólo es una de las más lindas del mundo, también es una de las más filmadas. Dos ejemplos recientes: “Antes del atardecer” (Richard Linklater) y “Medianoche en París” (Woody Allen). Cada ejemplar que se vende, sale con un sello que señala “Shakespeare and Co. Kilometer 0 París”. Adentro, la librería es un desprolijo pero encantador espacio de bibliotecas y sillones para sentarse a leer.

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7. Cook and Book, Bruselas, Bélgica

Combinación perfecta de librería, restaurante y diseño, Cook & Book se divide en dos edificios o bloques (A y B) que suman unos 500 metros cuadrados dedicados a la cultura y la gastronomía. Además, tiene nueve espacios temáticos, diseñados según la temática. Por ejemplo, la sección BD es la más elegante, con una mesa central, estanterías de madera y ficheros con libros. Jeunesse (Juventud) está dedicado a los niños y a los juegos, en un espacio blanco, en el que el color está en los libros y en los pequeños sillones. Otros sectores: Voyages (Viajes) funciona como un bar y Serre, un invernadero, es el restaurante; Beaux-Arts (Bellas Artes) quizá resuma en sus libros de arte todo el vanguardismo; en Musique está la disquería de Cook and Book y, quizá el no va más del diseño sea el sector Roman, en el que los libros invaden el espacio y cuelgan del techo. En Cucina están los mostradores con comida y bebida. El detalle de la decoración: un Fiat 500 estacionado. El último espacio es Anglais, en el que, taza de té en mano, se puede leer a Sherlok Holmes.

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8. Puro Verso, Montevideo, Uruguay

En un edificio de 1917, de estilo art decó y donde hasta no hace mucho tiempo funcionaba una óptica, ahora está la librería Puro Verso, con dos preciosas y enormes vidrieras a los costados para exhibir los libros: para el amante de las librerías, es como una chocolatería. El reloj de la fachada, el ascensor que aún funciona son sólo dos de los detalles de Puro Verso, que parece resumir el viejo Montevideo, tan bien se utilizó la arquitectura de la antigua óptica. En la planta baja está la librería, con un fondo editorial admirable -títulos y autores para todos los gustos- y en el primer piso hay un restaurante, con un menú innovador. De regalo, las postales que se ven desde allí arriba: el Palacio Salvo, la puerta de la ciudadela de Montevideo, el Teatro Solís y la peatonal Sarandí.

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9. La Central, Barcelona, España

La Central es una cadena de librerías que tiene varias sucursales, tanto en Madrid como en Barcelona. Esta, la del precioso barrio del Raval, está ubicada en el solar que antiguamente ocupaba la Capilla de la Misericordia, con una superficie de más de 850 metros cuadrados, La Central del Raval, que tuvo un minucioso reciclado, es, especialmente, una librería dedicada a las humanidades y tiene un catálogo de más unos 80.000 títulos, una sala destinada a las actividades culturales y hasta un pequeño sector donde comprar piezas de diseño, como anillos y collares. También tienen un muy buen catálogo de las novedades en narrativa, arte, poesía, arquitectura y novela gráfica.
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10. Libreria Internazionale Luxemburgo, Turín, Italia

Fundada 1872, la Libreria Internazionale Luxemburgo es la mejor y más completa de la ciudad. Desde ficción a libros especializados en casi todas las materias, siempre hay libros para detenerse y mirar, en inglés, francés, alemán, español y otros idiomas. Cuando abrió era conocida como la librería Casanova. Además, se hacen presentaciones de libros de grandes escritores, como el francés Emmanuel Càrrere, que dará una charla en marzo. Con una preciosa fachada de piedra amarilla, también venden diarios y revistas de todo el mundo. Adentro, grandes mesas con las novedades, enmarcadas por las fotos de los escritores más famosos.

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Libros ilustrados de Zorro Rojo, relatos selectos de MenosCuarto y Valdemar, un hermoso volumen de Páginas de Espuma con cuadernos y cartas. Ediciones españolas de Horario Quiroga seleccionadas por nuestra librería.

ANACONDA

ANACONDA Y EL REGRESO DE ANACONDA
MENOSCUARTO, 2009

Col. Entretanto

128 páginas

$390

El uruguayo Horacio Quiroga (1878-1937) es un maestro indiscutible del cuento latinoamericano, como deja patente este libro con dos de sus obras excepcionales, Anaconda y El regreso de Anaconda, unidas por la originalidad de su serpiente protagonista. «Todos los cuentos de Quiroga, cualquiera que sea su tema, están construidos de manera impecable», como subraya su compatriota Onetti, y así se percibe en este dúo de historias de muerte y dominación, publicadas por primera vez en 1921 y 1925, respectivamente.

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El devorador de hombres y otras novelas cortas

MENOSCUARTO, 2013

Prólogo: Luis Alberto de Cuenca

Col. Cuadrante nueve

312 página

$ 975

Las novelas cortas que Horacio Quiroga publicó con seudónimo entre 1908 y 1913 se han visto eclipsadas durante un siglo por su justo reconocimiento como maestro del relato. Al margen de la cuestión de género, estas seis narraciones atesoran todo el poder imaginativo y la destreza literaria de un escritor imprescindible. Son historias fieles a su universo argumental: la aventura, el mundo salvaje, las pulsiones humanas, las fronteras de lo natural o la venganza como reacción contra la injusticia. Luis Alberto de Cuenca afirma en el prólogo que este volumen se edita «a mayor gloria de quienes vemos en Quiroga una reencarnación hispánica del mismísimo Edgar Allan Poe».

sincope blanco

El síncope blanco y otros cuentos de locura y terror

Editoria Valdemar, 1999

Colección: El Club Diógenes

Páginas: 196

$365

Acosado por el fantasma de la locura, Horacio Quiroga comenzó un largo peregrinaje a través de la vida y el delirio -fue colono, junto con Lugones, en la región selvática de Misiones, maestro, cultivador de algodón en el Chaco, industrial del carbón y funcionario del consulado uruguayo- que culminó en las primeras horas de la mañana del 19 de febrero de 1937 cuando, víctima de un cáncer incurable, se dio muerte con cianuro en la habitación de un hospital de Buenos Aires. Al igual que Poe, su maestro, Horacio Quiroga pertenece a esa clase de narradores cuya corriente emocional adquiere su grado de máxima tensión en el cuento breve «de efecto», que participa de los elementos característicos del cuento oral, donde la intensidad argumental -la capacidad de absorber la atención del lector- sigue una línea ascendente que se libera con el impacto final. «Si se debiera juzgar el valor de los sentimientos por su intensidad, ninguno tan rico como el miedo», decía Quiroga. El horror que contienen los cuentos reunidos en la presente antología, no es un mero procedimiento mecánico descubierto en las narraciones de Poe y reflejado con mayor o menor fortuna verbal. Como Poe, Quiroga descendió a los infiernos y el horror y la crueldad se instalaron en su propia vida.

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HISTORIA DE UN AMOR TURBIO

EL NADIR, 2008

140 Páginas

$680

Historia de un amor turbio está escrita con economía de medios casi como un guión cinematográfico: apenas lo necesario para situar la escena. La novela relata la confusa relación de un hombre con dos hermanas en un estilo despojado de la retórica de su época. En “Historia de un amor turbio” apenas suceden grande s acontecimientos, como si el exterior fuese abstracto, sin embargo, ocurre algo decisivo para los personajes. El flirteo del joven Rohán con las dos hermanas, culmina en lo que pudiera ser tomado como cobardía, o como canallada, o quizás, sólo comodidad burguesa. Aunque todo ofrece indicios de que estemos asistiendo a la representación de una pasión progresiva, cualquier circunstancia, la mera ausencia de unas horas de una de las hermanas, cambia de rumbo el deseo.

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Quiroga íntimo. Correspondencia. Diario de viaje a París

PÁGINAS DE ESPUMA, 2010

654 Páginas

$980
El Diario de viaje a París es el único testimonio de la estancia de Quiroga en la capital francesa durante la Exposición Universal de 1900. Sus páginas, que contienen anotaciones literarias y valiosas observaciones sobre la atmósfera de la ciudad, son sin embargo la historia de una decepción. «Créame –escribió Quiroga a un amigo–, yo fui a París sólo por la bicicleta».

A su regreso, el escritor rioplatense daría con otra colosa más adecuada a su temperamento: la selva. Sobre ese encuentro versa su correspondencia, recogida aquí en su versión más completa hasta el momento. Además de numerosas impresiones sobre la selva, en sus cartas pueden rastrearse reflexiones sobre la naciente profesionalización de la escritura, la vida cultural porteña, sobre Alfonsina Storni, Leopoldo Lugones o Julio Herrera y Reissig. Las últimas cartas, mucho más abundantes y profundas desde que Quiroga decidió abandonar la escritura, son quizás la obra que no tuvo tiempo de escribir: «el libro de mi vida, en fragmentos».

Cuentos de horror

Cuentos de horror

Con ilustraciones de Alejandro Santos

EDICIONES TRASPIÉS, 2014

92 Páginas

$680

Cuentos de horror se compone de una escogida selección de relatos donde queda patente la atracción por el sufrimiento y la muerte de Horacio Quiroga, una atracción que tuvo su origen en la serie de trágicas circunstancias que marcaron su vida.

En cada relato se narra magistralmente la violencia y el espanto que se esconden tras la apacibilidad de la naturaleza. Aunque la influencia de Poe, Kipling o Maupassant es patente en su obra, pronto dejó de buscar lo extraordinario en el ámbito de lo fantasmagórico o lo grotesco para perseguirlo en lo real y cotidiano.

Alejandro Santos.

(Valencia, 1971). Sus estudios de Bellas Artes y la pasión por el cómic y la publicidad han definido su estilo, a caballo entre el diseño gráfico y la estética underground de los años 70 y 80. Ha trabajado como ilustrador, diseñador publicitario o maquetador para diversas publicaciones, en prensa e Internet.

Artista polivalente trabaja tanto con medios tradicionales como digitales. Para este álbum ha realizado una labor de síntesis recurriendo a un exagerado contraste entre el blanco y el negro, tratando con ello acercar el dibujo a la narrativa de Quiroga.

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Las fieras cómplices

Zorro Rojo, 2007

Ilustraciones de José Muñoz

59 Páginas

$ 460

«¡Hacerlo sufrir un minuto, un segundo nada más, lo que había sufrido dos meses! Soñaba para Alves algo monstruoso, mucho más desesperante que el infernal hormiguero, algo que arrancara a su carne y a su alma torturadas, gritos de animal». En un obraje maderero del Mato Grosso, Yuca Alves somete y explota a los peones. Dos hombres hermanados por el sufrimiento buscarán cobrarse venganza en la noche cerrada de la selva, con la ayuda de una fiera amansada pero implacable. Las fieras cómplices es uno de los relatos cumbre de Horacio Quiroga, leer sus páginas es descubrir un mundo donde acechan poderosas emociones.

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El salvaje

Zorro Rojo, 2007

Ilustraciones de Alfredo Benavídez Bedoya

45 Páginas

$707

«Las narices abiertas del arborícola pregustaron el olor a carne masacrada, y sus muelas trituraron anticipadamente los sangrientos despojos de la lucha. En su ansia del fruto prohibido durante meses, su hambre no distinguía entre hombre o bestia». La realidad y el sueño se funden en un extraordinario relato sobre la prehistoria de la humanidad. En la primera parte, una bestia del período terciario emerge de las aguas y del tiempo en busca de su presa. En la segunda, dos hombres se empeñan en una incesante lucha por la supervivencia que cruzará sus destinos. Por su imaginación, por su fuerza narrativa, El salvaje ocupa un lugar sobresaliente en el repertorio literario de Horacio Quiroga.

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Publicados originalmente en

El Hacedor (1960)

               


En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra.
Como el otro, este juego es infinito.

…               

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?

 
KUBLA KHAN, UNA VISIÓN EN UN SUEÑO
KUBLA KHAN, A VISION IN A DREAM
Coleridge

S. T. COLERIDGE (1772 – 1834)

El siguiente fragmento va aquí publicado a petición de un poeta de grande y merecida fama y, al menos en lo que respecta a las opiniones del autor, más como una curiosidad psicológica que en virtud del mérito que pueda tener.
En el verano de 1797, el autor, que sufría entonces de mala salud, se había retirado a una solitaria granja entre Porlock y Linton, en la región de Exmoor, en los límites de los condados de Somerset y Devonshire. A causa de una ligera indisposición, le había sido recetado un calmante y, por efecto de éste, se quedó dormido en su asiento en el momento en que se hallaba leyendo la frase siguiente, o palabras similares, en La peregrinación de Purchas: “Kubla Khan ordenó que se construyera un palacio en este lugar, y un soberbio jardín junto a él. Así pues, se ciñeron con una muralla diez millas de terreno fértil”. El autor cayó durante unas tres horas en un profundo sueño, al menos de los sentidos externos y, durante ese tiempo, está completamente seguro de que no pudo haber compuesto menos de doscientos o trescientos versos, si es que podemos hablar de componer en una situación en la que las imágenes se alzaban ante él como cosas reales, junto con la producción paralela de sus correspondientes expresiones, sin la más mínima sensación o conciencia de esfuerzo.
Al despertar, advirtió que tenía un recuerdo claro de todo y, tomando su pluma, tinta y papel, escribió ansiosamente al punto las lineas que pueden verse a continuación. En ese momento, desgraciadamente, fue requerido por una persona de Porlock para tratar de un asunto que le retuvo durante una hora más o menos y, cuando regresó a su habitación, se encontró, con no poca sorpresa y desagrado, con que, aunque conservaba todavía un recuerdo vago y confuso de las lineas generales de su sueño, sin embargo, a excepción de ocho o diez versos e imágenes sueltos, todo lo demás se había desvanecido como los reflejos en la superficie de un arroyo en el que se ha arrojado una piedra, pero, desgraciadamente, sin poderse volver a repetir como lo hacen esos reflejos…”
Kubla Kahn en Alianza

Kubla Khan. Antología de poemas de Coleridge de Alianza Editorial

 Y entonces, el encanto todo
queda deshecho… Todo ese mundo fantástico tan bello
se desvanece mientras se extienden mil ondulaciones,
y cada una anula a la otra. Espera un poco,
pobre muchacho, que apenas osas levantar tus ojos…
La corriente recobrará su tersura en breve, al punto
regresarán tus visiones. Y, vedlo, permanece,
y presto los fragmentos de vagarosas formas amadas
regresan temblando, se unen y, una vez más,
las aguas se convierten en espejo.
“Sin embargo, con los recuerdos que aún perduran en su mente, el autor se ha propuesto con frecuencia concluir por sí mismo lo que, por decirlo así, le había sido dado en un principio. Pero el mañana está todavía por llegar.”

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Manuscrito original del poema

 EN Xanadú, Kubla Khan

mandó que levantaran su cúpula señera:
allí donde discurre Alfa, el río sagrado,
por cavernas que nunca ha sondeado el hombre,
hacia una mar que el sol no alcanza nunca.
Dos veces cinco millas de tierra muy feraz
ciñeron de altas torres y murallas:
y había allí jardines con brillo de arroyuelos,
donde, abundoso, el árbol de incienso florecía,
y bosques viejos como las colinas
cercando los rincones de verde soleado.

¡Oh sima de misterio, que se abría
bajo la verde loma, cruzando entre los cedros!
Era un lugar salvaje, tan sacro y hechizado
como el que frecuentara, bajo menguante luna,
una mujer, gimiendo de amor por un espíritu.
Y del abismo hirviente y con fragores
sin fin, cual si la tierra jadeara,
hízose que brotara un agua caudalosa,
entre cuyo manar veloz e intermitente
se enlazaban fragmentos enormes, a manera
de granizo o de mieses que el trillador separa:
y en medio de las rocas danzantes, para siempre,
lanzóse el sacro río.
Cinco millas de sierpe, como en un laberinto,
siguió el sagrado río por valles y collados,
hacia aquellas cavernas que no ha medido el hombre,
y hundióse con fragor en una mar sin vida:
y en medio del estruendo, oyó Kubla, lejanas,
las voces de otros tiempos, augurio de la guerra.

La sombra de la cúpula deliciosa flotaba
encima de las ondas,
y allí se oía aquel rumor mezclado
del agua y las cavernas.
¡Oh, singular, maravillosa fábrica:
sobre heladas cavernas la cúpula de sol!

Un día, en mis ensueños,
una joven con un salterio aparecía
llegaba de Abisinia esa doncella
y pulsaba el salterio;
cantando las montañas de Aboré.
Si revivir lograra en mis entrañas
su música y su canto,
tal fuera mi delicia,
que con la melodía potente y sostenida
alzaría en el aire aquella cúpula,
la cúpula de sol y las cuevas de hielo.
Y cuantos me escucharan las verían
y todos clamarían: «¡Deteneos!
¡Ved sus ojos de llama y su cabello loco!
Tres círculos trazad en torno suyo
y los ojos cerrad con miedo sacro,
pues se nutrió con néctar de las flores
y la leche probó del Paraíso».

KK

EL POEMA ORIGINAL

In Xanadu did Kubla Khan

A stately pleasure-dome decree:

Where Alph, the sacred river, ran

Through caverns measureless to man

Down to a sunless sea.

So twice five miles of fertile ground

With walls and towers were girdled round;

And there were gardens bright with sinuous rills,

Where blossomed many an incense-bearing tree;

And here were forests ancient as the hills,

Enfolding sunny spots of greenery.

But oh! that deep romantic chasm which slanted

Down the green hill athwart a cedarn cover!

A savage place! as holy and enchanted

As e’er beneath a waning moon was haunted

By woman wailing for her demon-lover!

And from this chasm, with ceaseless turmoil seething,

As if this earth in fast thick pants were breathing,

A mighty fountain momently was forced:

Amid whose swift half-intermitted burst

Huge fragments vaulted like rebounding hail,

Or chaffy grain beneath the thresher’s flail:

And mid these dancing rocks at once and ever

It flung up momently the sacred river.

Five miles meandering with a mazy motion

Through wood and dale the sacred river ran,

Then reached the caverns measureless to man,

And sank in tumult to a lifeless ocean;

And ’mid this tumult Kubla heard from far

Ancestral voices prophesying war!

The shadow of the dome of pleasure

Floated midway on the waves;

Where was heard the mingled measure

From the fountain and the caves.

It was a miracle of rare device,

A sunny pleasure-dome with caves of ice!

A damsel with a dulcimer

In a vision once I saw:

It was an Abyssinian maid

And on her dulcimer she played,

Singing of Mount Abora.

Could I revive within me

Her symphony and song,

To such a deep delight ’twould win me,

That with music loud and long,

I would build that dome in air,

That sunny dome! those caves of ice!

And all who heard should see them there,

And all should cry, Beware! Beware!

His flashing eyes, his floating hair!

Weave a circle round him thrice,

And close your eyes with holy dread

For he on honey-dew hath fed,

And drunk the milk of Paradise.


Jonathan Swift

JONATHAN SWIFT (1667-1745)

Original Cover

PORTADA ORIGINAL

DUBLIN, 1729

Una humilde propuesta que tiene por objeto evitar que los hijos de los pobres sean una carga para sus padres o para el país, y hacer que redunden en beneficio de la comunidad.

Es un asunto melancólico para quienes pasean por esta gran ciudad o viajan por el campo, ver las calles, los caminos y las puertas de las cabañas atestados de mendigos del sexo femenino, seguidos de tres, cuatro o seis niños, todos en harapos e importunando a cada viajero por una limosna. Esas madres, en vez de hallarse en condiciones de trabajar para ganarse la vida honestamente, se ven obligadas a perder su tiempo en la vagancia, mendigando el sustento de sus desvalidos infantes: quienes, apenas crecen, se hacen ladrones por falta de trabajo, o abandonan su querido país natal para luchar por el Pretendiente en España, o se venden a sí mismos en las Barbados.

Creo que todos los partidos están de acuerdo en que este número prodigioso de niños en los brazos, sobre las espaldas o a los talones de sus madres, y frecuentemente de sus padres, resulta en el deplorable estado actual del Reino un perjuicio adicional muy grande; y por lo tanto, quienquiera que encontrase un método razonable, económico y fácil para hacer de ellos miembros cabales y útiles del estado, merecería tanto agradecimiento del público como para tener instalada su estatua como protector de la Nación.

Pero mi intención está muy lejos de limitarse a proveer solamente por los niños de los mendigos declarados: es de alcance mucho mayor y tendrá en cuenta el número total de infantes de cierta edad nacidos de padres que de hecho son tan poco capaces de mantenerlos como los que solicitan nuestra caridad en las calles.

Por mi parte, habiendo volcado mis pensamientos durante muchos años sobre este importante asunto, y sopesado maduradamente los diversos planes de otros proyectistas, siempre los he encontrado groseramente equivocados en su cálculo. Es cierto que un niño recién nacido puede ser mantenido durante un año solar por la leche materna y poco alimento más; a lo sumo por un valor no mayor de dos chelines o su equivalente en mendrugos, que la madre puede conseguir ciertamente mediante su legítima ocupación de mendigar. Y es exactamente al año de edad que yo propongo que nos ocupemos de ellos de manera tal que en lugar de constituir una carga para sus padres o la parroquia, o de carecer de comida y vestido por el resto de sus vidas, contribuirán por el contrario a la alimentación, y en parte a la vestimenta, de muchos miles.

Hay además otra gran ventaja en mi plan, que evitará esos abortos voluntarios y esa práctica horrenda, ¡cielos!, ¡demasiado frecuente entre nosotros!, de mujeres que asesinan a sus hijos bastardos, sacrificando a los pobres bebés inocentes, no sé si más por evitar los gastos que la vergüenza, lo cual arrancaría las lágrimas y la piedad del pecho más salvaje e inhumano.

Una humilde propuesta en Alianza

EDICIÓN DE ALIANZA

El número de almas en este reino se estima usualmente en un millón y medio, de éstas calculo que puede haber aproximadamente doscientas mil parejas cuyas mujeres son fecundas; de ese número resto treinta mil parejas capaces de mantener a sus hijos, aunque entiendo que puede no haber tantas bajo las actuales angustias del reino; pero suponiéndolo así, quedarán ciento setenta mil parideras. Resto nuevamente cincuenta mil por las mujeres que abortan, o cuyos hijos mueren por accidente o enfermedad antes de cumplir el año. Quedan sólo ciento veinte mil hijos de padres pobres nacidos anualmente: la cuestión es entonces, cómo se educará y sostendrá a esta cantidad, lo cual, como ya he dicho, es completamente imposible, en el actual estado de cosas, mediante los métodos hasta ahora propuestos. Porque no podemos emplearlos ni en la artesanía ni en la agricultura; ni construimos casas (quiero decir en el campo) ni cultivamos la tierra: raramente pueden ganarse la vida mediante el robo antes de los seis años, excepto cuando están precozmente dotados, aunque confieso que aprenden los rudimentos mucho antes, época durante la cual sólo pueden considerarse aficionados, según me ha informado un caballero del condado de Cavan, quien me aseguró que nunca supo de más de uno o dos casos bajo la edad de seis, ni siquiera en una parte del reino tan renombrada por la más pronta competencia en ese arte.

Me aseguran nuestros comerciantes que un muchacho o muchacha no es mercancía vendible antes de los doce años; e incluso cuando llegan a esta edad no producirán más de tres libras o tres libras y media corona como máximo en la transacción; lo que ni siquiera puede compensar a los padres o al reino el gasto en nutrición y harapos, que habrá sido al menos de cuatro veces ese valor.

Propondré ahora por lo tanto humildemente mis propias reflexiones, que espero no se prestarán a la menor objeción.

Me ha asegurado un americano muy entendido que conozco en Londres, que un tierno niño sano y bien criado constituye al año de edad el alimento más delicioso, nutritivo y saludable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y no dudo que servirá igualmente en un fricasé o un ragout.

Ofrezco por lo tanto humildemente a la consideración del público que de los ciento veinte mil niños ya calculados, veinte mil se reserven para la reproducción, de los cuales sólo una cuarta parte serán machos; lo que es más de lo que permitimos a las ovejas, las vacas y los puercos; y mi razón es que esos niños raramente son frutos del matrimonio, una circunstancia no muy estimada por nuestros salvajes, en consecuencia un macho será suficiente para servir a cuatro hembras. De manera que los cien mil restantes pueden, al año de edad, ser ofrecidos en venta a las personas de calidad y fortuna del reino; aconsejando siempre a las madres que los amamanten copiosamente durante el último mes, a fin de ponerlos regordetes y mantecosos para una buena mesa. Un niño llenará dos fuentes en una comida para los amigos; y cuando la familia cene sola, el cuarto delantero o trasero constituirá un plato razonable, y sazonado con un poco de pimienta o de sal después de hervirlo resultará muy bueno hasta el cuarto día, especialmente en invierno.

He calculado que como término medio un niño recién nacido pesará doce libras, y en un año solar, si es tolerablemente criado, alcanzará las veintiocho.

Concedo que este manjar resultará algo costoso, y será por lo tanto muy apropiado para terratenientes, quienes, como ya han devorado a la mayoría de los padres, parecen acreditar los mejores derechos sobre los hijos.

Todo el año habrá carne de infante, pero más abundantemente en marzo, y un poco antes o después: pues nos informa un grave autor, eminente médico francés, que siendo el pescado una dieta prolífica, en los países católicos romanos nacen muchos mas niños aproximadamente nueve meses después de Cuaresma que en cualquier otra estación; en consecuencia, contando un año después de Cuaresma, los mercados estarán más abarrotados que de costumbre, porque el número de niños papistas es por lo menos de tres a uno en este reino: y entonces esto traerá otra ventaja colateral, al disminuir el número de papistas entre nosotros.

Una humilde propuesta en Traspiés

EDICIÓN ILUSTRADA DE VAGAMUNDOS

Ya he calculado el costo de crianza de un hijo de mendigo (entre los que incluyo a todos los cabañeros, a los jornaleros y a cuatro quintos de los campesinos) en unos dos chelines por año, harapos incluidos; y creo que ningún caballero se quejaría de pagar diez chelines por el cuerpo de un buen niño gordo, del cual, como he dicho, sacará cuatro fuentes de excelente carne nutritiva cuando sólo tenga a algún amigo o a su propia familia a comer con él. De este modo, el hacendado aprenderá a ser un buen terrateniente y se hará popular entre los arrendatarios; y la madre tendrá ocho chelines de ganancia limpia y quedará en condiciones de trabajar hasta que produzca otro niño.

Quienes sean más ahorrativos (como debo confesar que requieren los tiempos) pueden desollar el cuerpo; con la piel, artificiosamente preparada, se podrán hacer admirables guantes para damas y botas de verano para caballeros elegantes.

En nuestra ciudad de Dublín, los mataderos para este propósito pueden establecerse en sus zonas más convenientes, y podemos estar seguros de que carniceros no faltarán; aunque más bien recomiendo comprar los niños vivos y adobarlos mientras aún están tibios del cuchillo, como hacemos para asar los cerdos.

Una persona muy respetable, verdadera amante de su patria, cuyas virtudes estimo muchísimo, se entretuvo últimamente en discurrir sobre este asunto con el fin de ofrecer un refinamiento de mi plan. Se le ocurrió que, puesto que muchos caballeros de este reino han terminado por exterminar sus ciervos, la demanda de carne de venado podría ser bien satisfecha por los cuerpos de jóvenes mozos y doncellas, no mayores de catorce años ni menores de doce; ya que son tantos los que están a punto de morir de hambre en todo el país, por falta de trabajo y de ayuda; de éstos dispondrían sus padres, si estuvieran vivos, o de lo contrario, sus parientes más cercanos. Pero con la debida consideración a tan excelente amigo y meritorio patriota, no puedo mostrarme de acuerdo con sus sentimientos; porque en lo que concierne a los machos, mi conocido americano me aseguró, en base a su frecuente experiencia, que la carne era generalmente correosa y magra, como la de nuestros escolares por el continuo ejercicio, y su sabor desagradable; y cebarlos no justificaría el gasto. En cuanto a la mujeres, creo humildemente que constituiría una pérdida para el público, porque muy pronto serían fecundas; y además, no es improbable que alguna gente escrupulosa fuera capaz de censurar semejante práctica (aunque por cierto muy injustamente) como un poco lindante con la crueldad; lo cual, confieso, ha sido siempre para mí la objeción más firme contra cualquier proyecto, por bien intencionado que estuviera.

Pero a fin de justificar a mi amigo, él confesó que este expediente se lo metió en la cabeza el famoso Psalmanazar, un nativo de la isla de Formosa que llegó de allí a Londres hace más de veinte años, y que conversando con él le contó que en su país, cuando una persona joven era condenada a muerte, el verdugo vendía el cadáver a personas de calidad como un bocado de los mejores, y que en su época el cuerpo de una rolliza muchacha de quince años, que fue crucificada por un intento de envenenar al emperador, fue vendido al Primer Ministro del Estado de Su Majestad Imperial y a otros grandes mandarines de la corte, junto al patíbulo, por cuatrocientas coronas. Ni en efecto puedo negar que si el mismo uso se hiciera de varias jóvenes rollizas de esta ciudad, que sin tener cuatro peniques de fortuna no pueden andar si no es en coche, y aparecen en el teatro y las reuniones con exóticos atavíos que nunca pagarán, el reino no estaría peor.

Algunas personas de espíritu agorero están muy preocupadas por la gran cantidad de pobres que están viejos, enfermos o inválidos, y me han pedido que dedique mi talento a encontrar el medio de desembarazar a la nación de un estorbo tan gravoso. Pero este asunto no me aflige en absoluto, porque es muy sabido que esa gente se está muriendo y pudriendo cada día por el frío y el hambre, la inmundicia y los piojos, tan rápidamente como se puede razonablemente esperar. Y en cuanto a los trabajadores jóvenes, están en una situación igualmente prometedora; no pueden conseguir trabajo y desfallecen de hambre, hasta tal punto que si alguna vez son tomados para un trabajo común no tienen fuerza para cumplirlo; y entonces el país y ellos mismos son felizmente librados de los males futuros.

JS en Corregidor

EDICIÓN DE CORREGIDOR

He divagado excesivamente, de manera que volveré al tema. Me parece que las ventajas de la proposición que he enunciado son obvias y muchas, así como de la mayor importancia.

En primer lugar, como ya he observado, disminuiría grandemente el número de papistas que nos invaden anualmente, que son los principales engendradores de la nación y nuestros enemigos más peligrosos; y que se quedan en el país con el propósito de entregar el reino al Pretendiente, esperando sacar ventaja de la ausencia de tantos buenos protestantes, quienes han preferido abandonar el país antes que quedarse en él pagando diezmos contra su conciencia a un cura episcopal.

Segundo, los más pobres arrendatarios poseerán algo de valor que la ley podrá hacer embargable y que les ayudará a pagar su renta al terrateniente, habiendo sido confiscados ya su ganado y cereales, y siendo el dinero algo desconocido para ellos.

Tercero, puesto que la manutención de cien mil niños, de dos años para arriba, no se puede calcular en menos de diez chelines anuales por cada uno, el tesoro nacional se verá incrementado en cincuenta mil libras por año, sin contar el provecho del nuevo plato introducido en las mesas de todos los caballeros de fortuna del reino que tengan algún refinamiento en el gusto. Y el dinero circulará sólo entre nosotros, ya que los bienes serán enteramente producidos y manufacturados por nosotros.

Cuarto, las reproductoras constantes, además de ganar ocho chelines anuales por la venta de sus niños, se quitarán de encima la obligación de mantenerlos después del primer año.

Quinto, este manjar atraerá una gran clientela a las tabernas, donde los venteros serán seguramente tan prudentes como para procurarse las mejores recetas para prepararlo a la perfección, y consecuentemente ver sus casas frecuentadas por todos los distinguidos caballeros, quienes se precian con justicia de su conocimiento del buen comer: y un diestro cocinero, que sepa cómo agradar a sus huéspedes, se las ingeniará para hacerlo tan caro como a ellos les plazca.

Sexto: esto constituirá un gran estímulo para el matrimonio, que todas las naciones sabias han alentado mediante recompensas o impuesto mediante leyes y penalidades. Aumentaría el cuidado y la ternura de las madres hacia sus hijos, al estar seguras de que los pobres niños tendrían una colocación de por vida, provista de algún modo por el público, y que les daría una ganancia anual en vez de gastos. Pronto veríamos una honesta emulación entre las mujeres casadas para mostrar cuál de ellas lleva al mercado al niño más gordo. Los hombres atenderían a sus esposas durante el embarazo tanto como atienden ahora a sus yeguas, sus vacas o sus puercas cuando están por parir; y no las amenazarían con golpearlas o patearlas (práctica tan frecuente) por temor a un aborto.

Muchas otras ventajas podrían enumerarse. Por ejemplo, la adición de algunos miles de reses a nuestra exportación de carne en barricas, la difusión de la carne de puerco y el progreso en el arte de hacer buen tocino, del que tanto carecemos ahora a causa de la gran destrucción de cerdos, demasiado frecuentes en nuestras mesas; que no pueden compararse en gusto o magnificencia con un niño de un año, gordo y bien desarrollado, que hará un papel considerable en el banquete de un Alcalde o en cualquier otro convite público. Pero, siendo adicto a la brevedad, omito esta y muchas otras ventajas.

Una Humilde propuesta en Cuenco de Plata

EDICIÓN DE CUENCO DE PLATA

Suponiendo que mil familias de esta ciudad serían compradoras habituales de carne de niño, además de otras que la comerían en celebraciones, especialmente casamientos y bautismos: calculo que en Dublín se colocarían anualmente cerca de veinte mil cuerpos, y en el resto del reino (donde probablemente se venderán algo más barato) las restantes ochenta mil.

No se me ocurre ningún reparo que pueda oponerse razonablemente contra esta proposición, a menos que se aduzca que la población del Reino se vería muy disminuida. Esto lo reconozco francamente, y fue de hecho mi principal motivo para ofrecerla al mundo. Deseo que el lector observe que he calculado mi remedio para este único y particular Reino de Irlanda, y no para cualquier otro que haya existido, exista o pueda existir sobre la tierra. Por consiguiente, que ningún hombre me hable de otros expedientes: de crear impuestos para nuestros desocupados a cinco chelines por libra; de no usar ropas ni mobiliario que no sean producidos por nosotros; de rechazar completamente los materiales e instrumentos que fomenten el lujo exótico; de curar el derroche de engreimiento, vanidad, holgazanería y juego en nuestras mujeres; de introducir una vena de parsimonia, prudencia y templanza; de aprender a amar a nuestro país, en lo cual nos diferenciamos hasta de los lapones y los habitantes de Tupinambú; de abandonar nuestras animosidades y facciones, de no actuar más como los judíos, que se mataban entre ellos mientras su ciudad era tomada; de cuidarnos un poco de no vender nuestro país y nuestra conciencia por nada; de enseñar a los terratenientes a tener aunque sea un punto de compasión de sus arrendatarios. De imponer, en fin, un espíritu de honestidad, industria y cuidado en nuestros comerciantes, quienes, si hoy tomáramos la decisión de no comprar otras mercancías que las nacionales, inmediatamente se unirían para trampearnos en el precio, la medida y la calidad, y a quienes por mucho que se insistiera no se les podría arrancar una sola oferta de comercio honrado.

Por consiguiente, repito, que ningún hombre me hable de esos y parecidos expedientes, hasta que no tenga por lo menos un atisbo de esperanza de que se hará alguna vez un intento sano y sincero de ponerlos en práctica. Pero en lo que a mí concierne, habiéndome fatigado durante muchos años ofreciendo ideas vanas, ociosas y visionarias, y al final completamente sin esperanza de éxito, di afortunadamente con este proyecto, que por ser totalmente novedoso tiene algo de sólido y real, trae además poco gasto y pocos problemas, está completamente a nuestro alcance, y no nos pone en peligro de desagradar a Inglaterra. Porque esta clase de mercancía no soportará la exportación, ya que la carne es de una consistencia demasiado tierna para admitir una permanencia prolongada en sal, aunque quizá yo podría mencionar un país que se alegraría de devorar toda nuestra nación aún sin ella.

Después de todo, no me siento tan violentamente ligado a mi propia opinión como para rechazar cualquier plan propuesto por hombres sabios que fuera hallado igualmente inocente, barato, cómodo y eficaz. Pero antes de que alguna cosa de ese tipo sea propuesta en contradicción con mi plan, deseo que el autor o los autores consideren seriamente dos puntos. Primero, tal como están las cosas, cómo se las arreglarán para encontrar ropas y alimentos para cien mil bocas y espaldas inútiles. Y segundo, ya que hay en este reino alrededor de un millón de criaturas de forma humana cuyos gastos de subsistencia reunidos las dejaría debiendo dos millones de libras esterlinas, añadiendo los que son mendigos profesionales al grueso de campesinos, cabañeros y peones, con sus esposas e hijos, que son mendigos de hecho: yo deseo que esos políticos que no gusten de mi propuesta y sean tan atrevidos como para intentar una contestación, pregunten primero a lo padres de esos mortales si hoy no creen que habría sido una gran felicidad para ellos haber sido vendidos como alimento al año de edad de la manera que yo recomiendo, y de ese modo haberse evitado un escenario perpetuo de infortunios como el que han atravesado desde entonces por la opresión de los terratenientes, la imposibilidad de pagar la renta sin dinero, la falta de sustento y de casa y vestido para protegerse de las inclemencias del tiempo, y la más inevitable expectativa de legar parecidas o mayores miserias a sus descendientes para siempre.

Declaro, con toda la sinceridad de mi corazón, que no tengo el menor interés personal en esforzarme por promover esta obra necesaria, y que no me impulsa otro motivo que el bien público de mi patria, desarrollando nuestro comercio, cuidando de los niños, aliviando al pobre y dando algún placer al rico. No tengo hijos por los que pueda proponerme obtener un solo penique; el más joven tiene nueve años, y mi mujer ya no es fecunda.